Minority Report

Hoy en día es poner la radio, la televisión o cualquier medio de comunicación y que te bombardeen con mensajes deprimentes. Mires donde mires hay dolor y sufrimiento, matones que abusan de su poder sobre lo que consideran que son minorías que deben ser sometidas. Ya sea mujeres, que no son nada minoritarias desde el punto de vista numérico, extranjeros, o demás colectivos que no conforman una mayoría según ellos.

Conforme se oyen noticias de refugiados de la guerra en Ucrania, a los que todos quieren aceptar, pero de los de otros conflictos a los que llaman invasores, no puedo evitar preguntarme por todas esas minorías que han sido o están siendo discriminadas por el mundo. Y pienso en cómo todo eso afecta nuestras vidas. Si hablamos en términos de política ¿quién decide qué es una minoría? ¿Pueden dichos grupos unirse y formar un bloque mayoritario a la hora de defenderse?

La discriminación es algo por lo que muchos, si no todos, hemos pasado en algún momento de nuestras vidas, incluso, por desgracia, más de una vez. De mi experiencia personal hablo en parte en Gentlemen Prefer Blondes, donde cuento cómo el venir de Colombia y los entornos en los que he vivido me han generado esas experiencias y cómo he tenido que enfrentarme a esa adversidad. Y sin embargo, seguimos en ello, con muchos más años. Hay cosas que cambian demasiado despacio.

Nací en Colombia, crecí en Costa de Marfil, terminé mis estudios en España y he vivido unos años en Francia. Lo de ser minoría, lo de ser el raro, siempre ha ido conmigo. Ya fuera por el idioma o el acento, el color de piel, ojos y pelo, la complexión física o la preferencia sexual. Y aún así no puedo quejarme. Aunque he tenido mis momentos en los de sentirme el bicho raro, el diferente o el que no encaja. Esto último es lo que más cuesta e incluso muchas veces se deja por perdido.

El haber visitado, y vivido, en distintos lugares del mundo tan variopintos me ha hecho ver que en realidad no hay sociedades mejores o peores ya que vayas donde vayas te vas a encontrar con ese muro. Siempre serás el diferente. Sin embargo, depende de dónde estés te van a tratar de mejor o peor forma. Hay racismo en África, en Francia, en España, donde vayas siempre hay un tema pendiente con el origen de las personas. En algunos países es más evidente que en otros, y algunos lo llevan mejor (escondido).

En España me llamaban el africano cuando era adolescente, por donde vivía, y sin embargo en Costa de Marfil era el blanco o el español, al final conseguí que se me reconociera lo de español y no colombiano con todas las connotaciones tan terribles que tenía. Cuando no era eso, aquí en España me llamaban el sudamericano, aunque intentaba ocultar mi acento, pero no lo logré del todo hasta cuando estuve en la universidad. Y cuando iba a Colombia de vacaciones, era el español porque según ellos «hablaba raro». Con lo cual no era como ellos en ningún lugar. Aunque físicamente fuese como ellos.

Los años que estuve viviendo en Francia fueron más de lo mismo. Allí obviamente no pasaba por uno de ellos. Aunque hay mucha mezcla debido a las colonias y los territorios ultramarinos. Bueno al final sí que pude infiltrarme, porque no tenía acento al hablar. Pero entonces se quedaban con que yo era de origen español pero nacido allí, que no podía ser español español … Pues no, tampoco. Les costaba asociar mi aspecto físico con mi forma de hablar. Muchos lo decían como algo prodigioso. Aparentemente los españoles tenemos que ser malos en idiomas. Aparte de morenos y tal. Sirve también con los ingleses.

Ya fuera de los diferentes raciales, también están los relacionados con la sexualidad. Uno de los sentimientos más terribles es cuando te sientes discriminado o en minoría dentro de u propio grupo social que no es mayoritario de por sí. Es demasiado frecuente por desgracia. Aunque no es algo nuevo. Llevo bastante tiempo en este mundo como para poder decir que las cosas siguen bastante estancadas en ese aspecto. Aunque siempre hay alguna que otra mejora.

En el mundo gay hay una cosa que se llama ser hetero normativo, es decir que no parezcas ser gay. Por alguna razón que me escapa, a pesar de las apariencias, ahora también exigen que te comportes como algo que no eres. Es decir, tienes que tener pinta de machorro, que no se te note que te van los hombres y que encima seas como los demás. De eso ya he hablado muchas veces antes, se parecen todos. Stupid Girls, Gossip Guys, El Ataque de los Clones… Pero lo que más molesta no ese afán por ser todos iguales, sino que si te sales de la norma, te machacan. El otro día en Twitter se armó una buena por un chico que puso una captura de pantalla de una app en la que lo primero que decía era que se disculpaba por ser gordo. Es decir que ya daba por hecho que le iban a rechazar por no tener un cuerpo normativo.

Llevamos años intentando luchar contra la discriminación que padecemos por parte del hetero patriarcado y en cuanto alguien es medio diferente van y se lo comen. Así no vamos a conseguir nada. Y eso por desgracia lo he padecido en carne más de lo que me gustaría admitir. Es como una cebolla, va por capas. Primero te discriminan los heteros por ser gay o por tu aspecto físico o tu origen étnico, luego los gays por ser diferente y de nuevo cuestiones estéticas, y así vamos despellejando a la persona hasta que pierde toda su fuerza, y se acaba convirtiendo o bien en un muñeco roto o en un clon de los demás. Un jarrón vacío o mejor dicho vaciado de tanto intentar encajar en una sociedad que se quiere multicultural pero en realidad no lo acepta.

Ojo que no estoy hablando de gustos personales. Porque muchos se excusan en eso para saltar a la yugular de los demás como si ellos mismos fueran seres de luz. Según ellos si rechazas a alguien porque no es tu tipo es que lo discriminas. No, los gustos están ahí y es tan reprobable que te obliguen a hacer algo que no te gusta por un lado como por el otro. Por eso quiero matizar. El problema viene casi siempre dado por la manera de decir que no, con educación se puede conseguir hacerlo sin ofender a nadie. No hay que confundir conceptos. Aunque tengo que admitir con alegría que somos un colectivo como dos hermanos: nos podemos dar de hostias entre nosotros, pero si alguien de fuera nos viene a pegar, entonces pobre de él que le vamos a dar la del pulpo. A mi hermano sólo le pego yo.

Una de las minorías que nunca he entendido que lo sea es la de las mujeres. Son la mitad de la población y sin embargo las tienen puteadas. Desde pequeño me ha parecido algo terrible, y sin embargo no termina de solucionarse el asunto. Siguen ganando menos, siguen siendo peor vistas que los hombres en casi todo. Y lo peor es que muchas veces viene generado por otras mujeres. Es como dispararse en un pie. Más de lo que ya he hablado anteriormente, a veces el enemigo está en casa.

Entiendo que en el pasado por culpa de libros como la Biblia fuesen menospreciadas, pero ya no tiene sentido. En lo de ese libro, me refiero a que si le echáis un vistazo rápido, os daréis cuenta de que tienen la culpa de todo, para empezar eso de que son una costilla… En serio? Siguiendo por Eva y la manzana y luego las demás protagonistas femeninas que siempre venían a meter zizaña. Una vez más la religión que se pretende ser igualitaria es la que promueve el odio hacia los demás, y hacia los diferentes.

No entiendo la minoría en ese caso ya que son tantas como los hombres. Y el que se dirija ese discurso feminista siempre hacia la confrontación es absurdo. Se trata de igualdad no de superioridad moral o del tipo que sea. Pero mucha gente sigue sin entenderlo. Es como si para ellos y ellas (pocas) tiene que haber uno mejor que el otro, cuando somos iguales. En lo bueno. Y en lo malo. Y esto se puede ampliar a todos los demás grupos minoritarios. No estamos aquí para quitar derechos sino para compartirlos. Buscamos ser iguales en ese sentido.

Marzo 2022

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