En anteriores episodios de 2 Broke Girls, me fui del restaurante al bar de al lado, literalmente, con la promesa de mejores condiciones de trabajo y más dinero. Aquí os cuento por qué no duré más de dos semanas con ellas.
Hay momentos en la vida en la que buscas desesperadamente una salida a una situación que estás viviendo y no te paras a pensar en si ese camino es el adecuado o si vas a irte de Málaga a Malagón. En un mundo cada vez más acelerado, ¿podemos pararnos a pensar en nuestras opciones? ¿O tenemos que tomar las decisiones importantes a toda prisa?
Llevaba varias semanas en las que el trabajo se me hacía cuesta arriba. Había cada vez más faena y aunque intentaba hacerlo lo mejor posible, tenía encontronazos con mi compañero. Muchas veces por culpa del estrés se me subía a la chepa. Otras veces hacía comentarios desafortunados acerca de mi orientación sexual, del tipo de «esos son de los tuyos, mejor si les atiendes tú así dan mejor propinas». Y cosas por el estilo que me parecieron muy fuera de lugar.
En mi nuevo trabajo se suponía que todo iría bien. Que ese tipo de problemas no los iba a tener, ya que la jefa no los permitiría. Eso sí, desde el principio me dijo que ella tenía mucho carácter pero que era justa. Me recordaba muchísimo a la jefa de personal de la empresa de handling en la que estuve en el aeropuerto, y que acabó odiándome ya que no le quise seguir el juego de la bipolaridad. Pero de eso ya hablaré en otra ocasión. Total que pensé que podría lidiar con ese tipo de persona. Me equivocaba.
Durante las dos semanas doblando, por las mañanas en el bar y por las tardes en el restaurante, todo iba bien. Si es verdad que tenía mucha presión encima ya que tenía que demostrar que estaba hecho para ese puesto, y tendría que aprender cosas que en el previo trabajo no se hacían. Pero yo podía con ello. Fueron varias las amigas de la dueña las que fueron desfilando por el bar, en distintos momentos de la semana, como los mystery shoppers de los que hemos oído hablar. Ellas iban de incógnito a ver si yo metía la pata o hacía algo incorrecto. No fue el caso. Lo mismo con la camarera que estuvo un par de días formándome para que pudiese atender a los comensales como la dueña quería. Pasé la prueba a pesar de estar aún verde.
Mi primer fin de semana allí fue épico o dantesco, según como se vea. Para empezar el viernes tuve turno doble, porque claro, los viernes es el día del show y hay que darlo todo. Por la mañana tuve ya mi primera visión de lo que me esperaba. Según la ley en esta comunidad autónoma no se puede fumar en las terrazas de los bares o restaurantes, tienes que salirte del recinto. Pues una pareja fumando en la mesa, justo delante del bar. Voy y les digo que por favor sean discretos, ya que aunque sé que la dueña lo permite, hay un guardia civil en la otra punta de la plaza y podría multarnos a todos. Enseguida apagan los cigarrillos. A eso que viene mi jefa y me pregunta que qué acabo de hacer, se lo explico y me dice que no que eso no es forma de tratar a los clientes, y cuando intento explicarle las razones me levanta la voz y dice que ese es su bar y se hace lo que ella dice y que si permite fumar es su decisión. Acto seguido va a ver a los clientes y les dice que lo siente mucho pero que claro, soy nuevo, es mi primer día y no me entero de como funcionan las cosas.
Día 2, es sábado y me toca turno de tarde a cierre, yo sólo por primera vez en el bar. «Tranquilo que tú puedes y si acaso tú compañera estará en el pub de al lado por si necesitas ayuda.»(poniéndose hasta el culo de alcohol). Menos mal. Se gastó 25€ en bebidas en el bar, teniendo en cuenta que la primera copa es gratis. No había demasiada gente, lo cual fue bueno. Y además vino mi amigo Johnnie con Lisa a tomar unas copas así me hacían compañía. Por si acaso. Eso sí, tuve que cerrar yo, y se sigue un protocolo de desinfección al cierre, del cual tuve un ejemplo unos días antes pero nada más. Les pedí eso por escrito que sería más fácil para mí… Me lo dieron al día siguiente. Después de llamarme la atención porque estaba todo mal. Pero según ella eso es normal porque soy un hombre y nosotros no sabemos limpiar.
De todos modos el día 3 fue el que ya me remató. Domingo. Turno de tarde a cierre, yo sólo otra vez. La excusa fue que mi compañera lo podía hacer así que yo también. Solo que ella tiene mucha más experiencia que yo en ese sector y la mitad de mi edad también. El caso es que los domingos se llena el bar, de repente tenía 3 mesas por atender, 5 personas en la barra pidiendo y todo el bar lleno de copas y vasos por lavar. Como pude saqué la faena adelante, con gente que se fue porque no pude atenderles a tiempo, pero por suerte nadie grosero o borde como ya me había pasado en el restaurante. Muchos me echaron una mano trayéndome las copas de vuelta para rellenar de bebida… Se portaron bien pero las ganas de llorar no me las quitaba nadie. Cuando por fin pasó todo, se fue la gente, tardé dos horas en poder recoger y limpiar todo. Dos horas desde que se fue el último cliente hasta que pude cerrar. Estaba orgulloso de mí por haber sobrevivido pero agotado.
Tuve la enhorabuena de la jefa que había estado viendo como me iba por las cámaras. Que por cierto, no solamente nos veía cuando estábamos trabajando, sino también nos escuchaba. Lo cual podía ser útil en algún momento pero a veces era para gritar. Podría haberme mandado ayuda pero mi compañera estaba fuera de turno y borracha perdida.
Ese día se repitió una vez más. Y los clientes me llegaron a comentar lo mal que se sentían por mí, ahí solo. Aún así venían a consumir… Tuve una semana de sustituir a mi compañera porque se encontraba mal, así que hice más horas que un reloj. Esa semana 50 para ser exactos aunque mi contrato ponía que eran 20 y lo que había firmado eran esas horas. Al menos me las iban a pagar… O eso pensaba.
No. Las cosas no iban como esperaba. Mis compañeros del restaurante, que esta al lado, me preguntaron varias veces que por qué estaba solo, que qué tal las pagas y las propinas. Pues mal. Porque las propinas se dividían por número de horas trabajadas en la semana, no se cogían al terminar el turno. Algo en lo que la dueña y la responsable (o sea mi compañera) no estaban de acuerdo. Pero una vez más salió lo de este es mi bar y aquí la que manda soy yo, y yo digo como se hacen las cosas. Ya sabéis, donde manda capitán… Aunque nos esté hundiendo moralmente.
Estuve toda la semana aguantando, ese viernes era la Noche Italiana. Había cena, tenor, y teníamos que ir todos de camisa y pajarita y servir como si eso fuese la Scala de Milán. Los comensales tenían que venir de etiqueta. Bueno no fue el caso de todos. De cara al público fue un éxito. De puertas para adentro no. Las botellas de vino se congelaron y saltaron los corchos. Los sacacorchos no eran de buena calidad y tardabas mucho en abrir el vino. Me llevé una bronca por el otro camarero sin saber por qué. A día de hoy sigo sin saber qué pasó. Hubo algún que otro mal rollo con la asignación de las mesas… Etc. Cabe destacar que yo ya tenía pensado que tenía que irme de ahí, la cocinera, que fue la que vino a formarme en el periodo de prueba, me dijo que no necesitaba decirle nada que ella ya se había dado cuenta de lo que pasaba. «Te mereces un sitio mejor que este, y lo sabes»,me dijo al despedirse. Otra noche más que he sobrevivido.

La semana siguiente la dueña estaba de vacaciones. Así que se suponía que la encargada estaría a cargo del trabajo. Fue muy deficiente. Venían los repartidores sin que nosotros lo supiéramos. Teníamos que pagarles con dinero de la caja porque nadie había previsto que vendrían y nos había dejado dinero. Lo de tener que hacer las compras por la mañana antes de abrir era algo que ya tenía asumido. Como tengo coche pues mejor, además de sacar la basura también. Esa semana yo ya sabía que el domingo me iba sí o sí. Pero las ganas de salir de ahí iban en aumento. Mi compañera no tenía tiempo, según ella, de reponer las neveras ni de guardar las bebidas en la despensa, así que lo hacía yo también.
El sábado se quedó bebiendo con su novio y su madre, desde las 4 que salió de turno hasta las once de la noche. Desde las nueve ya no había gente en el bar, pero ella tenía su drama personal y claro, había que dejarla. Yo ya había hecho la caja, limpiado todo, aunque siendo hombre ya sabéis… Había recogido las mesas, repuesto las bebidas en las neveras. A las nueve y media podía cerrar. Y como veía que la cosa iba para largo le dije a mi compañera que todo estaba listo para cerrar pero que si quería quedarse que solo tenía que cerrar ella. Me dijo:»eres tu el que cierra porque es tu turno, así que cierras tú.» OK. Pues eso pude hacer a las once. Quité la música y apagué las luces y ella seguía bebiendo. Los del restaurante flipaban. Creo que ese día ya se dieron cuenta de que me iba de ahí o le prendía fuego la local. Al final se fueron y pude irme a casa.
Al día siguiente ya estaba la dueña de vuelta. Lo primero que hice al llegar fue pedirle que saliera conmigo a hablar. Le dije que no podía más y que me quería ir de allí. Que la situación ya era insostenible para mí, entre todo el estrés del trabajo, mi compañera que pasaba de mí y sus broncas por el grupo de WhatsApp del bar, era demasiado. Porque hay cosas que se dicen en privado, no delante de los demás como cuando tus padres te regalaban delante de tus amigos. Se disculpó pero ella es así. Vale, yo también soy así, así que me voy. Tuve que hacer el turno yo solo ese día. Y cerrar el bar. Aunque le dije lo que pensaba de mi compañera y de que no me había gustado el trato recibido. Cuando le expliqué por qué no había podido irme a las nueve el día anterior, no daba crédito, así que le dije que para eso están las cámaras. Pero sin malos rollos
Pude despedirme de los clientes majos. Los borrachos de turno a esos que les den. Muchos me dijeron que se eso se lo esperaban porque habían visto la forma de trabajar y de tratarme de las demás y no les había gustado. Algunos que habían tenido bares y restaurantes me explicaron como tendría que haber sido todo y que les pareció normal que haya reventado. No era yo. Eso es bueno. Lo de tomarse un descanso a fumar cada hora cuando yo no lo hacía no les pareció bien. Además de tener turnos en los que no tenía tiempo de comer ni de ir al aseo, porque al estar yo solo ante el peligro, no había momento para eso. Me fui un poco triste por ellos, pero feliz de dejar por fin ese lugar.
Tuve que dar mi número de horas trabajadas a la dueña, a lo que me respondió si tenía forma de justificar que efectivamente había hecho 125h en dos semanas. Porque claro le parecía mucho y mucho dinero por quince días trabajados. Ya tuve 5€ menos de propina la semana de antes porque mi compañera decidió que así era. Así que no estaba yo con ganas de discutir. A la pregunta de dónde encontraría un sitio donde ganase tanto dinero en dos semanas le dije que en cualquier lugar donde me paguen más de 6€/h y me hagan trabajar a razón de 50h semanales. No sé, su argumento me pareció una falacia. Me costó que me pagase pero lo conseguí. Al final no terminamos en malos términos.
Después de todo aprendí muchas cosas allí. Ahora no le tengo miedo a las bandejas con copas o con cubatas, ni a llevar 3 platos a la vez y aún menos a preparar cappuccinos a la italiana o cafés con leche. Ya sé cómo preparar cocktails y ocuparme de un bar. Aunque no es lo que más ilusión me haga. Sobretodo porque es muy sufrido como trabajo. Pero de todo se aprende.
Continuará….

Marzo 2022
4 comentarios sobre “2 Broke Girls (Season 2)”