Señales (The Sign)

El mundo de los signos nos rodea, o eso nos dicen siempre los profesores de semiótica. Según ellos, con sólo mirar una nube por la mañana, al salir de casa, deberíamos ser capaces de predecir el tiempo que va a hacer ese día. Es un poco exagerado, eso que dicen, sin embargo, sí que hay señales que nos rodean a las que a veces deberíamos hacer caso.

En un mundo audiovisual, en el que estamos acostumbrados a que nos lo predigan todo, ¿realmente somos aún capaces de fijarnos en todo aquello que nos rodea? ¿Para qué nos sirven las señales que nos rodean? ¿Podemos confiar en ellas?

Algunas personas llaman a esas señales, suerte, otras le llaman gafe, pero yo creo que a veces hay cosas que nos indican lo que va a pasar ese día, más o menos de una forma indirecta. No es que te vayan a decir “hoy te ganas la lotería” o que te den el número premiado, pero sí que puede que te encaminen a eso.

Por ejemplo, hay días en los que te levantas raro/a, que no hay manera de que te salga nada bien, se te quemo la leche en el microondas al calentarla, te equivocaste tres veces y en vez de ponerla pusiste el zumo en su lugar, el pan estaba congelado aun cuando ibas a comer y al tostarlo te pasaste y se carbonizó. Casi te caes tres veces en la ducha, se te acabó el agua caliente cuando estabas quitándote el champú y se te quedó la toalla en la secadora, así que pusiste toda la casa perdida de agua. Tuviste que salir y volver a tu casa 4 veces porque se te olvidaron las llaves del coche, porque no cerraste las ventanas y porque en la tercera te las volviste a dejar dentro (las llaves). Y eso sólo hasta llegar al aparcamiento. Y sin embargo hay personas que lo llaman “día de despiste” o mala suerte.

Y la verdad es que hay días así en los que todo nos indica que lo mejor que podemos hacer es irnos de vuelta a la cama y volver a empezarlo todo pero con más calma. O bien al revés. La semana pasada tuve mi último examen de la carrera, o al menos eso espero y creo. Y era a las ocho y media de la mañana, pero el día anterior cometí el error de no poner el despertador. Total, que abrí los ojos por la mañana y al notar que ya había salido el sol, me desperté algo asustado porque se suponía que el despertador debería haber sonado a las seis y media y a esa hora aun es de noche. Total que eran las 7:47 de la mañana. Así que tuve que salir volando de la cama, y pillar la ropa al vuelo, salir corriendo de casa sin desayuno ni nada, con los ojos aun pegados y partir para la universidad. Llegué en un tiempo récord de 15 minutos, con cara de almohada aún. Y menos mal que el profesor llegó tarde, porque así tuve tiempo de revisar antes del examen. Si bien no sé cómo me fue, quiero creer que todas esas prisas y esos momentos de angustia en los que incluso pensé que no debería haberme presentado, que eso era señal de que me debía quedar en la cama durmiendo, significan que voy a aprobar. (Cada cual se crea su propia fantasía).

Pero días de esos tenemos todos. Y a veces simplemente nos indican que algo va a cambiar en nuestras vidas, o simplemente que tengamos cuidado. Es lo que nos pasa esos días en los que coges el coche y por alguna razón no vas muy fino, y resulta que se te cruzan los peatones varias veces, o te salen coches por zonas de dirección prohibida, y tu sin saber por qué. Dos coches más lejos se saltan el semáforo y te dejan con la boca espumosa de rabia, porque claro, van tan rápido que no oyen los insultos que les pegas. Pero el caso es que después de todo eso vas como que con la mosca detrás de la oreja. Y así te evitas un accidente mucho más grande que podía haberte ocurrido si no hubieses estado atento/a.

Pero no tiene que haber días en los que todo salga mal para que sea una señal de que algo peor está por caer, o bien de que el universo se compensa y todas esas p*taditas servirán para algo mejor en un futuro próximo. Hay días en los que, por el contrario, todo sale bien.

Es ese día que te despiertas por la mañana y al poner tu móvil tienes un mensaje de alguien a quien aprecias en el que te dice cosas bonitas y ya sabes que el día va a ser diferente, al menos por eso. Luego resulta que la leche para el chocolate queda a la temperatura ideal, el zumo está idóneo. El agua de la ducha sale perfecta y ese día no tienes cara de almohada al mirarte al espejo. Cuando llegas a la parada del autobús es cuando va a pasar, y no tienes ni que esperar ni que salir corriendo. Además ese día no está hasta los topes, sino que hay justo un sitio libre al lado de un chulazo de eso que no suelen coger el autobús. De ahí para adelante ya es pura fantasía, pero a veces esas cosas pasan. Eso sí, ese día el universo se ha puesto de acuerdo para darte un respiro, y por lo general nada falla.

Es en esos momentos cuando debemos probar cosas que no nos hemos atrevido a hacer otros días ya que nos daba miedo fracasar, y como no puede salirnos nada mal, como mucho no nos sucederá nada, ni bueno ni malo, pero al menos lo habremos intentado. Es cuando le hechas coraje al asunto y haces de tripas corazón declarándote a la persona que te hace tilín, o bien probando a ponerte ropa nueva que no sabias si te iba a sentar bien. Por el contrario si es un da nefasto, de esos en los que no sabes muy bien que has hecho para que te salga todo mal, entonces ya sabes que no es día de esos de probar cosas nuevas, sino de los que tienes que ser cuidadoso para que no te pasen más desgracias.

2006

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