Spanish Eyes (2011)

La semana pasada me sometí a la clásica operación de ojos, con láser para corregir la miopía y el astigmatismo que tenía. Este es el relato de lo que ha sucedido en el proceso de recuperar mi visión sin ayuda de gafas o lentillas.

En un mundo donde la gente entra a quirófano para ponerse tetas, quitarse costillas, se pinchan veneno de serpiente para quitarse arrugas, si inyectan grasa para parecer más jóvenes o se retocan como si fuesen una fotografía, ¿qué operaciones son realmente un lujo y cuales son una necesidad? ¿Es pasar por quirófano algo imprescindible para ser un ser humano del siglo XXI?

La verdad es que para alguien a quien no le habían quitado ni una sola muela, ni puesto un miserable empaste, fue toda una odisea. Desde el momento en el que tomé la decisión de que ya era hora de despedirme de mis miedos y mis lentillas, hasta el momento en el que abrí los ojos y por primera vez en 21 años, que se dice pronto, pude ver las cosas con claridad.

Este verano ya empecé con problemas con las lentillas, con días en los que no podía ponérmelas tal y como quería, o me las tenía que quitar a los 5 minutos de habérmelas colocado porque mis ojos decían basta. El tener que ir a trabajar con gafas, que aunque decían que me quedaban geniales, era un incordio, o el tener que ir a la playa o a la piscina con gafas de sol y estar en el agua con ellas como una estrella del show business venida a menos. Todas esas razones me llevaron a tener que tomar una decisión no a la ligera, sino a afrontar mis miedos a pasar por cirugía ocular, que aunque ya no sea con bisturí sino con las técnicas más avanzadas e indoloras, aun así me daba mucho reparo e incluso miedo el hacerlo.

Después de hablar con muchísima gente que se ha sometido a esos procesos correctivos de la visión, de investigar un poquito y de mirar mis miedos a la cara y decidir qué me compensaba más, pues la decisión no fue muy difícil de tomar. Aunque para ser una primera operación la verdad es que ha sido por lo menos curiosa. Mucha gente está operada de apendicitis, de amígdalas, de cosas aún peores, o incluso de partos, y siguen por la calle tan felices. Pero un ojo es un ojo, y siempre tenemos mucho más miedo cuando se trata de un órgano así, que una simple pestaña puede hacer que se encolerice y nos haga ver las estrellas.

Seamos sinceros, no es que sea una gran operación de vida o muerte, de hecho, ni siquiera te ponen más anestesia que unas gotitas en los ojos. Incluso en la sala de espera aún había una mujer que decía que después de dos partos naturales, con sus dolores y todo estaba tan nerviosa que quería el ansiolítico en vena. Por algo será.

Tengo amigas que han pasado por cesáreas, dientes rotos, extracciones de muelas del juicio, e incluso cirugía estética. Y aun así me daba miedo. Pero después de meditarlo bien, después de dos tatuajes y un piercing, cosa que no lleva anestesia alguna ni siquiera te dan ansiolíticos para ello, y dos ataques de arena en el riñón, pensaba que esto sería un paseo por la playa.

Y así fue, solo que no era arena sino cantos rodados, algunos de ellos aun con puntas hirientes, con mucho viento y las gaviotas tenían mala pinta, pero no quiero adelantar acontecimientos.

La cosa fue muy rápida, porque desde que fui a tomar cita hasta que Sali de la operación no ha pasado ni un mes. Me dieron cita para ver si era posible operarme a la semana de haberla pedido. Después de hacerme todas las pruebas correspondientes, incluida esa en la que te dejan con “ojos de Homer después de haber chupado sapo”, como dice mi hermana, me dijeron que me podían operar en 7 días o en mes y medio. Fue la primera opción la que elegimos. Estas cosas es como hacerse la cera, cuanto más rápido mejor. Yo pensaba que después de haberme tirado un día en modo vampiro, en el cual hasta las luces de las farolas me molestaban, en el que tuve que dar clases a oscuras porque cualquier luz me molestaba, lo peor había pasado… pues no.

Llegó el día de la operación, con nervios, pero después de todos los mensajes de ánimo, las palabras de consuelo y de ver a cuanta gente le había pasado y estaban pletóricos con la sensación de ver realmente. Después de comprobar cuanta gente estaría pendiente de mí, pues se hizo más llevadero, y quiero dar las gracias a todos aquellos que me apoyaron, me animaron, me aconsejaron, me llamaron, se preocuparon por mí, o me acompañaron, en cuerpo o alma durante este proceso, gracias. Había tomado la decisión de que aunque te ofrecen pastillitas para los nervios, que quería sentirlo todo sin nada que nublase mis sensaciones, que después de todo no estaba tan nervioso, y que si como me habían dicho, no duele, pues para qué bombardear mi cuerpo con cosas que no necesito. Tardaron más de media hora en llamarme para entrar a quirófano, lo cual en el fondo estaba empezando a ponerme nervioso. Una vez te llaman, tus familiares y acompañantes se quedan fuera con tus pertenencias y entras ya sin gafas y aparte de nervioso vas medio ciego, porque en mi caso no veía tres en un burro. Pero las enfermeras son muy amables y te tratan siempre de forma que no estés más nervioso de lo necesario. Te ponen unos patucos, un gorro y una bata que no son nada glamurosos, pero por suerte ahí no te ven más que ellas y los médicos, y encima el médico solo ve tu ojo abierto en canal, con lo cual, más no puede ser.

Lo peor fue la segunda espera, porque te ponen no sé ya cuántas gotas distintas en los ojos, para desinfectar, para adormecer y para fastidiarte, te dejan con los ojos cerrados en una sala fría y súper iluminada, y ahí te quedas esperando que vengan a por ti a operarte… y lo malo fue que ahí no te das cuenta de cómo pasa el tiempo, en mi caso estuve 3 horas ahí sentado pensando en mis cosillas, en cómo sería la operación, en qué se sentiría, y en quienes me importaban y que no podían estar ahí conmigo. Ese tiempo da para pensar y mucho, para hacer esbozos de artículos, de conversaciones, de sensaciones, para meditar sobre tu vida, y sobre lo que quieres y sobre tus miedos y temores. Para pensar en aquellos a quien quieres, en los que te han acompañado, los que no han podido y los que no podrían.

Eso sí, te ponen una grabación que te dice en lo que consiste la operación, y como ya es tarde para huir te tienes que quedar pensando en por qué tienen que ser tan gráficos a la hora de explicar las cosas, simplemente que te seden y te dejen sin saber que te han de dejar ciego durante unos segundos, que te tienen que levantar la córnea, pasar cuchillas o cosas por el estilo, y luego lasearte el ojo como si fueses una nave del Imperio en la Guerra de las Galaxias. A veces prefiero no saber las cosas…

Después de lo que me pareció una eternidad me llevaron al quirófano. Sinceramente creo que había pasado ya tanto tiempo que los seres humanos habrían tenido que evolucionar durante mi espera. Me tumbaron a ciegas en la primera camilla, la peor, la que te succiona el ojo como una uva, te deslumbra con su infinidad de estrellas fugaces y luego te rebana el ojo como una cebolla madura. Y durante 30 segundos que parecieron interminables fue la ceguera total. Ahí fue cuando me arrepentí de no haberme tomado todas las drogas las que tenía a disposición, porque si el primero ojo no te lo esperas, en el segundo le pude oír gritar “¡nooooooo!”. En la segunda camilla te dejan esperando a que se te bajen las pulsaciones y que tus ojos se medio relajen, porque después de haberlos abierto en canal como un huevo duro quedan algo resentidos, eso sí, la anestesia en gotitas ahí que no faltase. Y ahí cuando ya te has calmado te ponen no sé qué cosa por la cara, te abren los parpados, los pegan como si fueses el protagonista de La Naranja Mecánica, y te pasan no sé cuántos instrumentos por el ojo mientras te piden que mires una luz verde, que no era una luz, sino como una bola de fuego de dicho color enorme, hasta que en un momento dado vez un puntito chiquitín verde y te das cuenta de que ya estás operado. Y viene a continuación el otro ojo, y ya sabes lo que te espera, te encierras en lo más hondo de tu ser para no sentir nada, que aunque no se sienta, la mente te juega pasadas, la callas con lo que tienes a mano, pensamientos, maldiciones, conjuros, lo que sea. Pero el proceso completo no dura más de 20 minutos.

Después te sacan a una sala de espera donde entra algún acompañante tuyo a darte apoyo. En mi caso la enfermera me preguntó cómo me encontraba: “traumatizado”, como si me hubiesen violado los ojos. Le gustó la respuesta, por original, pero claro, cuando le dije que no me había tomado la pastilla entendió por qué lo decía. Me dio una para cuando llegase a casa y pudiese dormir bien. Me dieron las instrucciones a seguir. La verdad es que tenía un dolor de cabeza impresionante de la tensión acumulada, y no paraba de llorar, no del dolor sino porque mis ojos estaban traumatizados y apaleados. Me revisaron que todo estuviese bien, y para casa a dormir hasta el día siguiente, pero no sin antes darme esas gafas horrendas que dan, que con lo que cobran ya podrían diseñar modelos menos incómodos.

Durante las horas siguientes, fui ciego, y es una sensación totalmente curiosa, porque no podía abrir los ojos, con lo cual me tenían que llevar a todas partes de la mano con las indicaciones pertinentes, la luz de la calle la podía sentir a través de los párpados, pero no quería hacerlo. Solo quería llegar a casa y tomarme mi pastilla para dormir y olvidarme del dolor y de la sensación de estar ciego. No se duerme bien con esas gafas, pero al día siguiente abrí lo ojos por primera vez en 21 años, y pude verlo todo. La hora en el reloj de mesa, las luces del piloto del calentador. Puse ver las cosas con sus colores originales, las estrellas, las farolas, la luna, el mar, los árboles y las montañas, todo era diferente aunque siguiese siendo lo mismo.

Es un proceso molesto, a veces doloroso, y muchas veces incomodo, pero ahora que ha pasado, mereció la pena. Aunque haya ido de valiente y si tuviese que repetirlo, pediría drogas a mansalva, el dolor ha merecido la pena. Solo aquellos que han sido miopes o que lo son, pueden comprender lo que se siente al ver las cosas de verdad, al despertarte por la mañana abrir los ojos y no tener que buscar las gafas, al ver las estrellas sin nada entre tú y los astros, incluso esos halos de luz que dicen que vemos, son increíblemente hermosos. Los colores de las cosas son muchísimo más brillantes y vivos. Los ojos de mis gatos son distintos, y su abrigo de piel está en 3D. La vida cambia según el ojo con el que se mire, y con un ojo que vuelve a ver, todo es mucho mejor.

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