Y vivieron felices… Así acaban las historias que vemos en la televisión o en el cine, los libros con tramas románticas… Pero la realidad es otra. Por mucho que aquello que estamos viviendo sea maravilloso, siempre hay algo más que sucede que hace que tengamos que vivir un capítulo más, una temporada más. Por eso algunas series duran eternidades. Sobre todo cuando intentan imitar a la vida, y llega un momento en el que hay que darles un final. Pero en nuestro día a día ese final no existe, al menos no sin ser algo trágico, por lo que seguimos con la trama.
En un mundo que se ha vuelto tan efímero y tan veloz, donde te traigas temporadas enteras de series en un fin de semana, y donde nos hemos acostumbrado a comparar la vida con las series, y no al revés, ¿podemos seguir creyendo en los finales felices? ¿Existen realmente o son pura ciencia ficción? Y si es así, ¿cuándo hay que decir basta y terminar con buen pie?
Este es un tema que ya he tratado anteriormente pero que me ha dado bastante que pensar. Lo he vivido multitud de veces, ya que mi vida sentimental nunca ha sido un camino de rosas. Más bien todo lo contrario. Si os pasáis por mi historial de entradas de Blog aquí, tendréis una visión rápida de lo que ha sido mi vida hasta casi los cuarenta. Realmente estabilidad sentimental he tenido poca, o de poca duración. Y las relaciones que me han durado más de los típicos 3 meses, no han sido precisamente tranquilas.
Si obviamos aquellas que han sido inferiores a un año, puedo decir que he tenido, quitando la actual, 3 relaciones largas. (The eX Files)
La primera con su parón, pero aún así duró, era muy joven y no estaba preparado para nada de lo que conlleva tener una relación larga y seria. Y sin embargo era lo q más deseaba en el mundo. En esa época seguía creyendo en las películas románticas y en Disney y sus finales felices, en que al final el amor puede con todo, y aún así no me sentía a gusto en ella. Algo faltaba, sentía muy adentro de mí que aún no era el momento. También es verdad que en la época de la universidad era todo muy diferente. Sobretodo tengo que admitir que el mundo en el que me ha tocado vivir tiene muchas cosas muy atractivas y llamativas a ls que la gran mayoría de la gente es insensible. Este será un tema del que tendré que hablar algún día, pero ahora con 41 años y con una relación que ha durado mucho más que las anteriores puedo reconocer cual es la razón por la que lo ha hecho y eso no es algo que tuviese inscrito en mi disco duro hace 22 años.
Desde entonces he aprendido que esas películas y esas series nos reafirman un patrón de relaciones basadas en el hetero patriarcado. Relaciones de pareja que deben seguir el camino que no impone la religión a través de las buenas costumbres (o así las llaman) de la sociedad. Pero se dejan en el camino un montón de opciones que son igualmente viables y que pueden tener incluso más éxito que las clásicas. Por ejemplo es de lo que hablo en ¿Tres Son Multitud?.
Mis otras dos relaciones largas fueron con C. y con Rubén, pero de ello ya hablo en el post de los expedientes X, así que no voy a volver a ello. Sin embargo decir que en ningunas tuve la sensación de que era la definitiva. Siempre había algo que no terminaba de encajar. En un caso era obvio que tendría un final sí o sí, en la otra fue la distancia lo que nos mantuvo. No aquella entre nosotros sino el vivir lejos de nuestra vida social. Nos teníamos el uno al otro, y hasta que no conseguimos crear nuevos círculos de amistades no nos dimos cuenta lo poco que teníamos en común y lo condenada que estaba nuestra relación. Puedo decir que tuvo un final feliz ya que aún nos hablamos.
¿Pero qué pasa con las relaciones que no se terminan? Muchos dirán que se vuelven monotonía. Y de ahí surje ese grupo de gente que todos conocemos que son refractarios a las relaciones. Por mucho que lo intentan siempre tienen mala suerte y siempre dan con la persona equivocada, con el que tiene pareja, el que vive lejos, el que tiene mucho trabajo o el que se muere. ¡Atención! Esto va dirigido a mi yo de 22 años y todos aquellos que piensen como yo en esa época.
La culpa siempre son los otros. Son ellos los que nos hacen ghosting, nos utilizan para sexo, nos maltratan, nos mienten. Sí, son culpables de todo eso. Somos víctimas de su mala gestión de la vida. Pero no debemos olvidar que el patrón victima/verdugo/salvador es nefasto y no nos permite evolucionar y mejorar en la vida. Del triángulo de Karpman hablo en Rescue Me. Pero recordar que detrás está el responsable de que nos vaya siempre tan mal.
Dicho esto, cabe destacar que si queremos romper con esos malos hábitos, podemos intentar dejar de meternos siempre en el papel de víctima, y una forma de empezar es dejar de lamentarnos por lo que nos pasa. Tal vez sea más productivo intentar ver qué parte de ello es responsabilidad nuestra e intentar cambiarlo. En mi caso, siempre me iba a por los chicos malos. Probablemente emitía una vibración que les atraía «aquí tienes material torturable«. Y caía fijo. A lo mejor hacer una lista de cosas que llamaremos red flags nos pueda ayudar a ver enseguida cual es no apto para estar con nosotros. Leer Toxic (people).
Una vez que lo tenemos claro, llega lo más interesante que es comprobar si no somos nosotros mismos una red flag, y si es el caso darle solución. Un caso que veo muy común y del que no somos conscientes es el que describo a continuación.
Siempre nos va mal en las relaciones y estas duran poco, no sabemos por qué pero siempre hay algo que falla y se acaba la historia, pero no nos paramos a lo que realmente está pasando dentro de nosotros. Hay personas que saben que las relaciones igual que los cuentos románticos tienen que tener un final para que se considere un final feliz. Por ejemplo, en Los Puentes de Madison, la historia es tan potente porque ellos nunca acaban juntos. Si lo hubiesen hecho igual acababan como en la Guerra de los Rose. Por lo que este tipo de gente va a buscar siempre una pareja que tarde o temprano va a fallar y así poder ponerle un final al asunto.
Puesto que la parte del enamoramiento es siempre la más bonita, vamos a querer quedarnos en esa fase eternamente, lo cual es imposible, y para ello vamos a tener que recurrir a gente que nos obligue a regresar a la casilla de salida una y otra vez. De nuevo parejas que no son viables. Pero es culpa de los demás.
Hablando de culpabilidad, cuidado con los perversos narcisistas, son unos profesionales en utilizar el sentimiento de culpa y de falta de esfuerzo para engatusar y obligar a sus parejas a seguir con ellos. Saben perfectamente cómo leer a este tipo de personas y utilizar sus debilidades para torturarlos. Primero se hacen las víctimas, que les ha ido mal en la vida, así por simple simpatía nos caen bien. Luego hacen su estudio psicológico de nuestra persona y se dan cuenta de cuáles son los puntos flacos y los van a volver en nuestra contra. Es que nos va mal en las relaciones porque inserte aquí cualquier razón que quieran utilizar para infravalorarnos y disminuir nuestra autoestima. Una vez que eso está hecho nos tienen en su poder. Luego si intentamos escapar de ellos van a decir que si no nos esforzarmos cuando la cosa va mal es normal que nunca tengamos relaciones duraderas, que somos unos cobardes y que hacemos aquello de lo que nos hemos quejado que nos hacen los demás. Y escapar de ahí es extremadamente difícil. Esa relación no va a tener nunca un final feliz.
La vida no es una novela romántica, ni uan serie, ni una película, no tiene un final, quitando la muerte, por lo que hablar de finales felices, muchas veces es incongruente. Por lo tanto buscar tenerlo es atraer la desgracia de forma irremediable. Nos olvidamos de que lo que realmente importa en el viaje es el recorrido y no el destino. Por lo que tal vez deberíamos vivir más en el presente que total el futuro ya llegará.
Noviembre 2022.
