Falsas Apariencias.

Muchas veces la respuesta a ciertos comportamientos la podemos encontrar simplemente mirando en la naturaleza. Ahí es donde aprendemos el por qué de la forma que tenemos de actuar muchas veces, sobre todo relacionado con lo que pretendemos mostrar a los demás y lo que realmente somos.

Para empezar, he de reconocer que eso de ir de cabrón funciona a las mil maravillas. No se trata de hacerle daño a la gente, pero sí de aparentar ser un chico malo. Por lo tanto, las apariencias muchas veces engañan, pero como el fin justifica los medios, una vez que has pillado lo que ansiabas, ya da lo mismo que vean cómo eres realmente, y que detrás de esa fachada de malvado está una persona normal o incluso buena. Porque sabes que cuando el veneno ya lleva tiempo actuando en el cuerpo de la otra persona, llegará el momento en que no se pueda desprender de ti. Y ya le dará igual como seas.

Si nos fijamos en la naturaleza, ¿cuándo descubrieron las mariposas nocturnas que aparentar ser un búho era un éxito contra los depredadores? ¿Por qué algunos animales tienen una mala fama infundada? Y sobre todo ¿por qué otras especies se aprovechan de esa fama para vivir bajo su protección? Y si esto lo extrapolamos a los seres humanos, ¿podemos decir que realmente las apariencias engañan?

Lo primero que he de admitir, es que eso de ir de malote tiene buenos resultados, para prueba un botón. El sábado pasado salí de marcha con unos amigos y no sólo nos invitaron a chupitos sino también a copas. Con lo cual, si es para beber gratis, ya de por sí merece la pena. Aunque luego a la hora de la verdad no pasase nada, pero bueno, ya es un comienzo. Y en alguna parte hay que empezar, digo yo.

Segundo, he de decir que el “poder barba”, como le llamo yo, es muy parecido al que tiene mi hermana al ir en bikini por la calle y que todos los tíos se voltean a mirarla, incluso cuando van con sus parejas. Pues este es parecido y funciona tanto con hombres como con mujeres. Aunque todavía no he terminado de dominar ese tema, pero todo es cuestión de tiempo…

Por lo que, aunque yo realmente no vaya atropellando a la gente, ni gastándole putadas, he de admitir que tener pinta de que soy un borde tiene sus ventajas. Pero me diréis que es posible que haya gente que se vea intimidada por mi apariencia… pues mala suerte, porque los cobardes nunca han ganado nada. Aparte que no me interesa alguien que se deje asustar por el aspecto, porque eso demuestra que es una persona tan frívola como aquellos que sólo van buscando un cuerpo 10 sin fijarse en lo que haya dentro del jarrón. Es tan malo aquel que se fija y va solo a por el físico atractivo, que el que se fija y se asusta, sin intentar ver más allá de lo exterior.

Mi amigo C. me dice que eso es pura fachada y que no me va lo de ir de malvado. Tiene razón, es pura fachada, quien me conozca o lleve tiempo leyendo lo que escribo sabe que no soy una persona insensible. Pero a veces hay que aparentar algo que no se es para evitar problemas, o simplemente que te coman los grandes. Incluso sin tratarse de un caso de supervivencia, he de admitir que muchas veces el parecer algo peor de lo que se es llega a tener su atractivo, como he podido comprobarlo últimamente.

Si volvemos al comienzo de mi artículo, entenderéis por qué pienso así. Si nos fijamos en las abejas, la verdad es que son unos bichitos, mayormente inofensivos, (aunque tengan su aguijón, pero si lo utilizan se mueren, por lo que no creo que eso les interese mucho), que viven con la reputación adquirida de las avispas, de que pican y duele.

Pues bien, una cosa es que tenga armas y otra que las utilicen. En este caso pueden hacer las dos cosas. Pero hay otros insectos, sobre todo moscas y algunas especies de polillas, que hay llegado a imitar los colores y el zumbido de estas especies, para que las dejen tranquilas. Y van por el campo, tan contentas sabiendo que, aunque sean inofensivas, nadie se va a meter con ellas.

Ciertos tipos de orugas de otras mariposas, también utilizan esa técnica, aparentando ser serpientes, para que los pájaros pasen de ellas y no terminen formando parte de su dieta. Las propias culebras viven a la sombra de sus parientes venenosas, gozando muchas veces de la reputación que tienen unas para poder estar tranquilas. Aunque también cabe destacar que en múltiples ocasiones esto más que una ventaja es un inconveniente, ya que se les adjudica una mala fama que no tienen.

En el mundo de los animales, las señales empleadas son siempre las mismas, aquellos bichos que tengan colores vistosos, llamativos o fuertes, indican que son peligrosos, ya sea para sus presas o para sus depredadores. Como suele pasar con algunos batracios de colores rojos y naranjas, o con insectos e incluso aves que hacen del amarillo y el negro la señal inequívoca de que ni son comestibles, ni son aptos para el consumo.

Pero no todos son tan sinceros, ya que algunos, conociendo ese código visual, aprovechan para “vestirse” con esas pintas y parecer algo que no son. Entonces nos engañan cuando en realidad aparentan ser una cosa que no son.

Pero no todo es un tema de colores y vestimentas, que claro está podemos trasladar a nuestra vida cotidiana. Muchos de nosotros hemos sido prejuzgados por la forma que tenemos de vestir, ya que aparentamos algo que puede que no seamos. Cuántos chicos con problemas de pérdida de cabello han optado por la moda “al cero” y se han visto metidos en el saco de los Skins, sin por ello tener nada en común con ese grupo social. Si bien a algunos esa similitud les ha podido favorecer, a otros no. Por lo tanto, unos han podidos servirse de esa apariencia para pretender ser algo que no son, a primera vista, y de paso quitarse de encima muchos dolores de cabeza, mientras que otros, por el contrario han sido perjudicados por esa pinta.

Lo mismo suele suceder con la gente de gimnasio. Por una parte, me recuerdan a los animales que pretenden parecer más grandes de lo que son, y de esa forma evitarse problemas con los depredadores, que se verán sorprendidos por el tamaño de la presa. Es decir, a ninguno de nosotros se nos ocurriría meternos, cuando salimos de marcha, con alguno de esos armarios empotrados que nos encontramos en los locales. Y, sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, esas personas no son en absoluto peligrosas ni folloneras, por el contrario, suelen ser gente que aparentando algo que no son, se ahorran más de un dolor de cabeza. Y esto es algo que a las mujeres les encanta. Saben que si salen con un tío de 2 por 2 nadie se va a meter con ellas, no porque su novio sepa pelear, sino que por su tamaño los demás se lo pensarán dos veces antes de arremeter contra ellos.

Cuando la realidad suele ser toda la contraria, y alguien peso pluma podría derribarlos sin el más mínimo esfuerzo, siempre que sepa dónde golpear, o con qué hacerlo para poder tumbarlos. Pero no se van a arriesgar a menos que tengan muy claro que no corren peligro. O, en otras palabras, la serpiente más venenosa del planeta no sale huyendo, aunque sea muy chiquitina, ante un peligro enorme, puesto que sabe que un solo mordisco suyo bastaría para derribar a su oponente. Está segura de sí misma, y es ella la que no finge algo que no es.

Las ranas más venenosas que hay en la tierra son unos seres bastante pequeñitos y de colores llamativos, que para alguien que no sepa de señales naturales podrían resultar de los más atractivas, cuando en realidad sólo con tocarlas se iría al otro barrio. Y eso los animales que suelen ingerir ese tipo de seres vivos lo saben.

El problema es que no todos tenemos ese veneno, o esa fuerza o esa rapidez, por lo que tenemos que aparentar algo que no somos para poder sobrevivir en la jungla del día a día.

Una de las cosas en las que se empeña C. es en que yo vaya por el trabajo tirándole los tejos a todo ser con falda que se me presente por delante, para de tal manera parecer algo que no soy. Podría, siguiendo el ejemplo de la naturaleza, cambiar de color y ser un animal a rayas amarillas y negras para que entonces quien me vea no se atreva a pensar nada malo de mí, o simplemente no cuchicheen a mis espaldas sobre si me va una cosa o la otra. Por ejemplo. O simplemente puedo tener confianza en mí mismo y pasar olímpicamente de lo que piensen los demás de mí, puesto que no es algo que a mí me afecte emocionalmente. Como haría la serpiente que, aunque sea una birria sabe que es venenosa y no tiene que aparentar nada.

Por lo tanto, no se trata únicamente de fingir algo que no somos como medio de defensa, que en ocasiones viene bien, sino de saber cuándo tenemos que hacerlo y cuando no, en función del objetivo perseguido. Está claro que si yo quisiera que la gente pensase algo de mí que no es actuaría de otra forma, pero como no es el caso, que paso de lo que piensen, pues no lo hago. Sin embargo, en el tema que estoy tratando sí que es cierto que a veces merece la pena crear cierta confusión, para que de esa manera se genere un interés hacia la persona.

Por una parte, podemos adornar la realidad de forma que parezcamos más interesantes, y uno de esos adornos es simplemente el parecer más malo de lo que se es, que por desgracia funciona a las mil maravillas. Mientras que por otro lado debemos de ser conscientes de nuestras limitaciones, para que la ilusión que proyectamos de nosotros mismos no termine por perjudicarnos, y hacernos el blanco de las iras de aquellos que nos rodeen. Ciertamente ser uno mismo es algo que debemos de tener en cuenta, aunque está claro que, para una primera impresión, muchas veces no sirve.

2007

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.