2 Broke Girls (Season 1)

Mi prima siempre me dice que debería escribir un libro con las cosas que me pasan, cuando estaba en el m aeropuerto me lo repetía muy a menudo, luego en el restaurante también. Obviamente como monitor de pilates no tenía una vida súper emocionante, pero es cierto que en cuanto trabajas de cara al público en sitios con mucho intercambio de gente, o rotación de clientes, sueles oír y ver cosas muy curiosas. Lo del aeropuerto ya veremos, en cuanto a lo del libro, pues aquí estamos.

Hace unos días me llamaron para volver a trabajar en el restaurante donde estuve el verano pasado. Y aunque no es algo que me mate de la ilusión dije que sí.

Pensando en cómo fue mi experiencia en ese lugar de trabajo, no puedo evitar preguntarme en qué momento dejó de ser divertido. Y tengo que recordarlo para no volver a cometer los mismos errores del pasado, pero ¿es eso posible? ¿Podemos volver a un sitio del que nos hemos ido y ser felices de nuevo?

2 Broke Girls es una serie que contaba la historia de una chica rica de Nueva York, Caroline, que de repente se encuentra en la calle y sin un dólar en el bolsillo. Solamente con lo puesto. Encuentra trabajo de camarera en un diner y se va a vivir con su compañera, Max, una chica muy espabilada que sabe mucho de la vida y de cómo sobrevivir en el mundo moderno. Durante seis temporadas nos hicieron reír con sus aventuras y su forma de volver a caer sobre sus pies, pase lo que pase.

Después de los confinamientos el tema laboral se puso complicado, sobretodo en zonas de hostelería, ya que no se sabía muy bien cuanto tiempo iba a durar lo bueno, si la gente podría volver a viajar y si nos dejarían salir o tendríamos nuevamente que encerrarnos en casa. Iba a entrar en el aeropuerto en abril de 2020, pero al final nada, por razones obvias. Sobre junio de 2021 seguía sin noticias de ese puesto, y sabía que ya estaban llamando a gente, sobre todo a los fijos, pero a los de ERTE y a los eventuales que no habíamos entrado nada. Así que una amiga me dijo que buscaban gente en el restaurante donde ella trabaja. Fui a la entrevista. Los horarios eran buenos, la paga decente y sobretodo no pedían experiencia previa. Yo soy muy patoso y con una bandeja era una catástrofe asegurada. Pero aún así me dieron el puesto.

Un primer día siempre es algo emocionante, y más cuando no tienes ni idea de lo que vas a hacer. Pues bien, el día llegó y yo estaba preparado para todo. Empezamos limpiando el restaurante, obviamente se ahorraban el servicio de limpieza. Sí, me sentía Caroline en ese momento, yo limpiando el retrete de un restaurante antes de ponerme a servir mesas. Dentro de mí estaba muerto de risa, vale, era Caroline, pero yo quería ser Max, y ese era mi objetivo. Así que le puse empeño y a los pocos días ya sabía lo que tenía que hacer.

Una cosa que tengo y suelo hacer, es cuando estoy en un puesto de trabajo, aunque no sea el empleo de mi vida o sólo sea temporal, me vuelco al 100%. Así que a las pocas semanas ya tomaba los pedidos, servía mesas y cobraba a los clientes. No es que sea un trabajo excesivamente complicado pero tampoco es fácil. Y más con la gente y su forma de ser.

No es mi primera experiencia de cara al público, en los trabajos de oficina se ve poca gente, pero cuando estaba en el gimnasio en recepción, o en el aeropuerto, rápidamente entendí que eso de que el cliente siempre tiene la razón es falso. En realidad casi nunca la tiene. Y cuando encima les sirves la comida, es casi peor. De hecho en esa época publiqué una cosa en Facebook quejándome de los clientes franceses en particular. Realmente sirve para todos porque mucha gente se olvida que el camarero y por extensión el cocinero, son los que le dan de comer, y le llevan la comida. No son esclavos ni sus lacayos.

En un caso en particular, una familia de regulares franceses se portó fatal. Fue la primera vez que tuve que servirles la mesa, y todos ya sabían que son muy difíciles y encima ratas. Pues bien, yo no lo sabía pero enseguida me di cuenta. Para empezar al darse cuenta de que yo les podía atender en francés, ya sé tomaron ciertas libertades que me resultaron muy desagradables, criticando a mis compañeros y a mi jefe e incluso al país. Me quedé pensando que si no les gusta España que se vayan a su tierra… Luego la mujer me devolvió la bebida de muy mala gana. Vamos que casi me la tira a la cara, porque no tenía gas, exigiendo que le diera la botella. No son normas del establecimiento, por lo que me disculpé y le traje otra que abrí en su presencia para evitar más movidas. No solemos hacer eso pero era por quitármelos de encima. Pidieron el menú infantil a pesar de ser 5 adultos, racanearon con la comida y me exigieron chupitos al final, además de dejar 0€ de propina. Os aseguro que la siguiente vez que vinieron no les atendí yo. Según ellos son clientes VIP, pero de los que piden platos de niños porque son los más baratos y vino de 10€ que se creen que es fino.

Gente así había mucha. Pero también había más gente realmente encantadora. Un día tuvimos una mesa de 6 noruegos, que querían probar los vinos durante la cena. Les tomé el pedido y les abrí la botella del vino más caro que teníamos. Todo perfecto, además de amables y divertidos, eran de los que no pedían menús infantiles. De repente me viene mi compañera a decirme que la botella que les di y que se habían bebido era la incorrecta ya que le habían pedido otro distinto para probar y en la carta le habían señalado el caro. Le pregunté qué hacía. Me dijo que es mi error y que vaya y hable con ellos a ver si se puede solventar.

Eso hice, fui y les dije que por error mio les había puesto el vino caro en lugar del que habían pedido y que si querían podía traerles el de menor precio esta vez o lo que ellos quisieran. Me dijo uno de ellos que ese era un buen error y que si podría volver a hacerlo. Le dije que no, que quería conservar mi puesto de trabajo. Todo con la sonrisa y medio en broma. Total que me dijo que adelante con el vino caro y que le cobrase los dos caros. Genial. Volvía a respirar. Cuando al final de la cena me pidieron que les tuneara los Irish coffee les dije que en vista de lo bien que se habían portado conmigo, les ponía lo que quisieran en el café. Un éxito. Y nos dejaron 40€ de propina.

Vais a pensar que insisto mucho en este tema de dejar dinero aparte de la cuenta. En muchos países de Europa y de América es una costumbre, y no dejar nada es de muy mala educación además de que pueden no volver a admitirte. Aquí no es tan tremendo, pero los salarios no son lo mejor así que un extra siempre se agradece. En el aeropuerto lo teníamos prohibido, de hecho nos echarían de pillarnos aceptando dinero, en el restaurante no, al contrario muchas veces nos sacábamos un sobre sueldo, como ese día en cuestión.

El trabajo estaba bien, pero muchas veces se hacía difícil por la falta de personal y la carencia de empatía de los clientes. Cuando el restaurante están lleno y no nos quedan mesas limpias no podemos atender a más gente, y sin embargo se enfadan y alguna vez incluso nos han insultado o gritado. No podemos ir más rápido, no tenemos más que dos manos y dos piernas y muchas veces aunque quisiéramos, no se puede ir más deprisa. La cocina lleva un tiempo, recoger y limpiar mesas también. Servir bebidas, preparar postres o cafés, no es algo instantáneo. En resumen, no es una cadena de comida rápida. Pero eso mucha gente no lo entiende y la toma con los que están delante suya, los camareros.

Los domingos eran el día del horror. Desde las 6 hasta las 9 o 10, era sin parar, con gente haciendo cola. Más de una vez tuvimos que desviar clientes o pedirles que volvieran más tarde. Algunos se lo tomaban bien, otros no. Pero eso hacía que trabajásemos en tensión. Algunas personas se agobian y se callan e intentan no pasárselo a los demás, como yo. Otros al revés, se estresan y se desahogan con los demás. Tuve más de un encontronazo con mi compañero por eso, un día incluso delante del dueño le dije que ya que tan mal lo hacía, que se quejase al jefe que lo tiene ahí y que me iba a casa. No pasó nada. Y así hasta que un día fui a hablar con el propietario. Le dije que entiendo el nivel de faena, que el aeropuerto es igual, pero que a mi no me falta nadie al respeto. Y más con comentarios rancios que rozan la homofobia. No sirvió de mucho. Tampoco quería una llamada de atención, simplemente dejar constancia y que a lo mejor pudiese estar en el otro restaurante algunos días a la semana. Había llegado al punto de querer estrangular a mi compañero. Y la otra camarera lo sabía y me entendía, pero ella tampoco podía hacer nada.

Sabía que en el bar de al lado buscaban a alguien así que un día fui a hablar con la dueña. Tuve que convencerla de que yo era la persona indicada para ese puesto, y lo conseguí. Las condiciones eran mejores así que hablé con mi jefe y le expliqué la situación. Contrato indefinido a 30h semanales, me dijo que adelante, que de todos modos en dos meses ya no podría mantenernos a los eventuales, pero que si no iba bien la cosa que podía volver con ellos para la temporada siguiente. En dos semanas cambiaba de puesto.

Mi condición en el nuevo puesto era empezar con ellos durante esas dos semanas para hacer la transición más sencilla y no empezar de cero. Así que durante una quincena estuve doblando, lo cual era agotador, pero yo era feliz tanto en el nuevo puesto como en el antiguo, eso de saber que te vas ayuda a no tomarte las cosas tan a pecho. Me había pasado bien, y me habían enseñado muchas cosas, pero era hora de volar a sitios mejores. Aunque fuesen en el bar de al lado. Eso hizo el cambio más fácil. Terminé con ellos en Buenos términos.

Como ya he dicho en la introducción, vuelvo al restaurante en abril, lo cual os dará a entender que no me fue bien en el bar. Pues tenéis razón. Pero eso es otra historia que os contaré otro día…

Marzo 2022

6 comentarios sobre “2 Broke Girls (Season 1)

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