Según el diccionario se les dice infieles a aquellas personas que no profesan la religión verdadera, o que no son fieles ni que respetan la verdad o la veracidad. Es decir, aquellas personas que engañan a su pareja con otro u otra. La cuestión es que, si bien en la antigüedad a los infieles se les castigaba y se les obligaba a seguir la “religión verdadera”, aunque no lo fuese, hoy en día esto ya no sucede. La fidelidad, al igual que la religión, ha pasado a ser una cuestión ética y que, por lo tanto, mucha gente no entiende de la misma manera. Y con el paso del tiempo las cosas van cambiando.
En un mundo en el que la teoría de la relatividad es algo de actualidad, ¿se puede relativizarlo todo? ¿Somos los humanos seres infieles por naturaleza? Por el contrario ¿es la fidelidad algo sobrevalorado? ¿Hay otras opciones?
Lo primero que la gente intenta diferenciar es el tipo de relaciones que existen, la mala prensa y la habilidad que tienen muchos a contar sus vivencias hace que el mundillo gay sea considerado como el más infiel de todos. Con esto no digo que no sea cierto en parte, pero sí que se nos olvida una parte muy importante de la sociedad heterosexual que llega a niveles de perversión del término que ni nos entran en la cabeza.
Creo que los ejemplos no faltan hoy en día, políticos que recurren a la prostitución cuando están casados, cuernos en la realeza, ya sea por los miembros de sangre azul o sus consortes, famosos y no tan famosos. Por lo que he podido oír, acudir a bares de alterne no está mal visto en absoluto, si eres el hombre. Si eres la mujer, mal. Todos hemos oído o hemos conocido casos de hijos ilegítimos, sobretodo de padres que no los reconoce, como hacen cantantes muy famosos que no necesito nombrar. Y sin embargo, el marrón nos lo comemos nosotros.
Todo eso viene porque nos hemos criado con el runrún constante de supuestos valores del hetero patriarcado, es decir, machismo de base. El hombre que liga mucho es un machote, la mujer que tiene éxito es una pvta. Las relaciones tienen que ser clásicas y estables, y monógamas, pero por parte de la mujer, no del hombre. Porque sí, es así como tiene que ser y no hay que preguntarle nada a nadie. Es como la religión, es un dogma. Sin embargo la gente se ha ido abriendo a nuevos tipos de parejas, de relaciones. Y no solamente por parte del colectivo LGTBQ.
Es cierto que los gays somos reputados por ser unos promiscuos, pero en este mundo hay de todo. Como en cualquier tema, hay de todo en la viña del Señor, por lo que al igual que hay gays muy promiscuos, también hay heterosexuales muy puteros y homosexuales muy fieles y puritanos. Y gente lo bastante abierta de mente para no juzgar y no intentar convencer de lo que no es.
Dicho esto, me gustaría entrar más en el tema de la fidelidad. Si bien, dicen que el amor y la pasión son simplemente sentimientos perecederos, y con fecha de caducidad, que estudios carísimos en universidades de renombre tratan de establecer. Algunos estiman que dura un par de años, otros que 4 o que 5, pero, a fin de cuentas, en lo que todos están de acuerdo es que el amor se acaba, o mejor dicho que la pasión se termina y deja paso a otras cosas que son menos fogosas, pero igualmente satisfactorias, aunque no para todo el mundo. Al final digan lo que digan esto puede ser variable. Todos conocemos parejas, o si no, al menos las hemos visto en los relatos de historias de vida, que han vivido siempre enamorados de su cónyuge y que dicen que el secreto es evitar la monotonía. Pero a lo que quiero ir, es que por mucho que digan los estudios, es cierto que hay personas para las que la pasión no tiene fecha de caducidad. Sean lo que se considera fieles o no.
Una de las excusas más utilizadas en este mundo a la hora de ser infiel es la de abusar del alcohol, tanto de forma literal como figurada. Me refiero a que algunas personas beben como cubas hasta perder el sentido del decoro y entonces es cuando le tiran a lo primero que pillan, o bien a quien tenían en mente, pensando que porque van borrachos pueden eximirse de las culpas. Es decir que no son ellos sino el alcohol. Bueno, a mí eso nunca me ha convencido, porque si algo tiene ese producto es que te desinhibe, pero tú no harías nada que no querrías hacer. No conozco a nadie que se haya convertido en otra persona por haber bebido demasiado, sino al contrario, sale lo que ocultamos en nuestro interior, y muchas veces como lo que no dejamos salir es lo no aceptamos en nosotros mismos , pues es lo que se nos escapa.
Otro caso, pero esta vez de lo contrario, es aquel en el que el momento de la vida de la persona no se corresponde con lo que le sucede. Si bien la vida es un proceso de aprendizaje, no debemos saltarnos etapas por querer llegar antes adonde hemos de terminar. Algunas personas se meten en relaciones de pareja cuando no están preparadas para ello, y una vez dentro se dan cuenta de que lo que tienen es muy bonito, pero que no han vivido lo suficiente como para poder apreciarlo como es debido. Es decir que se meten en algo serio con alguien y luego se dan cuenta de que hay más mundo ahí fuera, les pica la curiosidad y al final terminan por ir a ver qué es lo que hay que se están perdiendo. Y no son sinceros con ellos mismos ni con los demás.
Otros por ejemplo consideran que sexo no es infidelidad, pero el amor sí. Es decir que pueden acostarse con otra persona, pero no enamorarse de ella, y mientras que eso se respete no están poniendo los cuernos. Unos dicen que si no se besan no son cuernos, o bien incluso los hay que llegan a decir que si no hay orgasmo, no es sexo. Esos son relativismos. Buscan excusas para justificar algo que está más o menos mal visto por la sociedad y así poder dormir tranquilos por la noche, mientras que lo que realmente les quita el sueño es la falta de sinceridad con ellos mismos.
He conocido muchos casos en los que las personas involucradas van hasta extremos insospechados para intentar justificarse. O directamente viven en la auto negación. Se engañan a sí mismos primero, y luego a los demás. Cuando en realidad seguramente les iría mejor siendo sinceros.
Un caso fue hace mucho tiempo. Estando soltero conocí por Internet a un chico que me invito a su casa, y una vez allí me dijo que tenía que ser discreto, que tenía pareja pero que no quería que se enterase. Podían tener sus historias pero sin contarlo. Vale. También tenía un chico con el que había quedado en otros lugares varias veces y un día me invitó a su casa, su pareja no estaba. Me dio la dirección y fui. El edificio me sonaba mucho pero no sabía de qué. Un buen rato más tarde me di cuenta de que ya había estado allí, con quien y para qué… El anfitrión me dijo lo mismo que el anterior. Y yo callado pero por dentro muerto de risa.
En ese caso, ellos no querían compartir esa parte de sus vidas. Su pacto era que podían ir por separado pero sin contarse nada. Ya sabéis, ojos que no ven, corazón que no siente. Esa suele ser la variante más utilizada por las parejas que he conocido. Algunos sí que hablan entre ellos, pero no comparten. Otros sí. Suele funcionar bien pero al final siempre acaba por pasar algo porque no han sido sinceros.
Hay cada vez más parejas y otras formas de relaciones que optan por modos más libres. Se llaman parejas abiertas. Si el otro día hablé de relaciones en las que son más de 2 personas, también existen aquellas en las que compartir llega a este ámbito. No existen las infidelidades ya que no es algo que ambos miembros consideren, simplemente es un modo más de ver el sexo, es un intercambio más. Tengo un amigo que le dijo a su pareja, desde el minuto 0, lo que hay y son muy felices juntos. Comparten esos aspectos de sus vidas y no tienen quejas. Su relación está basada en la sinceridad extrema. Les funciona bien e incluso diría que son un ejemplo a seguir. Otros viven mejor en la ignorancia, hasta que les falla. Las condiciones o las reglas se han de establecer bien al comienzo y de esta forma cada miembro de la relación sabe a qué atenerse.
Al final de la historia, eso de los cuernos es algo relativo a las personas, algunos ponen los límites muy cerca y otros más lejos. Cada cual ha de decidir lo que le conviene y como estará mejor. Pero no debemos olvidar que para ser felices hemos de ser sinceros, y para ello no podemos ser incoherentes con nosotros mismos y por lo tanto con los demás. Hay que conocerse a uno mismo. Cada pareja es un mundo y no somos quien para juzgar, y menos desde fuera.
Febrero 2022

Empecé a escribir esto en 2006, y es de los pocos textos que he tenido que modificar de tal forma, ya que la mayoría de ideas que plasmé en su día, no se corresponden en absoluto con lo que pienso hoy. Y ya no solamente eso, sino que además quedaban muy mal por escrito. Ha sido complicado pero al final he decidido reescribirlo de forma más contemporánea. Febrero 2022.