Este fue el texto de aniversario que escribí al año de empezar con los blogs. Lo he dejado tal cual lo redacté en su día en 2006.
Ya hace un año que empecé a escribir este blog. Al principio no sabía muy bien qué hacer con este espacio de Internet, luego descubrí que podría publicar cosas que quería compartir con la gente, al principio fueron fotos y luego textos más o menos elaborados. En los comienzos, el blog era algo adonde asistía todos los días, pero conforme fueron pasando los meses, tanta presión se hizo dura y tuve que dejar de publicar tanto, para pasar a dos veces por semana y finalmente una por semana. Ya sea por falta de tiempo o a veces por falta de inspiración.
Así pues, ya ha pasado un año desde entonces y es momento de hacer una pequeña retrospectiva. Se supone que conforme nos vamos haciendo mayores, o que van pasando los años nos hacemos más fuertes y más sabios. Que hemos aprendido. Pero yo me pregunto si esto es realmente cierto. ¿Qué hemos aprendido este último año? ¿Ha cambiado algo? ¿Somos realmente mejores personas hoy en día?
Lo primero de lo que nos damos cuenta al pensar en lo que hemos hecho es que al principio todo resulta mucho más fácil que al final. Toda la buena intención del mundo nos envuelve y nada nos cuesta trabajo. Es todo nuevo y bonito. No importa si tienes que escribir todos los días, porque tienes la cabeza llena de ideas. Si te toca madrugar todos los días para ir al trabajo que está en la ciudad de al lado, no te supone ningún esfuerzo. Si tienes que hacerte 60 Km. para ver a aquella persona que te llena no te importa, y si has de pasarte el fin de semana en una cabaña en mitad del campo no te molesta, porque ya sabes que no vais a salir de la cama.
Pero conforme pasan los meses, la pasión se acaba, las ganas de trabajar merman, y las ideas ya no son tan fáciles de plasmar en dos dimensiones. Poco a poco esa energía que tenías dentro va fallándote y te toca hacer de tripas corazón para poder seguir con lo que has empezado. Ya no es la inercia la que te empuja, sino que has de generar tu propio movimiento y alimentarlo cada día.
Si bien en las relaciones interpersonales la monotonía se puede convertir en el veneno que acabará con tu relación y tendrás que ir a buscarte a otra persona que te llene más o que te haga sentir mariposas en el estómago. No siempre es el caso. A veces esa monotonía se puede transformar en algo estable y serio que te compensa mucho más que lo de andar de un lado a otro con dolores de barriga todo el día. O bien se puede combatir la peor parte de forma que no se haga tan aburrida la convivencia con la otra persona. Esa intimidad que tanto anhelamos, pero que a la vez tememos porque significa que la pasión y la sorpresa, el aquí te pillo, se han esfumado. Aprendemos entonces a valorar otras cosas que no teníamos antes, como es la complicidad, la confianza y la seguridad.
En el trabajo las cosas son más fáciles, porque no tienes la oportunidad de pasar de ello. Por lo general es tan difícil encontrar un empleo decente que cuando tienes uno, por muy malo que sea lo conservas. No es como con los chicos o las chicas, que piensas que si le dejas, encontrarás algo mejor en la calle. No siempre es el caso. Pues en el mundo laboral, digamos que pasa algo parecido, pero que no nos atrevemos a arriesgarlo todo por si nos quedamos en el paro y con la hipoteca que nos vaya ahorcando lentamente.
Si tienes que madrugar todos los días, pues lo asumes, con la esperanza de que las vacaciones van a llegar y podrás pasar de tu jefe y de los horarios. Sabes que pasados unos meses podrás irte a tirarte en una playa abarrotada de gente a ver pasar las nubes. Tienes la certeza de que gracias a esos madrugones podrás pagarte el viaje a la costa a tomar el sol, si es que no se pone en tu contra la meteorología y justo ese puente tan anhelado se pone a diluviar lo que no hizo en todo el año. Pero claro, tú eso no lo puedes prever.
Así que aguantas estoicamente a que lleguen esas fechas, y mientras tanto guardas la ilusión de que un día te toque la lotería y puedas mandarlo todo a paseo e irte a tu caseta de la montaña a ver la vida pasar sin mover un dedo. O al menos con la excusa de que en ese momento si quieres trabajar no será por la obligación de que a principios de mes te sableen la cuenta corriente. No tendrás la preocupación de que tus hijos no pueden comprarse la última PSP que acaba de salir al mercado, ni de que tu mujer no puede aparcar su Mercedez en el Mercadona. La hipoteca del piso ya no te importará.
Pero volvamos a la realidad. En el mundo laboral, la monotonía no es mala amiga, sino todo lo contrario, es la que nos anestesia de tal manera que el día a día no se haga tan pesado. Poco a poco esa fiebre que teníamos al principio, esas dificultades que teníamos a la hora de memorizar todos los tipos de contratos y de planes de ahorro que teníamos que aprendernos, y que no nos dejaban dormir por las noches, todo eso desaparece. Nos los aprendemos de memoria, sin saber muy bien lo que significan ya. Es como cuando vamos a catequesis y nos obligan a aprendernos un montón de oraciones que al final diremos sin sentirlo cuando vayamos a la misa. Pues es lo que sucede cuando pasa el tiempo en el mundo laboral.
Cuando yo empecé a escribir en estos blogs, ya estaban de moda, pero solo los utilizaban aquellas personas que realmente tenían algo que decir. Luego llegó el apogeo de este medio de comunicación, en el que todos los usuarios tenían su propio espacio en Internet en el que ponían las fotos de sus viajes, cumpleaños y demás eventos importantes en sus vidas. Algunos no pasaría de esa etapa narcisista en la que queremos que el mundo sea testigo de que tenemos un año más.
Otras personas, sin embargo, le van dando forma a lo que quieren que sea su blog. Lo van puliendo cual diamante, y al final ya no es lo que tenían en mente sino algo mucho mejor. Algo que va a perdurar en el tiempo y que podrán recordar como algo que hayan hecho de provecho. Algunos aun aspiramos a eso, y otros simplemente se han rendido en el camino. Porque cuando han pasado los meses y ya no tienes fotos que poner, ni cumpleaños que felicitar, el propósito de tu página de Internet se cumple, y debes reinventarte.
Llega un momento en el que cambias lo que tenías y le das un toque nuevo y mejorado. Por lo general el estilo propio de cada persona a la hora de escribir o de publicar imágenes va puliéndose y haciéndose cada vez más evidente. Es lo que sucede cuando has sobrevivido a todas aquellas críticas que te hacían los lectores al principio. Ya no haces caso de que te digan que has de poner más toques de humor, de que la ironía no se entiende, de que si hablas demasiado de ti o del sexo o de lo que sea. Llega un momento en el que te asientas en tus principios y decides que aquello que vas a publicar es lo que quieres publicar y no lo que los demás pretenden que quieras hacer. Entonces si eres escritor de artículos, estos se hacen mucho más íntimos y personales, tu estilo empieza a brillar por sí solo. Si te gusta publicar críticas, lo haces de aquellas cosas que te llaman la atención y que te parecen importantes, aunque no sean importantes para los demás. Si te gusta poner fotografías, ya no te reduces a los cumpleaños, sino que lo haces de cosas que pueden no tener significado para los otros. Poco a poco tu blog se convierte en algo tuyo. Es tu niño y va creciendo.
A fin de cuentas se trata de establecer la diferencia entre un sprint y una maratón. Según lo que busques te decantarás más por una modalidad o por la otra. Si bien el primero se reconoce por una salida rápida y veloz, un recorrido corto pero a gran velocidad y cuya duración es efímera en el tiempo puesto que el esfuerzo que requiere es del tipo explosivo, es decir fuerte, intenso pero breve. La segunda modalidad es la opuesta. Se trata de una carrera más duradera en el tiempo, en el que el esfuerzo empleado ha de prolongarse en el tiempo. Uno tiene que ser más constante aunque menos veloz de partida, la carrera se gana no con velocidad sino con constancia y velocidad. Pero aquí el esfuerzo no es explosivo y corto en duración sino por el contrario ha de realizarse de manera progresiva y con constancia.
Pues bien, en la vida podemos, según el momento y el propósito, ser corredores de maratón o bien de sprint. Si bien hay momentos en los que debemos esforzarnos para tener resultados inmediatos, y otros en los que hemos de pensar en reservar energías porque lo que vamos a emprender va a durar mucho tiempo, y por lo tanto salir a toda velocidad no va a sernos de gran utilidad. A veces debemos pensar en que el tiempo es el que va a marcar nuestro ritmo de vida y no lo que nosotros deseamos.
Al final, lo más probable es que tengamos que pasar por la casilla de salida, porque al igual que el tiempo, la vida está formada por ciclos, parecidos a los de la noria. Hay momentos en los que estamos arriba y otros en los que estamos abajo, pero ninguno de los dos momentos extremos va a durar para siempre, por lo que debemos aprovechar el día a día, sin hacer planes a largo plazo que igual luego no nos llegan. Quemar nuestra energía en un primer momento podría parecer una buena solución, pero eso no nos iba a permitir disfrutar de lo que tenemos. Hemos de pensar en dejar un poco para el futuro.
And just like that I made a month here.
Un comentario sobre “Blog Aniversario 2006”