Al final ha pasado. He hablado con mi jefe y le he dicho que me iba. Que esperaría al final de la parte chunga de la temporada pero que me iba. Obviamente no le ha gustado pero ha tenido que pasar por el aro. Así fueron las cosas hasta mi salida de allí. Esta vez lo voy a hacer en modo diario clásico. No es igual, pero me apetece enfocar esta parte de la historia de forma distinta. Cada día iré agregando algo más hasta llegar al desenlace.

Lunes 18 de julio. Después de haberlo meditado y hablado con mi pareja, he llegado al punto de que ya no quiero seguir trabajando en el restaurante. Las condiciones actuales son un horror. Demasiada gente, demasiadas horas para lo que se paga y encima con ola de calor, aguantando muchas tonterías que llegan a agobiar o incluso a hacer daño. Llegamos al acuerdo de que le diría que tengo que irme porque me mudo a Cartagena, y de paso si eso, comentar que las condiciones no son las mejores. Esto último no se lo dije. Sí que me dijo que le venía fatal que me fuese, que ahora era mal momento porque era temporada alta. Por eso accedí a quedarme hasta mediados o finales de agosto, como favor hacia él. Me dijo que si la cosa no iba bien con mi pareja que podría volver. Menos mal que ese día estaba de buen humor porque iba a contestarle una bordería, solamente le dije que ya llevamos 5 años, y que gracias pero que todo iba a salir bien. También que ya habíamos vivido juntos, a lo que me respondió que si no había funcionado entonces. Le dije que no, la realidad es que él tiene su casa que le da mil vueltas a la mía, y un trabajo a 90 km de mi casa y que vivir juntos tendría más sentido allí que aquí. Da gusto saber que esto tiene fecha de caducidad. Esta noche dormiré bien. (lo hice).
Miércoles 20 de julio. He hablado con mis compañeros y les he dicho que me iba. Durante el turno, el jefe los ha llamado a todos uno tras otro para hablar con ellos. Eso sí, mientras el restaurante petado de gente y los demás sacando platos y comandas sin parar. Por la noche al cerrar me explicaron que el dueño les dijo que a no ser que encontrase a alguien par sustituirme, lo cual es difícil ya que no encuentra camareros, en septiembre tendrán que trabajar también 6 días seguidos. La cosa no va bien y no puede mejorarles las condiciones, pero que pronto lo hará. Aparte de hacerme quedar un poco como el malo, eso de que va mal es un pufo. Con días de 80 comensales, no se lo cree ni él. Obviamente nos necesita, si no su negocio se va al traste, pero no encuentra personal, así que los que quedan tienen que apretarse aún más el cinturón. Les dije a mis compañeros que es hora de pedir, que le tienen en su poder. Pero de momento se creen eso de que la cosa va mal y que su puesto de trabajo peligra. O simplemente se conforman con lo que hay.
Miércoles 27 de julio. Hoy hemos sobrepasado los cien comensales. Le he dicho a mi jefe que solo 3 camareros es un horror. Pero me comentó que una chica nueva iba a empezar la semana que viene. Estaríamos todos con los turnos como si nada , así ella no entra de golpe, y si todo va bien a la semana siguiente yo ya estaría libre. Es una alegría sabiendo lo difícil que se está poniendo el trabajo. Hemos tenido que rechazar a gente en la puerta o decirles que volviesen más tarde. Más de 20 personas a la vez es sacrificar a la cocina. Aún así hay gente que no lo entiende y se cabrean. Pues dos problemas tienen. Sobre todo cuando te viene un grupo de 12 personas que te aseguran que han reservado, (mi padre reservó a nombre de Bill o Bob o Joe, no recuerdo cuál), y sabes que no se van a sentar ni poniéndolos en dos mesas separadas, como pedían ellos mismo. Lo que he visto esta semana es la cantidad de gente que no reserva porque están en España y aquí todo vale. En su país si salen 6 o más personas a cenar, llaman antes. Aquí no. Somos sus esclavos.
Jueves 28 de julio. Volvemos a pasar de los cien cubiertos. Esta vez estaba yo en los pedidos. Teniendo en cuenta que la tablet donde se toman va lenta no, lo siguiente, tuve mucha paciencia. Estoy contento de haber superado el número de 100. Eso sí, hay gente que no entiende que sólo hay una cocina, y que por mucho que yo les tome el pedido, la cocina no es infinita. Pero en regla general no ha estado mal. Estoy reventado pero contento. Y más sabiendo que esto se acaba pronto. Ojalá antes de lo previsto. Hubo un momento que estaba atendiendo mesas y los de la puerta seguían dejándolos entrar. Yo pensando por favor no más. Eso sí, al llegar a la mesa les recordé que iban a tardar media hora o más en tener la comida. No muchas quejas al final.
Viernes 29 de julio. Creo que he subestimado la cantidad de trabajo de ayer. Me he despertado a las 10:40 y porque hace un calor infernal. Si no seguiría durmiendo. Un cosa que no captan los dueños de los restaurantes es que trabajar 6 días en estas condiciones es agotador. Y llegas al día antes de librar hecho una figa. El lunes pasado estaba tan agotado que al final del turno ya no sabía en qué día estaba ni la hora que era. Y cometes errores y equivocaciones. Pero esperan de ti que lo des todo por cuatro duros. Por mucho que paguen llega un momento que el dinero no lo es todo. Menos mal que en este sector no pagan bien así aún los que son muy peseteros no tienen esa excusa. Ayer estuve en el médico y cuando le dije de que trabajo, me contestó la doctora que últimamente se habla mucho de nosotros en la tele, aparentemente no nos encuentran para contratarnos. Le dije que eso es porque pagan mal y las condiciones laborales no las quiere nadie. Igual si se ponen la pilas y hacen las cosas legalmente, habría más camareros. Llevamos toda la semana con cerca de 100 comensales y no parece que disminuya la cosa. Sobre todo cuando siguen viniendo sin reserva a comer en un sitio y son más de 5 personas. No lo pillan. Pero hoy hemos tenido derecho a la típica mesa de 10 que reserva a las 18:30, llegan 3 a esa hora y el resto a las 19:15… Tuvimos casi que echarlos porque necesitábamos las mesas justo después. Son dos horas para comer desde que llega el primero, no el último.
Sábado 30 de julio. Hoy ha salido el planning de la semana que viene. Igual que esta. Y un poco decepcionado de que no entra la nueva está semana sino a l siguiente. Así que aún tengo una semana más de la que pensaba pero menos de la prevista. Aún así, la cosa sigue igual. Con mucha gente que viene a deshoras, mucha gente que pide cosas absurdas y muchas prisas. A pesar de eso se suele llevar medianamente bien. Pero es agotador. Estoy escribiendo mientras espero la cena y estoy reventado, sólo quiero irme a casa y tirarme en el sofá, pero aún no toca. Primero lo primero, y luego ya veremos.
Domingo 31 de julio. Os voy a dejar unos consejos para cuando vayáis a comer a un restaurante, cosas que no os dicen, que solemos hacer y que tocan mucho las narices al personal. Lo primero es, cuando llegas a un local, pregunta dónde puedes sentarte. Llegar y coger la mesa que te sale de las narices me pone de los nervios, mucha gente se sienta en mesas de 6 cuando son una pareja. Vale que estaréis muy cómodos, pero no seáis egoístas que igual esa mesa sirve para grupos de más personas. O esa mesa está reservada, etc. También estaría bien, si es un sitio muy concurrido y se puede reservar o se aconseja hacerlo que lo hagáis. Os vais a evitar esperas y dolores de cabeza. No seáis como esos que siendo 12 van a probar suerte a ver si le dan mesa un fin de semana. Tenemos por norma atender siempre a las reservas primero. Ahí lo dejo. La carta es la que hay, puede que haya cosas que sean modificables, pero ir a un restaurante a pedir lo que te sale de las narices, esté o no en la carta, no. En cocina van liados y si encima tienen que preparar las cosas específicamente para ti porque te crees una Kardashian, pues mal vamos. Sobre todo en horas de máxima afluencia. Que se haya podido hacer en el pasado no significa que sea por regla general. No eres nadie para ir con exigencias. Decir gracias no está de más, nunca, y dejar propina es algo que agradecemos mucho. Las buenas maneras siempre son de rigor. Pero sobre todo insisto, EMPATÍA. Mucha gente no sabe lo que es, y así nos va. Poneos en el lugar de los que tenéis enfrente y sed amables y educados. Pensad en cómo os sentiríais en sus zapatos y sed consecuentes con ello. Somos personas, nos equivocamos, nos cansamos, y sobre todo merecemos un respeto.
Jueves 4 de agosto. 106 personas otra vez. Después de las 110 de ayer. Eso sí, muchas con reserva lo cual ayuda a organizarse, pero volvemos a lo de siempre. Organización sin empatía no sirve. Por suerte la mayoría de los clientes son gente normal. Pero hay un par de chungos que son los que te fastidian la noche. Sobretodo los que te llegan cuando estás a punto de cerrar la cocina, después de un turno dantesco y tienes que ponerles la sonrisa y las ganas a la cosa. Sé que noe s culpa de ellos, pero aún así el tema horarios es algo que tendría que revisarse en España. Ir a cenar a partir de las diez y media debería dejar de ser una costumbre. Y me diréis que es zona de vacaciones y que debería de haber mejores condiciones laborales y turnos y pagas extra. Sí. En un mundo ideal sí. Pero vivimos en un país en el que la gente se jacta de ser más pillos que los demás y la picardía o directamente la ilegalidad están a la orden del día. Lo bueno es que queda confirmada la llegada de una nueva camarera la semana que viene, lo que significa que me queda una semana más. Cruzo los dedos para que así sea.
Sábado 6 de agosto. Hoy hablando por Twitter me han recordado dos cosas que me resultan muy curiosas y molestas de la gente. La primera es una obviedad: la gente suele ser una cerda en los restaurantes. Comen y cuando se van, tienes que limpiar, sal, azúcar, ketchup y demás cosas que se dejan tiradas por la mesa, a veces más que comer, parece que han explotado. Muchas veces me he preguntado si en su casa es igual, cuando comen en el salón lo dejan todo perdido, o si es solamente cuando cenan fuera que les da igual todo porque estamos ahí para limpiar su basura. Y la segunda cosa, que sé que va a levantar ampollas, es el tema de los niños. Entiendo que no pueden quedarse encerrados en casa y que tienen derecho a salir a cenar con ellos. Pero entre eso y tenerlos gritando a pleno pulmón en el restaurante creo que hay una gran diferencia. No es que se porte mal o q sean traviesos, es que o tienen las tablets o los móviles a todo volumen para que se callen, o bien son ellos los que pegan alaridos. Y si eso no fuera suficiente hemos tenido niños corriendo por todo el local, como si eso fuese Terra Mítica, o incluso jugando a la pelota. Mientras tanto los padres a su bola, cenando como si nada. Ayer incluso una niña se puso a jugar con una pelota de goma entre las mesas hasta que le dio a una pareja que había ahí. Creéis que paso algo, pero no, nada. Ni los padres ni mis compañeros dijeron nada, no se puede. La falta de empatía que he visto en estos meses es impresionante.
Sábado 13 de agosto. Ya hay fecha de salida. Termino el domingo de la semana que viene, trabajaré solo 5 días. Aunque intenté irme antes, mi jefe le dió la vuelta al tema para hacer que fuese yo el malo que lo deja tirado. No se tiene en cuenta que fui a trabajar una semana entera con un resfriado de la hostia, ni que estuve también al pie del cañón cuando estaba con covid. Y aun menos que el día que falleció mi tía no me fui a casa como tendría que haber hecho. No, estuve ahí, pero el malo soy yo por irme y obligarle a él a atender mesas. Bueno. Ahí hay una razón más para no querer seguir. Que la otra noche nos obligara a sentar a unos clientes, que querían ir al otro restaurante, de tal forma que él tuviera tiempo de ir a buscar a sus padres y cenar en el restaurante, eso tampoco lo dice. Por culpa de eso ese día salimos a las doce y media de la noche, cuando en realidad a las diez y cuarto ya no había nadie en el restaurante. Pero los malos somos los trabajadores por no querer hacer nuestro trabajo. Por cierto, de once en adelante no nos pagan así que es trabajo gratis. Aparentemente deberíamos de estar agradecidos, lo divertido del asunto es que entre tanto ya me han ofrecido varios trabajos en otros restaurantes, pero no tengo ganas de seguir con esto.
Lunes 22 de agosto. Mi primer lunes sin trabajo en mucho tiempo. Me siento raro pero tengo que hacer balance y muchas cosas pendientes antes de irme de viaje. Ayer se cerró un periodo de mi vida, que espero que esta vez se quede ahí. Pero no diré de esta agua no beberé que uno es perro viejo y sabe más el Diablo por viejo que por diablo. Entre las cosas que quiero decir es nuevamente quejarme de las condiciones que tiene el sector y de las que nadie se da cuenta. Mi sustituta busca un apartamento para alquilar con su marido y su hijo. Para un alquiler de 600€ le piden que ambos junten 3.000€ de nómina. Obviamente no llegan, pero el mayor problema es como justificar ese dinero. Aunque ella ganase 1,500 al mes, entre pagas extras y propinas, en su nómina pondrá 600, con lo que nadie va a querer alquilarle nada. Obviamente el empresario ha vendido esa quimera de que pagar paga pero una parte en negro porque nos viene mejor a todos (a él seguro, a nosotros menos, y a mi compañera nada). Así van las cosas en este país. Vale que pude ir a trabajar con las uñas pintadas, que el ambiente entre los compañeros era casi siempre bueno. Y quiero insistir sobre el casi porque había días que quería matarlos a todos y prenderle fuego al local. Pero otros eran unas risas. Eso lo voy a echar de menos. Ellos a mí también. El cocinero no quiso despedirse y sé por qué. El otro camarero, que es muy macho él y tal, me dio un abrazo. Me sigo riendo. Pero al final del día, ellos están en un barco que se hundiría si ellos no remasen y del que sacan poco provecho. La semana pasada comentaba con un conocido que está temporada de trabajo me he sentido rojo tirando a comunista por querer abrirles los ojos ante tanta injusticia por parte de los empresarios. Quise que se dieran cuenta de que esas condiciones de trabajo no son malas, hay peores sitios claro, pero se pueden mejorar. Solo que para eso hace falta que ellos se espabilen y se pongan en el sitio que les corresponde. Es agotador. Solamente espero que algo les haya quedado. Los volveré a ver pero espero no tener que regresar a trabajar allí.
And just like that I am not a waiter anymore.

3 comentarios sobre “2 Broke Girls (final season)”