Hay momentos en nuestra vida en los que nos encontramos en una encrucijada ya que no sabemos si vale la pena seguir luchando por algo. Hay casos en los que es mejor estar soltero porque realmente seguir en pareja se convierte en un suplicio. Mi madre siempre decía que una relación de pareja es un continuo sacrificio personal a favor de un bien mayor. También me decía que por amor hay que luchar siempre a capa y espada.
¿Pero cuándo sabemos que el sacrificio ya no nos compensa, sino que nos hace mártires? ¿Cómo nos podemos dar cuenta de que una relación es una batalla perdida? ¿No hay veces en las que es mejor claudicar a seguir luchando?
Se me ocurren varios tipos de relaciones que por mucho que nos duela están abocadas a ser un fracaso rotundo. Y si bien el amor es algo por lo que vale la pena luchar, y más hoy en día que es tan difícil encontrarlo, a veces lo único que vamos a conseguir es terminar derrotados, extenuados y destrozados. Obviamente no todos los casos están señalados sino los más significativos.
El primer caso del que voy a hablar es uno bastante curioso, y es la relación explosiva como podría llamarse. Es aquella relación que empieza muy rápido, enseguida las cosas son perfectas, pero es tan sumamente precipitada que termina por agotar a ambas personas. Generalmente está basada en la atracción puramente física, y cuando pasan los meses de pasión, si es que dura meses, ya no queda nada. La combustión es demasiado intensa para que sobreviva. No siempre sucede porque hay gente con mucho aguante, pero al final el desgaste es tal que ya no hay nada que hacer para que la llama vuelva a encenderse.
Otra que va más o menos en esa línea, es la relación de personas con incompatibilidad de caracteres. Porque si bien dicen que los polos opuestos se atraen, una vez atraídos, ya no tienen qué hacer juntos. Puede que al principio la cosa vaya bien. Pero si las personalidades son demasiado diferentes, lo que al principio se entiende por pasión poco a poco se convierte en batalla campal. Y terminamos por tener una relación como la de la canción de U2 Wtih or Without You, no podemos estar con la persona porque no la soportamos, no paramos de discutir, y al final terminamos odiándonos. Pero el amor que sentíamos al principio, cuando estamos separados, hace que le echemos de menos, por lo que tampoco podemos estar sin esa persona. Al final termina siendo una relación destructiva porque acabamos sin saber qué hacer. Y si bien la pasión es buena, y discutir también, más que nada por las reconciliaciones, estar de morros todo el día es mala señal.
Hay un caso totalmente opuesto al dicho anterior, y es el de los amigos íntimos, aunque eso de íntimo no se refiera a la cama. Y es cuando estas con una persona con la que te llevas fenomenal, los gustos son afines y las horas de charla pueden llegar a alargarse toda la noche. Estas con una persona que te comprende, con la que te llevas fenomenal, con la que tenéis un mundo en común, pero hay un fallo: el sexo. Después de un tiempo coqueteando con ese individuo te das cuenta de que cuando estáis en la cama solo habláis, y poco más. Es hora de afrontar la cruda realidad, sin morbo tampoco hay relación, y la pasión no es solo discutir, como en la anterior, sino también deseo sexual. Así que al final la relación se rompe, pero sabes que puedes conservar una bonita y casta amistad.
La mayoría de los casos de parejas que no funcionan suele ser por abuso de poder. Es cuando en la relación una de las dos personas está más enganchada que la otra y se aprovechan de ella. Generalmente uno de los miembros del binomio está siempre disponible, mientras que el otro, al darse cuenta de eso, aprovecha que se lo pongan todo en bandeja. Realmente aquí la culpa es tanto del que se aprovecha que del que se deja absorber. Porque hay que saber poner límites a todo y si poco a poco vas cediendo tu espacio, tonto es aquel que no aproveche. Lo malo de estas relaciones es que rara vez nos damos cuenta de que hemos sido abducidos, y generalmente cuando lo hacemos es demasiado tarde. Suelen ser los amigos los que se dan cuenta de que poco a poco estamos perdiendo nuestra personalidad a favor de la otra persona. Pero nuestro enganche es tal que no nos damos por aludidos, y nos parece normal sacrificarnos por la otra persona sin recibir nada a cambio (se supone que uno debe dar sin esperar recibir compensación alguna). Y llega el día terrible en el que la burbuja explota y nos encontramos sin saber que ha sucedido, y lo peor aún es que nos sentimos culpables de haber dejado que esto sucediera. Por lo general pensamos que la otra persona, el que ha aprovechado la ventaja, nos echará de menos, pero no es así, no suelen tardar en encontrar a otro pavo al que chuparle la sangre.
No todos los casos de parejas fallidas tienen por qué ser malos. Está el caso de la no pareja por falta de sincronización. Es por ejemplo cuando conoces a alguien con el que empiezas a salir, pero resulta que al poco tiempo tiene que irse de la ciudad o del país. Cuando empiezas una relación antes de irte de vacaciones dos meses a Australia, o bien si la persona que has conocido acaba de llegar de vacaciones y tiene que estar un mes y medio inmerso en el trabajo, o cuando llega un periodo de mucha y frenética actividad laboral que va a hacer que no os podáis ver durante bastante tiempo o que acabe agobiado y necesite estar solo, también pasa cuando la persona se ha montado la vida de forma a compensar el amor con trabajo y otras ocupaciones, y así nunca tiene tiempo libre para dedicártelo. Incluso es lo que se da cuando conoces a la persona ideal, pero como acabar de romper con alguien, está en estado de post trauma y no puedes hacer nada para estar con él. Son todos aquellos casos en los que, por razones de temporalidad, la relación no puede salir bien, y al final acabas cortando, aun sabiendo que la cosa podría haber funcionado en otro momento.
Si bien la mayoría de estos casos acaban en ruptura definitivas, éste sería el único caso en el que se podría volver a intentar la relación en otro momento, ya que las razones para cortar no han sido estructurales de la persona sino externas, son pasajeras y pueden desaparecer. Pero cuando es un problema de cómo es la persona, entonces olvidaos de que va a cambiar, porque la gente no cambia, ni siquiera por amor.