En este blog, y en general en mi vida hablo mucho de huir o de cambiar de ubicación, de vivienda, etc. Es un tema bastante recurrente y que por lo visto tiene orígenes bastante anclados en el pasado. Exit Strategy o I Don’t Give A F… En Todos Lados Cuecen Habas (Parte 2). Este ha sido uno de los primeros que he escrito, allá por 2005, de ahí el formato más corto y con menos alusiones íntimas. Pero me gusta recuperar cosas del pasado y dejarlos sin tocar. Tal cual como las escribí en su día.
Dicen que los problemas se deben afrontar, que huir de ellos es contraproducente, sin embargo en la historia de la humanidad el escapar de ellos se ha convertido en una tradición de algunas civilizaciones. ¿Por qué nos cuesta tanto afrontar los retos? Cuando poner distancia entre el problema y nosotros se convierte en una necesidad, ¿cuándo sabemos que estamos preparados para la realidad? ¿Cuánto hay que huir para poder ver las cosas con perspectiva?
Si hacemos una retrospectiva en la historia del hombre sobre la tierra, (porque fuera de ella aún no se sabe nada), nos daremos cuenta de que en todas las épocas el éxodo y la huida han sido comúnmente utilizados para “resolver” los problemas que nos asediaban.
El primer ejemplo que se me ocurre es la huida de Egipto de Moisés y sus seguidores, también conocido como el Éxodo. Después de haber sido torturados y esclavizados por los faraones, como no daban la talla para luchar, a pesar de que Dios estaba con ellos, tuvieron que huir, porque el Faraón no los quiso liberar aun habiendo sufrido todas las plagas que le fueron enviadas. Así pues, como no tuvo éxito en la ofensiva, Moisés tuvo que coger a su pueblo y escapar mar a través para luego terminar vagando por el desierto durante 40 años. No sé hasta qué punto fue una huida provechosa.
Otro caso que nos relata la Biblia ya tiene que ver directamente con la Sagrada Familia. Cuando Herodes supo del nacimiento del Rey de reyes lo único que se ocurrió fue mandar asesinar a todos los niños nacidos alrededor de esa fecha. Considerando que los gobernadores y reyes de la época debían de ser hombres muy sabios, uno se pregunta realmente en esa época en qué consistía esa sabiduría, porque mandar matar a un montón de niños por miedo a un “golpe de estado” es algo exagerado. Pues bien, la Sagrada Familia al enterarse de lo que se preparaba por parte del “sabio” no tuvo más remedio que huir a Egipto. Justo lo contrario que sus antepasados. Si una familia que está formada por el hijo de Dios y sus padres tiene que salir por piernas, ¿por qué los humanos comunes sin poderes no podemos hacerlo?
Si nos acercamos más a la actualidad, aunque no mucho, nos daremos cuenta de que en la gran mayoría de batallas que nos han diezmado, hay una dinámica de vaivén que se repite. Huir y atacar es algo recurrente. De hecho muchos altos mandos han basado su estrategia en un escape inteligente para poder luchar de contraataque. A veces engañar al enemigo haciéndole creer que somos débiles y que no podemos con él es una forma de ganarse su confianza para luego rematarle con más fuerza. De ahí que huir de un problema no sea siempre una mala idea.
Sabemos que aquello que nos acosa y nos atormenta no es algo pasajero, porque si fuese el caso simplemente habría que dejar que las cosas volviesen a su cauce por sí solas. Cuando las complicaciones de nuestra vida no se las lleva el viento la única solución que tenemos para deshacernos de ellas es luchar contra ellas. Pero no siempre es adecuado hacerlo en caliente.
Huir hoy para luchar mañana puede ser una buena máxima en este caso. Si sabemos que los problemas no se van a resolver por sí solos, podríamos pensar que lo mejor es tomarse el tiempo para pensar en su solución de forma pausada y tranquila, y a esto mucha gente lo considera huir de ellos.
Hay veces que debemos afrontar una enfermedad, una ruptura o la pérdida de un ser querido y realmente no es el momento en el que nuestras fuerzas se encuentran en su mejor punto. Aun así deberíamos, según ciertas personas, meternos de lleno en el problema afrontarlo y sobrevivir tanto a la lucha como a la pérdida. Personalmente no creo que sea la solución. Cada uno sabemos cuándo podemos pelear y cuando debemos recuperarnos para hacerlo otro día.
Si tenemos en cuenta que huir de un problema es una forma de asegurarse que cuando volvamos éste seguirá donde lo dejamos, podemos pensar que esta forma conservarlo para después es una estrategia de lucha avanzada e inteligente. A veces necesitamos utilizar el pensamiento lateral para poder resolverlo, porque de forma convencional no lo vamos a conseguir, y para eso es necesario tomar cierta distancia y ver las cosas en perspectiva. Esa separación entre la persona y lo que la atormenta puede ser tanto física (es decir irse lejos de todo lo que se lo recuerde) como psíquica. De tal forma que las cosas desde otro punto de vista siempre se ven diferente. Y si no lo creéis así, ¿Por qué para nuestros amigos nuestros problemas siempre parecen fáciles de resolver? Pues es muy fácil. Por desde su óptica lo ven de forma diferente, o incluso le ven la solución.
Si el fin justifica los medios, en lo que a soluciones se refiere, no debería importarnos la forma de abordar las cosas sino cómo conseguimos darles salida. A veces darse un respiro es beneficioso para nuestra mente ya que nos permite oxigenarnos, descansar, desconectar y por lo tanto volver a abordar el problema con más energía. Y de esa manera nos resultara más fácil tratarlo y encontrarle la solución, o incluso a veces nos daremos cuenta de que lo que creíamos que nos estaba atormentando en realidad no lo hacía. Las cosas suelen ser siempre más simples de lo que pensamos, pero nos gusta complicarlas de sobremanera, de ahí que sea recomendable tomar una distancia para darnos cuenta de ello ;).
Totalmente de acuerdo.
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