Después de estos meses de trabajo sin parar y calor infernal, ya iba siendo hora tener algo de vacaciones. Aunque estaban previstas desde hace casi un año, con todo lo sucedido últimamente, la guerra, las pandemias, la inflación y demás, parecía que no iba a llegar nunca. Lo ha hecho y se ha ido. Y ahora me siento un poco como en la canción Sand In My Shoes de Dido, echo de menos esos días fuera. Igual hablaré más adelante de ese síndrome, pero me parece que este viaje va a dar para varios posts por lo que quiero ir por partes. Aquí voy a hablar de los dos viajes, la ida y la vuelta en avión, ya que vale la pena hacerlo cuando aún las sensaciones están frescas.
Este viaje ya iba algo gafado desde el inicio ya que dos semanas antes de la salida del vuelo nos los cancelaron porque la aerolínea decidió que no le era rentable hacer el enlace entre ambas ciudades, por lo que tuvimos que buscar otra opción. Una era ida y vuelta con aquella para la que trabaja Johnnie, otra para la low cost en la que trabajó y de la que haré publicidad, y por último un combo de las dos. Que fue lo que elegimos. Ahí fue cuando me dí cuenta de que mi pasaporte llevaba caducado dos meses. Casi me da un mal aire. Sobretodo cuando sabemos que las citas las dan a dos meses vista. Por suerte conseguí una para el día siguiente pero en Benidorm. Aún así tenía la duda de si lo tendría a tiempo ya que desde el brexit para ir a UK hay que tener pasaporte. Ya lo que me faltaba. Pero todo salió bien.
Llegó el día D, las maletas hechas, los perros y gatos a buen recaudo, me sentía como cuando me iba de viaje de niño. Llevaba tres años sin coger un avión y después del covid muchas cosas habían cambiado. Aunque en este caso fue como si nada. En ambos vuelos tuvimos la suerte de no necesitar mascarillas, lo cual es aún mejor porque fue una sensación de viajar como si nada. Un alivio. Aunque las mascarillas fuesen de paseo en la maleta. Otra de las cosas graciosas fue regresar al aeropuerto como pasajero, y que muchos de mis antiguos compañeros se acordasen de mí y se alegrasen de verme. Tanto los de sillas, como los de swissport, e incluso el personal de handling de la compañía con la que volaba se acordaban de mí. Daba gusto. Sobre todo teniendo en cuenta que el avión tenía retraso. Pero al final ni nos dimos cuenta. Fue muy una experiencia muy chula. Muchos de vosotros no os dais cuenta de lo que significa volver a viajar después de tanto tiempo. Iba por la terminal como si fuese mi primera vez, con toda la ilusión del mundo.

Siempre que viajo en avión intento ir en ventanilla, así veo todo. El despegue, el vuelo y lo que haya debajo. Con mi pareja decidimos que iría yo en ese asiento a la ida y él a la vuelta. Perfecto, pudimos ver toda la costa alicantina al salir. Luego parte del vuelo fue encima de un mar de nubes y a la llegada dimo una vuelta encima de la ciudad antes de aterrizar. Muchas cosas de ese vuelo me recordaban a cuando iba de viaje con mis padres, antes de las compañías low cost. Este viaje fue sin muchos contratiempos. Retraso debido a las tormentas que hubo en Reino Unido a la ida, nos cambiaron de avión, el que estaba previsto llegaría demasiado tarde así que nos pusieron en el que venía de Newcastle. Nos ofrecieron comida a bordo, previo pago obviamente, es lo que tiene ir en compañía de bajo coste. Lo curioso fue que no aceptaban efectivo. Así que tuve que pagar en tarjeta, lo cual es aún más intrigante ya que no hay cobertura tan arriba. Al llegar me llegó el mensajito como que había comprado algo en vuelo.



Cuando digo que fue la segunda vez, es porque tuvimos lo que se llama Go Around, o TOGA, en lenguaje aeronáutico. Es algo que ya había vivido antes y que he visto desde casa muchas veces pero que no me había pasado en casi 25 años. Es cuando por razones de seguridad el piloto decide abortar el aterrizaje y recuperar altitud en pocos segundos para volver a intentarlo de nuevo más tarde y con mejores condiciones. En este caso íbamos a poca altura cuando de repente aceleración de motores, morro hacia arriba y subimos de nuevo por encima de las nubes. (https://fr24.com/data/flights/ls584#2d33fdc8). No fue para tanto pero da impresión. A los pocos segundos el capitán nos informa de que el avión que iba delante de nosotros sufrió una colisión con un ave y que los equipos en tierra no habían tenido tiempo de limpiar la pista.
En agosto de 1997, antes de regresar a Costa de Marfil, hicimos una parada en París donde íbamos a pasar unos días en Disneyland por primera vez. Coincidió con la trágica muerte de la princesa Diana de Gales. Esa fue la primera vez que tuvimos un aterrizaje abortado y recuerdo que fue una sensación espantosa, ya que estábamos a punto de tocar tierra cuando de repente los motores se pusieron a tope y el avión aceleró de una forma brutal. Nos quedamos pegados al asiento sin poder apenar movernos por unos segundos, mi madre y mi hermana estaban asustadas, pero no tardaron en informarnos de que había un 747 en mitad de la pista y que casi impactamos con él. Luego descubrí que es algo que suele suceder bastante a menudo y que no hay que tenerle miedo. Sin embargo la siguiente vez que fuimos a París nos pasó igual con lo que le cogimos manía a ese trayecto.
Volviendo a 2022, el aterrizaje fue decente, no de los mejores pero no como con Ryanair. Al salir del avión y sentir el frío recuperé toda la ilusión de ese viaje. Poder ponerme la chaqueta era una bendición. Pero antes de nada había que pasar el control de pasaportes y luego recuperar la maleta. Ningún contratiempo. Al contrario, pasar las formalidades fue cuestión de segundos. Aunque a mi pareja le costó más ya que su pasaporte no es nuevo, y el equipaje llegó bien. Fuimos a recuperar el coche y nos fuimos de camino al hotel.
Los demás días serán tratados en otro post. Así que pasaré directamente al martes 30 de agosto, día de nuestro vuelo de regreso a España.
Llegamos al aeropuerto a las cinco y media para poder devolver el coche antes de que cerraran la oficina, pero no fue hasta las seis que nos informaron, por email, que sólo trabajaban hasta las 4, total que perdimos media hora para nada. Dejamos la maleta en el mostrador de facturación y nos fuimos a pasar el control de seguridad lo antes posible. Mi pareja siempre tiene la paranoia de que le van a pedir papeles o hacer un aleatorio o cosas así. En ambos trayectos pasó sin ninguna movida. Se ve que le traigo suerte. Estuvimos en el bar del aeropuerto esperando al vuelo el resto del tiempo, ya que el avión tenía media hora de retraso. Finalmente nos fuimos a embarcar, todo correcto. He de añadir aquí que si bien los controles de identidad a la salida de España y a l llegada a Inglaterra son enorme. Para salir de Reino Unido ni siquiera me miraron el pasaporte.
Otro detalle que no debería haber tenido importancia y que sí la tuvo fue que mi móvil tenía un 40% de batería y que pensaba que eso era más que suficiente en un vuelo de dos horas y media y sabiendo que tenía alguien que nos esperaba a la llegada. Solo tenía que avisarle. Nada más. Así que no me puse a cargarlo en la terminal. Me arrepentí de eso.


Embarque y despegue sin nada destacable. Una vez en el aire la mayoría de pasajeros que iba con acompañantes y familia decidieron cambiar de asientos para poder ir juntos. Cuando llevábamos más o menos media hora volando el comandante hace una llamada por la megafonía preguntando si alguien en el pasaje tiene conocimientos de medicina ya que uno de los pasajeros se encontraba indispuesto. Eso me sonaba demasiado a la película Aterriza como puedas. No sé si era para reírme o asustarme, pero a los pocos minutos empecé a darme cuenta de que eso significa que el vuelo podría ser desviado a otro aeropuerto y con esta aerolínea iba a poder ser un desastre.
En cualquier otra aerolínea si esto sucede pues te mandan al hotel o te hacen esperar en el avión, pero aquí me temía que su solución sería dejarnos en tierra, darnos el dinero del billete y que nos buscásemos la vida como quella vez que me quedé tirado en el aeropuerto de Ginebra por culpa de la nieve.
Suena el piloto diciendo que nos van a desviar a Londres para atender al pasajero, que por favor retornemos a nuestros asientos y que nos informarán de lo que se hará una vez los servicios médicos le hayan atendido. En cuestión de 10 minutos ya estábamos en tierra, en un zona del aeropuerto de Stansted donde nos esperaba una ambulancia. Subieron los sanitarios y estuvieron una media hora larga atendiendole. Entre tanto pude hablar con mi madre por WhatsApp ya que estaba preocupada, es lo que tienen las aplicaciones de seguimiento de aviones, ella supo a la vez que nosotros que el vuelo no iba a seguir su recorrido normal. Pero no conocía las razones del desvío. Nada grave para mí. Pero nunca supimos qué le pasó a esa persona. Se lo llevaron, su mujer y un acompañante más salieron del avión, recuperaron sus maletas y nunca más se supo. Mientras tanto vino la cubeta a repostar combustible y gracias a la app de seguimiento supimos, antes de que nos lo dijera el comandante, que íbamos a llegar a Alicante y no pasaríamos la noche en Londres.
Para mí eso hubiese sido muy problemático ya que mi madre había dejado a mis perros en casa con el aire acondicionado puesto, yo tenía que llegar esa noche y nadie podría ir a apagarlo. Menos mal que pensé en Johnnie, ya que tiene las llaves de mi casa, y además si nos quedamos tirados en el sur de Londres podría haber llamado a sus padres. Pero no tuve que recurrir a nada de eso. Solamente avisar a mi amigo que nos venía a a recoger de que íbamos con retraso y a mis padres de que estábamos bien. Y mientras tanto el móvil con poca batería.
La hora que estuvimos parados en el aeropuerto fue un coñazo ya que la mayoría de familias que teníamos alrededor no podían ser más chonis. Entre las adolescentes que no paraban de quejarse del calor, (no había aire acondicionado así que sí hacía calor), y los críos que querían ir al aseo y correr por el pasillo, nos dieron la tarde. Unas a saber qué se creían que iban a encontrarse en Benidorm, allí hace aún más calor, y los otros que tienen padres que pasan olímpicamente de decirles nada. Al final eso era agotador. Tanto que en cuanto despegamos me quedé dormido, solo me desperté a los pocos minutos antes de aterrizar. Todos estábamos cansados ya.
Un vuelo que tenía que haber llegado a las 23:50 llegó a las 2:10 del día siguiente. Eso además tiene una consecuencia y es que no había personal en el aeropuerto. No quiero imaginar como fue el tema de las asistencias a personas con movilidad reducida, pero en control de pasaportes pasamos todos por la zona de extranjeros. Unos más rápido, como mi pareja, y otros no tanto a los que nos estudiaron el pasaporte como si fuésemos delincuentes. Pero bueno, al final llegó la maleta bien, y nosotros a casa poco antes de las tres de la mañana.
And just like that we were back in Spain after the holidays in the North.
Agosto 2022
2 comentarios sobre “The Holiday (part one).”