Las Rebajas (Pandemic Edition)

Ir de rebajas siempre supone que te vas a encontrar con miles de personas por las calles, por las tiendas y haciendo colas para pagar. El día 7 de enero siempre es así. Es el primer día, y si no trabajas es como tradición ir a abarrotar los almacenes en busca del santo grial. Haya restricciones o no, con o sin mascarillas y hasta que se agote el gel hidroalcohólico.

Mientras veo como mi amigo Johnnie rebusca como una ardilla gigante entre las estanterías de Zara Home, en busca de aquellas ofertas que tanto anhela, no puedo evitar preguntarme ¿somos nosotros mismos las rebajas de alguien?

Todos recordamos esos vídeos que salen en los telediarios año tras año en estas mismas fechas en los que abren las puertas del Galerías Preciados, y entra una marabunta de gente en la tienda como un tsunami humano de marujas y marujos en busca de las gangas. Con lo fácil que sería esperar a ir de compras unos días más tarde. Pero esta imagen es un clásico. Probablemente un refrito que se utiliza también para Black Friday.

También hay muchas escenas de peleas en momentos de rebajas entre dos compradores que quieren adquirir el mismo objetivo, que lo han cogido a la vez o casi, y que siempre es el último que queda. Pero que ninguno de los dos quiere soltar porque sabe que es único y una ganga. Se me ocurre la escena del vestido de novia de Mónica en Friends, por ejemplo.

Pues no todo es tan sencillo, ya que el propósito de las rebajas es justamente la venta de los fines de stock, con precios más baratos, para liberar espacio para los avances de temporada y los nuevos productos. De ahí que todo esté reducido al 50 o 70% en muchos casos. Pero lo curioso es que de eso ya se encargan los outlets que ya tienen casi todas las tiendas. Cosa que en años pasados no existía. Por lo que no tendría mucho sentido la costumbre de ir de tiendas después del 7 de enero. Al menos no si lo pensamos desde ese punto de vista.

Muchas de mis amigas siempre me decían, en su época, que lo suyo es ver lo que quieres unos días antes, anotar donde está e ir el día de rebajas a comprarlo. Ya que probablemente unos días después ya no esté. Si sabes la talla, porque te lo has probado antes y conoces la ubicación del elemento en la tienda, tienes eso de ahorrado. O bien lo compras a precio normal y haces el cambio después de la fecha señalada. Pero no sé si sigue siendo interesante. Por lo ya dicho anteriormente. Y más con las tiendas online.

Hoy mismo he sido el protagonista de esto. Bueno obviamente si escribo esto estando de tiendas, lo soy, pero me refería a que tengo un modelo de avión de colección en mi lista de favoritos, y hoy le he mandado un mensaje al vendedor por si hace algún descuento. Total por probar, el yo ya lo tengo. Por lo demás he sido víctima del efecto 2×1. No tenía intención de comprar nada, yo, y sin embargo me fui con dos paquetes de ropa interior y una jersey muy guapo. Que por desgracia no pude incluir en ninguna oferta ya que solo había una prenda que entrase en ella de mi talla. Por eso muchas veces las rebajas no nos apañan. No hay nuestro número.

También hay sitios que nunca hacen rebajas. Ya sea porque su imagen de marca no lo admite, demasiado caché para poder permitir saldos. Y se me ocurren muchas, aunque cada vez menos. Más que nada porque la sociedad exige que entren en esa dinámica. O bien porque ya son lugares con precios que rozan lo absurdo. Son tiendas que siempre tienen descuentos o siempre tienen gangas o directamente tienen precios por lo suelos Y en general van en consonancia con la calidad del producto. Tenemos los dos extremos del espectro.

Vivimos en un mundo consumista en el que nos bombardean constantemente con nuevas ofertas y nuevos productos que algunas veces ni nos hacen falta. Nos crean hábitos de consumo o incluso necesidades desconocidas hasta el momento y que después se nos hacen imprescindibles. Siempre hay rebajas disponibles para algo,o descuentos o si no, ofertas. Y no solo en productos. También pasa en cierta medida con las personas.

Lo que primero me viene en mente cuando se habla de rebajas es de la época en la que salía de fiesta. Varios siglos atrás. Siempre decíamos que está la hora en la que empiezan y es cuando puedes obtener lo que quieres o no. Es decir, hasta cierta hora, lo de ligar estaba complicado. Porque la mayoría de gente iba de inaccesible, muy guapos y monos pero no se les podía hablar. No te oirían desde sus pedestales. O allá arriba en el monde Olimpo donde viven con los otros dioses. Pero cuando se acercaba el cierre del local, ya bajaban el listón y se le tiraban a cualquiera. Pasaba lo mismo que con la ropa, podías obtener el mismo producto que antes, pero a menor precio. Tan solo con esperar el momento del día adecuado.

Vale que la gente no somos objetos, pero es que algunos se comportaban así. Y supongo que siguen haciéndolo o lo harán cuando se pueda volver a salir como antes. Era curioso de ver, con una mezcla entre triste y gracioso. Lo primero porque has ligado o conocido a alguien que dos horas antes pasaba de ti pero ahora te habla, por desesperación. Y lo segundo porque esos son los que van de dignos, pero al final son como los demás. Se desesperan.

También hay que saber diferenciar entre rebajas y compras múltiples. Me explico. Hay gente que te deja en segundo plano porque se quieren mucho y están a la espera de que las condiciones de compra venta mejoren, a ver si pasas por el arco más fácilmente. Y luego están los que juegan a varias manos a la vez. O sea, que tienen varios caballos corriendo. Así siempre ganan. O eso creen. Pero no suele ser algo que salga bien siempre. Y cuando sale mal, generalmente te expulsan del casino.

Madonna dijo en Express Yourself: «Don’t go for second best baby«. Lo cual podría aplicarse aquí. Entiendo que hay veces en las que no es que seamos segundo plato de otro, sino que no era el momento. Entonces sí. Pero esta gente que te deja en espera o en leído porque no está segura de tu valor, eso es distinto. No somos objetos, por mucho que algunos intenten convertirnos en ello. O incluso nosotros mismos lo hagamos. Hay que quererse un poco más y siempre ponernos en donde merecemos estar. Nunca por debajo de ahí. Un Chanel es un Chanel aunque esté a mitad de precio.

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