Hay momentos en la vida en los que parece que todo lo que te rodea se va desmoronando lentamente, o por lo menos te va indicando que el camino que tienes que seguir es la huida. Siempre he pensado que huir de algo o de alguien es de cobardes, y que si tirásemos la toalla cuando aparece el primer obstáculo no íbamos a conseguir nada bueno y duradero. Pero llega siempre el punto sin retorno donde lo que tienes que sacrificar para seguir en tu sitio es tanto que si no escapas no puedes ganar ni conservar lo que tienes.
En un mundo que parece que cuando sale de una crisis se mete en otra aún peor, donde si pones las noticias es más efectivo que ver una película de terror de esas de los 80. En un país que es capaz de tener una cuarta parte de la población oficialmente en el paro, aunque todos sepamos que no es verdad, y que en lugar de buscar soluciones simplemente nos piden que nos ajustemos más el cinturón. Donde los políticos son la clase intocable, hagan lo que hagan, y donde la historia es escrita por los que ganan y los que pierden no solo caen en el olvido sino en la más absoluta miseria. ¿Cuándo llega el momento de decir basta? ¿Es cierto que a veces hay que salvar la vida huyendo para luchar otro día? ¿Cuándo sabemos que no tenemos otra opción que el irnos? ¿Y sobre todo como podemos empezar de cero en otra parte sin sentirnos miserablemente solos?
Cierto es que la economía global es la que nos ha llevado al punto en el que estamos. Que la base de ella se nos escapa de las manos, y que fundarla sobre el comercio energético perecedero no puede aportar nada bueno. Nos encontramos en el albor de un nuevo periodo histórico donde o sobrevivimos o nos vamos a la Edad Media en menos tiempo que se tarda en eliminar una antigua relación.
Si abres el periódico o si ves las noticias no puedes hacer otra cosa aparte de horrorizarte por lo que está pasando. Y más en este país. A veces parece que es más importante un partido de futbol que el futuro de la población. Que es más sencillo recortar en la base de la sociedad como puede ser la sanidad o la educación que el eliminar cargos públicos duplicados o sin utilidad alguna para el país. Eso claro si no contamos el hecho de que sirven para que 4 enchufados se llenen los bolsillos de dinero que según ellos no hay para invertir en investigación y desarrollo o en relanzar el consumo cada día más asfixiado de la sociedad.
Ejemplos no nos faltan. Desde tener un aeropuerto por provincia o por ciudad de más de 50.000 habitantes que tiene con mucha suerte un vuelo semanal. El gasto que ha llevado la construcción de dicha infraestructura lo conocemos todos, y las razones por las que se ha decidido meter al pueblo en ese gasto también. Las justificaciones son irrisorias una vez que pensamos en el efecto real que va a tener esa plataforma de transporte que solo sirve para que aniden 4 palomas y 3 halcones. Y lo peor de todo es que el dinero se lo llevan siempre los mismos, que no se quejan de la crisis con la boca grande, sino a regañadientes, para que no nos demos cuenta de que les da lo mismo. Total, después de todo igual lo podrán vender a alguna compañía privada y hacerse aún más ricos o simplemente lo dejan para que los Ovnis puedan utilizar las pistas de aterrizaje totalmente vírgenes.
Además de esto tenemos también universidades que están al borde de la quiebra. Porque no basta con una por región o por provincia sino que cada ciudad tiene que remarcar su hegemonía a través de la educación, que por otro lado es inexistente o inútil. Por desgracia hoy en día. Es más importante tener un campus universitario vacío que el poder impartir clases efectivas. No importa que las aulas estén vacías o que las carreras estén a punto de suspenderse porque el campus es la prueba fehaciente de que es una “ciudad universitaria” de gran prestigio.
Pero si nos metemos con la política podemos plantarnos en un volumen escrito del tamaño de la biblia, porque parece cada vez más obvio que para ser político no tienes por qué saber del tema en el que trabajas sino como poder mentir y robar dinero con la cabeza bien alta y sobre todo tener el ansia de ganar dinero a costa de los demás y mientras más ruina generes mejor serás. Para prueba solo es suficiente con abrir el periódico y ver la cantidad de gente de esta clase social que ha llegado a puestos de responsabilidad sin tener ni siquiera el graduado escolar, sin saber idiomas o sin saber ni siquiera hablar correctamente en público. Y luego si te presentas a un puesto de camarero te piden que tengas una carrera universitaria, un máster y mínimo 2 idiomas comunitarios, además de por lo menos 5 años de experiencia y todo esto por un salario que roza lo ridículo.
Porque como todos lo sabéis, si hace unos años el mileurista era una persona de la que todos nos compadecíamos. Hoy es todo lo contrario. Muchos estarían dispuestos a lo que fuese por un salario inferior o igual a los 1000€, y eso sin mirar ni siquiera las condiciones, porque lo importante es poder ganar al menos eso. Yo recuerdo cuando ganaba 1.800 € en 15 pagas y aun así me parecía que me explotaban. Cuando hoy la verdad es que con la mitad estaría feliz.
Y no soy el único. Porque cuando miro a mi alrededor solo veo gente que está empezando a empaquetar sus cosas para huir a países que tengan más oportunidades para ellos. Da igual que tengas titulaciones, que seas bueno en tu trabajo y que además te lo ganes a pulso. Solo se te va a valorar en base a la flexibilidad que tengas y en lo bajo que llegues a agacharte para satisfacer a tus jefes.
Pero bueno, yo entiendo que ellos tampoco lo tienen que ver todo de color de rosa. Porque por desgracia hoy en día quien tiene una empresa tiene una cruz. Ya que en lugar de recibir ayudas para poder seguir adelante y generar puestos de trabajo, el Estado lo que busca es lucrarse a su costa y sangrarle todo lo que pueda bajo impuestos y demás excusas para enriquecerse. Dicen que no hay dinero en las arcas, pero porque se lo gastan en coches caros y en duplicarse sueldos que ni siquiera necesitan. En jubilaciones a las que nadie tendremos acceso jamás por haber trabajado durante 4 años, mientras que el resto de la sociedad va a tener que sudárselo hasta ya casi los 70. Y todo esto por 4 migajas que nos dejaran cuando se hayan aburrido de comerse la tarta los mismos de siempre.
La política social esta medio difunta, la sanidad está a punto del síncope, la educación se va a conformar con que la gente sepa leer, aunque no conozcan la diferencia entre “a ver” y “haber”, los países que nos abastecían deciden que es mejor apropiarse de las empresas y se van de rositas, y países que han sido rescatados de la crisis a través de sus bancos, que tienen tela ellos también, tienen incluso condiciones laborales mejores que las nuestras y menos paro.
Cuando abres los ojos por la mañana y te das cuenta que ir a trabajar te sale más caro por culpa del precio del carburante que quedarte en casa. Cuando ves que gente totalmente inútil tiene mejores condiciones que tu porque no has sido un pelotero. O cuando ves que personas que dicen que son tus amigos te dan la espalda porque sienten celos de lo que eres es cuando decides que esto no merece la pena. No compensa seguir luchando en esas condiciones sino hacer lo mismo que nuestros abuelos, empacar nuestras cositas y salir por piernas.
Cuando te das cuenta que tu dinero, ganado honestamente tiene cada día menos valor. Y que gente que cobra dos o tres sueldos se quejan más que tú. Si ves que tus amigos han sido lo bastante inteligentes para emigrar al otro lado del charco y te cuentan lo felices que son. Si ves que familiares tuyos han tenido el valor de cerrar sus casas y de irse y que han conseguido trabajo en menos tiempo que un ciclo menstrual. Y además te ves rodeado de gente mezquina y falsa que está esperando, cual buitres volando en círculos encima de ti, a que tropieces para tirársete encima y devorarte mientras que aun sigues respirando. Dado que al final esta sociedad se ha convertido en una selva sin piedad. Y lo peor es que como esperes ese gesto de alguien que sabes que te puede ayudar, ya puedes quedarte con las ganas. Porque antes que eso preferirá verte pidiendo limosna en una esquina.
Vivimos en la sociedad del sálvese quien pueda. En la que si te pueden pisar la cabeza para trepar más alto no tengas dudas de que lo harán. Las puñaladas en la espalda están a la orden del día. Y la gente muestra interés por ti únicamente si puede sacar algo a cambio. De lo contrario no vales nada para ellos. Y si tienes la desgracia de ser alguien de quien pueden aprender o que es mejor que ellos, prefieren destruirte antes que arriesgarse a que les aplastes tú, aunque no sea tu intención. Eres el enemigo y cualquier método vale para llegar a eliminarte. Por todas esas razones, llega el momento en el que abres los ojos y decides que no es cobarde el que huye, sino deficiente el que sigue luchando contra algo que no tiene solución. La huida a veces tiene sus bonificaciones, porque el que primero salta del barco consigue siempre la mejor plaza en el bote salvavidas, es el que llega antes a tierra sano y salvo y el que antes puede recuperar una vida que se merece. Y si a todo esto le adjuntas que tienes familia que te puede enseñar el camino o darte la mano si tropiezas, y sobre todo alguien con quien compartir el éxodo, entonces no tienes que mirar atrás sino saltar al vacío. Recuerda que cuando la vida te cierra una puerta, siempre te abre una ventana. Y muchas veces lo único que quiere hacer es señalarte el camino por el que debes ir para ser feliz, y la única forma de la que dispone para que tengas el valor de arriesgarte y emprender ese camino es derrumbar toda la seguridad falsa que te rodea. Una vez que tu castillo de naipes ha sido arrastrado por el viento es cuando puedes ver lo que te rodea y pensar en una estrategia de salida.
And just like that we moved to France in August 2012.
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