El Retorno de los Ex

Ya se ha escrito mucho sobre las rupturas y sobre los exs, pero lo cierto es que por mucho que se escriba nunca se llega a dar con la clave de la cuestión, o bien con todas las clases de rupturas, ya que cada una es diferente a su manera. Por eso me gustaría volver a retomar el tema, aunque desde otra perspectiva, siempre y cuando no se me pase.

Cuando llega el momento del corte y ruptura siempre es muy fácil cuando el ex que lo hace es un cabronazo y nos deja destrozados, pero cuando es una buena persona y cortamos porque queremos conservar la amistad o porque valoramos más el seguir sin esa persona para no adulterar la relación, ¿podemos superar esa ruptura dignamente? ¿Por qué es tan difícil pasar de pareja a amigos? ¿Por qué los ex que se portan bien son tan difíciles de superar?

La verdad es que hay varias maneras de afrontar una ruptura, pero antes de entrar en esto no quiero que se os pase una cosilla. En el momento de cortar, siempre hay uno al que le cuesta más, y no siempre es el dejado. Hay ocasiones en las que el que corta es el que se lleva todos los palos y el que peor lo pasa, y hay otros en los que el que es descartado es quien se lleva las hostias.

Esto lo quiero poner de manifiesto porque siempre hay gente que se queja de que le dejan y de que es una víctima, cuando en realidad no siempre es así. A mí, personalmente, casi siempre me ha resultado que el que corta por lo sano es quien más valor ha de tener, porque tiene que tomar una decisión dolorosa, la mayoría de las veces, y ser consecuente con ella, a pesar de que es mucho más fácil seguir en una relación condenada al fracaso.

Después de este breve inciso, quiero entrar en la materia que nos concierne. Cuando estamos ante una ruptura hay dos tipos de situación. Una en la que el ex es un ángel y por el motivo que sea la relación no puede ir a más. En ese caso te puedes rebelar contra el universo o ponerte triste, pero no hay forma conocida de seguir adelante. O al menos eso parece. La otra situación es la más común y es cuando el ex es un cabrón.

Cuando es el caso siempre hay varios periodos, pero casi siempre se dividen en dos, el de tristeza y el de rabia.

Acabas de darte cuenta de que tu pareja te ha abandonado para irse con otro o con otra. Si es lo primero te cagas en su puta calavera, y si es lo segundo también con el agravante de que encima es un cobarde y un reprimido, que prefiere el camino fácil a una relación complicada con la consecuente explosión del armario que debería conllevar. Porque al final eso de apolillarse no lo aguanta nadie.

Siempre consideramos que si nos dejan por una mujer es porque la persona que lo hace es un reprimido que no acepta su sexualidad. Pero no siempre es el caso. Se han dado unos cuantos casos, que los investigadores han clasificado dentro de sus expedientes como expedientes – X, en los que el susodicho ha cambiado de acera, bien porque ha descubierto que es bisexual, bien porque se ha dado cuenta de que no merece la pena tanto esfuerzo. Algunos casos hay, aunque no sean muy frecuentes. Ya están considerados en la estadística.

Cuando el culpable nos ha dejado por irse con otro, entonces lo primero es tratarle de golfo o de cosas peores por haberse largado con otro. Claro que hay que respetar esa decisión porque sus razones tendría. Sin embargo, en el momento de calor no pensamos así.

Lo primero es la fase de estado de shock. En ese momento es como si estuviésemos anestesiados y no nos diésemos cuenta de nada. Es un buen momento, porque nos permite asimilar la noticia…

Pero pronto pasa. Y entonces entramos en el balanceo entre la rabia y el dolor. Porque ambas cosas se siguen de forma aleatoria.

Puedes empezar con el dolor, pillarte toda la discografía de Céline Dion y Barbra Streisand y entonces hincharte a llorar hasta que en lugar de ojos tienes una masa acuosa indescriptible. En el caso de que no tengas acceso a esa forma de tortura siempre puedes recurrir a esa emisora de radio que emite canciones románticas, que no escuchabas en pareja porque eran demasiado empalagosas, pero que si oyes ahora te lo van a recordar y van a tener su efecto tan perverso. Si no eres tan masoquista como para ponerte a escuchar baladas, no creas que te vas a escapar de pasarlo mal, porque ya se encargaran de ello las emisoras de radio y las cadenas de televisión con sus bandas sonoras. La cuestión final es que hagas lo que hagas vas a terminar llorando como la Magdalena.

Y si aún así consigues escapar a la música, ya verás que el universo se encargará de recordártelo y de hacértelo pasar mal.

Porque hay siempre en la vida aquellas tonterías y demás detalles que pasan desapercibidos a los ojos del montón de mortales y que sin embargo a ti te llegan al corazón y te lo perforan como si fuesen pequeños puñales al rojo vivo. Tú vas tranquilamente paseando por la calle y de repente ves una zanja en la acera que por alguna razón estúpida te recuerda algo que a su vez te conduce a pensar en él. Y como un niño te pones a llorar, o por lo menos se te forma esa bola en la garganta que como alguien te salude le vas a soltar un gallo que ni los del casting de OT.

Y ya ni os cuento lo que pasa cuando vas de marcha a los locales a los que solíais ir juntos o a los sitios que frecuentabais. La cosa se pone fea porque ahora vas solo y tienes que quitar de esos lugares el fantasma de la relación que fue. Lo mismo sucede si habíais hecho planes para iros de viaje juntos, y al final te vas tú sólo, por no perder el dinero del viaje. Entonces o bien te la pasas todo el rato bajo los efectos del alcohol, o bien vas con alguien que te haga olvidar la situación a base de marcha y de diversión, pero no siempre lo consigue, al final te deshidratas por momentos. Es duro, y triste, pero se supera.

Lo cierto es que llorar siempre viene bien. Nos desahoga, nos libera las glándulas lacrimales permitiendo que comprobemos si funcionan, y al final nos sentimos aliviados siempre y cuando no se nos olvide beber mucha agua para reponer los fluidos perdidos.

La fase del dolor, o a la opción al sufrimiento es algo que vamos a padecer, ya sea en continuo o en alternado, pero no dura para siempre, y en algunos casos pasamos por ahí muy rápidamente.

La otra fase es la de la rabia, la ira y la cólera (y no me refiero a esa enfermedad en la que te cagas por la pata abajo). Yoda decía que el miedo conduce al odio y el odio al Lado Oscuro, pero sinceramente pienso que el estar de mala leche es mucho más provechoso que estar lamentándose de lo que ha pasado. De ahí que siempre se vaya de una fase a otra, bien en un sentido como en el otro. Pero al final no caemos en el lado oscuro, al menos no por mucho tiempo, porque lo natural siempre gana, y si somos buenas personas, lo seremos siempre, por mucho que nos jodan los demás. O al menos eso quiero creer.

Siguiendo con el paralelismo con la fase anterior, ahí no te pones a escuchar baladas de esas pastelosas, más que nada porque podrías caer en esa espiral de la autocompasión. Lo más light y más “ambiental” es recurrir al I Will Survive” de Gloria Gaynor o a su equivalente castellano, el Sobreviviré de Mónica Naranjo. El segundo es bastante más heavy que el primero, que nos recuerda la bola de espejos con la que nos gustaría atizarle en la cabeza al que abandona, o por lo menos que se les cayese encima a él y a su pareja y los mandase al hospital unos días. En la misma línea recomiendo a Cher, que es muy acorde con esa idea de superación del dolor con Believe o All or Nothing, y también está la Diva por excelencia que es Madonna, pero no quiero incidir mucho en esta línea. La cuestión es salir adelante con canciones alegres y positivas.

Y si con esto no basta ya nos podemos pasar a lo Hardcore. Es decir, la música heavy, el rock duro y demás estilos de esos que te ponen los pelos de punta y acabas afónico de tanto gritar. O si prefieres algo menos fuerte, pero no por lo tanto menos colérico puedes escuchar a Shakira. Lo suyo es que al final de la sesión no tengas más voz que Marge Simpson con anginas. Pero al menos te quedas más ancho que largo y has liberado tensiones.

La cuestión es que a través de la música te desahogues de toda la tensión acumulada por la ruptura. Pero ahí no acaba todo. La cosa es que esa rabia que tienes dentro por haberte sentido utilizado, rechazado, denigrado, cachondeado o ridiculizado ha de salir. Y es que con esa mala leche que llevas dentro en ese momento, te atreves a hacer cosas que antes no harías. Lo malo es que a veces pagan el pato los que no deberían.

En esos momentos de furia es cuando decides salir de marcha, cuando es algo que odias en tiempos normales, por los locales de moda. Te arreglas como nunca, y te pones en plan guay con la gente. Por lo general es una rabia productiva porque te ayuda a ir hacia delante. Con ella haces cosas que no te atreverías a hacer normalmente.

Lo malo es cuando caes en el Lado Oscuro de la Fuerza. Cuando sales de marcha y por despecho haces cosas que no deberías. Y muchos hemos caído en esa trampa. Lo más común es beber y acostarse con cualquiera. Y luego te arrepientes (sobre todo de lo segundo) y tienes ganas de que te trague la tierra, porque encima te has arrastrado. Lo del alcohol tiene su cosilla, porque a veces hace que te liberes, te lo pases bien y tal, pero lo malo es la resaca del día siguiente y que muchas veces no es que te diviertas, sino que haces el gilipollas.

Lo del sexo es algo a lo que solemos recurrir. Porque el alcohol nos desinhibe, y entonces ya pasamos de todo y al final acabamos en la cama con resaca y con alguien que preferiríamos ni haber conocido. El peor caso supongo que será acabar en la cama con una mujer, cuando dices que eres abiertamente gay. Y lo malo es que no vas a cambiarte de acera por eso.

Otras personas caen en las drogas, desde el tabaco hasta las cosas fuertes. Pero no es lo más común. La droga a la que más se recurre es la de utilizar a los demás como pañuelos. Sí, este mundo gira alrededor del sexo, y al final casi todos los caminos llevan a Roma. Y Roma ya sabéis cual es. Pero esta no es la solución.

Por eso digo que darle provecho a la rabia y a toda la energía que nos aporta es algo bueno cuando nos lleva a hacer cosas positivas para nuestro futuro. Te metes en clases de cosas que pueden ayudarte, mucha gente vuelve al gimnasio a recuperar aquellas formas que perdió bajo los de grasa que se acumulan cuando se vive en la tranquilidad de la pareja. Como sabes que te toca volver al mercado, tienes que volver a entrar en la dinámica del físico perfecto y vuelves a hacer cosas que te gustan. Pero no por entretenerte sino porque en el fondo quieres ponerte como un tren para que vea lo que se ha perdido. Te planteas que si estas tremendo y ligas mogollón y de repente eres deseable, él va a arrepentirse de lo que hizo, pedirte perdón y querer volver. Y entonces es cuando la mala leche llega a su finalidad porque tú no quieres volver, te has dado cuenta durante ese proceso de que no te merece y de que mejor solo que mal acompañado, pero no quieres  quitarte el gustazo de rechazarle, porque en el fondo desquitarse es lo mejor que hay en este mundo. Te ibas a quedar tan a gusto en ese momento en el que le dices “lo siento, pero es muy tarde, ya no quiero nada más contigo”.

Entonces has superado la ruptura.

Lo difícil de estas cosas es cuando cortas con un amigo. Porque entonces rompes el proceso natural de las separaciones. No puedes pasar por el dolor, porque no tienes razones, y tampoco por la rabia, porque no es justo. Para empezar él no te ha hecho daño, al contrario, vas a tener un amigo de por vida. Entonces ni mala leche ni nada. Por lo tanto, la transición entre pareja y amigo es más complicada.

Yo todavía no tengo la respuesta exacta, así que a partir de ahora voy a teorizar bastante, pero si alguno de vosotros la sabe, que me la dé porque me gustaría poder pasar de un lado al otro sin tanta complicación.

En realidad, no puedes estar triste, porque aquellas cosas que te recuerdan que no vais a estar juntos no tienen su razón de ser. No es cierto que ya nunca volváis a iros de viaje, ni a salir de marcha ni nada de eso. En realidad, lo único que va a cambiar en la relación es que ya no va a haber sexo, y si lo hay solo será eso. La confianza, la complicidad y el cariño perduran, pero el amor se desvanece dejando un montón de sentimientos bonitos, menos intensos pero que en el fondo compensan. No habrá amor entre los dos, pero muchas veces es mejor tener un buen amigo que un buen amante. Más que nada porque las parejas van y vienen mientras que los amigos son como los diamantes, eternos.

La rabia tampoco tiene su cabida, puesto que no se ha portad mal contigo. Lo único que hace es darte su amistad, y seguramente también tenga miedo de perderte como amigo.

La única cabida que tiene es que estés furioso con el universo, por hacer que entre en tu vida una persona tan especial y que sin embargo no sea el elegido. Eso sí que da rabia, y no la puedes enfocar hacia nadie en concreto sino dejar que explote en el aire. Porque es muy frustrante conocer personas que sabes que podrían ser lo bastante especiales para salir con ellas, y que sin embargo no encajan en el marco, estas cada vez más cerca, pero por alguna razón que desconoces no es suficiente. Hagas lo que hagas no llegas nunca a terminar el bello sueño, porque siempre despiertas antes.

Aquí no hay rabia porque te hayan herido, sino frustración general y sorda. Y lo cierto es que no conozco la forma de darle salida. Ahí supongo que cada cual tiene su forma de seguir adelante.

Hay casos sin embargo en los que eso de quedar como amigos es tan sólo una tapadera para no pasarlo mal. Es simplemente una estratagema que hace que evitemos el dolor, pero en realidad no vamos a ser amigos con esa persona nunca más. En realidad, no os unía más que la pasión, si es que la había, y cuando se pasa el calor, se pasan las ganas de quedar con esa persona, y dejas que se enfríe tanto la relación que llega el momento que ya ni te apetece quedar con él. Ya no tenéis nada en común, ya no merece la pena luchar por esa relación.

Al final, las relaciones van y vienen, pero lo que quedan son los amigos. Por eso es importante valorar a los que se tiene y luchar por ellos, siempre y cuando se lo merezcan. Las parejas están muy bien, pero excepto en casos muy puntuales y contados, no suelen durar más de una estación. Y a veces es mejor así, porque si duran más te acostumbras a ese calorcillo en el hogar y luego cuando se acaba pasas mucho frío. Y es cuando tienes que echarle mano a las amistades que habías dejado de lado. Cuando esa amistad es tu ex, porque ha digievolucionado tienes que empezar a cambiar el chip. La única solución que os puedo proponer no os va a gustar, pero me temo que es la única que realmente funciona: dejar pasar el tiempo. Al final es sabio y nos pone a todos en donde debemos estar, las aguas vuelven a su curso normal y todo vuelve a la calma. Sólo que ahora tienes una persona especial más en tu vida.

Enero 2008

Un comentario sobre “El Retorno de los Ex

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