El Beso (2006)

Desde lo más profundo de nuestra historia, el beso siempre ha sido un gesto muy importante. Si nos fijamos en los cuentos populares, Blancanieves sólo sería devuelta a la vida, después de que la envenenara la bruja malvada, por el beso de su príncipe encantado. Lo mismo le pasaba a la Bella Durmiente, que también fue hechizada por una bruja malvada. Y en la historia de la sirenita solo un beso de amor verdadero la haría humana para siempre, y de nuevo bajo el conjuro de una bruja. La historia del beso debe de remontarse hasta los hombres de las cavernas, sin embargo, hoy en día ya no es así, el beso ya no es tan poderoso.

En un mundo en el que cada vez tiene menos peso la tradición y el pasado, ¿Dónde se ha quedado el beso? ¿Sigue siendo aun tan importante como en tiempos anteriores? ¿Sobrevivirá al mundo post moderno? Y lo más importante, ¿Cómo sabemos si besamos bien?

Hace poco me encontré con un ex con el que había tenido una relación exclusivamente labial, es decir que lo único que hacíamos juntos era besarnos, eso fue hace mucho tiempo. No obstante, algunas cosas no cambian nunca. Lo cual me hizo pensar en todo lo que nos dejamos de lado al crecer, ganar años y perder inocencia. Realmente lo pasábamos muy bien sólo con besarnos. Pero en las relaciones actuales eso ya no existe, el beso es solo el primer paso para llevarte a alguien a la cama. Aun así, la leyenda dice que, por ejemplo, las prostitutas no besan, porque eso conlleva un sentimiento lo cual en su profesión no es recomendable, por lo tanto todavía quedan personas que les conceden una importancia al beso.

Cuando se es adolescente se disfruta únicamente besando a la persona amada, luego creces y pasas a mayores, y sin embargo te dejas eso por el camino. Y a veces viene bien recordar cómo fue esa época en la que las cosas eran algo menos complicadas. Y en las que un simple beso podía decir mucho más que mil palabras.

Sin embargo hoy en día, ya con cierta edad, sigo considerando que es algo importante en una relación, de hecho, si la persona no sabe besar, poco puedes sacar de ella, porque es cierto que eso dice mucho sobre su personalidad. Hace unos meses un poeta muy famoso nos explicaba en una charla que nos dio de un curso sobre el amor, que puedes saber cómo es una persona por un beso. Y peor aún, que te cuidaras de aquellos que besan con los ojos abiertos. Porque un beso de verdad con sentimiento, no permite que mires a la persona, la sensación es tan agradable que tienes que cerrar los ojos. Así que os animo a que os fijéis, de forma discreta, en la próxima vez que beséis a alguien, si lo hacéis con los ojos abiertos o no, y la otra persona cómo lo hace. Entonces si os dais cuenta de que la otra persona no cierra los ojos ya sabéis a qué ateneros, más que nada porque a esa distancia resulta molesto que le miren a uno. Según él trae mala suerte que te besen con los ojos abiertos, yo no iría tan lejos, pero si digo que da mal rollo que lo hagan.

Pero no son los únicos besos que dan mal rollo. Algunas personas son especialistas en besar mal o en hacer que se te revuelva el estómago y prefieras pasar de esa actividad y seguir en la siguiente fase, aunque quien besa mal…

Un ejemplo de besos repelentes son aquellos que se basan únicamente en el juego de lengua. Y no me refiero a os besos de tornillo, que suelen ser bastante buenos, si se saben hacer bien, claro. Me refiero a aquellas personas que en vidas pasadas muy recientes fueron perros o gatos, y que en vez de besar con los labios lo hacen lamiéndote. Lo cual es terrible, porque no es que sea un lametazo pillo, sino que es como si te estuvieran chupando la cara como si fueras un chupa-chups o un polo. Resulta muy desagradable tener a una persona que solo piensa en eso cuando estas con ella, y al final o tienes aguante o terminas mandándola a paseo. Si quieren chupar algo que se compren un helado pero que no lo hagan en tu cara, que no eres ningún perro.

Otros sin embargo se toman demasiado al pie de la letra la canción de Mónica Naranjo en la que dice eso de que “tu boca me dio de beber”. Lo cual es bastante desagradable, porque llega un momento que, en mi caso, te entran arcadas y todo. No entiendo por qué esa gente siente la necesidad de llenarte la boca de babas cuando te besan, es absolutamente asqueroso besar a alguien y que te deje todo baboseado como si le hubieses pegado un morreo a un san bernardo. Por lo visto a esas personas les va el rollo babas, pero bueno, eso no es un beso, es una porquería. Es como la digievolución del beso-lamida.

La técnica que se emplee a la hora de besar depende del momento y de cada persona, pero estas dos anteriores creo que deberían prohibirlas por ley y castigar a los que la hacen a alguna tortura china. Si bien hay gente que besa más o menos bien, no es el caso de esas personas.

Si bien besar es algo generalmente agradable, siempre me ha parecido digno de admiración lo de aquellas parejas que se tiran horas besándose y que al final no terminan haciendo nada más serio que eso. Hay que tener mucho aguante y saber hacerlo bien, pero cuando sucede luego te quedas con una sensación increíble en los labios (que por su parte brillan y están un poco enrojecidos de tanta actividad). Y lo cierto es que muchas veces se nos olvida lo divertido que es estar con alguien y simplemente disfrutar de sus besos sin querer nada más que eso. Los dentistas lo aconsejan ya que dicen que previene la caries y la formación de la placa, aunque prefiero no indagar mucho en el tema no vaya a ser que sea asqueroso al final.

Por último, me gustaría hablar del “beso de la muerte” o del temido beso de adiós. Es el típico beso que vemos en las películas de cuando las dos personas se van a separar y sin embargo deciden darse un último beso. Por lo general no hablan del último polvo, sino del beso de adiós. Yo prefiero decir que es el de la muerte, porque es como si sentenciaras a perecer dicha relación y de esa manera sellas su defunción. Es la versión opuesta al de los cuentos de hadas, aquí se trata de quitarle la vida a la otra persona (de forma metafórica).

Después de esta pequeña visita a las clases de besos me gustaría dar una serie de pautas que podrán serviros para saber si lo hacéis bien o por el contrario si no valéis nada, y por lo tanto tendréis que esforzaros más la próxima vez.

Lo primero es no realizar ninguna de las prácticas anteriores. Si tienes superproducción de saliva, pues tragas antes de besar. Si te gusta lamer, recuerda que la lengua es un elemento que se utiliza después, no al principio. Y si te gusta mirar mientras besas, pregúntate en qué pasaría si la otra persona hiciese lo mismo…o mejor dicho en la cara de tonto estrábico que debes de tener.

Bueno, y ya aclaradas estas cosillas, pasemos a lo fundamental del asunto. Algunas personas tenemos la suerte de que la genética nos ha dotado de buenos labios, por lo cual el trabajo nos resulta menos complicado. Pero la calidad del beso no tiene mucho que ver con el tamaño de estos últimos. Conozco gente que besa genial y que sin embargo no es que sea un morritos. Aunque eso ayuda.

La cuestión es que, si no tienes mucha chicha ahí, pues la compensas con la intensidad del beso o con la lengua, pero siempre de forma paulatina y nunca como si fueras un oso hormiguero en pleno ataque a una colonia de hormigas.

Luego está el problema de girar la cabeza hacia el otro lado para que no os deis con las narices. Eso es una simple cuestión de sincronización, aunque según unos estudios de esos que hacen los americanos cuando se aburren y no saben qué hacer con el presupuesto de las universidades, todos los seres humanos tendemos a girar la cabeza hacia el mismo lado, que no sé cuál es. Por lo tanto, no debería haber mayores dificultades a evitar chocar con la nariz del otro.

Lo importante de un beso es ponerle sentimiento. Y cuando digo esto es que el beso ha de venir de dentro y no de ahí abajo. No se trata de besar con ganas de pegar un polvo, sino de besar con ganas de hacer el amor, y aunque parezca que me refiero a lo mismo no es así. Una cosa es un beso con pasión y ganas y otra un beso de esos que dicen “quiero arrancarte la ropa y usarte como un objeto”. A veces está bien hacerlo, pero por lo general esos besos son demasiado intimidantes para que se empiece por ahí. La cosa es ir aumentando la intensidad y la pasión conforme avanza el beso.

Y por último unas claves para saber si a la otra persona le gusta. Lo primero es de cajón. Si estas besando a un hombre y le gusta, la cosa se pondrá dura ahí bajo. Pero luego hay muchas más claves para adivinarlo. Una de ellas es que cierre los ojos. Aunque quiera no hacerlo, si le gusta los cierra, y no es por no mirar a quien besa. Otra cosa que suele pasarnos cuando nos gusta que nos besen es que perdemos rigidez muscular. Es como si nos hiciéramos de gelatina. Con un beso bien dado nos ablandamos. Y, por último, algunas personas gimen mientras besan. Eso es la marca inequívoca de que le está gustando lo que hace, porque de lo contrario no emitiría ningún sonido mientras que lo hace. (El típico sonido de las películas cuando se besan no es referente a la cantidad de placer que se esté provocando).

Si es para empezar una relación o para acabarla, no debemos olvidar la importancia que tiene la acción de besarse, y todo lo que representa para cada uno. Muchas veces le damos más importancia a cosas que no la tienen y nos olvidamos de que a veces cosas muy simples representan acciones muy complejas y que pueden ser igual de morbosas y placenteras que un buen polvo. Si una imagen vale más que mil palabras, podríamos decir que un beso dice más que mil palabras…

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