Ya he hablado de este tema en inglés en varias entradas, (Anti Hero y The Pretender), pero quería profundizar un poco más.
He estado repasando, revisando, releyendo y recordando cosas que me han ido sucediendo en la vida o sensaciones que he tenido desde que recuerdo y ahora todo tiene sentido. Aunque a muchos les parezca que es una tontería o una forma de justificarme, no lo es. Es descubrir quien eres y eso es muy importante si quieres progresar y no seguir metido en el mismo pozo sin fondo que conoces tan bien.
Pensando en mis opiniones y mis experiencias conforme he ido creciendo, ahora entiendo muy bien ciertas cosas que por aquel entonces, o no les daba importancia, o simplemente pensaba que era raro y esas cosas que uno piensa al crecer.
Una de ellas tiene relación con el hecho de que no me gusta que me toquen. Ya dije anteriormente que cuando tenía que ir a misa, odiaba la parte de la Paz, donde todo el mundo te abraza o te toca para deseártela. Menos mal que en cuanto pude dejé de ir a la iglesia, pero me daba repelús. Igualmente pensaba en lo afortunado que era al ser chico, ya que la mujeres tienen que saludar de beso a todo el mundo. Los hombres sólo a las mujeres. Y a veces ni eso. Mejor con un apretón de manos que permite mantener una distancia interpersonal adecuada.
Eso de que la gente introvertida se esconde de los vecinos o de la gente, que evita el ascensor o abrir la puerta cuando los vecinos están en el rellano a punto de salir es algo que hago mucho. Pensaba que simplemente es porque soy raro o antisocial. Pero leyendo más sobre gente como yo, he aprendido a que aunque no sea la norma social, es normal que lo haga. Y no tengo que sentirme un bicho raro por eso. Ahora tengo menos vecinos que cuando vivía en apartamentos en edificios, pero recuerdo que odiaba esos intercambios en los pasillos o en las escaleras. Intentaba evitarlos lo máximo posible.
Hasta hace poco me di cuenta de que tengo sensibilidad al ruido. Es decir que ciertos sonidos muy fuertes me molestan hasta el punto de ponerme de mal genio. Estaba escuchando al vecino silbar y me entraron ganas de salir a pegarle. Lo cual me recordó que cuando trabajaba en el restaurante, los domingos cantaba en la plaza un hombre que tenía una canción en la que la mitad de ella es silbada y a mi eso me sacaba de mis casillas. No me refiero a molestar sino a une estado de ánimo muy violento. Obviamente nunca fui a partirle la cara pero me ponía muy incómodo. Igual que las obras que hay en el polideportivo de al lado de casa. A nadie le gusta ese ruido. Pero a mí es que me pone de mala hostia directamente.
Eso me recordó cuando era pequeño, muy pequeño, mis padres me llevaron a ver fuegos artificiales, y me entró tal ataque de pánico que tuvieron que meterme en el coche, envolverme con mantas y usar sus cuerpos como amortización del sonido. Pensábamos que igual era por las luces pero ahora creo que era más bien el ruido. Lo cual también tiene relación con el miedo que le tenía a estar en el coche cuando lo pasaban por el túnel de lavado. Esa historia se la contaron a mi hermana quien muchas veces la usaba como broma contra mí. Pero más allá de eso nunca le vi ningún vínculo a ambas cosas. El ruido.
Hoy en día me gustan los fuegos artificiales pero para verlos de lejos. No me gustan los petardos y odio las fiestas locales que tienen que tener tanta pirotecnia ruidosa. Simplemente no lo entiendo. No voy a las mascletás. Las odio. Eso de montar escándalo cuando son las fiestas es algo que me supera. O cuando ganan un partido de fútbol y esas cosas.
De mi relación con la música y con las multitudes ya he hablado anteriormente, el impacto que tuvo en mi vida el poder usar un Walkman. Por fin tenía una manera de aislarme tanto de la gente como del ruido. Por un lado siempre está la excusa de que no les oyes y así los ignoras, y por otro lado te permite estar en tu lugar feliz en cualquier parte. Sigo haciéndolo y siempre le digo a la gente que si llevo auriculares puestos, aunque cada vez se noten menos, es muy posible que ni me entere de lo que me rodea o de quien están ahí ya que voy en mi mundo.
Una cosa que he aprendido leyendo o mejor dicho escuchando a profesionales sobre el tema es lo del hiperfoco. Y eso explica muchas cosas de mí. Es un término usado par referirse a la capacidad de abstraerse de la realidad cuando el foco de interés de la persona es el adecuado. En otras palabras, si algo nos interesa mucho, somos capaces de olvidarnos del mundo que nos rodea y trabajarlo hasta la saciedad. Desde ver toda una serie en un par de días, o leer un libro incluso pasando de comer con tal de no dejarlo, pero también con puntos de interés académicos o de investigación. Muchas veces me he preguntado como es posible que pueda aprenderme la letra de una canción de memoria en pocas horas y sin embargo había temas en la escuela que nunca pude entender. Ahí está la respuesta.
Hablando del colegio. A los adultos les parecía entrañable que le pidiera a mi profesor de matemáticas que me mandase más ecuaciones par resolver, que quería más matemáticas y números y entender como jugar con ellos. Y sin embargo un día perdí el interés por las derivadas y no hubo forma humana de que volviese a ellas. Nadie vio nada extraño en ello. Ni en que siempre estuviese hablando con adultos en lugar de con niños de mi edad. O que mi lenguaje fuese repudiado por mis compañeros por ser muy pedante pero sin embargo encajase en el de los adultos. Desde un punto de vista académico me vino bien. Pero desde el social, fue un desastre.
Ahora que lo veo todo con perspectiva, era algo que nunca habría funcionado, muchas veces me digo que vaya infancia más triste y sola, pero era irremediable ya que en su día, e incluso hoy en día, nadie se habría dado cuenta de que tenía necesidades especiales. Si con casi 42 años todavía me toca convencer a la gente de que no soy normal, ni pretendo que eso hubiese podido pasar en los ochenta o noventa. Y todo eso a pesar de tener familiares en el mundo de la psicología y el psicoanálisis.
Cuando estuve en terapia en Francia, la doctora no me dijo nada al respecto, excepto que yo tenía unas necesidades especiales en las que no quiso indagar. Es verdad que una de las conversaciones que tuvimos fue respecto a mi tiempo libre. Me preguntó si me gustaba estar solo en mi mundo, a lo que le dije que sí, ya que tenía que pasar mucho tiempo en soledad en mi coche con lo que eso me hacía feliz. Y ahí quedó el tema.
Hay muchas cosas que ahora entiendo como signos o señales de que yo no era normal como querían hacerme entender. Si hubiese sabido reconocerlas me habría ahorrado muchos esfuerzos inútiles intentando encajar en un lugar donde me era imposible hacerlo. Tener que adaptarme constantemente a una realidad social que me incomodaba era algo que exigía un desgaste de energía que podría haberme sido útil en otras cosas. Por ejemplo, perdí mi tiempo en una carrera que no me gustaba y de la que no he sacado absolutamente ningún provecho, probablemente ese interés hubiese sido más productivo y provechoso en otro ámbito académico.
El pasado no se puede cambiar, podemos observarlo y debemos aprender de él. Nos sirve para sacar lecciones de vida y poder enfocar nuestra vida de una forma más eficiente y de esta forma ser felices cuando antes no pudimos serlo por ignorancia. El saber es poder, nunca mejor dicho, y conocerse a uno mismo es la mejor herramienta de la que disponemos para ser mejores y conseguir esa felicidad que todos buscamos.

Marzo 2023.
Me siento identificado en mucho de lo que dices, solo que con 10 años más. A veces pienso en las oportunidades perdidas.
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Yo intento no pensar mucho en ellas. Solo las escribo y me voy 😉
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