Love Will Find A Way

Por lo menos es lo que quiero pensar, que el amor siempre encontrará un camino para seguir adelante. Y no me refiero a que encuentre otro amor o a otra persona, sino al saber qué hacer para superar las pruebas que se nos plantean. Como ya he ido contando en capítulos anteriores, llega un momento en el que lo difícil no es encontrar a la persona indicada, sino el poder estar con esa persona sin que se metan de por medio cultos religiosos, familiares cerrados de mente o trabajos a miles de kilómetros de distancia.

En un mundo en el que las noticias nos llegan del otro lado del planeta antes que la factura del móvil, donde podemos twittear con famosos que ni siquiera nos conocen, ¿por qué sigue habiendo gente que busca formas y maneras enrevesadas de sabotear una relación? ¿Cómo es posible que todavía haya personas que prefieran anteponer sus propias creencias a la felicidad de sus seres queridos? ¿Cómo podemos sobrevivir a una mentalidad arcaica que ha conseguido pasar el Y2K?

Como he ido comentando anteriormente, creo que los 20 años han sido para dar tumbos por el mundo y golpearme la cabeza con aquellas personas malsonantes que hay en el mundo. Para conocer todas esas personas que nos hacen daño, para darnos cuenta de lo que queremos y de lo que no queremos. Recuperando la serie que me inspira últimamente, es para aprender a utilizar nuestros “poderes” y luchar contra “demonios y brujos” que nos los quieren arrebatar, mediante engaño y diversas tretas. Es cuando aprendemos que el mundo está lleno de gente que nos quiere estafar, que quieren abusar de nosotros y que si no tenemos cuidado nos pueden quitar los dones que tenemos y destrozarnos el corazón.

En esos momentos es cuando establecemos los lazos de amistad en un mundo inhóspito, cuando nos damos cuenta de las batallas personales contra los males del universo son más fáciles de hacer si tenemos aliados poderosos o al menos gente que nos respalde cuando nos encontremos acorralados, perdidos o desesperados. Hay gente que pasa por esas fases sin pena ni gloria, otros que por suerte o por desgracia no tienen billete en trenes que tengan escalas ahí y otros directamente se quedan en esos pueblos: Villacabrones, Zorrihuela y Beniabusón.

Generalmente pensamos, de forma errónea, que lo más difícil en esta vida es encontrar a nuestra media naranja, que una vez que hayamos dado con ese ser especial, todo irá sobre ruedas, pero no es así. El universo siempre encuentra la forma de darnos lecciones nuevas, de enseñarnos que las batallas no se acaban nunca, y que siempre surge un enemigo más poderoso que el anterior. Si pensábamos que cargarnos a la Fuente de todo mal era lo último, estamos equivocados. Luego llegan más y más enemigos que tendremos que afrontar o morir en el intento.

Porque es cuando entra en nuestra vida ese aliado definitivo, que sabemos que nos ayudará en todo, pero no nos damos cuenta de que esa persona tan especial no es fácil de conservar. Ya hemos aprendido a reconocer cuando algo es una ilusión o un engaño, y sabemos ver más allá de las apariencias. Pero estos nuevos conocimientos no nos van a librar de lidiar con nuevos enemigos aún más poderosos. Tenemos que pelear con mentalidades cerradas, con padres que se oponen a una relación, con cultos religiosos que se interponen o con diversos contratiempos. Podemos optar por el camino fácil y tirar la toalla conforme empieza la carretera a ponerse complicada.

Esto si somos cobardes o si nos conformamos con las migajas que nos dejan los demás. Si no tenemos la valentía para luchar por lo que queremos o si simplemente no creemos en el amor o en que existe alguien especial ahí fuera para nosotros. Porque si es el caso, aunque llegase a nuestras vidas con un cartel luminoso en el pecho no seriamos capaces de reconocerle.

Todos hemos crecido viendo películas de Disney, y de otras productoras que nos presentan amores cinematográficos, hemos tenido que leer por obligación y a veces por placer novelas románticas que tratan del tema del que ya he hablado anteriormente. Por lo tanto, no me voy a volver a meter en ese sector. Pero sí que quiero enlazarlo con lo que sigue, porque no podemos pensar en que merecemos un amor de película si cuando nos aparece en nuestras vidas no somos capaces de librar ni la más mínima batalla para conservarlo o para conseguirlo de verdad.

Por mi parte tengo la suerte de que en mi familia, pocas personas se han puesto en contra de mis decisiones, de mis inclinaciones o de mis gustos. Mis seres próximos y queridos han sabido valorar que es más importante la felicidad de las personas y el amor que el “qué dirán”. Pero no siempre es así. Aun hoy en día hay personas que son capaces de repudiar a sus hijos si no son como ellos querían que fuesen. Pueden anteponer sus propios intereses a los de sus hijos, pensando que de esa forma les otorgan un futuro mejor. Todos conocemos a gente que ha tenido que estudiar lo que sus padres querían porque de lo contrario se iban a meter en jardines de los que podrían ser expulsados. Y si además se meten temas religiosos o de creencias entonces las cosas son más difíciles aún.

Parece mentira que en pleno siglo XXI todavía haya personas que se guíen por mentalidades antediluvianas y prefieran que sus hijos sean drogadictos o chungos a que tengas gustos personales que van en contra de la “norma”. Sí, me refiero que hay personas que preferirían que su hija fuese prostituta, drogadicta o se quedase embarazada por accidente a que sea lesbiana, por poneros un ejemplo. Como dice mi madre, esas personas no deberían haber sido padres porque no saben tener hijos.

No se dan cuenta que con esos comportamientos obligan a sus hijos e hijas a tener que mentirles, porque sus mentalidades no son equiparables. Pueden optar por seguir a pies juntillas lo que los padres dicen, que es lo que hacíamos todos con 10 años. Pero cuando ya somos mayores de edad, tenemos nuestras propias creencias que muchas veces van en contra de las de nuestros padres y lo difícil es saber defenderlas de la manera adecuada. Y todo esto sabiendo que a veces una batalla se gana sin librarla. Es decir que a veces no tenemos más remedio que o pasar por el aro y aceptar lo que nos obligan a hacer, o bien rebelarnos de forma pacífica y buscar nuestro propio camino apartado de ellos. Y sinceramente esta segunda opción creo que es la más complicada y difícil de asimilar. Pero no tenemos otra forma de sobrevivir, porque como dicen en francés “Chassez le naturel et il revient au galop”, o en otras palabras no podemos rechazar lo que somos porque tarde o temprano sale a flote. El mundo da muchas vueltas y al final nos acaba poniendo en nuestro sitio, por lo que es mejor evitar futuros problemas si sabemos que estamos ante algo ineludible. No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy.

El problema del segundo acto, en el que las dos personas deben luchar por que su amor sobreviva a los ataques externos del mundo, es que a veces no nos damos cuenta de cuáles son las amenazas que tenemos encima de nuestras cabezas. Otras veces las reconocemos, pero no podemos luchar contra ellas porque solo incumben a uno de los dos miembros de la pareja, y lo único que podemos hacer es esperar a que los solucione. Podemos estar para darle apoyo, para ser un aliado en las sombras, podemos tener fe y confiar en que al final todo saldrá bien. Y sinceramente el ser un actor pasivo en una batalla así es casi peor que ser un peón. Porque no puedes hacer nada, solo puedes esperar en las sombras, en el banquillo. Puedes ver cómo le dan una paliza a tu compañero, y sentir su dolor, pero no puedes entrar en el juego a combatir a su lado. Solo puedes darle la mano cuando la necesite, un hombro donde llorar o simplemente curarle las heridas cuando haya un receso.

Mis padres dicen que son daños colaterales, que no tienen nada que ver y que se ven afectados por una situación en la que no tienen un papel activo. Simplemente estaban en el momento y el lugar equivocado. O por el contrario su rol es el de servir de back-up para el protagonista de la batalla. Lois Lane no tenía poderes, solo era una mera humana, y sin embargo sin ella Superman no hubiese podido ser un superhéroe, porque ella era el corazón del hombre de hierro. A veces los papeles inferiores son los que más importancia tienen. Simplemente con quedarnos a la espera de que nos pidan ayuda es suficiente. Tenemos que ser fuertes para aguantar la espera y la lucha de un ser querido, y estar ahí para cuando nos necesite.

Nuestro papel en esa obra no es sino uno segundario, pero tiene importancia para el protagonista, sin nosotros no podría superar las pruebas que se le presentan, ni sabría dónde encontrar el valor para luchar. Somos importantes, somos especiales, a lo mejor para los ojos del espectador no es así, pero para quien realmente tiene que decidir sí que lo somos, y nuestro deber es aguantar la tormenta, tener fe y saber que el amor siempre encuentra la forma de prevalecer.

Este fue el comienzo de mi historia con Rubén, en 2012, y que tuve que arrastrar durante varios años. Aún hoy su madre me odia porque supuestamente lo pervertí, pero nada más lejos de la realidad como bien ha dicho él en cada ocasión en la que ella lo ha comentado. Para más información ver el relato The eX Files donde hablo un poco más de lo sucedido una vez en Francia.

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