The New Romantics

Esta es la historia de cómo conocí a Trevor. Y de paso quiero hablar sobre cómo en la segunda década del siglo XXI, las cosas ya no se hacen como antes. Ni siquiera como cuando empecé a escribir los relatos que voy publicando aquí. Muchos de los cuales tienen más de 10 años de antigüedad.

En el mundo de las redes sociales y de lo virtual, donde hemos podido sobrevivir a un confinamiento gracias a las videollamadas, hemos podido ir a clases o estudiar por Zoom, o hemos visto el auge de Only Fans y de TikTok, no puedo evitar preguntarme ¿qué ha pasado con el romanticismo? ¿Estamos ante los nuevos románticos? ¿Qué será de los que hemos nacido allá por los 80 y 90? ¿Podremos evolucionar y sobrevivir?

Me resulta curioso leer lo que escribía con 25/30 años y como pensaba que las relaciones deberían de ser. Y sobretodo como he terminado convirtiéndome en un cuarentón como aquellos que muchas veces criticaba. Pero el tiempo pasa. El mundo da vueltas y las cosas cambian. Y por mucho que digan que no, nosotros también vamos cambiando con la edad. Y no siempre para mal. Al final muchas de las cosas que dije que nunca haría, las terminé haciendo, y las que pensaba que nunca pasarían, pasaron.

Cuando empecé a escribir, lo hacía en un ordenador de mesa, luego pasé al portátil y ahora lo hago desde la app del teléfono. Antes mis ideas tenían tiempo de fermentar o morir antes de llegar a ser plasmadas. Ahora es coger el móvil y quedan fijadas. El mundo avanza y también las relaciones. Aunque la base sea la misma las maneras y las formas cambian. Nos hacemos menos dependientes del instrumento y podemos deslocalizarnos mucho más.

Tengo que decir que con Trevor, todos los cánones de lo escrito en estos años se fue al traste. Le conocí a las 3 semanas de volver a vivir a España. Después de haber estado con La Basura la verdad es que lo último que quería era volver a estar con alguien. Y encima estaba en una fase en la que no quería nada sino divertirme. Una noche salí de fiesta y vi un hombre que me gustó, en plan me puso mucho, así que le entré tal cual. Cosa que nunca hago pero oye, total el que no arriesga no gana. Estuvimos un rato juntos como vi que no tenía mucha conversación no quise insistirle con números de teléfono ni nada. Total. Seguramente solo fui un rollo de una noche. Tampoco estaba tan mal.

Al día siguiente por la mañana, temprano, le encontré conectado en una de las apps de ligue que hay. Y le hablé. Recuerdo que cuando me dijo su nombre en mi cabeza sonó la voz de Judith de La Que Se Avecina. Y me hizo mucha gracia. Nos pasamos horas hablando por WhatsApp, días y días. Nunca llegué a hablarle de él a mi hermana. Se hubiese reído mucho. Pero no nos dio tiempo. El día que me llamaron a decirme que estaba muerta, estaba chateando con él y no supe qué decir. Pensé que si desaparecía en mitad de la conversación iba a quedar fatal. Así que le dije lo que había pasado. Me llamó enseguida a decirme que si necesitaba estar con alguien que vendría a verme.

Lo hizo. Paso los dos peores días de mi vida conmigo. Y gracias a él, los pude superar. Más o menos. De no haber sido por eso igual lo nuestro habría tardado mucho más en suceder o igual nunca. No lo sabré. Pero le estoy agradecido. Desde entonces ha estado conmigo. Aunque no siempre haya podido hacerlo de cuerpo presente. Menos mal que existen Snapchat y WhatsApp. Eso ayuda.

Sin embargo, el tiempo pasa, llegó la pandemia y las cosas se quedaron congeladas demasiado tiempo. Lo siguen en algunos aspectos. Las nuevas redes, y las antiguas, nos permiten estar casi presentes. Pero no siempre son suficientes. Y a veces hay que esforzarse más de lo que parece. Tenemos medios para estar presentes pero sin poder tocarnos. Podemos oírnos y vernos pero eso es todo. El contacto físico se hace cada vez más virtual.

Una de las cosas que hace años solo veíamos en las películas de ciencia ficción o en algún capítulo de Friends, son las videollamadas. Tengo teléfono con cámara y posibilidad de ver a la persona con la que hablo desde hace años. Pero no la suelo utilizar. Durante el confinamiento era la única forma de ver a mis padres. Aunque estuviesen a 15 km de mi casa. Y es una herramienta que, aunque muchas veces me ponga de los nervios, la utiliza constantemente Johnnie. Él no llama. Él hace videollamada. Y me río mucho con él, porque suele tener el don para llamar cuando no estás visible. Y ahí lo dejo.

Aparte de esto, veo mucho en las redes que todo es más. Es más rápido, más fuerte, más público. Todo es más intenso. Si te rechazan es magnificado. Y todo es compartido en redes. Las relaciones son algo que afecta a los demás. Si te echas pareja y no lo compartes, no existe. Algo así como toda esa gente que se ha vacunado de la Covid y no ha puesto fotos enseñando brazo : es como si no hubiesen recibido ninguna dosis. Y estos últimos días del 2021 son los tests de antígenos los que tienen su protagonismo en exceso. Si algo no pasa por un filtro de snapchat o de Instagram no existe.

Todo tiene que pasar por el filtro redes sociales. Y vemos como se van expandiendo bulos y como van creciendo las olas de negacionismos. Los que antes llegaban a 4 gatos, ahora llegan a millones con un solo TikTok. Influencer se ha convertido en un trabajo al igual que cajero en el Mercadona, bueno perdón, mejor. Y son los que tienen la sartén por el mango. O eso piensan. Porque tienen muchos seguidores piden cenas gratis en los restaurantes, o habitación mejor sin pagar más en el hotel bajo la amenaza de publicar reseñas negativas. Todos tienen voz y se convierte esto en un ruido sordo donde cada día es más difícil distinguir la verdad de lo falso.

Luego al exponerse de tal manera en las redes sociales cada ruptura se convierte en un evento público de linchamiento muchas veces que recuerda a los que sucedían en las plazas públicas siglos atrás. Las letras escarlatas siguen siendo estampadas en los culpables frente a la multitud. Sólo que estas son virtuales. Y duran para siempre. Los años pasan pero en el fondo nos vamos quedando anclados en parte del pasado. A pesar de lo efímero de las redes, existe el concepto de la hemeroteca. Y tienes gente que va a desenterrar cosas de hace más de 15 años. Y a publicarlas.

Más o menos lo que yo voy haciendo con mis escritos. Aunque algunos no van a ver la luz nuevamente porque están demasiado desactualizados, otros muchos sí que van a poder tener una segunda fama. Ya que después de todo, hoy en día todo se mide en likes y ❤️, sin los cuales no eres nadie. Irrelevante virtualmente.

Feliz 2022

Diciembre 2021/ Enero 2022

4 comentarios sobre “The New Romantics

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