Llevo tiempo intentando darle forma en mi cabeza a un pensamiento que me ronda desde hace ya muchos meses. Es complicado hacerlo sin llegar a herir los sentimientos de algunas personas, sin hacerlo de forma bestia o sin que esto nos lleve a la hoguera o directos al paro por decir lo que pensamos a quienes no lo quieren oír.
Vivimos en un mundo que se esfuerza lo que no está escrito en juzgarnos constantemente, ya sea a nivel profesional, personal, físico, mental o sexual. Nos bombardean con mensajes que nos dicen lo que debemos pensar, lo que debemos hacer, quienes tenemos que ser e incluso lo que debemos sentir. La naturaleza no cree en lo normal, pero el hombre al contrario intenta cambiarnos para que nos amoldemos a lo que se espera de nosotros. Invariablemente estamos sometidos a críticas de la gente que nos rodea, ya sea para bien o para mal, porque nos alejamos de lo que esperan de nosotros.
En un mundo donde el primero de turno se cree en pleno derecho de juzgarnos o de “aconsejarnos” como ser seres clónicos, ¿podemos ser diferentes sin morir en el intento? ¿Podemos rebelarnos contra esas críticas? ¿Cómo podemos ser felices si nunca es suficiente para los demás? ¿Qué debemos hacer para que no nos afecte lo que dicen o piensan los demás de nosotros?
Me llamo Santiago, tengo 32 años y reivindico mi derecho a no seguir el camino preestablecido por los demás. Dicho esto, no pretendo generar una revuelta o una guerra civil, pero sí plasmar mi descontento con muchas de las personas que me rodean que se creen en su derecho de criticarme o juzgarme cuando antes que nada deberían mirarse en un espejo.
He acabado mis estudios de forma más que correcta, nunca les he dado ningún problema a mis padres en ese aspecto. Me he sacado una carrera universitaria, sí, aquí donde me veis soy licenciado, aunque no sirva de mucho; he hecho 3 cursos de pilates y uno de power plate, hablo 3 idiomas perfectamente y me defiendo en dos más. He trabajado semanas de 40 horas, en oficinas de fumadores empedernidos, en almacenes de jefas inútiles y discriminadoras. He tenido que vender abonos de telefonía por cable haciendo la puerta a puerta. He estado en gimnasios donde timaban a la gente con clases q no eran lo q decían ser. Me han despedido de otro trabajo porque resultó que soy demasiado bueno para ese puesto y dejaba en mal lugar a la coordinadora del departamento, y antes que reconocer su mediocridad era mejor eliminar al enemigo. Me han explotado, haciéndome trabajar sin contrato y a menos dinero del que me merecía, y todo ello dando las gracias por poder trabajar en lo que me gusta. Me he dejado los cuernos en puestos de trabajo para que luego le dieran mejores condiciones laborales al primero o a la primera de turno que entraba un año después que yo, pasándose la antigüedad por el forro. Y todo ello habiendo hecho horas extras y demás. He tenido jefes que me han infravalorado o intentado rebajar porque según ellos no soy lo bastante bueno para ese puesto. Los hay que me han amenazado por correo porque no les gustaba mi vida personal o que yo sí que me llevase bien con mis compañeros, cuando ellos no. He tenido compañeros que me han juzgado por la vestimenta, porque si no vas a trabajar en un almacén de descarga de mercancías como si fueses a una boda no eres nadie. Porque si no votas al mismo partido que ellos no mereces ni que te saluden por la mañana. He tenido que corregir los errores de superiores que habían metido la pata hasta el fondo, demostrando su inutilidad y todo ello sin ganarme ni siquiera las gracias, ya que era mi trabajo salvarles el culo.
He tenido compañeros de trabajo, superiores y jefazos que me han odiado porque saben que soy la prueba viviente de que están donde están por puro enchufismo, porque saben que mientras que yo sigan en ese puesto de trabajo se demuestra que no llega más alto el que más conocimientos tiene, sino el que mejores contactos tiene. Aunque luego no sepan ni siquiera de que va su trabajo. Y esos son los primero en apuñalarte por la espalda para deshacerse de ti. Saben que en la coyuntura actual eres igual de prescindible que ellos, y que si le dan una patada a una piedra hay 30 personas dispuestas a comérselos con patatas y por menos salario, pero con tal de trabajar.
He salido con personas que se han aprovechado de mí, que me han utilizado ya fuese físicamente o de forma económica, por mi casa o por mi situación familiar, he estado con personas que me han maltratado o que han intentado abusar de mi confianza. He tenido parejas impresionantes que se han convertido en grandes amigos y otras que han acabado en el baúl del olvido, muchas de las cuales ni siquiera se merecen que las nombre aquí. He reído, amado y sufrido por amor lo que muchos no podrán tener ni aun viviendo 1000 años.
He perdido familiares, amigos, mascotas. He encontrado nueva gente en mi vida. Algunos muy especiales y otros que solo iban por el interés. Algunos siguen en mi vida a pesar de las distancias, otros han desaparecido en la lejanía sin hacer el menor ruido. Soy pareja, hermano mayor, padre y madre y no siempre en el sentido literal de la palabra.
He luchado por tener mi casa cuando nadie daba un duro por mí. He salido adelante en situaciones que a muchas personas le destrozarían la vida. Sigo a flote a pesar de todo lo demás. Y sigo con la sonrisa en la cara. Me he ido de mi país y de mi hogar, he dejado atrás mi vida y he empezado de cero. He conseguido apartamento con poca ayuda, pero la necesaria. He sacado adelante papeleos que muchos ni siquiera se imaginan o que ni sabrían hacer. Así que no permito que nadie me juzgue o se tome la libertad de criticarme porque no tienen ningún derecho a ello. Después de todo ello tampoco permito que me digan que no soy una persona luchadora o que me duermo en los laureles. Sigo trabajando día a día.
Intento llevar mi vida lo mejor que puedo o que sé. Muchas veces cometo errores y aprendo de ellos. Sé que mucha gente no le gusta que lo haga así porque ellos se creen que son perfectos, muchos piensan que lo harían mejor, otros que no valgo nada y algunos directamente me lo dicen a la cara. Pues me da igual. Aquellos que no están de acuerdo con mi forma de vivir que se vayan a mirar a otro lado o a envenenar la vida de otros.
Me llamo Santiago, tengo 32 años, soy monitor de Pilates. Sí, de Pilates. Eso que nadie conoce aquí. Y muchos me dirán que para esto mejor me quedaba en España conformándome con mi vida aburrida. Pues aquí soy mi propio jefe, trabajo cuando quiero y cuando no quiero hacerlo tengo total libertad de anular o posponer mis clases. Mis clientes están tan contentos conmigo que me han propuesto trabajar exclusivamente para ellos. Vivo en una ciudad que no le llega a la altura de los zapatos de donde vivía antes. Y a quien no le guste que no venga a verme. Pero da la casualidad que me pilla a mitad de camino de mi trabajo, ya sea cuando trabajo en Ginebra, esa ciudad que tiene un acelerador de partículas que fue el protagonista de una serie sobre un velero español; y que pertenece a un país de fuera de la UE. Mis clientes de allí son empleados de la ONU o del CERN, diplomáticos o directores de empresa y sus consortes. En Lyon, la Ciudad de la Luces, mi otro sitio de trabajo, es más de lo mismo. Gestiono mi agenda como quiero, y si quiero cogerme una semana de vacaciones para irme a España, los propios alumnos son los que me incitan a aplazar las clases. A lo mejor no tengo un sueldazo ni un contrato indefinido, como querrían muchas personas que me critican. Pero con 32 años tengo mi propia empresa. Y lo suyo me ha costado. Lo mismo ha sido pasar todo un plan de trabajo a otro idioma, lo cual he conseguido hasta el punto del que, para mí, dar clases en castellano ahora me resulta extraño. Puede que no termine de trabajar a la hora prevista y que tenga que quedarme más tiempo atendiendo a mis alumnos, pero yo no trabajo fichando en una fábrica como Pedro Picapiedra, esperando a que suene la sirena para salir corriendo.
Vale que no viva en un apartamento con vistas al mar, con dos habitaciones, piscina y terraza. Pero eso ya lo tengo para pasar las vacaciones. A cambio tengo un apartamento súper modesto en pleno centro de este “pueblucho”, pero tengo la mejor estación de esquí de Europa a 45 minutos en coche, dos aeropuertos internacionales a 90 km de distancia, 3 tiendas IKEA en un radio de 100 km, 3 países a la misma distancia, el lago más grande de Francia a 15 km de mi casa y si no quiero ir a ese, otros 3 más; y unas vías verdes donde montar en bici o patinar que darían envidia a cualquiera. Tengo montañas a tiro de piedra que muchos de los que me critican ya querrían ver en sus sueños. Bosques que ni se imaginan o parajes de película que muchos no podrán ver jamás. Hay ríos de verdad que salen de cualquier parte de la montaña y acaban casi todos en el Ródano. Aquí hay 4 estaciones reales, tenemos calor en verano, llueve mucho, hace frio y nieva en invierno.
Estoy harto de gente que se cree que me puede decir cómo vestir, cómo hablar, cómo peinarme, cómo de largo llevar el pelo o si debo o no debo afeitarme. Qué tipo de comida debo comer, qué deportes debería hacer o qué películas o series no debería ver. Incluso los hay que han llegado a decirme como trabajar para que me adecue más a lo que ellos hacen y no destaque ni pueda ser mejor que ellos, me han dado consejos envenenados o simplemente provenientes de una mediocridad y una ignorancia, para que se puedan sentir más cómodos con su forma de vida laboral.
Así que todos aquellos que quieren juzgar mi vida como frívola o vacía, o como un fracaso o un error constante, o que no es suficiente para mí, deberían primero mirar que es lo que tienen que les da el derecho de ponerse en ese pedestal, porque yo no lo veo.
Vivimos en un mundo lleno de gente que se da el lujo de juzgar a los demás y de criticarlos cuando en realidad lo único que ven son sus propios defectos en los demás. Mi amiga Rosana, que es muy sabia, ya me advirtió sobre este tema. Aquellos que se permiten decirnos lo que no va bien en nuestras vidas, es porque justamente eso que critican en nosotros es lo que a ellos les falla. Somos espejos en los que se reflejan sus defectos. Y en lugar de utilizar el tiempo del que disponen en subsanar sus propios asuntos, se toman el derecho de meterse en nuestras vidas para decirnos como llevarlas. Cuando ellos mismos no son un ejemplo a seguir. Son la viga bíblica en el propio ojo.
Os aconsejo que dejéis de prestarle atención a toda esa gente tóxica cuyo único propósito en su miserable existencia es podrirnos la vida a los demás, para que las suyas no sean tan patéticas en comparación. Sinceramente lo que piensen de mí “me importa una m****.”
Esto fue más o menos mi mejor intento de autoconvencerme de que todo iría bien y ver el lado positivo de lo que he escrito en Todos Dicen I Love You, Torn y que fue la antesala y lo que allanó el terreno para La Basura. Mi paso por Francia no fue todo negativo pero tampoco todo lo positivo que quería creer, tuve que vivir esas experiencias durante 5 años y aprender cosas que me han llevado donde estoy ahora. Sin embargo la Exit Strategy se ve que no me salió muy bien ya que incluso buscando la cara buena de la moneda, se puede leer el cabreo.
Mayo 2013
4 comentarios sobre “I Don’t Give A F…”