Los que hemos crecido en los ochenta e incluso antes, lo hemos hecho con las películas de Disney, sus príncipes y princesas y sus héroes que tienen que rescatar a los personajes en apuros. Sin embargo ahora vivimos en una época en la que si demuestras debilidad o si necesitas ayuda es que no eres lo bastante fuerte, tienes que valerte por ti mismo pase lo que pase. Y no siempre se puede.
En una sociedad que se mofa de la gente que no es autosuficiente, donde por un lado te dicen que tienes todos los medios a tu disposición para pedir ayuda pero a la vez te culpabilizan por hacerlo, ¿cómo no volvernos locos? ¿Cómo podemos salir adelante con tanta incongruencia?
No quiero entrar demasiado con el tema de los dragones, princesas y caballeros, pero es más o menos lo que hemos crecido leyendo o viendo. Siempre hay un malvado ser que tortura a una pobre dama en apuros y que tiene que esperar que venga un príncipe a rescatarla. Sin esos 3 elementos no existe historia. Se le llama triángulo dramático de Karpman.
Esta imagen es muy interesante si la utilizamos como referencia de nuestras sociales, ya sea las laborales, sentimentales o incluso familiares. Podemos detenernos a reflexionar sobre el rol que asumimos en la vida en base a esos tres papeles. El de víctima, el de héroe y el de villano. Incluso puede resultar curioso que podamos adoptar cada uno de ellos en función de la situación. Lo cual no sería nada descabellado.
El problema que viene de esta situación es que esos roles no son positivos ni empoderadores de ninguna forma. Cada uno de ellos conlleva una co-dependencia en relación a los otros dos. No pueden existir por sí solos. Un villano no tiene razón de ser si no tiene alguien para luchar y alguien a quien someter. Una víctima no puede serlo sin alguien que le haga daño y alguien de quien dependa su salvación. Y por último, no existe héroe sin alguien a quien rescatar de algún elemento o persona malignos. Por lo que en cuanto asumimos uno de esos roles ya estamos subordinados a los otros actores de ese ciclo.
Por lo tanto entramos en un bucle sin salida, con poco crecimiento personal. Algunos dirán que el héroe es altruista ya que no lo hace a cambio de nada, pero no es verdad. Se trata de una búsqueda del reconocimiento por parte de los demás. Una especie de exaltación del ego facilitada únicamente por la existencia de los otros dos vértices de la pirámide. A mayor villano, víctima más torturada y más grande el héroe. Por lo que existe empoderamiento como tal. Sino dependencia de los demás.
El villano tiene su razón de existir. Sin él no existiría ninguna de las otras dos personalidades. Puede ser siempre el mismo o ir rotando. Incluso puede ser un héroe que no encuentra su nemesis y tiene que generar uno. Es otra versión del egoísta, el que tiene que usar a los demás para sobresalir de la masa.
En cuanto a la víctima, su rol suele ser pasivo, necesita de atención, al igual que los anteriores, para poder sentirse autorrealizado. Tiene que gritar que viene el lobo, de lo contrario no obtiene atención. Igual que en el cuento.
Ahora bien, vivimos en sociedad y por lo tanto tenemos relaciones interpersonales con otra gente en las que tenemos que asumir ciertos roles conforme a la situación en la que nos encontramos. Y con esto dicho anteriormente no quiero culpabilizar a las víctimas, ni tirar por el suelo a los que ayudan a la gente y aún menos hacer apología del maltratador. Pero sí señalar que a veces nos metemos en jardines sin darnos cuenta, y deberíamos ser conscientes de ellos.
Hay veces en la vida en la que debemos de ser capaces de pedir ayuda. Simplemente porque solos no podemos superar ciertos obstáculos o problemas, y no pasa nada por hacerlo. Conozco a muchas personas que no pueden hacerlo. Han asumido tan profundamente su rol de héroes, que si necesitas algo ahí están. Pero si les asa algo a ellos, jamás van a dejarte que les eches una mano. Por lo dicho anteriormente, la víctima suele ser la que genera lástima y el villano repulsión, pero el tercero genera valoración positiva, y no siempre debería de ser así.
Igualmente la búsqueda de atención constante por parte de la víctima (igual que la busca el héroe pero de otra forma), tampoco es algo que haya que poner como ejemplo a seguir. Muchas personas asumen ese rol, que les viene muy bien, y crean o se inventan villanos donde no los hay simplemente por derivar responsabilidades hacia los demás. Ellos nunca tienen la culpa de nada de lo que les pasa, el responsable es X o Y. Cuando la realidad es que bien podrían tener una vida más sana y con menos problemas.
Nos llaman generación de cristal esos mismos que se quejan constantemente de que antes podían hacer esto o aquello y ahora está mal visto. Si os fijáis en lo tiquismiquis que se ha vuelto la gente os daréis cuenta que no es como lo plantean sino todo lo contrario. Gente que echa balones fuera y culpabiliza a los demás de sus propios fallos. Pero esto es algo más viejo que el mundo.
Es importante poder discernir esos roles y saber si realmente nos aportan algo o por el contrario nos perjudican. Pero en lo que quiero incidir es que hay que saber pedir ayuda, saber darla y saber cuándo nuestras acciones van a hacer daño a los demás. Encasillarse en roles nunca es algo positivo. Al contrario eso genera tensión y dolor.
En mi caso siempre he tenido complejo de autosuficiente. No he sido de pedir ayuda porque he crecido pensando que solo los débiles la piden. Ya sabéis, Disney y sus príncipes y princesas… Bueno pues eso tampoco es que me haya salido muy bien. Muchas de las cosas que he arrastrado hasta hace poco, o incluso aún hoy, vienen de ahí. Ese concepto de que no necesito a nadie, de que yo solo puedo sacarme de los problemas que sucedan y de que los demás solo van a estorbar o hacer daño, no ha salido bien.
He pasado muchos años sin pedir ayuda, sin quererla, aún cuando la necesitaba, y sin dejar a los demás entrar en mi vida. Eso al final pasa factura. Te cierras y muchas veces te creas un mundo irreal en el que no hay cabida para nadie de fuera. Pero sobretodo arrastras heridas y traumas que no pueden sanar porque no eres médico y no puedes hacerlo tú sólo.
Fue entonces cuando decidí ir a terapia, dejé de pensar que eso es de locos o de débiles y descubrí las herramientas que tengo ahora para ayudarme cuando lo necesito y cuando puedo, pero también aquellas para pedir socorro cuando es algo que yo sólo no voy a poder superar. Y eso es lo más importante a día de hoy. No siempre la vida nos va a tratar bien, digan lo que digan.
Muchas veces vamos a tener que afrontar cosas muy chungas para las que tendremos que pedir ayuda si queremos sobrevivir, de lo contrario estamos condenados. Hay que saber cuando es necesario hacerlo y cuando no, cuando nos podemos sacar las castañas del fuego nosotros solos y cuando, al contrario, tenemos que buscar una mano amiga. Ser consciente de ello es liberador y eso sí empodera.
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