Hay veces en la vida que por circunstancias de la misma llegas a un punto en el que tienes que volver a pasar por la casilla de salida, como aquel que le pulsa el reset a la video consola, porque ya está harto de perder siempre. En esos momentos es cuando nos planteamos qué es lo que hacemos mal y podemos decidir cambiar todo lo que consideramos que no hacemos bien o al menos lo que sabemos que no funciona. Es un momento de cambios radicales y profundos, si lo deseamos así, o bien simplemente un paso más en la vida, y las cosas seguirán siendo las mismas.
En un mundo en el que la vida da tantas vueltas que se parece más a una noria que a un río tranquilo, ¿Cómo podemos adaptarnos a los nuevos cambios? ¿Somos capaces de cambiar todo lo que no funciona? ¿Sabemos reconocer nuestros errores y no volver a cometerlos? ¿Cómo podemos cambiar?
Lo importante en un momento de posible transición es haberse dado cuenta de qué es lo que falla, porque obviamente si no queremos cambiar o no sabemos qué debemos modificar de nosotros mismos, no podremos hacer nada diferente. Después de la conciencia viene la voluntad de cambio y lo que estamos dispuestos a sacrificar.
Por lo general cuando acabamos de salir de una relación, lo que queremos es no volver a caer en lo mismo, y sobre todo no volver a sufrir. Por eso es importante saber, lo que hemos hecho por nuestra parte para que la cosa no funcione. Y si no es nuestra culpa, saber qué ha hecho la otra persona y por qué para así evitar caer en conductas similares en próximas ocasiones. Ya que no debemos olvidar que por muy quemados que estemos, siempre encontraremos a alguien que nos haga tilín, por mucho que no queramos, y por muy reacios que estemos. Es una de las curiosidades de la vida, que cuando menos lo deseas te llega algo nuevo y es cuando debes decidir lo que hacer.
Por un lado, puedes quedarte conforme estabas, ser cobarde y no arriesgar nada. Así estás seguro de que no te harán daño, porque no podrán ni acercarse a ti. Te evitas todos los problemas, pero también todo lo bueno que pueda llegar. Es una opción como cualquiera, es como cuando te encuentras un billete en el suelo, puedes agacharte a cogerlo, arriesgando un pequeño dolor de espalda, y luego poder gastártelo y al final sentirte mal porque lo has perdido, o bien no hacer nada, pasar al lado de él y evitarte esas molestias. Es tu decisión.
Por otro lado, puedes hacer borrón y cuenta nueva, y decidir arriesgarte, pero no de la forma que lo has venido haciendo hasta ahora. Puedes pensar en los errores que has cometido y no querer volver a pasar por ahí, por lo que serás más cauto en esta nueva oportunidad. Te tomas las cosas con más calma, y cambias todo aquello que es susceptible de llevarte a los resultados anteriores, aun sabiendo que no hay garantías en este mundo, pero poniendo buena voluntad de que todo saldrá bien esta vez. Y si no sale bien, al menos sabes que lo has intentado.
La realidad es que todos los días pasan trenes por nuestra parada, y que sólo depende de nosotros que queramos cogerlos o no, puede que el que cojamos no sea el más apropiado, porque tiene más paradas, o porque está lleno de gente, o bien porque nos hará llegar tarde, pero llegaremos. De ahí que tampoco haya que tirarse al primero que pase, pero si hay que tener esperanza de que las cosas cambiarán y de que nosotros somos los responsables de que las cosas que nos suceden sean buenas o malas. Somos los que decidimos si esperamos o cogemos el bus que hay en la parada. Si vamos a pie o en coche. Y todo lo que hagamos llevará sus consecuencias.
Por eso mucha gente se pregunta cómo hay que cambiar las cosas. Yo lo que creo es que el más mínimo cambio, a largo plazo es capaz de hacer que el resultado final sea diferente. Puesto que vivimos en un sistema cuyos elementos están relacionados entre sí, basta con que modifiquemos un solo elemento para que el sistema se vea modificado. A veces es simplemente una cuestión de actitud, otras un cambio de look. La cuestión es que cuando hay voluntad para que las cosas sean diferentes, lo serán cuando hayamos hecho lo que debemos hacer.
En mi caso ha sido algo más que una modificación leve, yo he decidido que, puesto que me lo pedían en el trabajo, iba a cambiar de look y me iba a cortar el pelo, que llevaba dejándome largo desde hace 4 años casi. Para muchos no significará nada, pero para mí es como haber cambiado de armario entero. Si bien algunas personas es lo que hacen, tiran toda su ropa y se van de compras, otras cambian de coche, de color o de corte de pelo. El cambio irá en función de la importancia que cada uno le dé.
Volviendo a mi experiencia, ha sido cortarme el pelo, y al contrario que Sansón, he recuperado mis fuerzas. He encontrado un trabajo que me gusta, he conocido gente nueva que me resulta interesante y con la que puede haber un algo. Un simple acto ha hecho que el rumbo de las cosas haya cambiado. Pero con eso no quiero decir que todo vaya ir a mejor. Siempre pueden tirarme de la empresa, con lo cual volvería a la casilla paro, pero ya no con los mismos problemas que antes, porque ya los entrevistadores no podrán rechazarme por llevar el pelo largo y por lo tanto se me abre un nuevo mundo de posibilidades laborales. O bien esta gente nueva que he conocido puede ser la misma de siempre y ser unos gilipollas, pero eso no es mi problema, porque los que saldrán perdiendo son ellos.
En mi caso, digamos que el cambio más importante no es el externo sino el interno, por eso quiero transmitir lo que he aprendido en esta experiencia. Ya sé que eso no sirve de nada porque nadie vive lo mismo o de la misma intensidad que su vecino, pero algo es algo, y siempre sirve saber que no estamos solos en el universo, pasándolo mal porque nuestra pareja nos ha dejado, o porque hemos dejado a alguien o porque hemos perdido a quien queríamos.
Tengo un amigo al que todo lo iba mal. Que perdió la forma física hace años y que se dejó llevar por la melancolía, cuando me mandaba fotos de cómo era apenas reconocía a esa persona con la que había pasado mi infancia. Se dejo hundir en la miseria emocional y física, y al final se quedó sin amigos, en el paro y hecho una foca. Un día, harto de que las cosas le fuesen mal, y de no conseguir cambiar nada, decidió pedir ayuda. Llamó a sus padres y les preguntó si podía irse a vivir con ellos porque no se sentía bien. El caso es que ellos le consiguieron un trabajo, que no es gran cosa, pero en el que está muy contento, se puso a tomar el sol, ya que antes no salía a la calle por miedo de que le viese la gente, y se puso a hacer deporte al igual que a cuidarse la alimentación. Ahora es otra persona, es mi amigo de la infancia de nuevo.
Su cambio es mucho más complicado porque tuvo que modificar muchas más cosas, pero creo que lo más difícil que tuvo que hacer fue admitir que necesitaba ayuda y llamar a sus padres. A partir de ahí las cosas cambiaron. En su caso había mucho que modificar, pero todo ello tuvo un punto de partida que fue el empuje o la voluntad a que las cosas no siguieran siendo iguales.
El éxito solo está asegurado si realmente te tomas las cosas en serio. Este amigo del que hablo me dijo que se había metido en dietas un millón de veces, y en lugar de perder peso lo ganaba. Le dije que buscase cualquier trabajo para empezar, pero lo único que hacía eso era deprimirle aún más porque aquello en lo que trabajaba no le motivaba en absoluto. Ahora pienso que lo que le pasaba es que perdió su conexión con su familia, y eso era lo que tenía que cambiar para que las cosas le fuesen mejor. Una vez que encontró el fallo, las cosas le fueron mejor.
A veces basta simplemente con pararse delante del espejo y decirse que a partir de hoy una nueva vida nos espera, otras es algo mucho más complicado y que requiere más dedicación. Por la mañana podemos decirnos que un nuevo día empieza y que solamente depende de nosotros mismos que sea un fracaso como los anteriores o bien un día de éxito, lo cual ya es un comienzo. No tenemos ninguna garantía de que las cosas irán mucho mejor, de que seremos ricos y encontraremos nuestra media naranja, pero la voluntad de que las cosas sean así es lo único que no debemos perder, por muchos palos que nos hayan dado.
Eso es algo en lo que mi última pareja hacía mucho hincapié y en lo que tenía razón “hay que dejar el pasado atrás y vivir un presente de cara al futuro, olvidándonos del dolor porque su recuerdo no hace más que atarnos a algo que no podemos modificar”. Puede que en otras cosas no tuviese la razón, o que se haya comportado de manera errónea en otros ámbitos, pero en ese punto en particular sí que estaba en lo cierto.