Shut Up And Drive

Mi madre me decía el otro día, que es curioso como la gente de vuelve agresiva en cuanto se pone al volante del coche. Enseguida nos parece todo mal y perdemos la paciencia y la educación. Y llegan los tacos y los volantazos.

En mi caso es un estado normal. No quiero decir que esté todo el día de mala hostia, pero sí que soy muy fácil de cabrear. Y salto enseguida. Como dice Mónica en Friends, «la vena y yo» .

Mientras escribo estas líneas y pienso en cómo nos han ido afectando los acontecimientos desde febrero de 2020, no puedo evitar preguntarme ¿por qué estamos todos tan al borde de un ataque de nervios? ¿Éramos así de volátiles antes de la pandemia?

Bueno, lo de la agresividad al volante no es nada nuevo. Eso siempre ha sido el caso. Y prácticamente todos a los que conozco se ponen muy así cuando conducen. Sueltan tacos o se estresan. A mí me salen mejor en francés. No sé por qué pero siempre ando «avance connasse !» o «et le clignotant connard !»… Sí suelto tacos. Y por alguna razón me quedo más a gusto en ese idioma. Sin embargo no todo es en el coche.

Otro lugar donde la gente va un poco alterada es en el súper mercado. Que vale que llevan carritos también. Pero se ponen muy agresivos. Y eso que ya no estamos en esos días en los que la gente mataba por los rollos de papel higiénico o por los sobres de levadura. Que entonces se hubiese podido entender. Pero aún así no. No hay tanta escasez. Luego es de entender ya que algunas personas tienen la maldita manía de pararse en mitad del pasillo a hacer visita… No pueden irse a otro lado no. Pero ya no solo en los pasillos del supermercado, sino en la calle o en cualquier sitio. En los Alpes solían hacerlo en mitad de la carretera. Lo nunca visto.

Sin embargo no toda la mala hostia está cuando conduces. Muchas veces pequeñas cositas que no deberían de alterarnos lo hacen y empezamos el día con la vena torcida. Sobre todo cuando no eres de madrugar y tienes que hacerlo. Eso me recuerda a cuando tenía los turnos de madrugue en handling en el aeropuerto. Solía entrar a las 6 am para el vuelo de las 8, lo que significaba que mi día laboral solía terminar a las 8:30 de la mañana. Y siempre me tocaba con una de esas compañeras mega happy que siempre están de buen humor. Hasta cuando llevas despierto desde las 4. Recuerdo q siempre la saludaba con un «buenos días». Al que siempre me respondía «venga Santi, con energía y positividad, alegra esa cara!!»… Un día le dije «mira guapa, la positividad que tengo a estas horas de la mañana me evita mandarte a freír monas, hazme el favor de no hablar conmigo hasta dentro de media hora que haya entrado en calor» . No lo entendió.

No soy una persona de madrugar. Así que era un trabajo que me pedía un esfuerzo enorme para no decir lo que pensaba realmente, y muchos pasajeros no me lo ponían fácil. Menos mal que no siempre era así y tenía compañeros que era como yo. Así que entendían que no hay que buscarme las cosquillas antes de una hora decente. Lo bueno era que a las 9 ya estaba en mi casa y tenía todo el día para ser una persona normal.

Siempre que tienes que trabajar de cara al público tienes que tener lo que llaman mucha mano izquierda. O como digo yo, tragártelas como puños. Y hay puestos que son peores que otros. Sobretodo con esa idea que tienen, mal concebida, de que el cliente siempre tiene la razón. Pues no. De hecho, en realidad, casi nunca la tiene. Y al haber trabajado de camarero lo puedo confirmar. Si ya en pasaje era horrible tener que aguantar a gente cabreada porque el avión llega tarde, porque llega pronto, porque tienen exceso de equipaje, porque no se han leído las condiciones de venta de los billetes o porque no llevan la documentación necesaria para volar; en un restaurante o un bar, tienes que sumarle que muchas veces han bebido y están sueltos.

Un día, en el bar, se cabrearon porque no me quedaba más ginebra de la barata. Pero es que era una mesa de 7 y cada uno se había pedido 4 cubatas. Además de que la jefa se había llevado una botella de ese alcohol el día anterior para su uso personal. Con lo cual solo les podía ofrecer las de colores, que son más caras. Tampoco ayudaba el hecho de que estaba yo sólo en el bar, sin ayuda, y que tenía dos mesas más de 4 o 5 clientes que todos bebían como los peces en el río. Así que yo no tenía el chichi para farolillos y ellos menos.

En el restaurante también tuvimos días en los que tuvimos que lidiar con clientes cabreados. Fue uno de esos días que abres a las 6 y ya hay gente esperando. Y al ser dos camareros, por mucho que queríamos correr, no podíamos ir más rápido. El problema fue que a cierta hora, ya no teníamos mesas limpias, ya que los dos no dábamos abasto. Tuvimos que decirle a los nuevos clientes que iban a tener que esperar al menos 45 minutos antes de ser atendidos. Un grupo de holandeses dijo que volverían en 20. A los 15 les atendí yo y les dije que no teníamos mesas, que volviesen más tarde, como ya les había indicado mi compañera. He de decir que la mujer que vino a increparme se puso a escasos 30cms de mi cara y estábamos en plena pandemia. Muy grosera y eso de la distancia interpersonal no la conoce. A la media hora vino su marido. Hecho un basilisco, que por qué no le habíamos atendido. Si eso me llega a pasar en mi época del aeropuerto le arranco la cabeza de un bocado, pero no. Le dije que teníamos mucho trabajo y que estábamos haciendo lo posible por atenderles lo antes posible. Pero él no quiso oír nada y se puso a gritarme improperios. Yo con toda mi calma le dije que lo lamentaba pero no podía ayudarle si estaba ahí, y como vio que no tenía nada que hacer para cabrearme (y que el jefe de cocina ya estaba saliendo para decirle algo), se puso a gritarle a mi compañera, que le dijo que con esas maneras no les íbamos a atender y que se fuese. Total que acabó siendo echado del restaurante por borde y grosero.

A Johnnie le pasó con un pasajero que a la hora de embarcar se puso a insultarles y a empujar a sus compañeras cuando le dijeron que no podía volar por exceso de equipaje y que no quería pagar. Al final salió corriendo hasta la puerta del avión intentando abrirse paso con violencia. Acabó arrestado por la guardia civil del aeropuerto. Hay mucha gente que no se da cuenta de que con buenas maneras llegan a todas partes. Pero si son unos bordes, al contrario se les cierran todas las puertas, y pueden acabar mal.

En Twitter suele haber un topic que vuelve cada x tiempo. Un poco como una de esas modas que cuando se te ha olvidado que existió vuelve a aparecer, es aquel de que «tienes sexo como conduces», y todas las variantes de «haces algo como xxx». Pero esta era divertida porque mucha gente tiene o recicla ideas muy originales. Algunos respondían que «respetando los límites de velocidad», «usando los intermitentes», o «no lo debo de hacer mal porque sé usar las rotondas conforme indica el código de seguridad vial». Uno de los que más gracia me hizo fue «soltando improperios e insultando a voces»… Interesante.

De hecho, muchas veces pienso que si la gente lo pasara mejor en la cama o donde sea que hacen sus cosas, no estarían de tan mala baba. De ahí esa expresión en francés «cette personne est mal baisée«, o traducido literalmente malf0llada. Seguramente la falta de soltar tensión y de liberar endorfinas nos haga más bélicos. Aunque a veces utilizar esa energía durante el acto puede ser una buena idea.

Cuando estuve en unas charlas sobre emociones, nos decían que hay emociones que son paralizantes y otras que generan energía y se pueden aprovechar. La rabia por ejemplo puede ser usada para buen provecho. Porque nos activa si la sabemos emplear. Por ejemplo, cuando estoy cabreado me pongo a limpiar la casa. Así que si un día vienes de visita y está todo como los chorros del oro, ten mucho miedo.

Enero 2022

2 comentarios sobre “Shut Up And Drive

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