Esto que sigue lo escribí en 2005 cuando aún no llevaba ni un año relatando en MySpace mis pensamientos. Muchas cosas han pasado desde entonces pero merece la pena recuperar antiguos, muy antiguos, textos y darles una nueva oportunidad.
Ahora que se acerca el día del padre en televisión se aprovechan para vendernos más lotería. Si nos ponemos a pensar en esto detenidamente, nos daremos cuenta de que durante todo el año utilizan cualquier excusa para hacerlo, que si la fiesta del padre, la de la madre, la del niño, la del calvo, la del peludo, etc. La cuestión es que si hacen eso es por algo, porque en el fondo a todos nos hace ilusión eso de poder ganarnos algo de gran valor sin haber luchado por ello.
En un mundo en el que la lucha por la supervivencia ya no tiene nada que ver con lo que nuestros antepasados conocían, ¿debemos seguir luchando por lo que vale la pena? O por el contrario ¿podemos esperar a que nos llegue de forma inesperada y gratis? ¿Es realmente necesario luchar por lo que queremos? ¿Vale la pena esperar a que nos toque la lotería?
Si os fijáis en la gente que os rodea, en los anuncios de la tele y demás, os daréis cuenta de lo asimilado que tenemos eso de la lotería. Aquella frase de “si me toca la lotería haré esto” es algo muy común. Todos hemos fantaseado alguna vez con ello, con que de repente nos llegue un premio que no hemos esperado, pero con el que sí que sabemos lo que hemos de hacer. Y muchas veces lo vemos como algo imposible. Porque sabemos que eso es algo que no nos va a llegar, lo cual nos permite soñar sin que por ello tengamos la responsabilidad de llevar a cabo esos sueños en la realidad.
Hay personas que se pasan la vida comprando la lotería, siempre el mismo número, sabiendo que el día que no lo hagan tocará y perderán esos millones que tanto anhelan. Pero lo que no tienen en cuenta es la cantidad de dinero que pueden llegar a gastarse por un premio que no conseguirán, porque efectivamente el día que no lo compran, porque ya han perdido la ilusión, cae y es cuando se arrepienten de no haber seguido solo un poco más.
Pero no todo es tan dramático, en realidad esa gente tiene una ilusión, y eso no es malo. El problema es que no se dan cuenta de que con ese dinero no van a solucionar nada que no puedan solucionar con esfuerzo. Muchas veces decimos que si nos tocase el gordo nos iríamos de viaje o nos compraríamos una casa enorme en la zona cara de la ciudad en a que vivimos, pero eso es algo que aunque pudiésemos hacerlo, no nos aportaría felicidad.
Para empezar eso de irse de viaje es una tontería, porque la mayoría de la gente no sabe viajar, eso de primero. Luego que buscan sitios “exóticos” pero que no son capaces de poder disfrutar ni aprovechar. Lo primero es fácil de solucionar, porque cuando tienes dinero puedes permitirte el lujo de equivocarte y te da todo lo mismo, lo segundo ya es más problemático porque puede que pienses que porque te vas a pasar las vacaciones a una playa paradisíaca tus problemas van a desaparecer y de repente ya serás feliz. Pero yo me pregunto qué pasa después. Porque irse de vacaciones de por vida al final es un aburrimiento, y si no sólo basta preguntárselo a los jubilados. Ellos se lo pasan bien los primeros años, porque ya estaban cansados del trabajo, pero después de un tiempo se aburren y les gustaría volver a donde estaban antes.
Yo vivo en una zona costera a la que acude media España y parte del extranjero en verano, y sin embargo conozco gente de mis alrededores a las que quedarse aquí en verano les resulta aburrido, porque dicen que las playas de aquí son un rollo, o bien porque no hay nada que hacer, y sin embargo se recorren medio mundo para irse a un sitio idéntico al que tienen al lado de su casa. Por eso creo que a veces eso que queremos obtener mediante un boleto de la lotería no es nada que no esté al alcance de la mano todos los días de nuestra vida.
Otro fallo que tiene eso de querer ser ricos es pensar que todos los problemas se solucionan con dinero, cuando todos los días tenemos la demostración de que eso no es cierto. Si nos fijamos en las noticias de la actualidad del corazón nos daremos cuenta de que aquellas personas que tanto admiramos por su talento y por sus fortunas, tiene al menos tantos problemas como nosotros, y más si a esto agregamos el hecho de no tener vida privada. Aunque esto último es porque así lo han decidido. Hay un caso en especial que me da qué pensar. Una famosa cantante de este país lleva varios días en las portadas de las revistas debido a su precario estado de salud. A pesar de todos los millones que pueda tener en su cuenta corriente, eso no le asegura que vaya a tener una esperanza de vida mayor a la nuestra o que no esté sufriendo de una de las peores enfermedades que hay. Mucha gente me dirá que el dinero ayuda a que no suframos. Pero es que a la hora de la verdad el dinero no nos quita el dolor. Todos estamos hechos de la misma materia, por lo tanto todos estamos predispuestos a padecer de la misma forma.
Otro ejemplo por el estilo es aquel de la desdichada princesa de Gales, que a pesar de que hubiese podido ser la reina de Inglaterra, y por lo tanto una mujer rica y poderosa, sólo consiguió ser feliz los últimos días de su vida que perdió de forma trágica en un accidente de coche como el que podría tener cualquier hijo de vecino. Obviamente su fortuna no le amortiguó el choque contra el pilar en el que falleció. Tampoco le aseguró que iba a ser feliz y que no tendría problemas en su vida.
En esas mismas fechas también nos dejó otra mujer igualmente conocida y que sin embargo no tenía las cantidades astronómicas de dinero que ella, y que sin embargo no se quejaba de nada, que dedicó su vida a ayudar a los demás y que todos aquellos premios que le daba la sociedad los revertía en los más necesitados. No sé si sería muy feliz en su vida, pero al menos no tenía los problemas derivados del dinero. Esa mujer trabajó y se dejó la vida por tener todo aquello que deseaba y que luego devolvería a la sociedad.
Ahora bien, ya sé que son ejemplos extremos los que he puesto, pero es para que nos demos cuenta de que, por un lado el dinero no nos asegura la felicidad, y que por otro aquello que esperamos que llegue sin esfuerzo no nos la dará tampoco.
Muchas veces pensamos que nuestros problemas se van a solucionar porque nos toque el billete ganador, pero de lo que no nos damos cuenta, es por un lado de que esos problemas que tenemos van a desaparecer porque de repente tengamos más ceros en nuestra cuenta corriente. Porque de lo que no somos conscientes es de que seguirán ahí porque ese dinero simplemente va a ocultarlos durante un tiempo, pero que al final volverán a la superficie. Si no luchamos para solucionarlos, nunca seremos capaces de resolverlos. Si nos rompemos un brazo y no lo escayolamos sino que por el contrario nos tomamos un par de aspirinas, el dolor va a pasar, pero no la fractura. Pues el dinero inmediato es lo que tiene, que nos des agobia durante un tiempo, peor no soluciona los problemas.
Basta con ponerse a pensar en todos esos anuncios de créditos fáciles que nos presentan por las mañanas en la televisión. Son una especie de sucedáneo a la lotería, de forma más rápida, pero igualmente engañadora. La gente se queja de que no tiene dinero para llegar a final de mes o para ese coche que quieren o la casa de sus sueños. Piden un crédito de esos y piensan que con ellos sus problemas se habrán acabado, pero de lo que no se dan cuenta es de que para pagar ese préstamo van a tener que trabajar más que si lo hacen por obtener lo que deseaban en primera instancia. Al final entre intereses y demás van a haber desembolsado más dinero que del que tenían pensado disponer. Les venden la idea de la solución inmediata, pero por detrás está la trampa de que eso es algo momentáneo, pero las dificultades seguirán ahí.
Ya no es que consideremos el dinero como la solución de todos los problemas que tenemos, sino que simplemente pensamos que van a desaparecer sin el menor esfuerzo. Conseguir dinero con el sudor de nuestra frente es fácil, pero no es atractivo, conseguirlo sin mover un dedo lo es más. Aunque al final obtengamos exactamente la misma cantidad. El fin es el que justifica los medios. Pero no nos acordamos de que muchas veces no es la meta lo que cuenta sino el viaje hasta que llegamos allí. A veces es más bonito el paisaje que vemos cuando salimos a dar un paseo, que el volver a casa. Aquello que sucede durante el trayecto nos enseña más que el resultado que vayamos a obtener. Como siempre, hay de todo en este mundo. Pero no debemos olvidar que, si bien una ayuda siempre es buena, lo que realmente vale la pena en esta vida es lo que nos cuesta trabajo conseguir. Aquello que nos llega sin esfuerzo no nos merece la pena. Y por desgracia, a veces, solo sabemos valorar aquello que nos requiere un quebradero de cabeza y mucho dolor conseguirlo, lo demás no nos interesa. Pero algunas cosas simplemente llegan sin que lo esperemos o sin que hayamos sufrido para obtenerlas, lo cual no las hace desmerecedoras de nuestra atención. Debemos de estar agradecidos por ello, porque la mayoría de las veces hemos de pelear demasiado por obtenerlas.
Quiero añadir una coletilla o un post scriptum a lo dicho en 2005. Lo primero es lo que llamamos meritocracia y que por aquel entonces no quería ni tratar ni sabía cómo hacerlo y de lo que ya hablo en otras entradas como The Workaholics así que no voy a alargarme mucho sobre eso. Otro añadido es acerca de la lotería de Navidad y todo el tinglado montado alrededor de un juego de azar que, por razones muy curiosas, no se ve afectado por la sombra de la ludopatía. Al parecer en ciertos casos que interesan a los poderes mediáticos y políticos, está bien visto beber, fumar y la lotería. Este año no he tenido que tragarme toda esa parafernalia que al final resulta agotadora. El día de la salud y de las pedreas lo he eludido por completo.
