Hay un mito muy popular que narra la historia de Narciso, hombre cuya autoestima y ego desbordado le llevo a su propia muerte, ya que él era tan vanidoso que un día se agacho en un lago a admirarse en el reflejo del agua y se cayó dentro ahogándose. Hoy en día esas cosas no pasan, más que nada porque casi todos sabemos nadar. Pero sigue habiendo gente que cultiva su ego hasta tal punto que no son capaces de ver a los demás.
En un mundo donde nos obligan a ser individualistas y a estar solos, ¿no llega un momento en el que no sabemos comportarnos en sociedad? ¿Cómo sabemos cuándo hablamos demasiado de nosotros mismos?
Ser un poco ególatra nunca está mal, pero es que no solo se es en lo que a los temas de conversación se refiere, sino que hay personas que incluso con sus acciones se convierten en una peste para la sociedad. El egoísmo es bueno pero sin pasarse.
Mi tía siempre dice que una forma de saber cómo es la gente es simplemente escuchándola. Bueno, por algo es psicoanalista, pero sí que tiene razón en un par de cosas. Es cierto que si nos ponemos a analizar como habla la gente, las frases que emplea o los modos que utiliza podemos saber más o menos de qué pie cojea. Por ejemplo las personas que hablan en primera persona del singular y que siempre tienen algo que contar, incluso cuando no tiene que ver con el tema o que no les concierne, suelen ser personas narcisistas.
Todos tenemos algún amigo o conocido que siempre es el centro de la atención. Me refiero a esa persona a la que siempre le ha pasado de todo. Cuentes lo que cuentes ella siempre tiene algo más fuerte que contar, o más divertido, o más grave, pero nunca puede quedarse callada ni quedar en peor postura que los demás. Aunque al final termine por vérsele el cobre. El caso es siempre ser el centro de la atención en cualquier discusión o conversación. A veces pienso que si se quedan calados mucho tiempo les va a explotar la cabeza, porque no pueden cerrar la boca ni bajo el agua. Y aunque lo cierto es que la mayoría de las veces tiene cosas que contar o de las que hablar, y suelen ser interesantes, a veces termina siendo un poco cargante que no se esté callado ni cuando estas contando tú tus cosas. Es el típico que cuando le cuentas el viaje de novios está contando alguna anécdota que si no la ha vivido él la ha tomado prestada, pero que al final no te deja acabar de hablar, y terminas siendo ignorado.
Luego los hay que ya son los fantasmas de la conversación. Por lo general quieren ser el centro de la atención, pero ya no con cosas verosímiles sino con mentiras que al principio ni ellos se creen. Pero lo malo que les pasa, es que si bien al principio nos divierten con sus fantasías, llega un momento en el que se ponen pesados con tanta ciencia ficción. Y al final ya se montan un mundo de fantasía tan sumamente grande que acaban creyendo que es la realidad. Los hay que van desde contar que se van los sábados de compras a Paris para lucir los modelitos que se compran allí cuando salen de marcha por el pueblo durante el fin de semana. Otros presumen de motos de agua, que llegan a tener tantas que casi dan ganas de hacer un grupo de moteros de agua. Pero claro puesto que todo eso es mentira, siempre encuentran la excusa para no poder cumplir con las expectativas.
Luego están los que quieren llamar la atención, o ser el centro de ella, pero no por lo que digan sino por lo que hacen. Y de esos todos conocemos a alguno que se pasa la tarde, la noche o cuando sea que tengas la desgracia de verle, haciendo el payaso o la loca. Por un lado el que hace el payaso puede llegar a ser divertido en ciertas ocasiones, incluso si estas un poco de bajón puede llegar a hacerte reír un rato. Lo malo es cuando te hacen sentir vergüenza ajena, ganas de huir de ahí, o simplemente hacen que te lo pienses varias veces antes de volver a quedar con ellos.
Conozco el caso de un chico con el que mis amigos no pueden salir a la calle, o bien lo hacen únicamente cuando van bebidos y por zonas donde no les conozca nadie. Porque resulta que ese chico del que se avergüenzan es muy muy femenino, y cuando digo eso me refiero a que es capaz de ir con traje de noche tacones y bolso de lentejuelas. Y eso en carnavales o en una carroza puede ser divertido, pero cuando es un fenómeno que se produce entre semana, sin la complicidad de la nocturnidad ni del alcohol, pues la verdad es que es un poco chocante. Y si bien podríais decir que debemos aceptar a todos como son, no entiendo por qué hay gente que hace esas cosas cuando se va a otra ciudad y cuando están cerca de su barrio se comportan como personas “normales”. Porque resulta que este chico cuando esta por su barrio se comporta como si fuese un machorro, que por cierto nadie se lo cree, y cuando están lejos de ahí, es otra persona de otro sexo distinto y que no para de dar la nota.
Y por último un grupo que no todos habrán conocido, por suerte, que son los narcisos en la cama. Son personas que se lo tienen tan creído que se comportan como un pescado seco en posición horizontal. Simplemente se conforman con echarse y dejar que los demás les hagan todo, pero sin ni siquiera colaborar. Hay que ir desde quitarles la ropa hasta cambiarles de postura. Lo más parecido a una muñeca hinchable que se me ocurre a mí. Lo curioso es que ellos y ellas se creen que son lo más en la cama, pero no es así, el mérito lo tiene el que lo hace todo y no el que lo padece, porque al final parece más bien una violación que otra cosa, o que te están haciendo un favor.
Yo creo que debemos respetar a todos por igual, incluso a esas personas que no son capaces de ver que el mundo no gira alrededor de ellos, pero sin embargo, el respetar no significa que no podamos de vez en cuando pasar de ellos, no por marginarlos, sino simplemente porque a veces no nos aportan nada más que hacernos perder el tiempo, y como dicen por ahí, la vida son 2 días y la mitad la pasamos durmiendo.
Junio 2006
