He querido coger como título el del relato de amor por excelencia para narrar lo que puede que sea una historia reveladora de lo que el verdadero amor es. Obviamente no tengo intención emular al gran Shakespeare o a los autores que le han precedido o seguido con sus relatos de amores prohibidos o imposibles. Porque en el fondo simplemente estaban retratando una realidad como un templo: el amor tiene dos caras y no siempre queremos la cara fatal de él.

En pleno siglo XXI, cuando pensamos que lo hemos superado todo a nivel moral, que las grandes historias de amor ya no van teñidas de dolor y de desesperación, cuando creemos que las mentalidades de la gente están por encima de los prejuicios y las prohibiciones de siglos anteriores, aun podemos encontrar mentalidades aferradas a un pasado ya perdido que intentan revivir cueste lo que cueste, aun a riesgo de perder a sus propios seres queridos destrozados por prohibiciones que ni ellos mismos entienden. En un mundo de Facebook, de MSN y de WhatsApp ¿aún quedan amores imposibles o prohibidos? Pero lo más importante, después de tanto ver y vivir, ¿podemos seguir creyendo en el “y vivieron felices por siempre jamás” sin el segundo acto en el que todo se tiñe de fatalidad?
Si repasamos la literatura y por consiguiente el cine que se nutre de ella, no hay una sola obra, película, canción que no trate de amores imposibles, prohibidos o donde los protagonistas tienen que luchar para poder estar juntos, a través de engaños, estratagemas y mentiras varias. Yo diría que hay dos tipos de relatos de amor épico. Los que acaban bien y los que acaban bien, pero de forma trágica.
Estos últimos son sobre todo los que nos llevan más atrás en el tiempo. Los de maestros de la literatura que han intentado plasmar esos amores que tienen que luchar por verse, hasta que llega el desenlace fatal que los unirá para siempre. Estos relatos acaban con la muerte de los personajes como único final posible para su historia. Es el caso de Romeo y Julieta, cuya historia conocemos todos, cuyos padres prohibían la relación por razones que ambos desconocen. Pero el amor es más fuerte que las políticas familiares y ellos intentan cueste lo que cueste sobrellevar dicha relación. Hasta sus últimas consecuencias. Al final como la política, las buenas costumbres o las mentalidades de los padres parece que son insuperables, no queda más que una solución posible para eludirlas y poder ser felices: el engaño final que acaba con la muerte de ambos amantes. Y todo por un error logístico. Porque el mensaje de Julieta no llega a tiempo a su amado, porque él no soporta la vida sin su amor, y justo en el último segundo acaba con su vida pensando que serán reunidos en el más allá.
Relatos como este hay de todas las clases, y todos tienen un mismo final: la muerte es la única solución para unos amantes que no pueden superar las adversidades de un mundo que no comprende un amor épico como el que ellos sienten. Desde el primer momento en el que sus ojos se cruzaron sellaron el fatal desenlace de una relación abocada a la tragedia. Pero no porque no estuviesen seguros de sus propios sentimientos, sino porque las circunstancias no eran propicias ni lo serian nunca para que ellos pudiesen sobrevivir a ellas.
Una historia que me gusta mucho y relata algo parecido es la adaptación cinematográfica de la obra maestra de Bram Stocker: Drácula. Si bien la novela deja de lado el lado romántico de la historia. La adaptación se centra en ella para darle un toque humano al monstruo. El conde pierde a su amor eterno a manos de un engaño por parte de sus enemigos, su esposa creyendo que su marido a muerto a manos de los turcos, encuentra el descanso tirándose de la torre más alta pensando que el suicidio la unirá con su amado. Pero lo que no sabe es que la religión se interpone y no podrá reencontrarse con él al haber cometido un pecado mortal. Al enterarse que su amada se ha quitado la vida por amor, pero que aun habiendo defendido sus creencias por encima de las advertencias de ella de que no volverían a verse por un mal presagio, el conde decide dejar de servir a la Cruz y vengarse de ella gracias a los poderes de las tinieblas. Y esto hasta que el destino les vuelva a unir. Y como buena historia épica, el amor es más fuerte que la muerte, y después de siglos de espera y desesperación, tragedia y maldad, consigue reunirse con ella, consigue recuperar su bondad perdida y termina por dejarla, libres ya del castigo divino que les fue impuesto.
No todas las historias tienen que acabar en un desenlace fatal, porque después de todo no queremos tener que pensar que el “vivieron felices” se refiere a que “no vivieron”. Aunque el poder del amor sea tan grande que supere los umbrales de la muerte y sea capaz de reunir a los amantes por una eternidad de felicidad lejos de un mundo que no entiende de un sentimiento tan potente.
Hay dos versiones de la siguiente historia, la original y la adaptación que hizo Disney a fin de que no acabase de manera trágica. Me refiero a la Sirenita. La historia habla de dos mundos que no se pueden mezclar, de dos personas que se enamoran sin saber que provienen de universos tan distintos que no les es posible unirse. Al menos por parte del príncipe, que no es consciente de que su amada es una sirena. Ella por el contrario sabe muy bien que esa relación supone infringir casi todas las leyes de su mundo, enfrentarse a su padre y elaborar planes que incluyen vender su bien más preciado a los poderes del mal. Y ese precio lo paga sin titubeos porque el amor que siente es más fuerte que todo ello.
En la primera versión, la pena por no conseguir lo que desea sería la muerte (en la otra es ser esclava del mal), y como toda buena historia, tiene un tiempo límite para ello. Pero las fuerzas del mal se inmiscuyen entre los amantes y acaban triunfando, engañando al príncipe que termina sin saber que la chica que tiene a su lado es su gran amor. Solo se da cuenta cuando ya es demasiado tarde y ella ha perdido su vida.
En la segunda versión, a pesar de que el mal intenta meter la mano donde no debe, el amor es más fuerte que todo ello y acaba por triunfar. Aunque ello suponga separarles y devolver a cada uno a su mundo, al menos por un periodo en el que el padre de ella reconoce que no puede anteponer las reglas de su mundo ante la felicidad de su hija. Al final acaba por concederles su visto bueno a los dos enamorados. Pero no sin que antes hayan tenido que superar los obstáculos que la vida les ha puesto.
Historias de la cultura más cercana cuentan lo mismo. Siempre en un gran amor, aunque los dos protagonistas lo tengan muy claro, sepan que sus sentimientos son puros y auténticos, van a tener que luchar contra los poderes que les impedirán su unión. Estos poderes pueden ser la sociedad, los padres, la política, la religión, etc. Siempre hay algo que se interpone en el camino de la felicidad. Porque lo difícil ya no es dar con esa persona especial. Lo difícil es poder estar con ella.
Una serie que relata parte de esa búsqueda del amor verdadero es Embrujadas, que aunque teñida de lo sobrenatural, en el fondo trata el tema principal de las relaciones. La primera historia y que más se asemeja a un amor épico es la de la hermana mediana con su guía blanco. Un amor prohibido en toda regla que tendrán que ocultar, tendrán que vencer los prejuicios de los que establecen las leyes y una vez que hayan conseguido superar todas las pruebas que les hayan impuesto que demuestren que su amor es más fuerte que todo ello, es cuando encontraran un final feliz a su relación. Han de aguantar prohibiciones, buscar maneras engañosas de estar juntos e incluso rebelarse contra los poderes que rigen el mundo para poder mantenerse unidos. Pero al final la fuerza de su amor termina triunfando sobre todo ello. Lo cual no implica que la historia acabe ahí, sino todo lo contrario, juntos han de seguir luchando por mantener la llama viva.
Hasta ahora creía que esas historias eran solo cuentos que nos llevan a pensar que el amor triunfa por encima del mal y de la muerte. Que lo complicado en este mundo es encontrar a tu media naranja y que una vez que lo haces ya todo va rodado. Pero no es así. A pesar de que uno haya tenido que pasar por historias trágicas, por engaños, por epopeyas para llegar hasta la persona destinada para uno, siempre hay una parte de la historia que tiene que relatar los esfuerzos que los amantes tienen que hacer por mantenerse unidos, los obstáculos que tienen que superar, esta vez unidos, para conservar dicha unión.
La primera parte de la historia relata todo aquello que uno tiene que pasar para conseguir llegar hasta el ser querido, todos los amores falsos o los desengaños que van a forjar la personalidad del protagonista. Y una vez que acaba ese primer acto interminable, cuando conoces al gran amor, cuando miras por primera vez a sus ojos y sabes que la búsqueda ha terminado, empieza el entreacto. Un periodo relativamente corto en el que todos descansan, reponen fuerzas para seguir luchando. Pero esta vez no están solos. Se tienen el uno al otro.
El segundo acto es sobre los obstáculos que ambos tienen que superar si es que realmente están destinados a estar juntos. Y justamente, al ser dos no son tan sencillos como en la primera parte, aquí es donde tienen que demostrar que su amor es más fuerte que todo lo demás, donde pase lo que pase han de mantenerse unidos y triunfar sobre todo lo que les viene encima, que intentara separarles porque no puede haber una historia de amor verdadero sin una batalla que acabe en un desenlace feliz, sea cual sea.
Al final no se trata de encontrar el amor, esa es la primera parte, la relativamente fácil, se trata de mantenerlo, de luchar por él. Porque el desenlace de esta historia, si queremos que sea digna de un amor épico, tiene una moraleja y es que el amor tiene que ser más fuerte que todo lo demás. El amor sobrevive a la tumba y a la eternidad. Es el motor del mundo y el bien más preciado que tenemos, y como tal merece la pena luchar por él porque al final siempre sale triunfando.
Enero 2012
