Esto lo escribí en 2009 después de irme del puesto de trabajo del que voy a hablar, por las razones que veréis a continuación. Se trata de parte 2 ya que antes de ello había escrito sobre mi puesto de trabajo anterior, en el que no me fue demasiado bien y del que tuve que salir casi por piernas. Pero eso es otra historia, para otro día.
Parece mentira que un año después de los acontecimientos me haya vuelto a encontrar en la misma situación. Después de pensar que había encontrado el trabajo ideal, las cosas empezaron a ponerse feas, mi jefa empezó a mostrar su verdadera naturaleza, y mi compañera a convertirse en una harpía mala. Por suerte hice grandes amistades allí que me permitieron sobrevivir los 11 meses que estuve allí, pero la final la cosa ya no había pasado de castaño a oscuro sino que se había hecho insoportable.
Como bien dicen, en todos lados cuecen habas, y no hay que fiarse nunca de la primera impresión, porque los primeros meses todos somos personas estupendas, pero la convivencia se hace con el tiempo, y es cuando descubres realmente de qué pie cojea cada uno. Parece ser que en esa empresa iban todos los jefes recortados en el mismo patrón, puesto que la gran mayoría un día eran muy majos y al día siguiente unos cabrones impresionantes. ¿Es posible que fuera una de las normas para sobrevivir y progresar en la empresa? ¿Dios los cría y ellos se juntan?
Al principio, como ya dije en su momento, las cosas eran fenomenales, me llevaba muy bien con mis compañeras, con mi jefa y el horario además de ser una pasada me permitía tener una vida después del trabajo. Pero poco a poco cada uno fue mostrando de qué pie cojeaba. Si bien algunos resultaron ser majísimas personas, otros por el contrario eran para darles de comer aparte.
Sin embargo, como en todas partes, la vida sigue, y si hay gente con la que no congenias no pasa nada, porque la hay con la que te llevas a las mil maravillas, y menos mal.
Yo creo que todo se torció cuando empecé a hacer buenas migas con Raquel, la chica nueva del departamento de compras. Lo cierto es que ese departamento ha tenido las mejores personas de la empresa, y con las que mejor me he llevado. Si bien congeniaba con las demás chicas de administración, con ella había una química muy especial. Hacíamos bromas, nos reíamos mucho, y a la hora de comer, que teníamos que aguantar los desórdenes mentales de la cocinera, sus insultos y la carencia de comida al igual que la de la calidad en los alimentos, nos lo pasábamos muy bien.
El problema fue que la chica no supo negociar bien su contrato, y cuando llegó la hora de pasar de la empresa de trabajo temporal a la empresa en sí, y le comentaron lo que iba a ganar efectivamente la cosa no le hizo gracia, ya que al final ganaría unos 3000 euros menos al año de lo que le habían dicho en la entrevista. Y por supuesto después de una semana de negociaciones y un tira y afloja, la empresa no dio su brazo a torcer, sino que por el contrario le dijo que si no estaba contenta con su sueldo, que ya sabía dónde estaba la puerta. Lo cual ella escogió, pero no sin antes tener que cumplir un tiempo antes de irse de ahí. Y como los dos seguíamos estando como antes y siendo amigos, parece ser que a algunos altos cargos que teníamos en común eso no les gustó, porque yo ya era amigo de la enemiga.
Antes de irme de vacaciones mi jefa me llamó a su despacho y me dijo que como consejo de amiga (lo cual es mentira ya que ella nunca lo fue) que no dejara que mi vida personal interfiriese en mi trabajo, que nadie se enterase de lo que hacía al salir, y que no congeniase tanto con mis compañeras, que ahí estaba para trabajar. Es decir por un lado que la gente se pensaba que porque al contrario que mi compañera que estaba de morros todo el día, yo al ser una persona alegre me la pasaba de cachondeo, y por otro como algunos cotilleaban sobre mi condición sexual, pues que “es una empresa pequeña y aquí todo se sabe enseguida, y es mejor que no cotilleen sobre tú vida privada”. Vamos, que no se me notase mucho si me van los hombres o las mujeres.
Por otra parte me dijo que además si tenemos 45 minutos para comer es ese tiempo y no más, que la gente se quejaba que yo me quedaba más tiempo a comer, lo que ella no sabía es que si me quedaba en administración más tiempo es porque adelantaba trabajo en lugar de hacerlo por teléfono como las demás personas.
Total, que después de ese jarro de agua fría, las cosas no volvieron a ser nunca las mismas, por una parte yo estaba todo el día con la paranoia de que si me reía con mis compañeras enseguida iban a pensar que estaba de risitas en lugar de trabajando, cuando yo nunca había dejado mi trabajo de lado y por el contrario rendía más que muchas personas de la fábrica.
Durante las vacaciones intenté olvidar esos comentarios, me presenté a varias ofertas de trabajo, pero ninguna dio fruto y tomé la decisión de que si me salía algo mejor me iba de ahí, ya que no iba a seguir trabajando en una empresa que valorase más lo que hago fuera de ella que dentro, y no iba a permitir que me discriminasen por algo que nunca he ocultado.
Al volver de vacaciones parecía que la cosa había cambiado un poco. Mi compañera ya no estaba tan amargada, y mi jefa si bien seguía con su bipolaridad, por lo menos me dejaba en paz. Además estábamos a punto de cambiar de sistema operativo, con lo cual necesitaban que todos estuviésemos contentos y satisfechos.
En octubre la cosa se degradó hasta unos límites insospechados. Fue cuando se implantó el nuevo sistema SAP. Antes de eso nos pusieron a trabajar algún que otro fin de semana para poder tenerlo todo a punto, pero el esfuerzo se vería compensado, supuestamente. (Lo cual no es cierto, porque ni siquiera se me dieron las gracias). El sistema, como era de esperar no funcionó al principio, y en lugar de facilitarnos la vida, lo que hacía era darnos más trabajo del normal, y hacer que las cosas fueran tan lentas que salían errores hasta de donde no debían salir. Vamos un cachondeo. Pero para los altos cargos fue todo un éxito.
Eso sí nos teníamos que quedar una hora o dos después de nuestro horario de salida para solucionar problemas, pero era cuestión de hacer un esfuerzo.
Por suerte, cuando se hizo el reparto de tareas en nuestro departamento, a mí me tocó la mejor parte, la menos problemática, por lo que yo podía, aunque a duras penas, salir de ahí sin mucho retraso, cosa que no podían decir ni mi compañera ni mi jefa, una porque no tenía otro remedio, y la otra porque era una inútil que se pasaba todo el día en reuniones intentando solucionar el mundo y sin preocuparse de si a nosotros nos funcionaban las cosas o no.
Entonces llegaron dos elementos que terminaron de matarme en la empresa, por una parte fue la decisión por parte del departamento de exportación de sacar toda la mercancía que podían de ahí, y para ellos me bombardearon de pedidos para el extranjero, y por otro lado varios errores del programa que conllevaron aun follones más grandes.
Puesto que mi compañera, en las ocasiones en las que le pedí ayuda no me la quiso prestar alegando que ella ya tenía su faena, tuve que buscarme las castañas para solucionar mis problemas, y claro, intentar salir a mi hora, para poder asistir a las clases de pilates que yo impartía. Eso conllevó que algunas expediciones salieron con fallos debidos a una falta de atención por mi parte, clavo al que se agarraron mi jefa y la superior (responsable de tirar a Raquel a la calle) para decir que yo no trabajaba bien.
Un día cuando llego al trabajo recibo un email de mi jefa diciendo que está harta de que no aporte ninguna solución sino solo problemas, que soy una persona negativa, que no me llevo bien con mis compañeras, y que estoy dejando mi trabajo de lado. Vamos, todo lo contrario a lo que me dijo antes de las vacaciones. Intenté no darle importancia y seguir con mi trabajo, hasta que volvió a pasarme otro amenazando mi continuidad en la empresa debido a mi mal trabajo y mi negatividad. Esa fue la gota que colmó el vaso, fui a hablar con ella y le dije que para empezar que si ella hiciese mejor su trabajo se daría cuenta de la cantidad de problemas que he tenido que solucionar yo solo sin pedir ayuda, porque cuando lo hice nadie quiso ayudarme, que cuando yo le planteaba uno era porque necesitaba ayuda de alguien superior, y que en lugar de ayudarme lo que hacía era recriminarme que no hacia bien mi trabajo. Que mi compañera en lugar de ayudarme, como yo hacía con ella, me daba aún más trabajo, y cuando le había dicho que no podía más, me dijo que entonces que me quede después de la hora de salir y que me buscase la vida. Que yo al contrario que ellas, había estado ayudando a otros departamentos con su trabajo, sin decir nada, calladito en mi mesa, y que en lugar de agradecerme algunas personas decían que no hacía nada, y que cuando yo había podido terminar con todo eso y haberme ido a mi hora, se me había recriminado el no hacer horas extras y gratis. Que cuando he tenido que quedarme por mi trabajo lo he hecho, cuando he tenido que venir fines de semana lo hice, y sin que me pagasen nada, y así se me daban las gracias.
Está claro que le bajé los humos, pero o ya le había visto los dientes a la zorra y no iba a quedarme ahí a esperar a que me buscase sustituto. Lamentándolo con mis compañeras con las que me llevo tan bien, las chicas de recepción y compras, decidí ponerme a buscar otra cosa en serio. Y como no hay mal que por bien no venga, mi profesora de pilates tuvo una buena oportunidad en su vida y decidió irse de España. Con lo cual quedaría una vacante en el gimnasio donde ella estaba, me presenté a las pruebas y me cogieron. En 3 semanas se decidió todo, presenté mi demisión en la empresa, empecé las clases en el nuevo sitio, y el duro despedirse de mis compañeras y amigas.
Mi jefa, muy en su línea, cínica como ella sola me dio la enhorabuena, pero me pidió tiempo para encontrar a alguien más. Cosa que no fue posible, eran 15 días reglamentarios y ni uno sólo más. Mi compañera empezó a comportarse conmigo como con otro ser humano, a ser simpática como al principio. Pero ya era demasiado tarde. Y la superior, que en todo momento había sido una buena persona conmigo, dejó de hablarme, como si la hubiese traicionado al irme. Por el contrario las demás personas con las que trabajaba me dieron una sincera felicitación, y muchos deseos de suerte, alegrándose de que yo hubiese encontrado algo mejor donde irme y dejar de sufrir en ese departamento. Comprendieron que yo no podía seguir trabajando en esas condiciones y que fue una manera elegante de darles en la boca a mi jefa y compañera.
Sé que esto que viene a continuación no es de buen cristiano, pero ¡qué demonios! Antes de irme, me las arreglé para dejar muchas cosas pendientes, mucho trabajo sin hacer, oculto dentro del sistema, de no explicar todo lo que yo hacía día a día, y de que todo eso explotase después de que yo me hubiese ido de la empresa, y parece ser que es lo que está pasando. Lo siento mucho por la persona que venga después que yo, y por mis amigas de allí, pero me alegro porque mi exjefa se dará cuenta, demasiado tarde de la cantidad de trabajo que yo le estaba quitando de encima, y que ahora ella, y la pija de mi compañera tendrán que volver a hacer como antes de mi entrada en la empresa.

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