2 Broke Girls (Season 4)

En temporadas anteriores de 2 Broke Girls (Season 1) 2 Broke Girls (Season 2) y 2 Broke Girls (Season 3) os he ido contando mi experiencia en hostelería, y como sigo trabajando de camarero, sigo teniendo cosas que contar al respecto. Aquí van cosas que me han sucedido recientemente.

En un país donde el sector de servicios, y el turismo, forman parte tan importante del mundo laboral, ¿por qué se valora tan poco el trabajo en hostelería? ¿Acaso no se dan cuenta de que hay personas que les están atendiendo?

Lo primero es acostumbrarme de nuevo a los horarios, que aunque no son nada malos, implican tener una vida social distinta. Terminar de trabajar tarde d e noche y a veces casi a media noche, significa que no puedes madrugar, lo cual no me molesta. Pero hace que las mañanas sean más cortas. Y lo que más me cuesta es escribir. No porque no tenga cosas que decir, sino porque muchas veces llego a casa reventado y me quedo dormido antes de poder organizar mis ideas en un escrito coherente. A veces sale solo. Pero otras hay que buscar e indagar más. De ahí que esté con días de retraso en lo que tenía pensado respecto a este espacio. Pero ahí voy.

Lo primero que llevo un par de días queriendo escribir es lo que me pasó entonces. Mi compañero no vino a trabajar porque estaba (está) enfermo. Ese era mi segundo día con las llaves del local, ya que la persona que normalmente las tiene está en el otro restaurante, así que me las dejó a mí. Ese día llovía y hacia frío, así que pensé en abrir antes y así estar dentro algo más calentito. Como soy culo de mal asiento me puse a organizar la sala por adelantar faena. A los diez minutos sin noticias de mi compañero ya me imaginaba que iba a estar solo. Menos mal que hacía mal día y con suerte no iba a tener muchas mesas a las que atender. Y así fue.

Ese día, si hubiese sido el verano pasado seguramente me habría dado un ataque de nervios, pero entre entonces y ahora estuve en el bar y eso me ha ayudado mucho a mejorar. Allí estaba sólo para ese tipo de cosas, sin compañeros o el jefe que me echase una mano. Allí tenía que abrir o cerrar el local dependiendo del turno, limpiar, organizar, hacer la caja, etc.

Pero no todo es de color de rosa. Sigue habiendo el mismo tipo de gente que parece que solamente van a esos sitios a quejarse o a buscar movidas. No es tan terrible como en el aeropuerto, pero si que hay al menos un drama por semana. A veces más de uno. Clientes que se quejan de que haya niños en el restaurante que hacen ruido. Pero por desgracia no podemos hacer nada al respecto. Es una cuestión de educación de parte de los padres. No es como si nosotros tuviésemos algún poder y hacerles callar o echarlos a la calle simplemente porque vienen con sus hijos. Hay que aguantarse.

Otros se quejan porque hay mosquitos, como si pudiésemos hacer algo al respecto. En parte de puede, pero si lo que quieren es comer fuera, ahí ya no depende del local. Podemos aconsejarles sentarse dentro pero nada más. Y a veces ni eso sirve para que estén satisfechos. El verano pasado eran las moscas, ahora son los chupasangres. A nosotros también nos molestan pero eso no les importa.

Algunos son simplemente groseros y maleducados y eso no se puede cambiar. Siempre me ha resultado curioso la falta de educación y de criterio de ciertas personas. Cuando pudiendo llegar a cualquier sitio con buenos modales, prefieren ser unos bordes. Es algo que nunca entenderé.

Hace unas semanas vino una pareja de franceses a cenar, querían vino a la copa, así que les llevé el de la casa y les dije que si querían los otros tenia que ser por botella, lo cual no les hizo gracia porque no querían pagar tanto. Al regresar a la mesa lo primero que me dicen es que eso está imbebible. Les pregunto si no es de su agrado, me dicen que está asqueroso y que les traiga un vino decente y no vinagre. Pidieron una botella más cara y supuestamente mejor. Al terminar la cena me dicen que en su país los vinos de la casa siempre son buenos no como en España pero claro, es que aquí no sabemos de vinos. No quise contestarles nada porque la íbamos a tener, he vivido en Francia y también tienen vinos malos no, lo siguiente, que no servirían ni para calimocho. Pero no merece la pena discutir, les dije que a la próxima vez que vengan ya saben cual pedir, ya que según ellos vienen mucho por la carne pero que el vino es malo. Lo curioso del asunto es que ese mismo día, varias mesas me habían comentado todo lo contrario y de hecho incluso alguna se llevó una botella entera para casa. Hay gustos para todo, pero decir que algo está asqueroso con ese tono despectivo y superior que tienen algunos es una falta de respeto.

Ya el verano pasado tuve algún encontronazo parecido con una pareja de franceses que venían una vez cada dos semanas o así, y siempre tenían quejas de algo. El primer día fue de nuevo con la bebida, la mujer me devolvió la gaseosa con un mal gesto diciendo que esa asquerosidad no se la podía beber que quería burbujas, que no le llevase bebida de grifo que ella pagaba por botellas… Da la casualidad de que no tenemos grifos para la gaseosa así que fui y le abrí la botella delante de ella. A veces pasa que pierden gas pero ella no quería saber nada. Otro día que las patatas fritas las querían menos hechas, según ellos si no están blandas no son buenas, y ellos son franceses, saben mucho de patatas. Palabras textuales. O que querían chupitos porque son clientes VIP, pero se piden menús de niño porque son más baratos.

El otro día mi compañero tuvo una bronca tremenda con un cliente que siempre se queja de la carne a lo que le dijo que si no le gustaba la carne, después de dos cambios y de que le dijera que eso que vendemos no es solomillo y él lo sabe porque tiene un restaurante, mi compañero le dijo que si no le gusta por qué sigue viniendo, se levantó, y cuando llegó a la barra nos tiró un billete y nos dijo «Just fuck off!» enfrente del dueño. Éste le dijo que esas no son formas de tratar al personal, y estuvieron discutiendo un buen rato hasta que le dijo que por favor se fuera del restaurante que ese tipo de clientes no interesa. No supe bien qué se dijeron ya que mientras que discutían había otros clientes a los que atender, pero sí hablamos de que las malas maneras no te llevan a ningún lado.

Al final volvemos a lo mismo, la gente no sabe comportarse de cara a los demás. Se creen que con prepotencia y grosería van a intimidar y conseguir lo que buscan y al contrario, una vez que pierden los modales, pierden la razón. Lo primero que me enseñaron en el restaurante es que eso que de el cliente siempre tiene la razón es prácticamente siempre mentira. Pero aún así no necesita que se lo recordemos. Los comensales suelen ser gente maja pero alguna manzana podrida hay. Aunque no tanto como los pasajeros del aeropuerto.

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