The Workaholics

Hace unas semanas o incluso ya meses escribí sobre el mundo laboral actual. Work Bitch. Porque la verdad es que desde que llevo escribiendo las cosas han ido cambiando, a veces a mejor y otras a peor o lo siguiente. Tenéis toda la historia contada en los distintos relatos sobre el aeropuerto y el bar y restaurante. Pero últimamente me doy cuenta de lo quemados que estamos los trabajadores y parece ser que hay un aire de cambio que flota en el ambiente. Sobre todo en el mundo del trato al público.

Entre las largas jornadas de trabajo y el consecuente cansancio que conllevan y la búsqueda de cierta estabilidad, me cuesta mucho encontrar tiempo para escribir y me pregunto si es algo pasajero o si siempre será así. ¿Podemos realmente ser multitask? ¿Es algo relativo a mi trabajo actual o es algo ya generalizado? ¿Era así en pilates?

Hace varias semanas que los medios de comunicación han decidido dar voz o girar entorno al mundo de la hostelería debido a los cambios de la ley laboral. Aparentemente se quejan los propietarios de los hoteles y de los bares y restaurantes de la falta de personal debido a que les imponen nuevas condiciones laborales que no se adecuan a lo que el trabajo es por naturaleza. Es decir, que la nueva reforma laboral exige condiciones de trabajo dignas que no suelen darse casi nunca, las cuales obligan a los empresarios a ofrecer mejores contratos y más dinero por la prestación, lo cual según ellos es inviable porque van a perder dinero y acabar por cerrar sus negocios.

Es el chantaje y la amenaza clásica de siempre. Si no les dan lo que quieren, entonces hacen la pataleta. Es verdad que es un sector que ha sido muy tocado durante la pandemia, que hay mucha gente que lo ha pasado fatal y que algunos locales no han sobrevivido. Pero también hay que tener en cuenta que hasta entonces lo hacían de forma fraudulenta. Los normal era un contrato eventual ,(si lo había, que no siempre era el caso), una vez que ya no te necesitaban te ibas a la calle y suerte. Trabajabas 12 horas, te pagaban 8 y cotizabas 4. Eso en hostelería y en todo lo relacionado con turismo. Tenías que poner buena cara a todo y dar las gracias porque si tú no aceptabas el puesto, ya había 20 más que sí lo harían.

Aparentemente eso se ha terminado. Ahora si no lo aceptas, no hay nadie que lo haga, y los empresarios han tenido que pasar por el aro. Aunque sigan haciendo trampas y llorando por lo mal que les va. Nadie quiere ser camarero. Y os voy a decir por qué. Además de por las condiciones que hay, que habrá sitios donde son mejores o peores, lo que no cambia es el trato que recibimos de la gente. Si bien casi siempre va todo medianamente bien, hay algunos clientes que se merecen que les tiren el café ardiendo en la cara. Y eso no se paga con dinero. La gente no se da cuenta de que les prestamos un servicio, no nos hacen un favor, somos personas como ellos y merecemos respecto. Se olvidan de que no somos sus esclavos. Yo les sugeriría pasar un día sirviendo gente, o vendiendo ropa o embarcando pasajeros y luego ver cómo se comportan cuando están al otro lado. Un poco de empatía no les vendría mal.

Antes de pasar a otro tema relacionado con este post, me gustaría hablar de esa visión apocalíptica que tienen los empresarios del mundo de la hostelería. Esa amenaza que siempre utilizan contra nosotros para apretarnos más si posible el cinturón. Ellos supuestamente se sacrifican pero siempre lo repercuten en los empleados.

Hace poco estuve hablando con el dueño de un restaurante acerca de las condiciones de trabajo que él ofrecía y las que yo tengo. Me di cuenta de que lo que pensaba el verano pasado cuando me fui del restaurante era cierto. Hay sitios donde se trabaja bien y con esa excusa te exprimen, y otros donde van directamente a sacarte la sangre, como en el bar donde estuve después. Soy consciente de que mis condiciones de trabajo no son las mejores, de que debería de ganar más por mi labor, y de que hay cosas que son mentira, pero solamente estoy de paso. De lo contrario estaría muy cabreado. Porque si tu negocio va mal y nos pides que nos apretemos el cinturón, no creo que tengas para irte de viaje, de cenas todos los días y cambiar de coche, al igual que pagar ciertos lujos, que como su nombre indica, son lujos. Pero hace mucho que he aprendido que el empresario no es tu amigo. Tú eres su empleado y el día que no te necesite te tira a la calle. Aunque seas quien le permita tener esa vida. Se les olvida que si no estuvieses ahí, sirviendo copas y llevando platos, tendrían que hacerlo ellos mismos, o cerrar el local.

Este tweet lo explica a la perfección https://twitter.com/Licualopodo/status/1532397125224603648?t=C03EFo9chUBJ4oua-29vgQ&s=19

Yo me crié en los ochenta y noventa, con la mentalidad de que con esfuerzo se obtiene todo lo que te propongas. Básicamente eso del sueño americano, de que puedes venir de muy abajo pero con esfuerzo y sacrificio puedes llegar a ser rico y exitoso. Mi padre trabaja como la hormiga de la fábula y le va muy bien. Mi pareja es igual. Viven par su trabajo. Es una mentalidad con la que crecí pero que enseguida me di cuenta de que no me hacía feliz. No tenía tiempo de disfrutar de lo conseguido con el trabajo porque sólo hacía eso. No podía estar con mis seres queridos porque estaba muy ocupado ganando dinero. Un día empezaron a irse, y ese tiempo perdido nunca lo pude recuperar. Ganaba dinero trabajando 50 horas semanales en el bar. Pero luego iba a casa a dormir y ni sacar decentemente a los perros podía. Me hizo pensar si realmente la vida es así. Como la fábula de la cigarra y la hormiga.

Visto mi recorrido y donde estoy a día de hoy, según esa filosofía de vida he fracasado estrepitosamente o no me he esforzado lo suficiente. No sé qué es peor.

He trabajado de auxiliar administrativo en logística donde tuve un buen sueldo pero unos horarios malos, eso sí, nada que ver con el horror que hay en el sector de la hostelería. Después de irme del primer sitio me dijeron que me habrían puesto de jefe de tráfico en unos años. Pero eso eran más horas y más responsabilidades pero no mejores condiciones. Tuve que irme del último puesto en ese sector porque mi jefa era homófoba y me hacía la vida imposible. Me puse de monitor de pilates porque me gustaba y era muy bueno en ello. En ningún sitio en España me trataron como me lo merecía, o se ve que no era lo bastante bueno para ellos. Me fui a Francia a probar suerte. Igual. Tuve mis clientes y estuve en un estudio muy agusto, pero a la hora de la verdad seguía estancado, no me permitía vivir bien. Hice cursos. Compré libros. Daba clases en tres idiomas, a domicilio o en estudio, con máquinas o con la colchoneta únicamente. Me recorría toda la región para dar clases, para ofrecer lo que otros no daban, para ser el mejor. Para nada. Me vine de nuevo a España y no pude seguir ya que nadie, excepto una persona, me quiso ayudar. No era nadie. Un fracaso.

Estuve trabajando en el aeropuerto. Pensé que sería un cambio positivo. Pero no tuve en cuenta que allí o conoces a quien tienes que conocer o estás jodido. Igual daba si eras bueno o malo, eran los amigos los que te iban a salvar el día. Pues así me fue. En handling me dijeron que se iban a pelear por tenerme. Mentira. ¿Que embarcaba vuelos yo sólo? Daba igual. Lo importante era hacerle la pelota a la jefa. Porque al mínimo error ahí te caía a matar. No me volvieron a llamar. Según los de la cultura del esfuerzo, no lo hice lo suficiente bien o no me esforcé bastante. Ellos son mucho de juzgar, por lo visto, desde sus torres de marfil. Donde alguien los ha puesto y casi siempre sin merecer estar ahí.

Ahora estoy de camarero, y siento que da igual lo bien o mal que lo hagas porque si no tienes a quien te salve el culo estas jodido. Lo de que la gente valore tu trabajo es lo de menos. Hay veces que me dan ganas de llorar cuando algún cliente es capaz de agradecerte por tu trabajo y servicio, ya que la mayoría lo dan por normal, y te lo exigen. Trabajas horas y horas, estás cansado y te duelen los pies, tienes sed o hambre, mientras ellos se atiforran a patatas fritas, pero ni las gracias te dan. Tienes que poner sonrisa fingida, sin que se note y seguir. Pero valoración positiva ninguna. Da gracias por tener un trabajo.

Hace unos meses estuve de paso por el aeropuerto y hablando con uno de mis ex compañeros que me aprecia bastante, le estuve contando mis aventuras en la hostelería. Me dijo que daba igual donde trabajase que yo me esfuerzo mucho y soy muy bueno en lo que me propongo justamente por eso. Pero lo malo es que nadie lo valora realmente. Y al final no tienes mejor puesto o mejor vida laboral por esforzarte sino por enchufes o por ser afortunado.

Por suerte, la sociedad en la que vivimos ha dejado de lado ese concepto erróneo de vida y admite que no todo es tan blanco o tan negro. Los tiempos aquellos del Secreto y sus recetas para el éxito y el dinero quedan atrás. Cuando ha quedado más que demostrado que es puro humo lo que vendían y esa moda es, hoy en día, considerada una estafa. Cada vez menos gente te critica por no estar en el trabajo que según la sociedad te mereces y es consciente de que muchas veces no tener éxito no depende de uno sino de otros factores independientes a uno. Al final la vida es mucho más que un cuento para niños. Y se acaba, si no la vives hoy, mañana será demasiado tarde.

Junio 2022

6 comentarios sobre “The Workaholics

  1. Tu sabes lo que vales y haces tu trabajo con profesionalidad y empeno. Que no te valoran, alla ellos. Lo que deberia importarte es que vales tu peso en oro y que estamos muy orgullosos de ti porque te mides à Lo que sea con tal de trabajar. Ères nuestro mayor orgullo. Sigue adelante . Clientes maleducados los hay por montones. Que no te quiten el sueno.

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