I Loved You So…

Como dice Madonna en una canción de 1998, que los que son fans reconocerán enseguida, y los que no probablemente pasen de saber cuál es: “Tu corazón no está abierto por lo que me tengo que ir (…)no queda nada más que intentar, no queda ningún sitio donde esconderse(…) no queda nada más que perder, no queda más corazón que retorcer (…)”; hay veces en una relación que has llegado al punto en el que no se puede ya ir para adelante. Cuando llegamos al punto sin retorno muchas veces no tenemos más remedio que tener la fuerza de decir adiós. Tenemos que ser valientes y arriesgarnos al cambio, a la libertad y a la soledad, ya que de lo contrario la relación terminaría por destruirnos a los dos.

Cuando estamos en el borde de ese precipicio nos preguntamos muchas cosas. ¿Vale la pena saltar y arriesgarlo todo por un futuro mejor pero incierto? ¿Es verdad que es mejor malo conocido que bueno por conocer? ¿Le quiero lo suficiente para dejarle libre?

La semana pasada me hice un mini-maratón de Embrujadas, de la temporada III a la IV.  La verdad es que en momentos chungos, cualquier cosa sirve como señal de lo que nos está pasando. Al igual que en la serie, Phoebe y Cole eran una pareja que provenían cada uno de un mundo, ambos mundos opuestos, mi pareja y yo teníamos los nuestros que eran imposibles de mezclar. Y cuando quieres a alguien de tal manera, no puedes pedirle que abandone su vida por ti, y por lo tanto es mejor dejarle ir antes que de destrozar su vida, y luego la tuya. Y si no fijaos que en Embrujadas, al final, de tanto que los intentaron, con eso de que por amor todo es posible, al final Phoebe y sus hermanas tienen que optar por cagárselo a punta de pociones destructoras. Y no quiero llegar a ese punto 😉

Sin embargo, a pesar de ser por un bien mejor, siempre es algo muy difícil de hacer. Y por mucho que hayamos vivido, decir adiós, aunque se trate simplemente de un “hasta luego”, sigue siendo muy doloroso. Pero de eso se trata, de evolucionar y hacernos más fuertes. Justamente por eso algunas relaciones tocan a su final, porque no pueden seguir adelante. Porque llegan a un momento en el que se estancan y dejan de progresar. Y en esta vida no se nos está permitido ir hacia atrás.

Lo cierto es que he llegado a un momento en el que he tomado el tiempo de mirar hacia atrás, en pensar en todo lo que he visto, todo lo que he vivido, y los cambios que he padecido. Ha sido el momento de darme cuenta de que a veces dejar ir ha sido la mejor opción que he tenido, a veces tienes que romper las cosas para que evolucionen de una forma positiva. A veces tienes que pasar por un rato de dolor para poder disfrutar de lo que tienes, y a veces tienes que arriesgar para poder ganar.

Siempre había pensado que el amor merece todos los esfuerzos del mundo, pero echando un vistazo atrás, en lo que he vivido, en lo que he visto, y en lo que he oído, es cierto, pero no hay que pasarse. Hay muchos sacrificios que no merecen la pena, ni siquiera por amor. Simplemente porque el Amor no los requeriría. Se nos olvida que las relaciones no tienen por qué ser sólo sufrimiento y sacrificio, y que no tenemos por qué perderlo todo por estar con alguien. A veces hay que saber decir “hasta aquí”. Y no debemos de temerlo.

La evolución consiste muchas veces en rompernos algo que queremos para hacernos más fuertes. Y desgraciadamente el amor no siempre funciona así. Yo lo he vivido en esta relación, he probado a hacer daño a ver si reaccionaba, a darle celos, a hacerle sufrir. Y si bien es cierto que muchas veces daba resultado, me he dado cuenta de que no merece la pena. Si realmente quieres a la persona no la puedes obligar a que quiera estar contigo. Ni tampoco merece que la saques de su mundo.

Y siempre que llegas a este conocimiento, es cuando te das cuenta del dolor que representa dejar ir. Aunque no tenga por qué ser así. Sabes que es lo mejor, que era inevitable, y que es para bien. “No hay mal que por bien no venga” ni “mal que cien años dure”. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de que vendrán tiempos oscuros, tiempos de dolor, de rabia y de sufrimiento, el mar de lágrimas y la soledad, hasta que todo regrese a su sitio.

Sí, habrá un tiempo en el que todo nos haga daño, todos los recuerdos estarán ahí para que no nos olvidemos de él tan fácilmente. Es un periodo oscuro, en el que cualquier canción, cualquier palabra, o cualquier gesto es capaz de hacernos saltar las lágrimas. Y es cuando debemos ser fuertes y recordar por qué hemos decidido estar ahí. Son momentos en los que tendremos la tentación de llamarle llorando, o de intentar volver, pero no sería una buena idea. Debemos dejar libre a la otra persona, tiene que hacer su vida y ser feliz. Son esos momentos en los que no debemos ser egoístas y pensar en el bien de la otra persona, y por lo tanto dejarle marchar.

Es cuando debemos pensar en aquellas personas que tuvimos que dejar en el camino, y como les ha ido la vida. Muchas han caído en desgracia, y por suerte no estábamos con ellas para que nos llevasen al agujero con ellos. En esos casos hemos tenido suerte de haber saltado del barco a tiempo. A otras personas por el contrario les ha ido mejor, ya que estaban en un momento oscuro para ellos, y les has permitido salir a la luz al hacerles reaccionar. Han evolucionado, han prosperado y has podido seguir a su lado y disfrutar de ello, pero de otra manera. Probablemente si la relación hubiese seguido, habrían perdido esa oportunidad y tú habrías perdido esa relación de amistad ya que habríais terminado como el rosario de la Aurora.

Además, a veces es bueno pensar en uno mismo, en lo que quieres y en lo que mereces. Y pensar en positivo siempre. Es un momento de cambios, en los que es importante estar conectados con nuestra realidad. Tener trabajo, uno que nos guste (y es mi caso) es fundamental, porque ya nos mantiene ocupados todo el día prácticamente. Luego hay que echar mano a la agenda de esos amigos desaparecidos u olvidados, y de los que hemos seguido conservando. Es importante tener una vida fuera de la pareja para poder volver a ella. Y es gracias a eso que podremos seguir adelante y construir un futuro nuevo y mejor. Yo tengo mi trabajo, tengo mis clases de pilates, gracias a las cuales he conocido mucha gente excepcional, y es una faceta que quiero aprovechar y en la que tengo que profundizar. De ahí que me esté sacando el curso de monitor. Además, tengo mi blog, en el que no he escrito desde hace tiempo, porque desgraciadamente cuando las cosas van bien, no nos acordamos de ello.  Tengo mi mundo, en el que él no podía estar, él tiene su mundo en el que yo no hubiese podido existir. Y gracias a ese mundo sé que saldré adelante, y sé que ha sido una buena elección.

Una de las cosas que he aprendido, es que no es necesario tener pareja, muchas veces no hace falta, lo único que necesitamos son buenos amigos que nos acompañen en los momentos en los que estamos mal, que nos apoyen y que estén ahí cuando les necesitamos. Y una de las cosas que se consiguen al dejar marchar a la otra persona es eso, hacer un nuevo amigo.

En los momentos de oscuridad, por los que hemos de pasar siempre en algún momento después de la ruptura, es cuando debemos de echarle mano a esas amistades, a esos universos que tenemos, y a nuestro mundo interior, para no permitir que se derrumbe. Siempre es un periodo que está al acecho, y si nos descuidamos la oscuridad que conlleva nos puede cegar, nos puede hundir y por lo tanto nos puede consumir. Podemos perdernos entre las tinieblas, perder el rumbo y terminar quién sabe dónde, en algún sitio horrible donde no merecemos estar. De ahí que sea fundamental retener algo de luz a nuestro alrededor, para que nos guíe en la penumbra, siempre hay que mirar hacia la luz, y dirigirse a ella, aunque estemos metidos entre las sombras. Y esa luz son nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestras aficiones, todo aquello que nos hace seguir adelante, aunque en un principio no tengamos ganas de hacerlo. El mundo no se va a detener por nosotros.

A pesar de que pueda parecer que no haya esperanza, el cambio siempre es positivo, y no debemos olvidar que siempre hay que verle el lado positivo a las cosas. La tormenta siempre se va y deja paso al sol, aunque sea un huracán. Y para terminar vuelvo a la misma canción con la que he abierto este artículo “el dolor es la señal de que algo va mal, le pido a Dios que no dure mucho”.

Septiembre 2007

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