Cuando empezamos una relación siempre es todo muy bonito, y las mariposas en el estómago son algo increíble, eso sí, si pasamos la primera cita. Por alguna razón es como una entrevista para un trabajo, cuenta tanto el currículo como la presentación.
Si este es el caso ¿existe un grupo de pautas a seguir para tener una primera cita con éxito? ¿Cuáles son las cosas que debemos evitar en una cita?
Tengo una amiga que tiene por norma rechazar todos aquellos chicos que vivan en el pasado, puede parecer un poco extraño, pero tiene su explicación. Una vez conoció a un futbolista de la universidad, un chico muy guapo, sano y deportista. El chico ideal, vamos. Sin embargo, la primera vez que quedaron, ella le pregunto por su vida, y ahí se desató la tormenta, bueno no exactamente, porque el chico no le dejo poner ni una, se pasó la tarde hablando de él, de su ex novia, de sus anteriores relaciones, y al final de la noche, ella sabía todo acerca de él, pero no al contrario. Total, que después de un par de citas iguales, ella pasó de él, por pesado y porque estaba harta de no poder decir ni una palabra.
Mis amigas siempre me han dicho que en una primera cita no hay que llevar nunca al chico a un restaurante de comida rápida del tipo del McDonald’s o del Burger King, porque por un lado tienes que comer con las manos y por otro te pringas todo, y claro eso no queda muy glamouroso. Pero es que ahí te la juegas como en cualquier sitio, porque yo conozco gente a la que le da mucho morbo ver comer a la persona que tiene enfrente. Además, en la cena te puedes evitar el mal trago de hablar demasiado porque estarás comiendo. Así de paso dejas que la otra persona hable. Aunque podríamos volver al primer ejemplo que conté con lo cual es mal asunto.
En realidad, la diferencia esencial entre una entrevista de trabajo y una primera cita es que hay equilibrio de poder, porque ambas personas pueden elegir o juzgar. Entonces tenemos que jugar con esa ventaja.
Se trata pues de reconocer a los primeros síntomas los tipos de chicos (o chicas) que tenemos delante. Uno de ellos es el fantasma. No llega a ser como el que conoció mi amiga, pero al igual que él su esperanza de vida es muy corta, y por lo general no llega a la segunda cita. Es aquella persona para la que todo es fantástico. Que tiene una vida llena, un trabajo ideal, una salud genial, vamos, que todo es perfecto. Y no solo te restriega eso, sino que además está forrado de dinero y ha estado en medio mundo, porque en el otro medio irá con su siguiente pareja. Es aquel tío que tiene 6 motos de agua, y que se pasa el sábado en París o en nueva York comprándose ropa para salir de marcha por la noche, por los cutres pubs de la zona, eso sí. O bien aquel chaval de 18 años cuyos padres le van a regalar un TT para su cumpleaños cuando se saque el carné de conducir, a la primera por supuesto. Obviamente, ese tipo de personas son divertidas cuando no tienes expectativas sentimentales con ellas, sino solo por diversión, porque en cuanto se les ve el plumero (es decir a los 5 minutos) ya pierden el interés. Estos tipos sólo interesan como alternativa barata al cine, ya que, por menos de 4 euros, tienes tu película de ciencia ficción. Y a veces incluso te invitan.
Una variante de ese tipo es el que va sobrado. No es que tenga de todo, ni todos los lujos, sino que realmente lo que tiene le basta y está muy contento con eso. No necesita nada más. Entonces sabes que no tienes ninguna oportunidad con él porque de todos modos no vas a aportarle nada nuevo y si está contigo es por hacerte un favor a ti. Así que es otro que se descarta a los 15 minutos.
Otro descartable en la primera cita es aquel tío que vive en su relación pasada, como le ocurrió a mi amiga con ese tío. Con esos no tienes ninguna oportunidad porque hagas lo que hagas nunca podrás ganarle a la ex, y si está muerta lo mejor es salir corriendo. En una ocasión conocí a un chico que estaba enamorado de otro, pero ese otro no le correspondía de ninguna manera porque seguía enamorado de su pareja, que falleció. Con esos casos, cuando la muerte está de por medio, no se puede ganar. El muerto siempre gana y nunca podrá la persona estar con nadie más hasta que no le deje marchar. Por eso es preferible que él o la ex sigan vivos, porque eso les hace humanos y por lo tanto imperfectos. Aunque claro, en muchos casos la persona no deja morir esa relación, sino que busca un sustituto o un sucedáneo a esa persona, lo cual nunca conseguirá y tú acabas mal, más que nada porque nunca ibas a ganar. Así que si el chico o la chica no para de hablar de su ex, sigue buscando, porque las personas que viven en el pasado no son aconsejables para una relación con futuro.
También tenemos al resentido. Que no sólo está amargado, sino que encima es tonto, porque va y suelta lo típico de “me han puteado tanto que ahora me toca a mí joderle la vida a los demás”, y te lo dice en la primera cita: eres el/la siguiente. A no ser que seas masoquista debes de haber huido ya a estas alturas. Porque si no luego te contará las batallitas que le han dado, los cuernos, y todo lo malo que le han hecho y de lo que se va a vengar, como dándote un adelanto de lo que te espera. Pero como dicen “el que avisa no es traidor”, eso sí que no lo es, pero no es una excusa para fastidiar a los demás.
Un caso interesante es el salido. Es aquel tío que busca sexo a toda costa. Que te lleva a un restaurante donde te hinchen a ostras, champagne o cava, productos derivados de la canela, etc., o que tenga la calefacción tan alta que tengas que empelotarte en mitad del local. Luego te lleva a su casa donde intenta vilmente emborracharte a ver si así te quitas lo poco que llevabas encima, te muestra su colección de cine X, te dice que no lleva ropa interior y te lo demuestra o bien te hace un pase de modelos en petitetenue. Y al final se te tira al cuello sin más y si le rechazas te expulsa de tu casa sin tiempo a vestirte. Quiero que conste que no digo que lo de tener sexo en la primera cita sea malo, cada cual hace lo que quiere en su primera cita, pero lo que denuncio es que hay gente que se cree que con el timo de la cita van a tener sexo sin compromiso. Una cosa es que ambas personas lo deseen y estén dispuestas a hacerlo y otra cosa es que uno de ellos vaya a saco y el otro no. Y con ello quiero desmentir la leyenda urbana de que sexo en la primera cita es una maldición, porque no es cierto, y se puede demostrar.
Un elemento peligroso es el de la cita ideal. Y este es realmente tan toxico como podría serlo un bote de mayonesa caducada en el mes de agosto. A primera vista sabe bien, pero al rato el dolor de estómago es insoportable. Pues con esta gente pasa lo mismo, durante la cita son unas personas increíbles, te lo pasas genial, piensas que has descubierto a la persona ideal, y cuando se acaba la cita te vas con buen sabor de boca a tu casa, solo o acompañado, porque de alguna manera esas personas saben lo que tiene que hacer para que te lo pases en grande con ellos. El problema es cuando se acaba, porque desaparecen de tu vida, como una ilusión, y nunca vuelves a saber de ellos. Son el oasis de las citas, porque lo pruebas, te gusta, pero no te puedes quedar a vivir ahí. El caso es que esos chicos luego no te vuelven a llamar, sino que te los encuentras por casualidad un día con otra persona pasándoselo en grande en su primera cita. Pero son así, no lo hacen con maldad, sino que su finalidad en esta vida es enamorar a la gente. Así que ¡cuidado! Porque no se les puede reconocer, si ves que la cosa va demasiado bien puedes plantearte que igual es uno de ellos y por lo tanto tomar medidas para que no te hagan daño.
Creo que el secreto de la cita ideal, es que no existe. Todas son raras por naturaleza, pero de eso se trata. Aquí no he pretendido hacer una lista de todas las clases de personas que os vais a encontrar, porque eso es imposible, pero si quiero daros unas pistas para poder reconocer a los más peligroso. Siempre hay que saber evitar un par de elementos que sabemos que no nos van a aportar nada, pero la cuestión es ser uno mismo, porque pensad que, si todos nos mostrásemos tales y como somos, las cosas serían más fáciles, no tendríamos que estar varios meses con alguien para conocer sus fallos, y nos enamoraríamos de cómo realmente es y no de la fachada o de un personaje de ficción. Porque fingir cansa. (2006)
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