Stupid Girls

En 2006 la cantante Pink sacó como primer sencillo de su nuevo álbum una canción con el curioso título de Stupid Girls, en la que indicaba, no sin cierta preocupación, que la nueva moda en las mujeres era el parecerse como clones descerebrados a sus nuevos ídolos de la talla de Paris Hilton o Jessica Simpson. Solo querían ser rubias, ir en packs de 2 o 3, preocuparse por su pelo y por estar divinas y en ligar con chicos. El video de la canción no deja mucho a la imaginación respecto a la letra de la canción. Por desgracia esto ya no solamente se aplica a las adolescentes americanas sino que podemos tenerlo a la vuelta de la esquina y no solo en las chicas sino en los chicos, lo cual es bastante  preocupante.

En un mundo cada vez más mediatizado, donde adoramos a nuevos ídolos de masas ¿qué ha pasado con el sueño de los niños de ser astronautas o científicos? ¿Realmente nos influye tanto la moda televisiva como para olvidarnos de ser auténticos? ¿Estamos ante la aparición de una nueva especia humana de clones sin cerebro? ¿Habrá una píldora milagro que nos haga a todos iguales y medio zombis?

Pues por desgracia, así como el sueño de las chicas de ser presidente acaba en ser una bailarina en un video de 50 Cent, el de los chicos lo podemos encontrar en los castings de GH, de OT o de los demás fenómenos de masas que tenemos que abreviar para que no nos lapiden por ser poco modernos.

Hoy en día el mayor sueño de la mayoría de la juventud ya no es sacarse una titulación universitaria, ya que eso no sirve para nada, sino el ser un concursante de un programa de gran audiencia. Aunque sean expulsados a la primera de cambio saben que con eso ya se han hecho su hueco en el mundo de las famosas españolas, y por consiguiente se aseguran el trabajo de por vida. Seamos sinceros, ser político está mejor remunerado, pero es más difícil y sobre todo tiene peor reputación que ser famoso. Y sacarse una titulación no sirve sino para decorar las paredes de casa, cosa que los posters de nuevos famosos de la talla de Belén Esteban o Lindsay Lohan pueden hacer a la perfección.

En general podemos hablar de un culto al cuerpo fuera de contexto. Mi hermana que trabaja en el sector de la estética me ha llegado a contar que le venían clientas de la edad de nuestros padres con fotos de Beyoncé pidiéndole que les dejasen así. Empezando porque la artista tiene unos cuantos años menos, vive para y por su cuerpo y está constantemente en manos de profesionales, esas son aspiraciones difíciles de conseguir. Pero en el mundo del deporte es lo mismo. Más de una vez ha venido una señora hecha y derecha queriendo salir de clase con el cuerpo de Madonna. Como digo yo, milagros a Lourdes, más que nada porque la diva tiene cocineros, entrenadores personales, esteticistas y se pasa varias horas al día entrenando, y además recurre a técnicas que no están al alcance de las mujeres de a pie, y no me refiero únicamente al Photoshop.

Otros métodos para quedar todos igual de inexpresivos y sin la más mínima señal de expresividad, también conocidas como arrugas, es recurrir a los tratamientos anti edad. Porque parece ser que hoy en día envejecer no es sinónimo de madurez sino de decadencia, y eso está muy mal visto. Por ello cada vez hay más gente que recurre al bótox, aunque luego tengan que llevar notas en los bolsillos para poder decir lo que sienten porque en lo que es su cara, no podremos ver nada reflejado más que una máscara.

He leído hace poco que ahora es el cuerpo el que mueve el mundo. Más poderoso que el dinero es el culto al cuerpo perfecto. Eso admitiendo que la perfección sea un concepto atemporal y absoluto, lo cual no es cierto, y sino simplemente pensad en lo que se consideraba un cuerpo 10 en la Antigüedad y lo que se consideraba igualmente perfecto en la época de Rubens; y ahora pensad en qué es una súper modelo en el siglo XXI. Pero el problema sigue siendo que la gente se cree que es todo milagroso. Tenemos dietas que en 3 semanas nos prometen que seremos tan fantásticos como quien queramos ser, ya sabéis a cual me refiero. Y tengo que decir que he investigado con gente que sabe del tema y profesionales de la nutrición y ese tipo de agresiones al cuerpo no hacen otra cosa más que torturarnos y al final lo que hemos perdido lo recuperaremos con intereses. Si es que no nos llevamos de premio algún trastorno alimenticio.

Pero efectivamente hay un resurgir de los “cuerpos 10”, de la cultura del jarrón vacío. Porque seamos sinceros, el estar en esas condiciones requiere un esfuerzo y un gasto de tiempo que no podemos dedicarle a cosas más importantes en la vida. Por desgracia el gimnasio, la depilación láser y la ropa de marca que pueda moldear dichas curvas, además de las sesiones de rayos UVA o el estar todo el día en la playa vuelta y vuelta no son compatibles con la cultura y el alimentar nuestro cerebro. Al menos yo no suelo ver a mucha gente leyendo obras de Kafka en la playa mientras se fríen como si fuesen sardinitas. Y sus inquietudes no van más allá de no repetir modelito el fin de semana.                                                                                                                

Eso sí, la ropa de Desigual o de marcas más caras quedan estupendas en cuerpos hipertróficos, anabolizados, depilados y bronceados. Pero cuidado con tratar temas de actualidad, porque se ponen hechos unos basiliscos como hables mal de sus ídolos televisivos (otros temas son simplemente obviados porque no les interesan). No se puede razonar con esa gente más allá de lo que sacan de la caja tonta en los pocos momentos en los que pueden dedicarse a “cultivarse” viendo programas del corazón. Además la argumentación de esas personas se basa en lo que saben hacer que es machacarse, pasar hambre y criticar a los demás sin ton ni son. Lo único súper desarrollado que tienen es la musculatura, no las habilidades sociales o culturales.

Como dice la canción de la que he hablado antes, se mueven en grupitos indivisibles, como los yogures, de dos o tres, y son fácilmente reconocibles aparte de por los rasgos ya presentados anteriormente. Siempre llevan pantalones cortos de cuadros, o rayas, chanclas de última onda, y las imprescindibles gafas de Carrera o D&G de  pasta que les tapen las incipientes patas de gallo debido a la cantidad de horas que se pasan de fiesta empalmando con los entrenamientos en los gimnasios. En invierno la moda cambia, pero siguen siendo igualmente reconocibles porque van todos iguales, con sus bufandas (aunque este complemento no es obligado del invierno, sino que puede presentarse también en verano), sus pantalones de marca (aunque sean comprados en el mercadillo, pero la etiqueta no puede faltar), y por supuesto el corte de pelo idéntico en todos, aunque tengan distintos matices para que no parezcan clones. Pero al final es lo que son. Originalidad poca, pero al menos ya no siguen la moda esa que parecía que llevasen un bicho muerto colocado en la cabeza.

Es curioso como una cosa como el pelo sea algo tan revelador de los clones. Aunque la genética les haya ido preparando para quedarse calvos como una bombilla, se niegan a ello por todos los métodos de los que disponen. Si tienen dinero irán a hacerse pruebas para ver si los implantes les van a aguantar, y si no pues recurren a técnicas igual de inútiles como es el champú de caballo. Total, tanto esfuerzo y gasto de dinero para luego ir con la cabeza casi rapada porque la moda requiere que no se lleve el pelo de otra forma. Y al menos en la cabeza se le puede aceptar, porque en lo que es el resto del cuerpo el vello está prohibido bajo pena de ostracismo. Y en las chicas pasa más de lo mismo, solo que ellas se dedican a alisarse el pelo a lo bestia, siguiendo los consejos de los peluqueros y de las revistas en como poder conservar el alisado japonés que les ha costado un ojo de la cara. Naturalidad poca, todo se consigue a base de planchas para el pelo y sesiones de alisadores baratos. Si luego se quedan calvas siempre pueden ir a ponerse implantes, ellos ya los habrán aprobado.

Otro signo de pertenencia a ese grupo es el animal de compañía que llevan. Ahora proliferan los mini perros, de las razas que hagan falta, pero a cada cual más pequeño. De hecho, creo que he visto ratones de campo más grandes que algunas de las mascotas que llevan a pasear al parque. Y digo parque porque con lo pequeños que son podrían sacarlos por cualquier maceta que no sobraría perro por ninguna parte.

Después de todo son un complemento más, como el bolso de las chicas o el móvil en todos ellas y ellos. Si no es IPhone no es teléfono, mejor que no te vean con otra cosa por la calle porque te podrían arañar la cara, si no fuese porque se les caen las uñas de la pobre alimentación que llevan, o simplemente porque no tienen porque se las han comido la última vez que fueron de compras y vieron que no cabían en una 38. Me diréis que soy un exagerado con eso de los teléfonos, pero fui testigo del ataque de histeria que tuvo un chico cuando le robaron su nuevo móvil de la marca que ya he dicho anteriormente. Creo que si le hubiesen robado un riñón no se habría puesto tan atacado de los nervios. Un poco más y llamaba a la CIA.

Yo sigo abogando porque la belleza está en el interior, porque lo clásico nunca pasará a la historia, aunque últimamente me da miedo que cualquier día me secuestren por la calle y me encierren en un museo por no ser uno más de los que van clónicos por las calles, por ser un bicho raro que hay que disecar y poner detrás de una vitrina. Un poquito de cultura no ocupa sitio, y con eso no me refiero a saber el nombre del último novio de Ana Obregón, sino a leer, en esas cosas anticuadas que se llaman libros, que algunos de ellos incluso están disponibles en bibliotecas virtuales que se pueden descargar en el móvil. La excusa ya no sirve. Ser auténticos y originales, y sobrevivir a ello, hoy en día es casi más difícil que encontrar la cuarta dimensión.

Mayo 2011

Un comentario sobre “Stupid Girls

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