C’est La Vie (Always 21)

Dicen que los 40 son los nuevos 20 así que acabo de volver a tener 21. Pero con veinte años más de experiencia, espero. La reproducción aleatoria de música me puso la canción de Ace Of Base del mismo título que empieza tal que así: I am as young as I am feeling, […] I’ve always 21 at heart now listen to me. Pues ahí va eso.

Lo divertido del asunto es que yo tenía 18 años cuando salió la canción. Y ahora la vuelvo a escuchar con 41 y anda que no han pasado cosas.

Con el paso del tiempo nos olvidamos de lo que eran esos años turbios, muchas veces pensando que eran mejores o más sencillas las cosas. Pero no siempre es el caso, y viene bien recordar cómo era la vida en esa época. Al hacer un pequeño paseo por el tiempo, no puedo evitar preguntarme por qué tanta añoranza por el pasado. ¿Por qué nos empeñamos en decir que esos años eran los mejores? ¿Por qué pasa el tiempo tan rápido?

Con 18 años yo ya estaba en la universidad. Mi primer año fue el que me nos esperaba. En realidad yo quería estudia fisioterapia. El año anterior mataron mis sueños de hacer algo relacionado con los animales, biología o zoología habían pasado a la historia gracias al esfuerzo de mis profesores de las materias científicas por hacerme odiar todo lo que estuviese relacionado con ello. Sobretodo matemáticas y física.

Hasta ese año, más o menos, todo iba bien, pero tuve unos encontronazos bastante malos con el de biología y con los demás de ciencias. Con el primero fue porque no quise aceptar su inscripción en un torneo para un concurso. Le dije que ese año ya tenía bastante con los exámenes finales y que debería haberme pedido permiso antes de hacer nada. No le gustó. Desde entonces todo eran malas contestaciones incluso llegando a decirme que debería probar las drogas a ver si así tenía mejores notas. Muy profesional sí señor.

La de física y química no eran tan chunga conmigo. Más o menos pude sacar buenas notas en sus clases, pero sí que hubo problemas con otros alumnos. El primer trimestre se lo pasó diciéndonos que ese año era el más importante de nuestras vidas, que no podíamos bajar la guardia, que era el año de estudiar sin parar y que no había tiempo para nada más. Ese runrún duró unos tres meses ya que uno de mis compañeros de clase no pudo con la presión y dejó el instituto. Se fue, sin más. A lo que ella cambió su discurso y estuvo el resto del año diciendo que la vida es muy larga, que no hay que tomarse las cosas tan a pecho. Pero el daño ya estaba hecho.

En cuanto a las matemáticas, siempre me habían gustado. Yo era de los que le pedían más resoluciones de ecuaciones a los profesores, me encantaban. La verdad es que me lo pasaba genial con los sistemas complejos de incógnitas. Pero la cosa se puso cada vez más difícil cuando llegamos a temas más abstractos, y en las probabilidades me perdí. Y cuando fui a pedir ayuda a la profesora, en lugar de ayudarme me dijo que era imposible no entender esa lección y que me esforzara más. Pues no pude y al final dije que si tenía que ver una integral más, me pegaba un tiro.

Así que cuando acabe con los exámenes de selectividad y de acceso a l universidad del sistema francés, tenía claro que no iba a estudiar lo que llevaba años deseando hacer. Lo puse por nota de corte. De la más alta a la más baja eran fisioterapia, publicidad y relaciones públicas, turismo y de último informática. Teniendo en cuenta que tuve que elegir entre las que mejores salidas tenían en su día. Mi primera elección dio mucho que hablar en casa ya que para la mayoría de mis mayores eso era simplemente masajear a viejos. Que equivocados estaban pero no lo sabían y yo era muy joven para poder imponer mi elección. Así que cuando no me cogieron porque no daba la nota, ellos suspiraron aliviados y yo pensé que igual era para mejor.

5 años de una carrera que no sirve para nada. Básicamente porque ya en último año de carrera nos dijeron los los propios jefes de departamento de las empresas de publicidad que ellos no contrataban a licenciados de esa carrera sino a los de FP y a los de letras. Vamos que ni siquiera ellos nos querían. Pero eso no nos lo dijeron en primero o segundo, cuando aún podíamos haber ido a otro sitio. Lo dicen al final cuando ya es demasiado tarde.

Si pudiese mandar un mensaje a mi yo de 18 años le diría que volviese a intentar entrar en fisioterapia al año siguiente. Que el año en publicidad lo podría utilizar como créditos de libre configuración y que no me iba a servir de nada esa carrera. Mientras que fisio sí. Pero todo sabemos que no es posible.

La verdad es que por aquel entonces el mundo laboral era algo que me era totalmente ajeno. Ni siquiera había pensado en sacarme el carné de conducir. Lo hice con 19 años. Eso de ir en bus a todas partes estaba bien. Además conocí al que iba a ser mi pareja durante 4 años, y él podía llevarme a todos lados. Por lo que mi mayor preocupación era encajar en la universidad.

Tuve la suerte de coincidir con un par de compañeros del instituto por lo que no todo era nuevo, pero esto era un nuevo comienzo y quería dar una buena impresión y sobretodo alejarme lo más posible de las malas experiencias del pasado. Lo primero que hice fue diluir mi acento hasta hacerlo casi imperceptible y luego poco a poco coger el acento español.

Fue muy complicado, aun recuerdo lo que tuve que hacer para conseguirlo, y tarde un par de años hasta poder dominarlo por completo. Lo primero que hice fue evitar palabras que llevaran la C o la Z y así me ahorraba el esfuerzo… Bueno era un horror porque tenía que ir pensando en sinónimos todo el rato. Entonces hablaba lento. Luego empecé a meter las que llevaban S y C juntas o cerca. Por alguna razón me resultaba más fácil decir piscina que sensación. Ahora que lo pienso, mi pareja en esa época tenía que pensar que era raro. Pero estuvo muchos años conmigo así que supongo que no le importaba.

Tener 18 años y pareja era lo que siempre había querido. Era como el final feliz que había estado anhelando desde el instituto. Pero era muy pronto, la vida da muchas vueltas y tenerlo todo a los 18 no suele funcionar. Duramos 4 años, pero no todo fue perfecto como yo quería. Y al final las cosas se acaban. Todo lo bueno tiene un final que dice Nelly Furtado. Con 22 años lo dejamos. Después de idas y venidas. Y el camino que me esperaba iba a ser bastante movido.

Con 41 años, siempre tengo 21 años, muchas cosas han cambiado. A nivel laboral mejor no doy demasiados detalles, podéis leerlos en post anteriores (Work Bitch.), pero puedo decir que estoy cerrando un círculo. Todavía no está cerrado pero es algo inminente. A nivel de relaciones, espero que esta vez sea la correcta. Sé que los finales felices no existen porque la vida solo se acaba cuando uno se muere, por lo que me conformo con tener tranquilidad y ser felices los dos. Sobre todo sé lo que no quiero y he aprendido a base de hostias a reconocer las señales que indican que algo no funciona o no deben de hacerlo, de tal forma que pueda terminarlo antes de que sea demasiado tarde. Esto sirve en las relaciones, el trabajo y el resto de ámbitos.

Muchas de las veces que he retomado posts antiguos para publicarlos aquí, al releerlos, me he dado cuenta de lo mucho que han cambiado algunas cosas, de cómo otras no hay forma de que lo hagan y de cómo hay ciertos errores que sigo cometiendo aún 20 años más tarde. Entiendo que es algo normal. Así que si me tomo los 41 como tener 21 de nuevo puedo aprovechar para disfrutarlos nuevamente con la experiencia que he acumulado estos años.

Abril 2022

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