Después de dos años de pandemia, múltiples confinamientos y no sé cuantas olas, lo he pillado. He dado positivo. Y es distinto a como lo imaginaba. Pero me ha dado que pensar acerca de las enfermedades contagiosas y de cómo la sociedad ha cambiado en cuestión de meses.
En un mundo donde las noticias son efímeras y la moda cambia más que las pelucas en un concierto de Cher, es difícil estar al día y mantenerse al corriente. Y no puedo evitar preguntarme, ¿soy yo o las cosas van cada vez más deprisa? ¿Podemos cambiar tanto en tan poco tiempo sin perder algo de cordura por el camino?
Hace un año, trabajábamos todos con mascarilla, ya no. Entonces si alguien daba positivo te precintaban el local y te mandaban a casa en cuarentena, casi con un GEO en la puerta por si te la saltabas. Mucho han cambiado las cosas.
Primero es que hace un año apenas iba por la primera vacuna contra el virus. Recuerdo la emoción de por fin tener el arma que nos iba a permitir volver a la normalidad. Hoy lo tengo, y no me estoy muriendo o estoy hecho una figa como pensaba que iba a pasar. Tampoco es tan contagioso como decían ya que mi pareja no lo tiene y yo sí. Y aun así la normalidad no ha vuelto. A pesar de tener la pauta de vacunación completa, con sus refuerzos y demás complementos. Pero más que nada porque nos cuesta regresar a lo que era antes. No nos han dejado digerir sino que nos empujan hacia adelante, con guerras, aumentos de precios e inflación.
Al dar positivo, después de haber pasado un resfriado común dos semanas antes, me di cuenta de que ya no es como era. Para empezar sé que fue un resfriado lo de hace quince días porque me hice la puñetera prueba y dió negativo. Me di en el botón de reset que hay dentro de la nariz y todo… Fue mi primera vez, y fue muy desagradable, por suerte no estaba solo. (La Voz.) Por lo que esta vez pensé que era lo mismo. Y cuál fue mi sorpresa al descubrir que esta vez sí era Coronavirus.

Claro, hace unos meses un resfriado, o mejor dicho toser o estornudar en la calle era un estigma. Ahora vas por ahí y solo oyes gente tosiendo, con la voz tomada o con la nariz como un tomate. Las laringitis abundan. Ya no le damos importancia. En el ambulatorio había una mujer que parecía que iba a dejarnos en cualquier momento que también estaba haciéndose la prueba y ella dio negativo. Yo confirmaba el positivo del lunes. No te puedes fíar. Los medios también están muy silenciosos al respecto. Ya no se habla de eso. Hay otros temas más importantes de los que hablar. Pero está más que claro que la cosa sigue ahí.
El lunes llamé al médico a preguntar, y su respuesta me dejó atónito. Si no hay síntomas o no me encuentro mal, a trabajar. Lo que antes era una condena a 2 semanas de retiro social, ahora es menos que una gripe. Aún así, estando de cara al público, hay que ir a trabajar. Y si contagias a la gente de tu alrededor mala suerte. Cosa que después de estos dos años con los medios culpabilizándonos constantemente, es difícil de cambiar. Os recuerdo que desde marzo de 2020 nos han estado bombardeando con el mensaje de responsabilidad, de que si te juntas con tus seres queridos, si los abrazas o lo ves, los contagias, que si enferman es por tu culpa, por hacer botellón o por ir al parque fuera de los horarios establecidos. No necesito recordaros las campañas navideñas y de los puentes contra las reuniones sociales que hemos tenido en el país. Creedme, sé mucho de sentimiento de culpabilidad. Crecí siendo católico. Y he luchado muchos años para deshacerme de él.
A día de hoy aún lo tengo, en ciertos aspectos, como justamente ese. Pero me he dado cuenta de que es menos fuerte. Cuando llamé a mi pareja a decirle que igual él también lo había pillado, me dijo que no me sintiese culpable porque era negativo. No me sentía culpable. Es algo que no puedes saber. No vas a vivir metiéndote cosas en la nariz cada vez que te duele la garganta o que toses o estornudas. Hay que vivir. Y sin embargo algo de responsabilidad sí que queda.
A mi modo de ver eso de ir a servir mesas estando enfermo no es justo. Si no te encuentras bien, quédate en casa. Y es lo que he hecho. Aunque me haya costado mucho. Conseguir la baja ha sido complicado, y más aún cuando tú jefe te llama todos los días a ver si estas bien, y tus compañeros te mandan mensajes a diario a contarte lo mal que van porque falta personal. Que si están cansados, que si va mucha gente o que si no tienen ayuda para montar las mesas. En el fondo te hacen sentirte mal por haberlos dejado tirados. Lo siento pero mi salud está por encima de eso. Y como solemos decir «no voy a heredar la empresa».
Las cosas han cambiado mucho en un año. Este tipo de situaciones no se daban el verano pasado. Tampoco había crisis en la hostelería porque la gente se agarraba a un clavo ardiendo y les daba igual que les esclavizaran con tal de tener trabajo. Creo que hemos progresado en ese nivel, y eso es bueno. La gente busca trabajo, pero no a cualquier precio ni de cualquier manera. Quieren algo de calidad. La precariedad laboral parece tener los días contados. O al menos eso espero. Donde trabajo no encuentran personal, el resultado es que si yo estoy enfermo y de baja, los demás tienen mayor carga laboral. Y me hace sentirme mal, en parte, pero la realidad es que no es problema mío. El jefe es quien tiene que solucionar eso. Es su responsabilidad.
Hace tres semanas estuve yendo a trabajar con dolor de cabeza y afonía, porque quería evitar sobrecargar a mis compañeros. Ahora el problema es que la fiebre, los mareos y el dolor generalizado aparecen sobretodo por la tarde / noche, por lo que iría y a mitad de turno estaría hecho una figa. Pero sobre todo porque me he dado cuenta de que lo que importa soy yo. Si mañana se acaba la temporada me darán las gracias y adiós. Y me parece bien, es un trabajo, no es ni mi trabajo, ni mi restaurante. Soy prescindible. Y de esto ya he hablado anteriormente, es solo temporal. Lo cual conlleva que si no me encuentro bien no tengo por qué ir.
Hoy es 7 de julio, es un día especial, es el cumpleaños de mi hermana, ya no v a cumplir más, lo cual me recuerda lo efímero que es todo y lo mucho que tenemos que valorar la salud y lo que tenemos. Que si no somos felices, no tenemos que continuar en aquello que nos trae dolor. La vida es corta y no sabes cuando se va a acabar, hay que aprovechar el hoy, porque mañana no sabemos si estará. Esta no iba a ser una entrada de Blog sobre ella, pero creo que sí puedo incluirla aquí, en esta parte. La que nos recuerda que la salud física y mental (que nos olvidamos de ella) son lo más importante que tenemos. Y hay que cuidarlas.
7 de julio de 2022
Un comentario sobre “De Repente Covid”