¿Pareja O Rollo? (2005)

Hay momentos de nuestra vida en la que estamos con alguien que hemos conocido y que no sabemos muy bien como catalogar. Muchas personas piensan y dicen que hay que llamar a las cosas por su nombre, y que eso es lo determinante, sin embargo, otras muchas no lo piensan así. Para esas personas no hay que decir nada, sino que más bien un buen día descubres que ya tienes algo más que un rollo. No obstante, la línea entre ambos tipos de relación es muy difusa, y según qué personas puede que ni llegue a existir. Dicen que al ponerle un nombre a algo que no existe, al darle un significado, no sólo te apropias de ello, sino que haces que se haga realidad.

Ahí es cuando yo me pregunto si realmente es necesario establecer los conceptos que conllevan sus normas de conducta. Es decir ¿Cuándo sabemos que nuestro rollo se ha convertido en una pareja? ¿Hay algún baremo de seriedad a la hora de establecer las nomenclaturas? Si no le pones nombre a una relación, ¿puede existir más allá de las palabras?

Al final, después de mucho pensar, y, sobre todo, de mucho observar las relaciones de mis amigos, de cómo han ido evolucionando, tanto para bien como para mal, he llegado a elaborar una serie de pautas que nos indican cuando una relación está pasando del rollo a las cosas serias.

Si esto fuese la serie Sexo En Nueva York, diría que la única manera de saber si la persona con la que te acuestas es tu novio o novia, es si te deja las llaves de su casa. Pero eso no basta. En efecto, dejarle las llaves de casa a una persona con la que te acuestas de forma repetitiva puede ser una señal de algo, pero no confundamos términos. Cuando aquella persona te deja las llaves de su casa, o te hace una copia, significa que confía lo suficiente en ti como para que puedas ir y venir tranquilamente a su casa. Por lo general suele ser el paso siguiente a aquella vez que recibió una llamada urgente cuando estabais juntos y tuvo que salir como alma que se lleva el diablo. Entonces no te dijo que te fueras, porque le hubiese parecido una grosería, y también porque ya confiaba en ti, sino que por el contrario te dejó que te quedaras en su casa mientras regresaba.

Por lo general pasa lo mismo cuando tiene que madrugar más que tu para irse a trabajar y te dice que te quedes en la cama y que cuando sea la hora te vayas. Es una situación que demuestra cierto grado de intimidad. Siempre que se produzca esa situación en la que por A o por b te deja a solas en su casa es que la cosa va para adelante.

Antes de llegar a eso hay una señal bastante interesante, que es cuando te pide que te quedes a pasar la noche. Y no me refiero a pasarla haciendo guarrerías, sino durmiendo. Por lo general es muy difícil estar a gusto con una persona en la primera noche en la que duermes con esa persona. Algunos nos movemos tanto que llegamos a ser un verdadero incordio en la cama. Otros roncan o hablan en sueños. Otras personas dan patadas, y hay casos aún peores por descubrir. De ahí que, si consigues pasar una noche de sueño agradable con esa persona, ya es una señal de que podría haber algo. Por el contrario, si no sucede, pues ya sabes que hay un problema a resolver si quieres que la cosa vaya bien. Además, que para que puedas dormir bien con alguien se necesita un poco de compenetración, a no ser que seas de esas personas que no duermen, sino que entran en coma profundo.

Una forma de saber cómo te puedes llevar con una persona es saliendo de viaje juntos. Ahí es cuando se ve si la posible relación que podría surgir es factible o no. Si por el contrario es una persona insoportable a la hora de irse de viaje ya sabes que tienes un gran problema entre manos. Es verdad que se puede tener amigos con los que irse de vacaciones es una pasada. Pero cuando la persona con la que tienes relación te pide que te vayas con él o ella de viaje, eso es que hay algo detrás. Porque es mejor irse con alguien que ya conoces de tiempo que con alguien que estas conociendo. Por lo que ya comenté antes. Es más fácil ir sobre seguro y viajar con gente con la que sabes que te lo pasaras bien, que probar suerte y que te salga mal. Y eso más cuando te vas lejos y no tienes más compañía que un impresentable.

Luego vienen cuestiones del día a día que pueden llegar a ser señales de intimidad o por el contrario de ser una persona bastante vulgar. Una de ellas es la relativa al uso del aseo. A mí, personalmente, es algo que me echa mucho para atrás. Hay personas que nada más conocerlas ya hacen sus cosas con la puerta abierta y tú en el salón ahí sentado. O bien se meten en el aseo mientras estas ahí, así sin más. O cosas aún peores que no me atrevo a desvelar por razones de decencia. El caso es que hay cosas que por muy íntimo que estés con esa persona, no deberían hacerse juntas nunca. Y sabéis a cuáles me refiero. A mí personalmente es una de las cosas que más me para.

Otra que viene relacionada es la de utilizar el aseo de la persona con la que te lías. Si bien para muchos eso es algo normal, algunas personas no consiguen estar a gusto en esa situación hasta pasado un tiempo, o hasta que las cosas son más serias. Por ejemplo, hay personas que no son capaces de hacer de vientre en casa de su rollo hasta que no ha subido de nivel. Otras van a hurtadillas al aseo para que no parezca que son seres humanos porque les da vergüenza. En el fondo son cuestiones personales de intimidad.

La cuestión del cepillo de dientes tiene varios usos. Por un lado, está la acción de lavarse los dientes. No es nada romántico ni morboso ver a la persona con la que te lías escupir espuma y más cosas cuando está en el aseo. Otras personas consideran un atentado a la intimidad que no te dejen lavarte los dientes a solas. A mí es algo que no me gusta, lo de lavarse los dientes en público me da asco. Y luego está la cuestión del cepillo de dientes. Hay personas que consideran que el hecho de que te dejen un espacio para que dejes tu cepillo de dientes en su casa es una señal bastante clara de que la cosa va a más. Otras no lo ven así, claro, pero pienso que cuando llega ese momento es que la persona te invita a que vuelvas más veces a verle. Eso está bien.

Y luego está la prueba irrefutable de que esa persona no te ve como un simple rollo, por mucho que lo niegue. Es cuando no mantiene relaciones sexuales con ninguna otra persona más que contigo. Cuando sabes que se ha vuelto monógamo/a entonces puedes pensar que hay algo que se cuece. Por lo general, cuando expresa el deseo de que no veáis a nadie más es que la cosa va en serio. Y si no lo dice, pero lo hace es aún mejor, porque eso indica que respeta tus sentimientos, pero que los suyos van por el buen camino. Aunque siempre hay algún desgraciado que cumple lo de no ver a nadie más pero que no quiere nada serio, hay de todo en la viña de Señor, como dicen.

Incluso hay personas con las que estas cuestiones no se plantean, porque van directos al tema. Lo de los rodeos y los juegos de palabras no es algo que les vaya o que les guste hacer, entonces esos van directamente al grano. Son aquellas personas que incluso te piden salir como a la vieja usanza. Y por muy curioso que eso parezca, a veces resultan ser las personas más cuerdas a nivel de sentimientos. Te ahorran tiempo y dolores de cabeza, aunque a veces al hacerlo se cargan parte de la magia que tiene eso de no saber si tu relación evoluciona a más o por el contrario si está deteriorándose.

Hay personas a las que les gusta tener las cosas claras, y esas personas no quieren perder su tiempo en rollos que luego no llevan a ningún lado, o que luego les engañen con que “como no íbamos en serio…” y demás excusas. Lo cual es algo totalmente loable, porque en realidad el tiempo pasa, y si bien hay veces que te apetece jugar con la gente, hay otras en las que no quieres que lo hagan contigo y en el que perder el tiempo es algo que no te planteas. Su manera de que las cosas queden claras es hablarlas, ponerles nombre o bien denominación. Porque si algo tienen las palabras es que vinculas significados con significantes. Es decir que cuando le pides a alguien que sea tu pareja, sabes que esa petición leva detrás una serie de normas que no van a romper, a no ser que quieran que la relación acabe.

Sea como fuere, al final las cosas son como deben de ser, por mucho que queramos que sean de una forma u otra, por muchos nombres que les pongamos y aunque queramos evitar nombrarlas por su nombre. A veces ponerles nombres a las cosas no basta para que sean reales, y otras veces sin embargo no hace falta que se diga nada porque ya sabemos lo que hay. Entonces las palabras sobran. Hay veces que lo que importa no es como se digan las cosas sino lo que las dos personas sienten, y eso es más poderoso que mil palabras.

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