La siguiente entrada al blog estaba compuesta por 3 distintos artículos, que he decidido poner en uno solo, por razones de comodidad, aunque va a ser más largo que tener 3 por separado. Los escribí a principios de 2005. Me ha resultado muy divertido releerlos y dejarlos tal cual. Algunas cosas sí que no las diría ahora, otras siguen igual. Pero no quiero tocar nada.

PARTE 1:
No creo que la historia de la humanidad haya conocido una época donde el sexo esté tan omnipresente en la sociedad. Porque incluso en la Antigüedad no era tan fácil acceder al él, no sin el plus que nos aporta la herramienta que representa Internet. Y no sólo gracias a él, sino que basta con salir a la calle para ver por todos lados estímulos que gritan sexo a diestro y siniestro.
En un mundo en el que la moral es cada día más laxa, ¿sabemos determinar cuándo es demasiado?
Si nos preguntamos por qué la gente está tan salida últimamente es simplemente porque cada día, la gente lleva menos ropa y se cuida más el físico. Si eres heterosexual o lesbiana, te darás cuenta de que las chicas van cada día escondiendo menos atributos. Incluso hay gente que ha intentado prohibir el uso de los tangas y los tops en los centros docentes porque supuestamente distraían tanto a profesores como alumnos. Por no hablar de los sujetadores milagrosos o de los implantes de silicona y la cirugía estética que hacen que cualquiera con un poco de dinero pueda parecerse a la Barbie.
Y lo mismo sucede si eres homosexual o mujer, los hombres cada día se cuidan más el físico, que si van al gimnasio, que si comen sano y con la moda de los metrosexuales ya hemos perdido la cuenta de tíos que inundan las tiendas de cosmética. Luego van luciendo tipazo lascivamente por la calle, en la playa y en los vestuarios de los gimnasios la cosa se torna al exhibicionismo puro y duro. De ahí que no sea sorprendente que las personas anden con la libido alterada.
Cualquier persona creería que con los chats es más fácil ligar, y quien dice ligar dice quedar para un encuentro esporádico. Sin embargo, la cosa no es tan evidente. Es muy común encontrar gente salida que abarrotas las salas de Chat por comunidades o localidades. Pero lo que es quedar efectivamente para un polvo rápido o no, es otro cantar. A la hora de establecer la cita, la gente siempre pone pegas, por muy salidos que estén, siempre encuentran una excusa para no asistir, unas veces porque es muy tarde, o muy pronto, o vives muy lejos o muy cerca, muy alto muy bajo, etc.
Porque claro, con todas las facilidades que nos ofrece Internet pensamos que vamos a encontrar el chulo ideal y sin pagar. Y si no lo hacemos siempre está la opción del ciber o del uso de la webcam. A fin de cuentas, es una solución comodín para cuando uno tiene un calentón y no apetece tener que vestirse y salir a la calle a quedar con un extraño, que por otro lado no sabemos si luego va a resultar ser el Anticristo. Y además con todas las nuevas modalidades de enfermedades de transmisión sexual, no hay nada más seguro que el sexo a través de la cam.
Incluso hay gente que tiene una lista corta de personas que están agregadas a su Messenger u otros, y con las que practican esta modalidad de sexo seguro cuando les viene en gana. Son personas con las que rara vez se establece una conversación muy profunda, pero que a la hora de montar el espectáculo son unos profesionales. Son “amigos” por interés con los que se tiene una relación muy clara y que casi nunca sabemos ni como son, ni donde trabajan, ni nada muy personal de ellos, pero con los que podemos pasarlo muy bien si tenemos un apuro.
Luego si Internet no basta o no satisface nuestras necesidades físicas gracias a todas las páginas de fotos, relatos y vídeos cortos, y si el Chat tampoco nos permite encontrar lo que buscamos, podemos recurrir a los sitios de encuentros. Estos se dividen entre los de cruising puro y duro y los locales especializados. Las primeras zonas son aquellas en las que se suele acceder en coche o bien las playas nudistas con un backstage de pinos o arbustos donde te puedes esconder. Son bastante abundantes y debido a su carácter casi secreto permiten que vayan personas que no quieren ser vistas en lugares públicos buscando tema. Suelen ser sobre todo las playas nudistas ya que con la moda del nudismo ahora todo el mundo va a “probar” allí.
Los otros sitios son los locales especializados en sexo como podrían ser los pubs y las discotecas con cuartos oscuros, las saunas, las salas de cine X y los sex shops. Estos sitios tienen el inconveniente de que directamente te señalan porque si estás ahí es porque vas a lo que vas. Entonces a las personas que les gusta la discreción les viene fatal ya que muy discretos esos sitios no son. Si no eres de ellos, pues es muy posible que ahí encentres el desahogo que buscas, en unas condiciones más o menos buenas.
Pero el problema es que a pesar de que existan todos esos sitios para sexo directo, la mayoría de la gente aun ve con mal ojo que una persona tenga necesidades fisiológicas como podría ser comer o dormir. Entonces te enfrentas a una censura social brutal si te ven por esos sitios, o si saben que acudes a lugares así. Esto tiene como consecuencia que, si el sexo está mal visto, y las personas que lo practican también, se convierta en una práctica que se intenta ocultar o dificultar en ciertos casos. De ahí que a pesar de todas esas facilidades no sea tan obvio poder ligar y pegar un casquete, y al final llegamos a una paradoja, y es que el sexo esta por todos lados tentándonos, y sin embargo no podemos hacerlo por lo que la sociedad dirá de nosotros.
La solución que se está empleando es mercantilizar el sexo. Porque todo lo que se compra tiene menos mala fama que lo que es gratis. El dinero “purifica” lo que no lo es, y si no me creéis pensad en que la Iglesia empezó haciendo eso cuando pasaba la bandeja de los donativos en la misa de forma que podíamos pagar por nuestros pecados con dinero y así asegurarnos la entrada al Cielo. Así pues, cada vez está más de moda la prostitución (aunque la palabra suene mal). Es más fácil comprar el sexo que buscarlo, el tiempo que pierdes buscando y quedando para que luego te den plantón o se salgan por la vía de Tarifa te lo ahorras pagándole a alguien para que te preste su cuerpo. Obtienes el beneficio de la discreción, porque ni por el lado del que paga ni por el del que cobra interesa que se sepa el intercambio que ha tenido lugar, lo cual es un contrato perfecto; y además sabes que gracias a ese contrato vas a conseguir la satisfacción que buscas, con lo cual son casi todo ventajas. Es lo que tiene aplicar el marketing a la vida cotidiana.
A fin de cuentas, la moral judeocristiana ha intentado hacernos creer que el sexo es algo pernicioso y que nos enviará al infierno, pero como decían los hippies: “haz el amor y no la guerra”. Y si me diesen a elegir por qué razón debo ir al infierno, si es por pasarme el día follando o por ser tan reprimido que al final termine convirtiéndome en un psicópata y matando gente, prefiero por lo primero, que al menos uno se lo pasa bien y no le hace daño a nadie. ¿O es que no habéis oído hablar de los beneficios del sexo?
PARTE 2:
Madonna dijo que “el sexo solo es sucio cuando no se lava”. Bueno esto puede parecer muy chocante, sobre todo para las mentalidades puritanas, pero la cuestión es que es cierto, en parte. Porque al final, como todo en esta vida, puede llegar a perjudicarnos. Si tan bueno puede llegar a ser el sexo ¿Cómo sabemos cuándo nos estamos pasando? ¿Hay alguna serie de señales que nos puedan indicar que nos hemos vuelto unos adictos?
Para empezar, hay que des demonizar el sexo porque la sociedad lleva décadas intentando hacernos creer que es algo malo, cochino y que al final nos deja ciegos. Pues no, en realidad los beneficios de llevar una vida sexual activa están más que demostrados así que no voy a hablar de eso, y sino leed esas cadenas de e-mails que os envían y que relatan las ventajas del sexo.
Tener pareja para poder mantener relaciones sexuales es lo ideal, aunque a veces la cosa no vaya bien. Y si no se la tiene tampoco debería estar al visto eso del polvo sin compromiso en la medida en la que ambas personas estén de acuerdo en que solo es sexo y no amor ni nada más. Yo siempre lo digo y nunca me cansaré de ello: hay que ser siempre sinceros con la otra persona, aunque al final podamos hacerle daño, pero es un daño que a largo plazo viene mejor que un montón de mentiras.
Así que bueno, tenemos dos vertientes, el sexo con amor y con su pareja, y el sexo fuera de ella, cuando estamos solteros.
Si tienes pareja uno de los signos de que se está acabando la pasión es cuando en la cama hay monotonía. Por lo general es algo que siempre sucede y contra lo que no podemos luchar. Pero yo sigo confiando en que dos personas que se quieren tienen que saber emplear la creatividad en la cama como en cualquier otro lugar de la casa. Pero ahí van las claves. La primera es la más obvia. Cuando las relaciones físicas son programables, es decir que sabes a qué hora tocan, donde, de qué manera, cuanto duran y como acaban, y eso no cambia en un par de semanas, entonces es que la cosa ya no va bien. La rutina es la enemiga del buen sexo. Si por el contrario el problema no se haya ahí sino en otros lugares, la cosa es diferente.
Se me ocurre como ejemplo cuando por conseguir satisfacer a tu pareja eres capaz de dejar de lado todos tus ideales personales. Entonces entramos en el sector de la negación de la personalidad por otra persona. Mi madre siempre me ha dicho que en una relación de pareja el secreto es saber sacrificarse y llegar a una serie de acuerdos. Eso es cierto, pero eso no implica que nos dejemos tomar el pelo y que se crean que somos tontos o tontas. Si tu pareja te pide que hagas algo que en situaciones normal no podrías concebir hacer, ¡alerta! La cosa no va bien. Si te pide hacer tríos, cuando es algo que no soportas, o mantener sexo por Internet con extraños, ya sea a través del teléfono o por la webcam, olvídate, la cosa esta muy muy mal. Obviamente hay que llegar a un acuerdo, porque si no está claro que el sexo está minando vuestra relación, y llega el día que estás haciendo cosas de las que no te creías capaz y que le reprochas a tus amigos que se dejan hacer.
El sexo tiene ese componente maligno, que a veces consigue que hagamos cosas que sabemos que no debemos hacer y que no queremos, pero que al final consentimos tanto a nosotros mismos como a nuestra pareja. Porque si el amor es dar sin querer recibir nada a cambio, tampoco es convertirse en la Hermana Teresa de Calcuta. Cuando a través del sexo o mediante él tu pareja está consiguiendo que seas un ente sin personalidad, puedes considerar que ya te estás pasando y que es hora de decir que no. Hay que saber dónde están tus propias fronteras y solo cruzarlas cuando sabes que te van a aportar algo bueno, y la desintegración de tus valores propios no suele aportarlo nunca. Si tu pareja te quiere ha de hacerlo como eres sin querer cambiarte. Y menos utilizando el sexo como arma. Porque al final salís perdiendo los dos.
Cuando estas soltero o soltera, la cosa viene por la misma línea. Consiste en no hacer nada de lo que uno pueda arrepentirse después. Mucha gente se deja llevar por la pasión del momento y luego cuando se acaba ese frenesí se están comiendo la cabeza porque desearían no haberlo hecho. Esta vez no está la excusa de que se hace por amor o por alguien, son simplemente que uno se ha dejado llevar y no suele gustar cuando tus instintos básicos toman las riendas de tu vida.
Cuando dejas de dormir, o de comer por mantener relaciones sexuales con desconocidos, o simplemente por estar buscándolas, tanto por Internet como por las zonas de ligoteo que conozcas o a las que acudas, no es buena señal. Si pasas de tu trabajo o de tu familia o tus obligaciones de estudiante por estar en busca del placer físico, la cosa se te está saliendo de las manos. Si no mantienes relaciones y te sientes irascible o de mal humor de forma que no se corresponde con tu personalidad, es una señal de alarma, no dicen que cuando una persona está amargada es porque no ha follado, pues cuando está muy acostumbrada a eso y le falta también es cierto. Digamos que cuando el sexo se convierte en un sustituto del amor, de tu vida y de tu personalidad ya estas para que te metan en un manicomio. Si lo primero que haces por la mañana al levantarte es pensar en con quien vas a hacerlo o donde, ya puedes empezar a preocuparte.
Porque el problema es muy simple, y se ha demostrado científicamente. Al igual que la mayoría de drogas (incluyendo el chocolate) durante el acto sexual nuestro cuerpo libera unas endorfinas que tienen el mismo efecto que los estupefacientes, con el consecuente efecto de mono y de enganche.
El sexo es algo positivo en nuestra vida, con lo que lo podemos pasar muy bien, pero nunca debería ser un problema en nuestras relaciones interpersonales. Por eso es importante estar siempre en contacto con lo que realmente somos a través de personas que nos puedan ayudar a ver la realidad desde fuera de nosotros mismos. En general los amigos son los que tienen esa responsabilidad. Pero no cualquiera, sino los que son de verdad y en los que podemos confiar. Y si no los tenemos siempre está bien plantearse ir a sesiones periódicas con el psicólogo. Lo cual no nos viene del todo mal porque siempre necesitamos ayuda profesional, aunque no estemos locos. Se trata de un simple chequeo médico de nuestro estado de salud mental, como aquellos análisis que nos hacemos cada x tiempo para saber si no estamos enfermos de nada grave.
No olvidemos que si el sexo es una parte importante de nuestra vida y de la relación que tenemos con la persona a la que queremos, no es lo fundamental, hay otras cosas que también nos aportan gran cantidad de emociones y que no debemos dejar de lado.
PARTE 3: Los p*tones.
Por lo visto, podemos estar en pleno siglo XXI, haber hecho progresos en todos los campos de la ciencia, e incluso tener leyes que permitan que personas del mismo sexo puedan casarse. Pero lo que sigue sin cambiar es la visión que tiene la gente del sexo. Por lo visto, la moral judeocristiana sigue siendo tan poderosa como antes en lo referente a los tabúes sexuales.
En un mundo donde se enfrentan constantemente la modernidad con el arcaísmo religioso, ¿Quién tiene la razón? ¿Somos realmente unos p*tones?
Me parece que la respuesta a esa pregunta es indudablemente que sí. Porque hagamos lo que hagamos, desde el día que perdemos la virginidad estamos condenados a convertirnos en cosas sexuales sin cabeza.
Una vez más queda comprobado que el dicho popular “por un perro que maté…” se hace realidad y es más veraz que todo lo que podamos imaginar. En la lucha contra la discriminación sexual, aquellos que no seamos puros y castos tenemos todas las de perder.
Hasta hace poco, pensaba que una persona normal, que haya tenido una serie de parejas estables, luego otras que no, pero con las que haya mantenido relaciones sexuales era lo más común de este mundo. Que los periodos de puritanismo en los que el sexo era sólo un medio de reproducción y no una práctica aparte habían pasado. Que todo aquello de que el cuerpo y la mente deben de estar nutridos y tratados de forma igual, y no de favorecer a la mente por encima del cuerpo, había sido admitido por todos. Pero no es así, todo aquel que haya tenido sexo sin fines procreativos, estando casado y encima con una persona del otro sexo es un putón.
Pero no somos los únicos, porque si nos ponemos a pensar, cualquier persona de más de 35 años lo es, porque para empezar habrá tenido un número considerable de parejas estables, con las que habrá practicado el sexo, luego habrá tenido sus escarceos fuera de la pareja o estando soltero, porque aquí nadie es de piedra. Por lo tanto, el número de relaciones sexuales a lo largo de su vida nos llevan a pensar que realmente aquí no se salva nadie. Ya toca ir a los chavales y chavalas de menos de 18 años, aunque los pobres no tienen mucho que perder ya.
Si eres hombre, se te concede un poco más de margen, pero si eres una mujer entonces vas directa al infierno. Yo tenía una amiga, que estaba soltera, es una chica muy guapa y atractiva y por lo tanto podía tener a casi quien quisiese, y más estando soltera. La verdad es que no tardó ni un mes en ser tachada de puta. Ya no porque cobrase por los favores que daba, ni que se acostase con todo lo que pillase, sino simplemente porque no era una chica difícil y recatada. Entonces empezó a circular su fama de facilona. Y al poco tiempo ya nadie podía impedirse los cotilleos sobre ella.
Lo cierto es que alguno escarceo habrá tenido, y muchas veces serian solo encuentros fortuitos. Pero como decía un amigo nuestro, “estaba confundida y desorientada”. Porque en algo sí que tenía razón. A veces es muy fácil perder el norte y considerar que el sexo es una vía de escape fácil de satisfacer. Pero más que intentar llevar a esa gente perdida a la hoguera, ¿no sería mejor enseñarles el camino correcto?
Con eso no quiero decir que el sexo sea malo y que debamos pasarnos el día metidos en casa haciendo ovillos de lana. Simplemente digo que es muy fácil juzgar a los demás y condenarlos. Es mucho más fácil que intentar ver por qué esa persona se comporta así o si realmente es algo malo lo que está haciendo.
Porque claro, las personas como mi amiga, o en general cualquiera que haya tenido más de dos relaciones sexuales sin pareja, sino sólo por diversión, tiene un veredicto automático emitido por la sociedad. Y siempre es el mismo, en cuanto a la condena es la del ostracismo obligado. En esta sociedad todo el mundo tira la piedra y esconde la mano, pero pocas veces intenta pensar en los motivos de las conductas de los demás.
Cualquiera me dirá que esto es producto de la mente religiosa y que basta con tratar con personas más abiertas, ateas o científicas. Pues me temo que no basta. Conozco personas que se consideran muy progres, que dicen que nunca juzgan y que no creen en la moral católica. Esos son los más peligrosos, porque en el fondo tienen más complejos que los creyentes recalcitrantes. Puede que de cara a la galería vayan de gente maja, pero cuando les das la espalda es cuando aprovechan para clavarte el cuchillo de sus complejos. Su puritanismo es encubierto, lo que hace que bajemos la guardia (y digo bajemos, porque todos somos unos p*tones para ellos), y entonces es cuando aprovechan para sacar a la luz todo lo malo que según ellos tenemos. Y que por supuesto a ellos no se les puede aplicar porque son personas impolutas e intachables de ninguna manera. Por supuesto, todos sabemos que no es así, pero claro, no se puede demostrar lo contrario, así que al final somos siempre culpables y llevados a la hoguera de la denigración.
Cualquier cosa en exceso es mala, o eso dicen, pero es que a veces me da la impresión de que, si los que no tenemos muchos complejos en ese campo, nos drogásemos, fuésemos unos ladrones y matásemos a la gente, no estaríamos tan mal vistos. A veces no es porque seamos fáciles en la cama, sino porque no tenemos problemas en hablar del sexo que directamente somos unos putones. Pero a la gente se le olvida una cosa muy importante, a veces las personas solo hablamos, y no hacemos ni la mitad de lo que decimos, y otras veces no decimos la mitad de lo que hacemos. Tampoco debemos olvidar dos cosas más, una es que muchas veces el ladrón cree que todos son de su condición, y que la mayoría de las veces habla aquel que debería callar.