Dicen que cuando te caes de un caballo lo primero que tienes que hacer es volver a subirte a él, porque de lo contrario luego te dará miedo y no volverás a montar. En las relaciones se supone que es algo parecido. Cuando acabas con una no tienes más remedio que volver a pasar por la casilla de salida hasta que empiece el juego de nuevo. Y esta casilla es la de la primera cita. Para los fieles seguidores este artículo les va a sonar a refrito, pero no lo es, no quiero hablar de los tipos de citas que podemos tener cuando volvemos al redil, sino del volver a empezar, del meterse de nuevo en el mercado y del comienzo de algo nuevo (o no).
En un mundo en el que todo se hace a velocidades casi lumínicas la gente le quita la importancia a las pequeñas cosas de la vida como son las citas. Si pensamos que el fin último de un primer encuentro es llegar a la cama, como suele pasar con mucha de la gente que he conocido, ¿dónde nos hemos dejado el romanticismo y la ilusión? ¿Cuándo podemos decir que la cita ha salido mal? ¿Hace realmente falta pasar por el aro y quedar? ¿Podemos sobrevivir a 50 malas citas para llegar a la que será la buena?
Muchas veces comparo las relaciones románticas con el trabajo. Porque por mucho que la gente no lo diga, necesitamos de ambos ámbitos para poder sobrevivir de forma digna en este mundo. Si bien, algunas personas no necesitan lo primero, porque su economía se sostiene de forma independiente ya sea por herencias, mantenimientos o por loterías, la gran mayoría de los seres humanos, que queremos estar emancipados, necesitamos trabajar para ganarnos el jornal, sea en el trabajo que sea. En las relaciones podéis conocer a mucha gente que considera que no necesita de una pareja para ser feliz, lo cual sería lo ideal, poder serlo sin necesidad de una segunda persona. Pero si nos fijamos bien en esas personas, si realmente consiguen la felicidad no es de forma independiente, sino a través de la familia o de los amigos. Pero si les aislásemos de toda relación social, serían unos desgraciados. Por lo tanto, excepto algún caso excepcional, todos necesitamos el dinero y el amor para poder aspirar a la felicidad.
Así pues, habiendo establecido estos paralelismos quiero proceder al resto de la explicación. Cuando sales del mundo de los estudios y quieres integrarte en la sociedad tienes que buscar un trabajo. Y para ello elaboras un manifiesto con los conocimientos que tienes y aquellas facultades que pueden interesar a la hora de que te contraten en algún puesto de trabajo. Tú presentas el currículo y esperas a que te llamen a darte la buena o la mala noticia. Por lo general hay que llamar a muchas puertas antes de que te abran una de ellas. Hay que mandar un montón de cartas de presentación y hacer decenas de entrevistas hasta que un día suena la campana y te conceden un puesto de trabajo. Y todo ese esfuerzo algunas veces parece en vano o es muy desalentador. No conseguir llegar a la meta que queremos puede desanimarnos mucho.
Pues en el amor es más o menos lo mismo. O al menos nos lo podemos tomar de la misma manera. Hay que insistir.
Si bien la imagen de la caída del caballo es válida en parte, debemos por ello hacer unas reservas. Cuando te caes del animal y te rompes algún hueso, queda claro que no puedes pretender subirte a él de nuevo hasta que no te hayas cicatrizado y repuesto del todo, porque de lo contrario podría ser peor el remedio que la enfermedad. Pues bien, en las relaciones es lo mismo, antes de volver a salir al mercado tenemos que habernos curado las heridas, porque si no lo hacemos podemos hacernos más daño o bien herir a las personas que nos rodean. Este periodo de rehabilitación del que ya he hablado anteriormente en otros artículos, es relativo según la persona y la ocasión, así que no puedo daros la duración de ese tiempo de descanso y reposo. Pero llega a su final tarde o temprano y tenemos que volver a enfrentarnos a la vida.
Mi amigo C. me decía, cuando estaba buscando trabajo, que estaba haciendo lo correcto. En esa época me la pasaba mandando solicitudes, enviando correos y acudiendo a entrevistas de trabajo, y a pesar de que en la mayoría me descartaban nada más entrar, al final tuve suerte y ahora estoy en el trabajo escribiendo esto. Así que la suerte tiene que cambiar al final. Según mi amigo C. ahora estoy también haciendo lo correcto. Muchas veces me digo que es un rollo tener que quedar con gente y pasar por el trauma de una cita fallida una y otra vez. Pero tiene razón, porque no siempre sale mal del todo, y aunque a veces no saga nada serio de ahí, al menos conoces gente que puede aportarte cosas nuevas o que por lo menos puede hacer que vuelvas a creer que hay alguien que vale la pena ahí fuera. Y eso ya es algo.
Por lo tanto, mi consejo en este punto es que cuando ya nos han quitado las escayolas, los vendajes y la silla de ruedas hay que lanzarse y coger el toro por los cuernos. Aunque bueno, la estadística está para desanimarnos. Y lo digo por experiencia propia.
La primera cita que tuve, después de haber terminad con mi amigo C. no salió nada bien, por mucho que la otra persona crea que sí. Si bien como conversación estuvo bien, me encontré con una persona demasiado complicada a nivel personal y social. Para empezar si estas en una cita con alguien que no para de decir que todo lo que le rodea le molesta, que está harto de la gente, de la ciudad y que lo único que desea es irse de aquí, pues la lleva clara. Yo no pido que me juren amor eterno a la primera de cambio. Pero que me lo pongan como algo imposible tampoco. Si quedo con alguien que me dice que se quiere ir a vivir fuera, pues como que pierdo el interés al instante.
Como cita en sí fue un clásico. Nos conocimos en la playa, paseando al perro, hablamos, discutimos, y hubo lo que se dice buen rollo. Insistió en quedar enseguida en su casa, pero por una vez me tomé las cosas con calma y quedamos para ir a cenar por la noche, así de paso de daba tiempo de arreglarme y todo eso para poder estar presentable. Luego le invité a cenar a un restaurante, todo en plan caballeroso, y al final fuimos a su casa a ver la televisión. Ahí fue cuando la cosa pasó de una cita ideal a la anti – cita. Si bien al principio parecía que la cosa iba bien, cuando me pidió que me quedase a dormir y me negué se puso en plan borde conmigo. No termino de entender por qué algunas personas reaccionan de esa forma cuando les rechazas algo, porque no fue cuestión de sexo, según me dijo, sino que si no me iba a quedar a dormir no tendría que haberle dado esa esperanza. Vale tiene razón, pero yo no podía saber que me iba a costar tanto dormir en casa ajena. Por eso, a lo mejor, es importante saber cuándo estamos curados del todo antes de citar de nuevo, pero aun así la reacción me pareció algo exagerada. Así que mi consejo es: si ya estáis preparados para quedar, no se os olvide que una de las cosas que se exige es que te quedes a dormir.
La segunda cita fue más reciente, y tampoco salió del todo mal, pero no fue de las mejores que he tenido. Si bien la primera fue bastante clásica, esta también lo fue, pero toda al revés. Para empezar el orden de los factores puede que no altere el producto, pero por algo ha sido elaborado de esa manera. Quedamos y nos fuimos directamente a su casa, después de tomarnos una Coca Cola nos fuimos a la cama. Y el error que se suele cometer en esos casos, es que todo el mundo se pone nervioso. Si no conoces a la persona no sabes lo que le va a gustar y lo que no, por lo que vas a tientas y muchas veces metes la pata, y al final pasa lo que pasa, que el polvo sale fatal (y más cuando la otra persona está medio resfriada y le empieza a gotear la nariz en mitad del polvo). Total, que es cuando te dices que eso de no hacerlo en la primera cita no viene tan desencaminado porque cuando lo haces suele salir mal. Luego nos fuimos a cenar, en este caso fui invitado ya que yo fui el que realizó el desplazamiento hasta Murcia, y luego salimos de marcha. Vamos, que el orden natural de los eventos no suele ser ese. En este caso esta persona me había dejado claro desde el principio que sólo quería algo sin compromiso, que lo serio no le interesa. Bueno, a pesar de que a mí sí, en esta ocasión no me hacía muchas ilusiones, pero al final volví a mi casa con un calentón tremendo y casi peor que cuando salí de ella.
Y al final, siempre hay alguna cita que salva a las demás. En este caso a la tercera va la vencida. No quiero decir que sea definitiva ni nada de eso, pero sí que al menos esa vez las cosas no salieron mal. Y si no que se lo pregunten a mis compañeros del trabajo, que hoy he estado de buen humor todo el día.
No puedo decir cuál es el secreto. Porque ha sido una cita bastante convencional y larga. Estuvimos hablando durante casi 4 horas, paseo por la playa, visita del apartamento, intercambio de gustos musicales, con muchas afinidades, y al final algo de cama. Creo que cuando encuentras una persona con la que no tienes muchas diferencias de opinión (no como en la primera cita) ya es buena señal. A mí me gustaron dos cosas que dijo en particular, porque fue cuando me sentí totalmente identificado con él y eso es lo que creo que ha sido la razón por la que haya salido bien. Luego el tema de la cama es exitoso cuando coincides con una persona a la que le gusta que los demás se lo pasen bien. Porque los egoístas en la cama son lo peor que te puedas encontrar. Así que al final el balance es positivo. Lo malo es lo que vendrá a continuación, porque lo negativo siempre se puede mejorar, pero ¿y lo bueno? Ahí es cuando vuelves a casa contento, pero no es donde acaba la historia. Si bien puedes pensar que la suerte no se ceba contigo, no hay que bajar la guardia, porque es en ese momento cuando las cosas fallan y te quedas en bragas. Pero no hay que ser negativos, debemos mirar el momento y disfrutar de él y lo que venga ya nos preocupara cuando llegue, porque toda preocupación con anticipación es doble. De nada sirve comerse la cabeza antes del problema porque cuando lo tengamos lo tendremos que hacer igual. Si las cosas salen bien, perfecto, pero si al final, después de una cita genial, tienes que seguir citando, sabes que estás más cerca de la meta, y como dicen, mientras hay vida hay esperanza. No debemos perder la ilusión ni la fe de que vamos a conseguir lo que queremos.
Puedes ver el anterior post sobre este tema en 50 Primeras Citas.