Una de las cosas positivas que tienen los móviles de última generación, y sobretodo las apps, es que te permiten estar al día constantemente. Obviamente eso tiene sus puntos negativos pero quiero centrarme en lo positivo. Ayer iba conduciendo y me puse a pensar en este concepto de fin de partida o fin de juego. Y pude plasmarlo antes de que se me olvidase de qué quería escribir. No me refiero a haberlo hecho mientras conducía, pero sí que me dio la posibilidad de hacerlo más rápidamente.
Si os gustan los videojuegos o habéis jugado a ellos en el pasado, estas dos palabras son casi siempre las más temidas. Y sin embargo tenemos que hacer frente a ellas casi a diario en nuestra vida cotidiana. Rupturas, broncas, fallecimientos, despidos, y hasta donde queráis ir. El otro día, no le renovaron el contrato a mi amigo Johnnie, mejor dicho lo tiraron a la calle antes de acabar el periodo de prueba y así evitar indemnizaciones, y me quedé pensando, ¿cuantas veces hemos pasado por ese tipo de final de partida en nuestra vida? ¿Y cuántas veces hay que hacerlo para que no nos afecte como antes?
Si bien su caso es un poco el colmo, por las razones que han dado para no renovarlo, no me sorprende nada ya que el aeropuerto lleva años que se ha convertido en un nido de víboras. Su política actual es que te piden que hagas el pino puente, y si no puedes te vas a la calle, si no das el 200% te vas a la calle, si no estás disponible a que te cambien los turnos a las 11 pm cuando al día siguiente entras a las 4 am, también. Han llegado al punto en que si alguien da una mala evaluación tuya, aunque el resto de tu trabajo sea excelente, te despiden. Se ve que tienen mucha mano de obra barata. Y tienes que volver a buscar trabajo.
Yo estuve en dos puestos allí, de uno acabe el contrato y me iban a volver a llamar al año, del otro pedí que no me lo renovaran, y con eso firmé mi sentencia para no volver nunca con ellos. Claro que la jefa de personal no me tragaba así que no fue algo que me sorprenda. Pero me fui yo, como del restaurante, y del bar en los que estuve después. De los centros de pilates en los que he trabajado, y de los puestos de trabajo en los que estuve antes de eso. En realidad siempre me he ido yo, menos cuando estuve en el gimnasio que sí me echaron ellos porque no me llevaba bien con la coordinadora del departamento. Pero no era mi culpa si esa mujer era una inútil.

En el mundo laboral, te echan o te vas, es así de reducido. Game over, pero suele parecer más bien un reset en lugar de que te hayan consumido todas tus vidas. Aunque a veces, a pesar de que eres tú el que se va, es porque te han invitado a hacerlo. Ahí lo dejo. Sin embargo es uno de los ámbitos en los que puedes empezar una partida nueva, y a veces es un juego incluso mejor que el anterior. Incluso puedes salir ganando al cambio.
En las relaciones siempre que hay un final hay una persona que pierde la partida y otra que la finaliza. No se suele terminar por mutuo acuerdo, aunque haya casos en los que sí. Pero siempre hay alguien que va a decidir poner fin al juego. De esto se habla mucho, de las rupturas, del que corta y el que es cortado. De quien tiene la culpa o por qué se hace… Yo lo veo en estos casos como cuando juegas a un video juego. Llega el temido momento del Game Over, ya no te quedan vidas para seguir jugando. Ya sea porque te las han consumido todas o porque te han matado demasiadas veces. O tal vez has sido tú el que no ha parado de cargarse al protagonista de la historia. Por la razón que sea se acabó. Y te preguntas qué pasa ahora. Pues que se acabó. Endgame.
Bueno. Supongo que como en los videojuegos, puedes repetir la jugada, o sea volver a jugar al mismo juego o no. Puedes cambiar de estrategia, aprender de los errores y volver a subirte al caballo. O al contrario tirar la toalla y decidir hacer otra cosa totalmente diferente. El tiempo que pase entre una partida y la siguiente ya es cosa de cada uno. A veces se juegan incluso en simultáneo. Es una decisión personal.
Hay amistades que sufren de esto. No soy la persona más indicada para hablar de amigos de toda la vida, ya que la mayoría de ellos se ha ido desvaneciendo durante el camino. Algunos han durado más que otros, y diría que me alegro de que algunos hayan desaparecido. Pero sí, un día te das cuenta de que tal o tal persona ya no está en tu vida, incluso cuando Facebook te recuerda su cumpleaños, te preguntas si vale la pena el esfuerzo de mandarle una felicitación, total de ti ni se ha acordado. Seguramente le salió la viñeta de Game Over mucho tiempo atrás y tú ni te diste cuenta de que esa amistad había muerto en silencio, en mitad de la noche, sin hacer olas. Otras veces sí que se hace notar. Acaba en una explosión o algo parecido. Es una bronca terrible de la que te das cuenta de que no hay vuelta atrás. Porque por muy amigos que seáis, hay cosas que no tienen un perdón. Se acabó.
También hay momentos en la vida en los que ya has dado todo lo que tenías en el sitio en el que vives y tienes que plantearte si sigue jugando ahí o te mudas. ¿Cambias de escenario para salvar la partida o para empezar un nuevo juego? Yo lo he hecho varias veces, Exit Strategy, a veces sale bien. A veces pierdes todas tus vidas y tienes el cartel de Game Over que parpadea en tu pantalla. Y volvemos a empezar con la decisión de seguir o no. Puedes reiniciar con lo aprendido o cambiar completamente de juego. Es nuevamente tu elección.
En todos los casos de los que he hablado anteriormente, lo que más importa es cómo nos lo vamos a tomar y cuál va a ser nuestra reacción y nuestra actitud al respecto. La forma que tenemos en reaccionar a los eventos que nos afectan es determinante en como vaya a irnos. Aunque no siempre sea el 100% del resultado. También importan las lecciones que hayamos aprendido de esas partidas.
Tenemos el Game Over definitivo, que es en el cual realmente se te han acabado las vidas y no queda más que hacer. Todos llegaremos a ese momento, se llama la muerte. Y es inevitable. Aquí ya no hay reinicio de partida, bonus de vidas o meterles más monedas par seguir jugando, se acabó. Es la única certeza que tenemos en esta vida. Si crees en algo místico, ya sea una religión o un credo, probablemente tengas menos miedo a la muerte, o te sea más fácil aceptarla. De cualquier manera está ahí. Y no hay manera de escapar de ella. Por lo que debemos asumirla y disfrutar del día de hoy ya que mañana no sabemos si será o no.
Febrero 2022
