Mucha gente piensa que cuando tienes pareja la vida es de color de rosa, pero no es así para nada, al contrario, muchas veces es casi peor, porque pierdes ciertas libertades que tenías antes y de las que ya no puedes disfrutar. O simplemente pasa que no estas acostumbrado a vivir en pareja, y a pesar de que lo deseas con todas tus fuerzas lo pasas mal porque te agobia esa nueva situación a la que no consigues terminar de hacerte. Entonces lo que pasa es que ese mal rollo que te supone la ruptura con la vida que tenías antes se la transmites a la otra persona en forma de discusiones que a veces terminan en peleas.
En un mundo en el que nos hacemos cada vez más egoístas y en el que acostumbrarse al otro es cada día más difícil, ¿Por qué cuando encontramos a la persona ideal no conseguimos ser felices? ¿Por qué iniciamos peleas con la pareja? ¿Realmente es la agresividad contenida un buen medidor de la pasión que hay en la pareja?
Dicen que donde hay fuego, hay pasión, y por lo tanto quien se desea se pelea. Si hacemos caso de eso los mejores amantes son aquellos que se la pasan discutiendo, pero eso no siempre es verdad. Esto me recuerda una cosa que decían unas amigas mías cuando éramos críos: los que se pelean se desean y los que no, se morrean.
De hecho, todos recordaremos aquella parejita en el colegio que no hacían más que discutir o insultarse y que al final terminaban admitiendo sentirse atraídos el uno por el otro. De todos es conocido que cuando eres inmaduro, por lo general de niño, luego ya se pasa, aunque algunas personas siguen aun en ese estado, en lugar de cortejar a la persona que deseas, lo que haces es ridiculizarla. La insultas o la tratas mal porque no eres capaz de aceptar o de admitir tus verdaderos sentimientos, porque te avergüenzas tal vez, pero al final lo que haces es todo lo contrario a lo que deberías hacer. Mis amigos siempre dicen que esas personas que te insultan por la calle por tu condición sexual son sospechosos de ser como tú, y que como no lo aceptan pues recurren a la violencia. Pues en las parejas es lo mismo, a veces cuando no aceptas algo lo encubres con el sentimiento opuesto. O por lo menos el que crees que es el opuesto.
Un error que solemos cometer es pensar que el sentimiento opuesto al amor es el odio y por lo tanto si discutimos o peleamos con alguien es porque no queremos a esa persona, pero eso no es cierto. El sentimiento opuesto al amor es la indiferencia. Cuando quieres a alguien o le odias, sientes algo por esa persona, lo que hace te afecta sentimentalmente, para bien o para mal, sin embargo, si no sientes nada, es decir indiferencia, entonces sí que hablamos de algo opuesto. De ahí que sea un error considerar que porque discutimos con alguien no le queremos o no sentimos nada por esa persona. Si fuese así ni siquiera nos molestaríamos en hablar con él o ella.
Hay que tener en cuenta que los hombres, por la testosterona, somos más violentos que las mujeres. Aunque claro que hay algunas mujeres que no conocen la paz si no están pegándole la bronca a alguien. Esa hormona lo que hace es potenciar el deseo sexual y a la vez la violencia, porque por lo visto ambas cosas van juntas. De ahí que muchas veces las discusiones que tenemos con nuestra pareja simplemente vengan de una falta de relaciones sexuales satisfactorias. O en otras ocasiones no sea por la penuria, sino porque no conseguimos estar satisfechos, o bien se trata de una forma de llamar la atención.
Está claro que muchas veces la mayoría de las discusiones se inician por tonterías, y es la propia terquedad de las personas la que hace que degenere en una pelea. Pero, para seguir con ello de las hormonas, diría que lo mejor de las escaramuzas son las reconciliaciones. Cuando las hay, claro está. De lo contrario esa rabia contenida no encuentra salida, sino que se retroalimenta y genera más mal rollo. Una buena manera de liberar la mala leche es haciendo las paces con la pareja de forma pasional. Pero no siempre se puede, porque suele pasar que se nos vaya la mano en la pelea y digamos cosas de las que nos terminamos arrepintiendo porque habrán herido a la otra persona. Por eso recurrir a una discusión para relanzar la pasión no siempre es buena idea.
Algunas personas han sido engañadas tantas veces que no consiguen confiar en la persona que tienen delante cuando a sentimientos se refiere. Desgraciadamente decirle a alguien que le quieres es algo demasiado fácil y muchas veces se dice sin pensarlo realmente. Y cuando has conocido a muchas personas que son capaces de decir cosas que no sienten, al final terminas por desconfiar de todos, aunque algunas personas sean realmente sinceras cuando lo dicen. Entonces hay que encontrar la forma de saber si lo que dicen es cierto o es tan solo una forma educada de pedirte cama. Algunas personas han encontrado que la forma de saber lo que realmente siente la otra es llevarla hasta el límite. Muchas veces para eso provocan disputas entre ellos para que, en el calor de la pelea, la otra persona baje sus defensas emocionales y diga lo que realmente siente. Cuando estamos cabreados con alguien no vamos a fingir que queremos a esa persona, por eso si le decimos que le queremos pero que nos pone de los nervios, estamos siendo sinceros. En esos momentos lo que digamos de positivo será real.
Es una forma de conocer lo que piensan o sienten los demás, como cuando decimos las cosas en broma. Se dice que la mitad de las cosas que decimos de coña lo hacemos con segundas intenciones, es decir que realmente lo pensamos, pero como no nos atrevemos a ser sinceros, recurrimos al camuflaje de lo que deseamos decir bajo forma de broma, entonces podemos decirlo y liberarnos de ello, o ver la reacción de la persona, sin que por ello nos arriesguemos. Es una forma cobarde, pero se ha convertido en una solución muy recurrida hoy en día, y todos la utilizamos tarde o temprano.
Dicen que quien te quiere te hará sufrir, y una forma de sufrimiento es con las discusiones, pero no olvidemos que donde uno no quiere, dos no discuten. Con esto quiero decir que muchas veces conocemos a gente totalmente pacífica y que no se inmuta con nada. Por lo general esas personas no son fáciles de sacar de sus casillas y no habrá forma humana de pelearse con ellas, pero si se les encuentran las cosquillas es probable que no sobrevivamos a la discusión.
Sin embargo, hay otras personas que son mucho más pasionales y por lo tanto es muy fácil conseguir que se enfaden, no porque sean malas personas, sino que son más emocionales. Entonces saltan a la más mínima de cambio. En esos casos debemos recordar que la paciencia es una virtud. Y sobre todo que a veces basta con no seguir con la discusión para que no termine siendo una pelea.
A veces no queremos dar nuestro brazo a torcer porque nos empecinamos en tener la razón, cuando bastaría con dejar que la otra persona ganase por una vez y nos ahorraríamos un montón de malos ratos. Hay que saber perder una batalla para ganar una guerra. No debemos olvidar que una pareja va a tener sus altibajos, pero lo más importante es valorar los momentos felices y olvidarse de los malos porque no sirve de nada vivir amargados. Celebremos más reconciliaciones y recordemos menos peleas.
Septiembre 2005
Disclaimer, si te tratan mal, no hay excusa. Aquí hablo de gente con carácter, pero si lo suyo no es carácter sino mala hostia y maltrato, puerta. La vida es demasiado corta para sufrir, discutir OK, estar todo el día de morros o con miedo no. NADA JUSTIFICA EL MALTRATO.

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