Sustitutos Del Amor

Este es un tema que estoy seguro de haber tratado anteriormente, pero que quiero actualizar. (Esto fue escrito en 2006, cuando ya llevaba más de un año con mis artículos, por lo que hay que contextualizarlo). Una misma situación la podemos observar de una forma, y sin embargo unos meses después las mismas circunstancias las podemos considerar de una manera totalmente distinta. Por eso tengo ganas de tomar una perspectiva distinta a un tema que ya hemos visto antes.

En un mundo en el que se valora el tiempo libre casi más que el dinero, en el que la gente trabaja para vivir mientras que otros viven para trabajar, en el que la calidad de vida se mide en función del ocio al que tenemos derecho o acceso ¿cuándo nuestras aficiones se convierten en obligaciones? ¿Podemos ser prisioneros del tiempo de ocio como lo seríamos del trabajo? ¿Realmente nos sirve de escapatoria el estar ocupados todo el día? Y por último, ¿Nos ayuda a sobrevivir al dolor la actividad constante?

Obviamente, no pretendo dar respuestas a todas esas preguntas, peor al menos sí pensar en ello.

La diferencia entre el antes y el después es que básicamente mi vida ha cambiado desde la vez que escribí en este blog por última vez. Ahora tengo un trabajo que me ocupa unas 12 horas al día, entre idas y venidas. Ahora mi tiempo libre es mucho más reducido de lo que era antes. Así que la valoración que haga de él será diferente.

Tengo un amigo del que ya he hablado antes, que se pasa el día ocupado, siempre tiene mil cosas que hacer. Y esto lo ha organizado así porque en su vida personal no es feliz. Siempre tiene algo que hacer de forma que no se pueda enfrentar consigo mismo. Y esto no me lo invento sino que me lo ha dicho él mismo. Una forma de no sentirse solo y vacío es llenando el tiempo que tiene con un montón de actividades. De modo que nunca podíamos coincidir cuando estábamos liados.

Mejor dicho, sí que nos veíamos, pero únicamente cuando yo amoldaba mi tiempo al suyo. Cosa que cuando tienes un trabajo y responsabilidades no puedes hacer. Así pues, desde que tengo un empleo fijo, ya no le veo sino cada dos o tres meses, porque nunca tiene tiempo para los amigos, y porque su vida es totalmente inflexible. Si no tiene tiempo para él, no lo debería tener para los demás.

Pero esto no es del todo cierto. Hará un par de días que me enteré de que estaba manteniendo una relación con un chaval unos 20 años menor que él, que se había dejado la mitad de los hobbies que tenía, y que ahora es muy feliz compartiendo su tiempo con los demás (bueno, más bien con una sola persona porque a los amigos nos tiene con el mismo régimen de visitas).

Ahí es donde la verdad nos explota en la cara. Para los amigos no tenía tiempo, para la pareja tampoco, porque no quería tenerla, pero de repente conoce a alguien que sí que le saca de la rutina, y de repente no necesita huir de la realidad mediante un montón de actividades extralaborales. Y tal vez lo chungo es que yo no hubiese sido capaz de hacerle salir de esa espiral de actividades. Me podría preguntar por qué no pude hacer lo que esta última conquista ha conseguido, pero cuando me entran ganas de pensarlo prefiero detenerme y decirme que si no pude es porque no era para mí. Y casi es mejor que sea así.

Hace un par de semanas, mi mejor amigo me dijo que ahora que tengo trabajo, debería empezar a atesorar mi tiempo libre. Si bien en esos días mi tiempo libre se lo dedicaba a él exclusivamente, lo cual no es nada malo. El problema viene cuando aparte de estar con esa persona no haces nada más. Y es lo que me estaba pasando. Y cuando este amigo decidió que la relación se quedaría en amistad únicamente, que debíamos tener otras actividades que nos enriqueciesen y pasar menos tiempo juntos, me di cuenta de que tenía un problema. Por un lado, tengo a una persona que está intentando desvincularse de mí, o al menos no pasar tanto tiempo conmigo. Lo cual lo entiendo, porque al final si pones todos los huevos en la misma cesta si te pasa algo pierdes la cesta entera.

Así que me di cuenta de que mi vida no había cambiado mucho, que había sustituido mi vida personal con el trabajo y con su presencia. A pesar de que sabía que la relación no iba a ir a ninguna parte, le consideraba mi sustituto del amor. Mi vida laboral va bien, mi vida social va bien (ya que tengo un amigo con el que quedar) y mi vida sentimental también iba bien (ya que tengo a mi sustituto del amor). Pero como os podréis fijar, todo eso era un castillo de arena, menos lo del trabajo.

He tenido que hacer un balance de lo que ha sucedido, del por qué y de lo que tengo que hacer. 

Por un lado está el trabajo, que es un punto muy positivo, ya que al estar casi todo el día ocupado trabajando, pues no tengo tiempo de ponerme a pensar y a comerme la cabeza con cosas que en el fondo son solamente paranoias. La actividad me permite salir de mi casa, airearme un rato y estar con gente. Esto mismo me pasaba cuando iba a la universidad, solo que cuando estaba pasando por una ruptura lo que solía hacer era no ir a clase y pasar de todo, cosa que ahora no puedo hacer. Esto es positivo porque me obliga a seguir adelante. Es una parte de la sustitución.

Pero no todo en esta vida es el trabajo, lo cual a veces es una desgracia, porque sí que admito que hay días en los que deseo que los camiones no lleguen nunca para poder quedarme en la oficina todo el día y así no tener que enfrentarme a la cruda realidad. Pero esto no es sano. De ahí que haya que buscarse unas aficiones que nos ayuden a seguir adelante.

La más común radica en dejarse llevar por el consumismo. Esta la he probado y es bastante divertida. Todos la conocemos, y cuando tenemos una nómina fija es aún más placentera, porque no tienes que preocuparte con que no llegas a final de mes. A no ser claro que te pases con las compras. Pero digo yo que renovar el vestuario o parte de él de vez en cuando siempre sienta bien. Y poder darse un capricho es mejor aún, ya que si no lo hacemos nosotros no lo hará nadie, y quedarse esperando a algo que no llega es una pérdida de tiempo.

Lo malo suelen ser los remordimientos posteriores a la violación de la tarjeta de crédito. Cuando ves que te has comprado calzado abierto a finales de verano, o unas botas en pleno mes de agosto y que no las vas a poder disfrutar en un tiempo. A mí me ha pasado, que fui a comprarme ropa interior sexy, porque uno cuida su imagen bajo la ropa, y me quedé pensando en lo ridículo que es aquello al no tener ya a nadie que pueda verlo. Sí, tengo unos calzoncillos muy morbosos, pero nadie los va a ver, porque ya no tengo pareja que me los quite o que se emocione al vérmelos puestos. Claro que luego me puse a pensar que eso es lo de menos. Porque si me pongo ropa que me gusta, el que se siente bien soy yo, y los demás no me deberían de importar. Nadie sabrá que llevo ropa interior bonita, menos yo, que es al que le debe de importar.

 Pero no todo es irse de compras, más que nada porque por mucho que ganas al final llegar a fin de mes en número rojos es una putada. Así que hay que buscarse otras actividades menos caras e igualmente satisfactorias, que te hagan olvidarte de los problemas. Una de ellas es el deporte. Todos conocemos eso de que el deporte es un buen sustituto del amor. Sino los gimnasios no estarían tan llenos de gente. Una buena forma de mantenerse ocupado y de obtener resultados es machacándose el cuerpo con el deporte. De hecho hay un trastorno que se llama vigorexia y que consiste básicamente en la adicción al deporte. Y las adicciones suelen darse en personas con carencias que quieren suplir.

Bueno, pero mientras que te cuides, estés en forma y no te pases, no viene mal pasar un poco de tiempo haciendo ejercicio. Es bueno para la salud y todos sabemos eso de mente sana en cuerpo sano. Así que como sustituto no es de los peores.

Lo malo es cuando recurres a la actividad física en exceso para evitar pensar. Es lo que me contaba mi amigo. Cuando tuvo problemas con una ruptura dolorosa, para evitar deprimirse los domingos por la tarde, ese día que todos los solteros aborrecemos como los demonios a las figuras religiosas, se dedicó a su casita del campo, a labrar, horadar, cortar, podar, y demás actividades que se puedan hacer en el campo. Según él, los domingos se pasaban velozmente, y por la noche llegaba tan cansado que no le daba tiempo a darse cuenta del sufrimiento que padecía. Y así fue pasando el tiempo hasta que el dolor desapareció.

Del sexo como sustituto no quiero hablar, porque es un tema muy tratado ya, y del que sigo pensando lo mismo que entonces: es un error recurrir al sexo como sustituto, porque lo único que vamos a conseguir es hacernos más daño aun.

De lo que sí me he dado cuenta es del porqué de este blog. Me he dado cuenta de que escribir me gusta, de que es una actividad como cualquier otra en la que puedo ocupar mi tiempo libre. Algunos se van de marcha hasta las tantas, otros se evaden con drogas o distintas adicciones, a mí me gusta esto. No es un pasatiempo muy social que digamos, pero es donde encuentro la fuerza para afrontar la realidad que me rodea y que no siempre es alegre.

Todos buscamos una forma de evadirnos de la realidad mediante la ocupación del cuerpo y de la mente. Puedes evitar involucrarte con alguien, y por lo tanto si la cosa sale mal sufrir la ruptura, al no darle la oportunidad de estar contigo porque no tienes tiempo para dedicarle. Puedes llenar el vacío que hay en tu vida social, al hacer un montón de actividades que te mantengan entretenido. Puedes suplir esa necesidad de dar amor y cariño al hacerlo hacia aquella persona que sabes que no te va a fallar, que eres tú. Para ello te cuidas, haces deporte, comes bien, y realizas actividades beneficiosas para ti. Pero hagas lo que hagas, la realidad termina por alcanzarte, y por mucho que lo intentes nunca conseguirás escapar de ella. Si bien tener actividades está muy bien, lo que no es sano es ampararse en ello para evitar vivir lo real. Huir no sirve de nada. Pero también es cierto que a veces necesitamos tiempo para recuperar fuerzas y poder enfrentarnos en otro momento con más energía.

Noviembre 2006

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.