Todas.

Describe una fase de la vida a la que te resultó difícil decir adiós.

Todas porque en el fondo nos gusta aferramos a lo que nos nosotros cemos aunque nos duela. A las parejas que nos maltratan, a los familiares que abusan de nosotros o a los amigos que nos hacen daño. Somos así. Tenemos la oportunidad de salir de ahí pero no lo hacemos por miedo o por comodidad . Porque solemos quedarnos con eso de que más vale malo conocido que bueno por conocer. Porque llegamos al punto de que nos acostumbramos al dolor o al daño. Y cuando ese malestar es menor, lo vemos como algo positivo. Por ejemplo si nuestra pareja nos suele pegar 5 veces al día, cuando solamente lo hace dos, es un buen día. O si después nos regala algo bonito, pues bien. Y hablo de violencia física porque es lo más sencillo, porque el dolor mental y psicológico es muy difícil de medir, ese tipo de daño o de maltrato acaba siendo relativo a cada persona, y para cada uno de nosotros. Pero el resultado es el mismo. Esos momentos de la vida en los que no sufrimos al 90% si no al 70% son buenos, pero se nos olvida pensar o recordar que lo suyo, lo bueno, lo que deberíamos buscar es el 0%. Tal vez no exista, tal vez no lo merecemos, tal vez no esté en nuestro destino. Por lo que la gran mayoría nos quedaremos donde estamos, esperando que mañana sea un día menos malo que hoy, al que llamaremos mejor, porque cerramos los ojos ante una realidad que nos hiere profunda y constantemente.

No es lo que preguntan hoy, pero tenía que decirlo. Hay días que son así, en los que no tienes ganas de seguir esforzándote o fingiendo la sonrisa y que todo va bien, porque no es así. Porque los analgésicos ya no hacen efecto o porque llevas demasiado palos y desilusiones en un periodo de tiempo muy corto, es la gota que colma el vaso, y explotas. O revientas.

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