O de cualquier otro diseñador para ser más exactos. Pero no voy a hablar del rey del inframundo sino más bien de lo que la moda o la forma de vestir supone en el mundo en el que vivo. O mejor dicho lo que ha supuesto para mí. Tampoco quiero hablar de la película en cuestión a pensar de que nos marcó a muchos en su día. Hace ya como 15 años.

En mi vida he trabajado en mucho sitios y por lo tanto he podido vestir de distintas formas, y sin embargo ¿es mi forma de vestir tan importante? En un mundo donde las apariencias son tan importantes ¿como saber si realmente aunque la mona vista de seda, mona se queda? ¿Quién decide quién es mona y quién no?
En el colegio y en el instituto teníamos que llevar uniforme. Pantalones y camiseta, polo o camisa kaki. Un color horrendo. Lo odio con todo mi ser. Se supone que de esta manera no habría diferenciación social entre nosotros. Y de paso se ahorraba en ropa. Mentira. Mi adolescencia fue en los 90. Os puedo asegurar que lo pasé fatal por no poder llevar las últimas zapatillas del famoso jugador de baloncesto, esas que se hinchaban por delante y que llevaban cámara de aire debajo. Luego por lo demás éramos casi todos iguales, quitando alguna marca pero no era lo que más.
Luego en la universidad ya se prueba con los distintos estilos de ropa. Más o menos elegantes. Porque claro, para ir a clase puedes ir como quieras. Pero para salir hay que arreglarse. Y ahí era donde estaba toda la presión. Las primeras veces recuerdo que iba casi como si me fuese de boda. Muy bien peinado y muy arreglado y nada cómodo. Y al final como siempre acababa igual, pues pensé en que para eso mejor ir cómodo y punto. Y llegó el chándal. Pero con esos atuendos no ligas ni te miran con buenos ojos, así que tuve que volver a arreglarme para salir. Y que estuviese permitido fumar en todos los garitos en esos años no ayudaba. Sabía que aquello que me pondría el viernes iba a la lavadora, y lo mismo lo del sábado. Menos mal que ya no es así.
Recuerdo una noche de fiesta en particular. No podría decir exactamente cuando fue. Pero sé que era cuando yo ya estaba trabajando porque esa fue la época en la que me compraba las camisas chulas de Zara, sería en el 2006 o 2007. Total, que estaba yo todo mono, con mi camisa azul claro, mis vaqueros y mis botas. Tengo una cantidad de botas que ya no uso… Pero ahí siguen. En aquel entonces se solía ir primero a una cafetería de ambiente y luego ya a los pubs. Pues allí llego yo todo puesto, y nada más entrar me dirijo a la barra a pedir algo y va uno y me tira el café en la espalda… No llevaba ni 5 minutos de fiesta que ha me podía ir a casa. Tenía dos opciones, irme a casa a cambiarme y ya seguramente no volver, o quedarme y echarle morro. Pues eso hice. Total a partir de cierta hora, la gente está muy borracha y ya ni se fija. Y me lo pasé muy bien.
En el mundo laboral he estado en varios ámbitos distintos. En el primero fue lo que yo llamo, el trabajo de oficina. Ahí solia ir en vaqueros y camiseta, menos cuando me pedían ir de camisa porque venía el jefe de Valencia. En otro resultó que mi compañera, que era muy de derechas, sólo me hablaba cuando iba de camisa y botas. Si iba en camiseta y zapatillas, me ignoraba. Luego se preguntaban por qué me fui de allí. Y en otro sitio daba igual, porque fumaban en la oficina por lo que no se veía nada. Y encima luego me apestaba la ropa a tabaco. Por lo que intentaba ponerme cosas a las que no les tuviese mucho aprecio.
Luego empecé a trabajar de monitor de pilates, y allí la ropa es obvia, conjunto de deporte. Ya sea pantalón de chándal largo o corto, o mallas y camiseta. La verdad es que era una pasada. Eso de ir de sport todo el día me encantaba. Pero al final todo aburre, y cuando estaba de calle mi ropa era de vestir. Más o menos al contrario de todos los demás. Pero era divertido. Y sobretodo cómodo.
Las dos temporadas del aeropuerto fueron en uniforme. Uno que era horrendo pero que algunos encontraban sexy. Y otro que era más de vestir, es decir, pantalón, zapatos de vestir y camisa con corbata. Este último entiendo que daba más morbo. Aún así era salir de trabajar y fuera uniforme.
Esto me pasaba aún más cuando estuve trabajando en hostelería. Fui camarero en un restaurante y luego barman en un bistrot. Y claro, ahí tienes que llevar uniforme con la marca del local. Como había que limpiar el local, antes o después del turno, sólo llevaba el uniforme cuando estaba trabajando de cara al público. En cuando terminaba, lo primero que me quitaba era la camiseta serigrafiada. También por hacer una ruptura de cara a los posibles clientes. Si no estas de servicio no tienes uniforme. E incluso allí el tema vestimenta era particular. Un día en el restaurante me pillaron con calcetines blancos, cuando todo lo demás era negro. Me dijeron que siempre del color del resto. Yo los llevaba siempre de colores. O incluso tuve que ir con pajarita cuando hicieron la noche italiana en el bar.

También mis parejas han tenido cosas que decir respecto a cómo me vestía o no. Aunque no siempre eran cosas malas. La Basura, por ejemplo, me decía que debería vestir mejor cuando no estaba dando clases. Más camisas y calzado de vestir. Que debería arreglarme más. El psicópata (ver I Love You, I´ll Kill You ) me decía que no me vistiese tan sugerente. Que no deberían de llamar tanto la atención y que fuese más recatado. Incluso en carnavales no le gustaba que la gente hablase de mi disfraz. C. era todo lo contrario. Él quería que fuese vestido más sexy y enseñando cacho y así poder lucirme. Otros muchos pasaban. Es decir no les importaba mucho como iba vestido porque les gustaba más lo que había debajo. Y es lo que importa.
Al final, te pongas lo que te pongas, no vas a gustarle a todos. Siempre habrá alguien a quien le agrade y a quien no. Lo que importa es lo que hay debajo y lo que tú piensas. Pero eso ya lo sabéis todos. Se trata al final de estar cómodo con lo que llevamos. Pero también con las razones que nos llevan a vestirnos así. «Hagas lo que hagas, ponte bragas«… O no.

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