Aquí No Hay Quién Viva

Hasta que me fui a vivir a Francia no me había dado cuenta de la particularidad que tenemos los españoles a la hora de convivir en sociedad. Sobretodo en bloques de apartamentos. Es algo que mucha gente da por asumido o por natural, pero no es así. Si viajas mínimamente por nuestros países vecinos verás que son distintos.

En un mundo donde te venden que 6 chicos en la veintena pueden vivir en Nueva York en apartamentos de renta controlada, que las mujeres que viven en los suburbios están desesperadas, o que tienes que vivir de alquiler porque te has gastado el dinero de tu columna de sexo en zapatos, ¿como hemos seguido siendo tan distintos? ¿Es cierto eso de que Spain is different?

Yo diría que sí. Y he vivido en otros lugares del mundo. Y somos realmente especiales a la hora de convivir en sociedad. Una de las cosas que me resultaron curiosas de vivir en Francia, es que los vecinos pasan de ti. Es decir, te saludan y tal pero sin más. Ni se presentan, ni te hacen un regalo de bienvenida ni nada. Incluso muchas veces ni saben quien eres ni que existes.

Un día, una de mis clientas tuvo que cancelar su clase, porque tenía a los bomberos en el piso de arriba recuperando un cadáver. Esta es la historia. Resulta que esto era casi en verano. Ya se podía estar con las ventanas abiertas durante el día. Total que esta señora llevaba un par de días que olía raro su apartamento. Como a podrido. Pero no encontraba de donde provenía el hedor. Y, aunque a veces mermaba, se hacía csa vez más intenso. Luego empezó a ver unas manchas en el techo. Como de humedad, pero leves. Hasta que fueron haciéndose casa vez más grandes a la vez que aumentaba el pestazo. Un día se desprendió parte del plafond y empezaron a caer gusanos en su casa. Resulta que la vecina de arriba se había muerto, sin que nadie se diera cuenta y estaba medio putrefacta. Los vecinos no la echaron en falta y si no es porque pudre el suelo y se cae abajo, estaría ya momificada.

Estas cosas aquí no pasan. En parte que seamos tan cotillas y tan metidos es algo positivo. Evita ese tipo de desgracias. Aunque no siempre está bien tener vecinos que se la pasan cotilleando a tus espaldas, o fijándose en quien entra o sale de tu casa. No hay intimidad. Tienes que elegir entre eso y la seguridad.

Cuando vivíamos en Chambéry, Rubén se hizo amigo de un español que estaba allí por trabajo, y tenía alquilado un apartamento en el edificio de enfrente. Un chico de Valencia. Pues como eran muy amigos. El chaval se presentaba en casa cuando le daba la gana. Era divertido casi siempre, que de repente sonaba al timbre y era él. A veces no lo era y queríamos intimidad o simplemente estar solos. Porque se venía y como no tenía trabajo en esa época, se tiraba todo el día con nosotros. No veo a ningún francés que hiciera algo así.

En Annecy, vivía en un apartamento con 8 vecinos en total. Sólo me hablaba la de al lado. Y un día me dijo que me había oído toser y estornudar mucho, por lo que si estaba enfermo que ella podía bajar a pasear a mi perra Phoebe. Que entendía que si estaba mal no era plan. Se lo agradecí muchísimo. Fue una de las pocas que se portaban bien. O digamos que se manifestaban. Los demás como si no hubiesen existido.

En casa de mis padres, estuve viviendo solo muchos años. En verano se llenaba de gente pero en invierno no había casi nadie. Es lo que tiene vivir en las zonas turísticas de costa. Y lo mismo me pasa donde vivo ahora. Si son vecinos de temporada no suelen ser molestos. Ellos van a lo que van. Vienen por dos semanas en las que quieren disfrutar de la piscina y la playa. Y eso da igual de donde vengan, guiris o españoles, ellos quieren desconectar. Lo único que cambia son los horarios en los que se les oye o ve.

En mi caso tengo 7 vecinos en lo que es mi «bloque». 3 viven todo el año y los demás son extranjeros que vienen de vacaciones. De los 3 locales, los de detrás no los conozco. La pareja de abajo llevan aquí desde antes que yo, y solo les oigo discutir entre ellos. Cuando están malos porque tienen resaca o cuando pelean con Echo porque no pone la música que quieren. Los de al lado se mudaron hace poco y reformaron toda la casa, y el solárium. Lo que me molesta es que tienen la manía de ocupar los sitios de los coches con las motos. Y en invierno tiene un pase, pero en verano es un horror. Por lo demás no suelen ser muy molestos. Excepto cuando dan portazos a las 7am al irse a trabajar.

Lo de los ruidos es algo que se aprende cuando vives en apartamentos. Ya que la gran mayoría están insonorizados como el culo. Y lo oyes todo. Si discuten al lado. O si hacen cositas arriba. O si el de abajo ronca al dormir. A no ser que tengas la suerte de mi madre que está medio sorda y no oye demasiado la tele de la vecina que está como una tapia. Si tienes la suerte de vivir como Trevor, no tienes ese problema. Sus vecinos están al otro lado de la rambla por lo que solo se oyen las gallinas de vez en cuando y los perros ladrando.

Durante el primer confinamiento fue cuando más agradecí estar viviendo en España. Primero porque en el apartamento de 25m de Annecy me habría terminado tirando por la ventana. En la casa de la Basura pues alguien habría acabado como comida para la gallinas. Aquí al menos pude salir al solárium y ver el mar y las montañas a lo lejos. Usar todas las habitaciones y cotillear a los vecinos. Porque como las paredes son de papel de fumar se oye todo. Los de al lado sí. Los de abajo nunca. Debe de ser por eso de que el sonido sube en diagonal. Pero pensaba que iba a ser peor de lo que fue. Johnnie me dijo de confinarnos juntos si había un segundo y así no aburrirnos. Pero creo que me habría terminado por matar. Menos mal que no hubo.

Vivir en una comunidad de vecinos no es tarea fácil. No llega a ser como en las ficciones televisivas que todos conocéis, pero se le acerca mucho. Mi amigo Johnnie no lo sabía, y cuando tuve que acompañarle a una junta de vecinos flipó. Claro, era el primer año que estaba en España para la reunión de propietarios, y me pidió que fuese con él por si acaso no se enteraba de algo. Yo ya sabía de qué pie cojean por lo que me partía de risa al ver sus caras. Porque en las que él había ido, suelen ser vecinos ingleses y españoles. Pero aquí eran sólo locales. Por lo que estaban más en su salsa.

Recuerdo que cuando éramos pequeños, las juntas en la urbanización de casa de mis padres eran todo un evento. Duraban horas y horas, se peleaban todos, siempre se quejaban de todo y al final no hacían nada. Nosotros lo veíamos desde lejos y nos hacía gracia ver como se tiraban de los pelos. Luego cuando nos hicimos mayores a algunos nos tocó participar y ya no era tan divertido. Nadie deja hablar, todos quieren tener la razón, nadie escucha a los demás, todos quieren que les hagan caso. Es un show.

Somos diferentes, sí, y algo debemos de tener, aparte del sol y playa, para que media Europa y aledaños se peleen por venir a vivir aquí. En mi caso lo tengo claro. He vivido en los Alpes y volver a casa en España fue la mejor decisión que pude tomar, pero me doy cuenta por la gente que me rodea que muchos piensan así.

Diciembre 2021

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