El otro día estaba hablando con mi ex y me hizo pensar en este tipo de personas. Me estaba contando que siempre hay alguien en nuestras vidas que intenta controlarlas de la forma que a esa persona le parece la correcta y guiarla hacia donde le parece que debe ir. Lo cual me ha hecho pensar en si realmente hay tantas personas así como dice él, o bien si simplemente es una paranoia suya. Bueno, creo que no lo es. Sin embargo me parece curioso hacerle un repaso a ese tipo de personas que a veces creen obrar por nuestro bien y que lo único que consiguen es, o bien complicarnos la vida, o bien hacernos sentir incómodos.
En un mundo en el que la privacidad es cada día más difícil de conservar, ¿por qué algunas personas se empeñan en vivir la vida por nosotros? ¿Realmente pueden pretender que eso funcione? ¿Serán nuestras vidas mejores cuando les hagamos caso, o por el contrario cuando pasemos de ellos? ¿Por qué tanta obsesión con el meternos en la vida de los demás?
Dicen que antes de juzgar la vida de alguien debes haber estado en sus zapatos. Bueno, creo que en estos momentos mis zapatos deben de haber sido más usados que las zapatillas de alquiler de las boleras. Es verdad eso que dice mi ex, estamos totalmente rodeados por personas que quieren que hagamos de nuestras vidas lo que ellos quieren, aunque no sea con mala intención.
Los primeros que lo hacen son nuestros padres. Y ellos son los que mejores intenciones tienen al hacerlo, y muchas veces gracias a eso nos evitamos muchos problemas. Lo chungo viene cuando se acostumbran a ello. Si bien cuando eres un crío y no tienes personalidad ni ideas fijas ni experiencia necesitas que alguien te diga lo que debes hacer, el error se comete cuando ya tienes todo eso en mayor o menor medida y lo que intentan hacer tus padres es desviarte de tus objetivos. No creo que lo hagan porque son unos metidos o porque quieran hacerte daño, de hecho, ninguna de las personas de las que voy a hablar podría entrar en esa categoría de malas personas, sin embargo, a veces intentando hacer eso se equivocan y hacen más daño que bien.
El tópico más común concerniente a los padres se refiere a la vida profesional. De algún modo u otro siempre acabaran intentando hacer que trabajes en algo relacionado con lo que han trabajado ellos y tus abuelos, para seguir con la “tradición familiar” o si por el contrario les fue mal harán lo posible para que no cometas los mismos errores que ellos. Como si no fuese lo bastante listo como para haberte dado cuenta de ello. Primero empieza en el colegio, cuando tu padre te mete en la opción de ciencias porque él era un máquina en matemáticas, o bien tu madre te arrastra hacia las letras porque ella era un hacha en literatura. O lo contrario. Luego viene la universidad y ahí es cuando se pone chungo, porque si cuando eres un chaval todavía no sabes muy bien lo que te va, lo malo es que cuando entras a los estudios superiores, ya sí que sabes lo que quieres, y a veces eso no va en acuerdo con lo que tus padres quieren. Y entras en conflicto porque no vas a hacer lo que ellos quieren que hagas. Aunque tú lo sepas muy bien, no saldrá bien porque los tendrás en contra hasta que no demuestres que no estabas equivocado. Eso es lo más difícil, porque hasta que no encuentras trabajo no suele suceder.
Cuando llegas al mundo laboral sigue siendo lo mismo. Tú ya has pasado los 25 años, pero ellos siguen pensando lo mismo, que no tienes ni idea de lo que buscas y que deberías hacer lo que ellos dicen, porque ellos saben mejor que tú lo que te conviene y lo que deberías hacer de tu vida. Hasta que no consigas una independencia económica total y que no tengas dinero de sobra no van a entender que igual sí que tenías a razón y que has elegido bien tu camino.
Después de la familia, las siguientes personas que intentan hacer de tu vida lo que a ellos les habría gustado que fuese la suya, son los amigos. Esos digamos que no tienen tanto poder como la familia, pero son más pesados porque los tienes encima todo el día.
Es cierto que la experiencia de la gente que te rodea te sirve para ver donde se han equivocado y no cometer los mismo errores que ellos, pero de ahí a que se crean con el derecho de decirte lo que tienes que hacer (y no lo que deberías) hay varios pueblos de distancia. Muchos piensan que saben lo que te conviene, porque son muy conocidos, porque creen que saben cómo eres, o bien porque sus vidas son tan miserables que no soportan su fracaso e intentan compensarlo arreglando las de los demás. Explicaciones hay muchas, la verdad.
La mayoría siempre dice que te conoce bien y que sabe lo que te mereces, que deberías estar con alguien porque eres una buena persona, pero que no lo conseguirás porque te pasa esto o lo otro. A veces es cierto, pero no es tan simple como ellos creen. Si tú tienes los traumas que tienes o las dificultades que tienes son por algo, y muchas veces no basta con decir “es cierto, voy a cambiarlo” sino que es un proceso doloroso que muchas veces no merece la pena, porque el resultado nunca llegará.
Sin embargo hay algo cierto en todo eso. Cada uno tenemos una visión subjetiva y parcial de lo que nos rodea, y a veces no vemos la imagen en conjunto ni con perspectiva. Lo que son problemas para nosotros pueden no serlo en absoluto, sino que son un bache en el camino que se pasa fácilmente. A veces no vemos ninguna solución porque la tenemos oculta detrás de algo que no hemos ni pensado que exista. Y a veces necesitamos un punto de vista exterior para ayudarnos a orientarnos en nuestro camino. Si los viajeros del pasado no hubiesen tenido a las estrellas, nunca podrían haber encontrado su camino, ni en los océanos ni en los desiertos, y al final se habrían muerto como perros. Sin embargo esas estrellas solo estaban ahí para aquellos que recurrían a su ayuda, no les acosaban intentando hacerles cambiar de rumbo. No me imagino a la Estrella Polar persiguiendo a algún explorador famoso diciéndole “¡Eo hola! Que te has equivocado tío, que no es por ahí, venga cambia de rumbo que yo sé que te lo mereces tío.”
Por lo general la diferencia entre la familia y los amigos es el ámbito de actuación, es donde meten la pata. La familia intentara guiarte en asuntos laborales, porque si se mete en tu vida privada igual les mandas a paseo por no ser de su incumbencia, aunque siempre hay algunos que se creen permitido el derecho de opinar sobre con quien te acuestas. Mientras que los amigos actuaran sobre ese ámbito en particular, más que nada porque en el mundo laboral ellos ya tienen suficientes problemas como para meterse en más berenjenales.
Sin embargo siempre hay medias tintas. A veces tus padres se permiten el lujo de juzgar tus relaciones, sobre todo cuando son pasadas. Todos hemos tenido alguna vez la conversación embarazosa con los progenitores cuando lanzan el tema de algún ex. Cuando te comentan que es una lástima que lo hayáis dejado y que se le veía buena persona, que te convenía estar con esa persona y que a veces no sabes ver cuando tienes a una buena persona por delante. Creo que cuando se emplea el verbo “convenir” o algún sinónimo es cuando ya ese meten en tu vida. Lo que está claro es que ellos no son los que tenían que vivir esa relación día a día, y que si lo habéis dejado es por algo. Es muy fácil que las cosas se vean bonitas desde fuera, pero el que debe vivirlo no son ellos sino tú, de ahí que sepas mejor que nadie por qué lo has hecho y por qué no estáis juntos.
Los amigos suelen tener menos reparos a la hora de hacer ese tipo de comentarios, ya que para ellos tus relaciones interpersonales forman parte de sus temas de conversación. Eso es lo normal, pero de ahí a emitir juicios de valores es otro cantar.
Yo siempre he pensado que pedirle consejo a los amigos es algo positivo, que después de todo para eso deben de servir. Pero una cosa es pedir un consejo o pedir ayuda, y otra cosa es que se tomen la libertad de querer modificar tu vida como a ellos les parezca bien. Muchas veces debemos recurrir a ellos porque no somos capaces de ver lo que nos rodea, y nos viene bien tener opiniones diversas, pero siempre que sea una cosa que salga de nosotros. El problema es que la mayoría de las veces no es así sino que ellos son los que acuden a nosotros con las “soluciones” a lo que nos pasa sin que hayamos pedido ayuda.
Yo creo que en realidad resulta más fácil ocuparse de los demás que de uno mismo, por una cuestión de pereza. Es más fácil decir las cosas que hacerlas.
Si bien somos todos humanos, y no podemos reprimirnos el deseo de controlar todo lo que nos rodea, incluyendo a las personas que tenemos alrededor, debemos recordar que no somos perfectos, y que muchas veces lo que hacemos por los demás no somos capaces de hacerlo por nosotros mismos. Es más fácil ver los fallos en los otros que en uno mismo, de ahí que debamos pensar primero en solucionar nuestras vidas antes de hacerlo con las de los otros. Como dicen en la calle “la caridad empieza por casa”.
Enero de 2006
