El otro día en un programa de la radio había una chica chilena que llamaba a quejarse porque no entendía por qué aquí en España la gente mira a los demás de una forma tan descarada. Y lo curioso del asunto es que no sólo la presentadora le tuvo que dar la razón, sino que además no pudo explicarle el porqué de tan comportamiento, diciendo únicamente que “es que los españoles somos así”.
Es cierto que estamos en un mundo en el que se nos valora más por el aspecto que tengamos que por cómo somos realmente, o por lo que valemos. Sin embargo, como preguntó esta chica, ¿Por qué aquí miramos a los demás de forma tan descarada? ¿Hay realmente miradas que matan?
Hombre lo primero que tengo que hacer es recordaros como son las personas aquí, sobre todo las mujeres mayores, así la próxima vez que cojáis el autobús os fijareis y veréis que tengo razón. Porque por lo general en las personas mayores este defecto se acentúa mucho más que en los jóvenes, aunque también tengamos esta mala costumbre. Y digo en el autobús porque es donde me he encontrado con las mujeres más cotillas y groseras que te puedas echar a la cara.
En una ocasión iba yo en autobús, que a veces utilizo por razones económicas y prácticas, a veces es imposible encontrar aparcamiento en el centro y entre eso y los atascos sale más rentable coger el transporte público, además de que es un buen sitio para relacionarse con gente de tu zona; cuando de repente me fijo que la mujer que tenía al lado que ya debía de superar los 60 años con creces, no paraba de mirarme de arriba abajo, como si llevara un escáner en las gafas y quisiera saber si llevo objetos metálicos encima mío. Creo que ni los del aeropuerto son tan potentes y precisos. Ni siquiera cuando te pasan el detector ese en lugar de cachearte lo hacen con tanto esmero. El caso es que la mujer debió de ponerse las botas, porque ese día yo no iba nada arreglado, total para coger un estúpido autobús no hace falta ponerse el traje ni la corbata. Pero aun así me pareció algo grosero esa forma de mirar tan descarada, así que ni corto ni perezoso le lancé la misma mirada y tuvo que darse la vuelta, porque puestos a ser ordinarios todos valemos.
Porque si os fijáis siempre hacen lo mismo, te miran de forma obsesiva, incluso poniendo caras de si les gusta o no lo que ven, ya eso me parece el colmo, porque no son quienes para evaluar tu vestimenta, luego lo hacen en sentido ascendente y descendente a veces incluso acompañando el recurrido de los ojos con la cabeza, lo cual lo acentúa aún más. Y ya si se juntan dos no se trata de un viaje en bus sino de la Pasarela Cibeles con su jurado formado de marujas aficionadas a la moda. Tal vez en los juicios de Nuremberg fueron más clementes que cuando estas mujeres te someten a sus propias evaluaciones.
Ahora bien, como toda técnica de agresión a la persona, tiene su contra ataque. O al menos eso es lo que nos enseñan en los Mangas. Y esta es simplemente atacar al enemigo con sus propias armas. Bueno, ya sé que la ignorancia es un arma comodín para todas las situaciones, pero si no estas de humor Zen para soportarlas, lo mejor es responderles con su misma moneda, lo cual, incluso para esas personas, resulta molesto.
Y por lo general cuando lo haces siempre salen huyendo, porque eres más joven y un descarado y seguramente un yanqui y les da miedo de que vayas a robarles el bolso, violarlas y luego cortarlas en rodajitas, y todo eso en un autobús. Eso sí, huyen, pero entre dientes ya te han maldecido con alguna de sus cosas ancestrales. Porque claro, si ellas te miran mal es normal, no solo hay que dejarles el puesto en el autobús por respeto hacia su edad, lo cual me parece normal y de buena educación, sino que encima por la edad que tienen han adquirido unos privilegios que las personas educadas no podemos permitirnos, como es colarse en las filas, saltarse las normas de cortesía y permitirse el lujo de desvestir a la gente con la mirada sin que podamos contestar a eso o quejarnos.
Pero claro, con eso no quiero decir que yo mismo no sea un mirón. En el buen sentido de la palabra, claro. Porque al igual que la mayoría de la gente, tengo una maruja en mi interior que a veces necesita que la dejen salir. Pero eso sí, hay que hacerlo con un mínimo de clase y de respeto hacia los demás.
Si en el fondo eso de mirar a los demás nos encanta, y no creo que haya nadie que pueda decir que cuando ve pasar a una tía maciza o a un chulazo por la calle no se lo come con los ojos. Aunque eso haya que hacerlo de manera discreta, si es que no quieres que esa persona se entere de tus pensamientos pecaminosos, si por el contrario es lo que buscas o bien si lo que quieres es que se fije en ti también es una buena técnica, pero a eso se le llama establecer un contacto visual.
En los demás casos se trata de que nos dejen ver a gusto, sin que molestemos a la persona y sin que se entere de eso. Y para este propósito tenemos una cantidad de opciones a las que podemos recurrir. La más común es el uso de gafas de sol, ya sean de las normales, las de espejo o las fashion. Lo mismo da, pero se trata de que la otra persona no se dé cuenta de lo que estamos mirando. Y una vez nuestra mirada encubierta, podemos alegrarnos la vista. En este caso es recomendable no seguir el movimiento de los ojos con la cabeza, porque eso nos delataría. Otra técnica es utilizar una superficie reflectante para desviar la atención, es decir mirar su reflejo en un espejo, una ventana o cualquier otra superficie. Lo malo que tiene esta táctica es que nos pueden descubrir fácilmente, así que si la combinamos con las gafas es casi perfecta. Un clásico es la del libro o el periódico, que viene a ser la siguiente: te llevas un libro o cualquier cosa que puedas leer y te pones a mirarle disimuladamente, pero ¡cuidado! Porque puedes delatarte si lo que lees está del revés o si eres muy descarado/a.
La cuestión es que eso de mirar a los demás y lo de escasearlos está muy bien y a todos nos cuesta no hacerlo, pero la forma de cómo lo hagamos es la que determina si somos unos groseros o simplemente unas personas curiosas, de ahí que insista en que si las cosas se hacen de forma discreta no debería molestar a las demás personas, porque en tal caso no estamos invadiendo su intimidad visual de forma flagrante.
2006

Yo lo que hago, y soy una persona mayor, cuando me miran descaradamente de arriba abajo, les miro los zapatos y se agobian muchísimo y ya dejan de mirarte con ese descaro.
Me gustaLe gusta a 1 persona