Esta mañana estaba hablando por videoconferencia con mi amigo Johnnie sobre el tema del trabajo en el aeropuerto. Y le comentaba que el mayor problema en ese sitio es que o te haces amigo de las personas adecuadas o no vas a durar mucho con ellos. Que es básicamente lo que me ha sucedido a mí y mi paso por el aeropuerto. Pero no sólo ahí.
Conforme colgué el teléfono, aunque sea videollamada se usa el teléfono, me quede pensando en lo que acababa de decir y no pude evitar preguntarme ¿me he relacionado con las personas equivocadas? ¿He intentado hacerme amigo de gente inadecuada? ¿He desaprovechado los enchufes correctos?
Es hora de echar un poco la vista atrás y efectivamente ver si realmente he perdido oportunidades laborales por culpa de no hacer los amigos adecuados.
En mi paso por el aeropuerto lo tengo clarísimo. Entré allí por una amiga que me hizo de enchufe. En el primer lugar y en segundo también. Pero una vez dentro ya tenía que ser yo el que me moviese. Y lo hice y demostré que soy un buen trabajador, que soporto bien el estrés y que siempre contesto bien a la gente. Lo cual en trato al público es fundamental. Muchos que me conocieron allí me comentan que haga lo que haga, yo siempre lo consigo hacer casi perfecto. Y sin embargo aquí estoy sin trabajo.
El problema ha sido que esos amigos que he hecho allí, por llamarlos de alguna forma, no son los que mandan, los que toman las decisiones o aquellos cuyas opiniones tienen peso a la hora de volver a llamarte o no. Por eso nunca más se supo. Y aunque ellos mismos me dicen que no lo entienden, al no ser los que tiran de los hilos, poco pueden hacer al respecto. Y no les culpo. Y tampoco me culpo a mí. En esa época había que ser muy lameculos para poder obtener los tratos de favor. Y eso es algo que nunca me ha gustado. Aunque a la hora de la verdad, o pasas por el aro y obtienes beneficios dudosos o no lo haces y te mueres del asco. Pero con dignidad.
En puestos anteriores siempre fue así. En todos los estudios de pilates donde he trabajado al final se hacía como un círculo de referencias. Y a mi me costó horrores romperlo. Primero porque el que tenía en Alicante antes de irme, no era el mejor, sobretodo porque la mandamás en él no me quería echar una mano. Y al final era siempre cuesta arriba. Así que me fui a Francia, donde no tienen ni idea de lo que es el pilates. Y tienes que enfrentarte a eso, además de las dificultades inherentes a la búsqueda de trabajo en un lugar donde nadie te conoce. Pero al final si tienes suerte consigues abrirte paso. Y crearte una buena reputación.
Lo malo fue que decidí regresar a vivir a España. Por las razones que ya he explicado en La Basura. Y empezar de cero no fue fácil. Vamos que al final. Después de un año de intentar abrirme un hueco en el mundillo del pilates en Alicante, tiré la toalla. Tuve gente que quiso ayudarme, pero no tenían bastante peso reputacional para ello. Y más cuando aquella persona que tenía todas las llaves para echarme una mano, decidió ignorarme de la forma más miserable que os podáis imaginar. Aún sigo sin tener noticias de ella, 5 años después. Me gustaría pensar que el tiempo pone a todos en su sitio y les da su merecido, pero dudo que así sea.
Así es como tuve que empezar de cero en el aeropuerto. Hasta que llegó la pandemia y nos mandó a todos de nuevo al carajo. Y me quedé sin opciones laborales. Una amiga mía utilizó su enchufe para colocarme con ella en un restaurante como camarero. Esto no sale en See You When You’re 40, Now porque cuando lo escribí no había empezado de camarero aún. Por lo que puedo agregar a mi currículum ese puesto y luego barman. Lo cual conseguí casi por mis propios méritos. Y con mucho sufrimiento he de decirlo. Tanto que al final tuve que dejarlo. 50 horas semanales por el salario mínimo y yo sólo la mayor parte del turno no es algo que me hiciera feliz. Tarde un mes en dejar de soñar con el puñetero bar. El restaurante al final no era tan mal. Hasta el punto que igual vuelvo en semana santa.
Tal vez de haber tenido otras amistades mejor posicionadas podría haber conseguido mejores puestos de trabajo. No lo sé. Pero eso es algo que a mí siempre me ha costado. He crecido con los referentes de FRIENDS o de las demás series de los noventa, en las que si no tienes un grupo de colegas no eres normal. Yo pensaba que no lo era por ser gay. Y con eso ya me daba por satisfecho. Haber vivido en varios países durante la adolescencia tampoco ayuda a entablar amistades duraderas. Pero cuando empecé a salir y conocer gente y ver que todos tenían sus grupos de amigos y yo no, fue cuando empecé a pensar que soy raro.
En esa época conocí a varios mayores que yo que siempre tenían más amigos, cenas entre ellos, fiestas de Eurovision y esas cosas sociales que tanto admiraba pero a las que nunca estaba invitado. No tenía su edad y no eran mis parejas. Por lo que no había razones para hacerlo. Sin embargo sí que podían servir como referentes de lo que se puede tener si quieres. O eso pensaba. La verdad es que la gran mayoría de las cosas que aprendí del mundo fue por mi cuenta. No tuve ningún tutor o mentor o amigo que me acompañase o guiase en el camino. Y así me fue.
Pero incluso aunque lo había intentado, no surtía efecto. Intenté hacer amigos en la universidad. Pero eran todos cis heteros. Y eso está bien porque aporta variedad, pero no te ayuda a descubrir quién eres. Luego los grupos de chicos gays ya estaban todos formados y no admitían nuevos miembros. Y los que sí lo hacían por desgracia acababan por tener algo chungo que ocultar. Por A o por B nunca conseguí hacerme un grupo de amigos. Ni siquiera los de mis exs como fue con el Nini (The eX Files) y eso que ellos eran variopintos. Había de todo. Pero al irme a Francia se acabó la amistad.
Por el interés te quiero Andrés. Eso es algo que aprendí desde muy joven. Si tienes algo que ofrecer, te van a venir a buscar. Pues a veces esas cosas te juegan una mala pasada. Yo nunca pude ofrecer billetes de avión o de tren gratis, o descuentos en tiendas o cosas así. Mis puestos de trabajo nunca han sido los útiles en ese sentido. Lo cual me ha ahorrado movidas que a otras personas que conozco no. Algunos me buscaron por mi casa o porque soy muy generoso con los amigos. Pocos la verdad, porque al final parece que soy muy puñetero. En el sentido en el que lo doy todo pero si me fallan entonces hasta luego Lucas. Y así y todo he tenido mucha suerte.
Incluso hubo una temporada en la que estuve pensando en que igual si no tengo amigos y me cuesta hacer amistades es porque tengo algo que me hace diferente. Cuando hablo de relacionarme, me refiero a algo más íntimo que ir a tomar un café con alguien o charlar con los clientes. Eso es lo de menos. Pero poca gente o casi ninguna, va a saber lo que realmente pienso o siento. Por eso probablemente empecé a escribir. Por tener alguien con quien hablar. Y suplir esa falta social que siempre he tenido. Eso me dijo mi terapeuta. Tendría que haberle preguntado en su día, si sospechaba que tuviese algún tipo de trastorno de síndrome autista. Porque eso tendría sentido y sería un alivio. Pero no lo hice.
Sinceramente siempre he envidiado esa gente que conozco que tiene montones de amigos. Que tiene que hacer listas cuando celebra cumpleaños o bodas. Aunque Trevor me dijo el otro día que eso es los que menos, que generalmente, la mayoría no tiene ese tipo de celebraciones sino más bien un par de amigos y ya está. Aún así con 20/30 años lo pasaba fatal porque pensaba que era culpa mía. Con 40 ya me da igual. Me gustaría tener gente a mi alrededor pero tampoco más que eso. Es lo que hay. Como dicen C’est la vie.
Enero 2022

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