Frases Lapidarias (2005)

A pesar de que soy la primera persona que dice que hay que ser honestos con los demás y siempre decir la verdad, lo cierto es que hay veces que la verdad no sirve más que para quedar como un grosero y por lo tanto toca recurrir a frases eufemísticas, que todo el mundo conoce y utiliza, cuyo significado es conocido de todos a pesar de que quieran decir otra cosa.

En una sociedad en la que la gente se guía por primeras impresiones, por modas y por lo que esté bien visto, hay veces en las que recurrimos a la mentira para salvar la cara ¿acaso no son las mentiras piadosas una buena alternativa? ¿Por qué decir la verdad a veces nos trae más complicaciones que una trola?

Lo cierto es que siempre habría que decir la verdad, pero en ciertas ocasiones es lo menos indicado. Sobre todo, cuando estás en una primera cita, que es cuando todo lo que digas o hagas cuenta, y es muy difícil establecer un vínculo de confianza lo bastante sólido con la otra persona para poder ser del todo sincero con ella. De ahí que recurramos a esas frasecitas cuyo sentido literal no tiene nada que ver con el que se lee entre líneas. Por ejemplo, cuando la cita ha ido más o menos bien, pero no queremos prolongarla más de lo debido porque sabemos que no va a traernos nada bueno, en lugar de decirle a la persona que nos queremos ir a casa o que nos aburre, lo mejor es decirle “es tarde y mañana tengo que madrugar”. Así quedas bien, parece que eres una persona seria y responsable y encima no has herido los sentimientos de nadie. Esa frase te permite cortar por lo sano, en el momento que decidas, ya que tú eres quién se tiene que levantar pronto a la mañana siguiente, y la otra persona no sabe a qué hora puede ser eso.

Otro clásico de las citas es cuando al final de la cita le dices que ya le llamarás. Obviamente eso es mentira, pero claro, si le dices la verdad, que no quiere volverle a ver, que lo has pasado fatal, que sólo era un polvo y que no quieres repetir nunca más, entonces es cuando, a pesar de ser sincero, quedas como el malo de la película. Entonces cuentas con que ese “ya te llamaré” diga todo eso por ti, cuando en realidad lo primero que harás será borrar su número de teléfono. Eso cuando lo tienes, porque muchas veces a la otra persona se le olvida que en realidad no lo habías anotado y que lo más probable es que ya de partida no fuera a cuajar el asunto. Otras personas tienen dos números de teléfono distintos, uno para las personas serias y otro para los contactos esporádicos, que si no quieres volver a ver es más fácil ignorarlos que si les das el número personal que usas.

Si lo pensamos detenidamente, nos daremos cuenta de que el campo de las citas está minado de frases con dobles sentidos perversos como las que ya hemos citado. Es curioso pensar que si quieres tener algo con alguien, lo más probable es que empieces mintiéndole, o al menos no diciendo la verdad, porque siempre duele. Otra que suele ser mentira casi siempre es la de “me ha gustado mucho / me lo he pasado genial, ya repetiremos”, por lo visto el uso del “ya” es casi sinónimo de trola. Eso es que realmente no piensa volver a verte pero no quiere dejarte con mal sabor de boca. No quiere decir que ha sido una mierda y por lo tanto hacerte sentir mal. Nunca más volverá a tener tiempo de quedar, por muy bien que haya dicho que lo haya pasado. Pero bueno, es una forma de corte menos dolorosa que si dijese lo que piensa realmente, y de paso no queda como un cabrón o una arpía.

Sin embargo, no todas las frases que podríamos apuntar en nuestra lápida, de ahí que se les llame lapidarias, pero también porque te caen encima como una losa, no todas ellas son del ámbito de las relaciones. La mayoría son convencionalismos para quedar bien de cara a la galería. A más famosa de todas ellas, es la que contesta a una pregunta muy simple, y es decir siempre “bien” cuando te pregunten cómo estás. Ya puedes estar fatal, súper jodido, o muriéndote, que no le importa a nadie, sólo tienes que contestar lo que esperan oír, porque si no lo haces de todos modos no te iban a escuchar, y si no haced la prueba, cuando os lo pregunten contestad cualquier cosa y veréis que la gente no se lo espera, porque en el fondo, esa pregunta es otra frase lapidaria. En realidad ni les importa como estáis.

Donde más se utilizan son en situaciones en las que decir lo que pensáis es realmente una grosería. Por ejemplo, cuando los amigos vuelven de las vacaciones y os muestran todas las fotos que han tomado, lo lógico sería decir que no te interesan, pero por el contrario vas a decirles que son chulísimas, que son fenomenales y que qué bonito todo. Aquí la formulación no importa tanto como el énfasis que hagas a lo que no te gusta. Se trata de decir lo contrario de lo que piensas, si te aburres, dices que te has divertido mucho, si te parecen espantosas, dices que son interesantísimas. Es una forma de expresar lo opuesto de lo que realmente sientes, de esa manera a la otra persona no le afecta en absoluto lo que sientes, y no se crea mal rollo.

Hablar del tiempo es otra manera de construir frases de esas, estás hablando con alguien, pero en realidad no te interesa en absoluto su conversación. Esa persona lo entenderá igual que tú, pero no le afectará tanto porque en ningún momento has sido grosero, ni le has quitado el derecho a hablar contigo, simplemente estáis en un terreno en el que el tema de la discusión es totalmente aburrido e insulso para ambas partes. Es una forma correcta de no decir nada sin que parezca que no se dice nada.

A fin de cuentas se trata de salvar la cara para luchar otro día, y muchas veces la gente tiene estos convencionalismos tan asumidos, que en el fondo no pueden vivir sin ellos, y prefieres utilizarlos antes que decir la verdad incluso cuando se la pides a la cara. Porque lo cierto es que la verdad duele y todo lo que duele está mal. Pero bueno, no debemos olvidar que la verdad duele la primera vez, pero la mentira duele cada vez que la recordamos. 

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