Toys On Strike ‘R Us

Este año el ministerio de consumo ha dado mucho de que hablar con sus nuevas políticas creadas para guiarnos hacia una vida más sana. Primero fueron las casa de apuestas y su círculo vicioso. Luego fue sobre el consumo de carne en la dieta cotidiana. Y ahora, en plena campaña navideña, es sobre los juguetes y si son para niños o para niñas.

A priori parece una tontería, pero la realidad es otra. En un mundo cada vez más cabreado por los cambios sobre la igualdad y el género, donde hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y a quién, ¿es legítima una huelga de juguetes? Muchos dirán que es una tontería, pero ¿no es hora de educar a los niños y niñas sobre dicha igualdad? ¿Estamos por fin ante la caída de los estereotipos tipo muñecas para niñas, coches para niños? ¿Por qué tanta polémica respecto a eso?

Para mí, este tema lleva demasiado retraso en llegar a nuestra sociedad. Me parece que es algo de lo que debería haberse hecho algo al respecto hace mucho tiempo. Y eso porque lo he vivido en primera persona. Y tengo ya cierta edad, por lo que suponía que los cambios sucederían hace tiempo. Y muchos dirán que lo han hecho. Pero si una campaña de juguetes sin identidad de género genera tanta polémica es que las cosas no han progresado tanto como pensaba. Aún quedan mentes retrógradas y cabreadas.

Yo crecí en los ochenta, y en esa época los niños jugaban con coches y las niñas con muñecas. Que luego yo quería tener Mi Pequeño Pony y jugar con las Barbies de mis amigas, eso fue complicado. Tuve suerte que mis padres no ponían muchas pegas. La condición ante la compra de juguetes polémicos era que había q compra lo mismo para mi hermana. Es decir si yo tenía un poni, ella también. La diferencia es que cuando yo tenía vehículos de metal, se los daba a ella que los disfrutaba más. E incluso los podía utilizar como armas contundentes para usarlos contra mí. Pero yo era feliz con mis caballitos de colores. Aunque no tuve todos los que quería. Y eso tuvo una repercusión curiosa, por llamarla de alguna manera.

En 2015, a finales de año decidí abrirme una cuenta en eBay y PayPal (ya q no podías tener una sin la otra) y ponerme a comprar ponis como los que vendían cuando era un niño. Al principio fueron unos pocos pero cada vez fueron a más. Hasta que he terminado con unas 500 unidades que tengo repartidos por la casa. Y la gente aún hoy en día se sorprende o se mofa de que tenga una colección de caballitos de juguete de colores y con pelo con purpurina. Aún en 2021 hay gente que se ríe de mí por eso. Y aunque la mayoría de veces me da igual. Reconozco que no siempre es fácil de llevar. Algunos me preguntan por qué. Otros probablemente se callen y piensen que soy raro. Mis razones tengo. Una de ellas fue poder cumplir con un sueño de niño. Pude tener los que quería y que mis padres no pidieron darme. Tal vez fue mi manera de compensar un vacío que tenía de niño. O al crecer. No lo sé.

La Basura se mofaba de mí. Y aunque nunca me prohibió nada de forma expresa, siempre me amenazaba con que «Cualquier día cogeré todos tus p*tos ponis y los quemo en la chimenea». Al principio era algo anecdótico y probablemente de broma pero luego ya era constantemente, según él yo estaba loco y al ir a terapia se me acabaría la tontería y me querría deshacer de ellos. Entiendo que según esa teoría sus sesiones no dieron fruto ya que él coleccionaba muñecos de Tintin, DVDs y libros que nunca llegaría a leer. Pero el loco que necesitaba tratamiento era yo. El coleccionismo chungo era el mío, lo suyo estaba bien. Pues 6 años más tarde sigo teniendo los ponis. Y aunque ya no compro ninguno, los conservo. Cierto es que algunos los he vendido, otros guardado y otros regalado. Pero me quedo con los que son importantes para mí.

Una de las cosas que me ayudó en su día fue Internet. Investigando en la Red descubrí que yo no era el único con ese hobby, y que mucha más gente era coleccionista. Parece una tontería ya que series como The Big Bang Theory trataban ese tema muy a menudo, ayudando a quitarnos el estigma, no lo hacían con juguetes de niñas que coleccionan personas adultas. Os aseguro que hay mucha más gente que lo hace de lo que pensáis. Y no somos bichos raros como sale en algunas películas. Hay un mundo gigante de coleccionistas que pagan fortunas por ciertas muñecas. Y el haber descubierto ese mundo me ha ayudado a no sentirme como un bicho raro. No soy el único. Somos muchos más.

No debería importarme con 40 años lo que piense la gente. Y la mayoría de las veces no lo hace. Colecciono maquetas de aviones comerciales y de eso nadie habla. Pero si ven un poni de colores ya es tema de cuchicheos. Y casi nunca me importa. Pero a veces pienso en cómo se debe de sentir un niño o una niña a la que le hagan ese tipo de comentarios y me duele. Porque no creo que se lo tomen como yo. Probablemente se avergüencen y no quieran hablar del tema. O les haga sentirse mal. O un bicho raro. Y eso no debería de ser así. Los niños deberían de poder jugar con lo que quieran sin que a nadie le importe y sin que nadie se meta con ellos.

Pero mucha gente se queja de que nadie va a decirles como tienen que educar a sus hijos, ya que ellos saben mejor que nadie. Bueno. Yo pensaba que con el paso del tiempo la gente, al igual que algunos de los que me rodean, habrían evolucionado y les daría igual con qué van a jugar sus hijos e hijas. Pero no es así. Conozco muchos padres para los que los juguetes no tienen género. Y les aplaudo. Desgraciadamente hay otros muchos que no quieren que por jugar con muñecas les salga un hijo mari*on, lo he visto y lo he oído. Y es algo tan sumamente absurdo que no me entra en la cabeza. La orientación sexual y de género de tus hijos no dependen de con qué juegue. Sin embargo esa gente que piensa así existe. Y son los que tanto ruido están haciendo estos días. Si de verdad la sociedad estuviese tan adelantada como pretenden, esta polémica no tendría lugar. Pero no es el caso.

Hay muchas personas que tienen miedo al cambio, a mejorar. Y eso es comprensible. Lo desconocido asusta. Pero no tiene que ser algo malo. La gente que se aferra al pasado, que añora las épocas anteriores ya que según ellos era todo mejor, se olvida de todo el sufrimiento que ha habido. Yo tuve suerte con mis padres y aún así tenía una espinita clavada con mis juguetes. Pero hay muchos niños y niñas que no pueden decir lo mismo. Y si hubiese sido en mi época lo entendería. Pero hablo de ahora mismo. La infancia debería de ser un período de alegría y por culpa de los traumas de los padres muchas veces no lo es. Seguro que habéis visto muchos padres hinchados de orgullo porque les han comprado a su hijo una moto de juguete que es casi como las de verdad. Cuando en realidad el hijo pasa de la moto y quiere jugar con un horno porque en su cabeza quiere ser chef. O el que no entiende que su hija prefiera los soldaditos de juguete a una muñeca con proporciones antinaturales que encima promueven unos hábitos y comportamientos dudosos.

Ni siquiera quiero entrar en los estereotipos que vienen vinculados a ciertas muñecas, que si son anatómicamente incorrectas, o que si promueven la desigualdad entre hombres y mujeres, el edadismo o la superficialidad. Los muñecos para niños que incitan a la violencia, tanques o juguetes bélicos, o inculcan el heteropatriarcado, el coche es para el niño que será el cabeza del hogar y el encargado de la movilidad de su familia. Seguir en esa línea mantiene y afianza las desigualdades de nuestra sociedad. Es hora de cambiar.

Sí, cambiar asusta. Mejorar la sociedad es difícil y doloroso. Y muchas veces, desde nuestro propio egoísmo, nos negamos a hacerlo. Nos auto-convencemos de que así se está muy bien. De qué antes se vivía mejor. De qué no hace falta cambiar nada. El pasado siempre se ve con un filtro de nostalgia que lo hace todo positivo y más bonito de lo que realmente fue. Y nos olvidamos de qué es lo mejor para las generaciones futuras. Nos olvidamos de lo mal que lo hemos pasado al crecer en un mundo con múltiples techos de cristal. Y de cuántas cosas no nos dejaron hacer y que hubiésemos querido tener esa oportunidad. No recordamos la desigualdad y la discriminación en la que crecimos. Y el dolor y sufrimiento que eso genera. Si queremos lo mejor para los que vengan después de nosotros, hay que hacer algo ya y aunque cueste, seguir luchando por nuestros derechos, ya que al final todos somos iguales.

Diciembre 2021

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.